Los famosos que cayeron en las ‘redes’ de la dieta ‘milagro’ de Pierre Dukan

Vanitais, por Sara de Diego

“Ineficaz, fraudulenta y sin evidencia científica”. Así es cómo califican desde la Asociación Española de Dietistas el método diseñado por Pierre Dukan para perder peso y al que muchos famosos han caído rendidos. Después de su ‘boom’ en 2010 y 2011, este lunes el colegio de médicos francés ha anunciado la expulsión del doctor argelino por haber hecho promoción comercial de su régimen. A través de su libro, publicado en el año 2000, Dukan ha obtenido unos beneficios que se estiman ronden los 240 millones de euros. Sin embargo, muchos rostros conocidos solicitaron de forma directa sus servicios, por lo que las ganancias serían aún más elevadas.

famosos con efecto rebote a causa de la dieta Dukan

En primera línea mediática mientras mantenía una relación con la periodista Valérie Trierweiler, François Hollande fue uno de los primeros rostros que reconoció que se había sometido a esta dieta en los meses previos a la campaña electoral que en 2012 le llevó al Elíseo. Poco después, el presidente galo recuperó los kilos que perdió, algo que según Dukan “es normal dado el estrés, el de la vida y el del amor”.

Con los mismos seguidores que detractores, la ingesta de proteínas y la premisa de «no pasar hambre» cautivó a Caritina Goyanes, que en más de una ocasión se ha reunido personalmente con Pierre Dukan y ha sido el rostro más visible de esta dieta. En sólo cuatro meses, la hija de Cari Lapique perdió 20 kilos después de haber probado cientos de dietas. “No se trata de una dieta milagro porque tiene mucha lógica. Te hace aprender a comer y te obliga a sentarte y a hacer tus cinco comidas. Es un método fenomenal”, aseguró el abril de 2011 a Vanitatis. Sin embargo, al poco tiempo recuperó los kilos que perdió.

En este caso, al ser imagen de Dukan en España, el doctor defendió el efecto contrario de su dieta alegando que «cuando una persona tan hermosa como Caritina empezó a engordar no buscaba voluntariamente hacerse mal. Sucedió porque ella pertenece a ese tipo de personas que utilizan los alimentos para amortizar el estrés, las agresiones de la vida diaria, las contrariedades cotidianas. Cada uno se protege a su manera, algunos con la actividad física, otros con el arte, con una vida espiritual o religiosa, con la política… Cuando esas personas deciden adelgazar, su motivación es tan fuerte que lo consiguen. Pero una vez logrado su objetivo surge un nuevo problema: ser capaces de cambiar sus costumbres y comportamientos, que son la base original de su sobrepeso», asegura en conversación con este medio.

Los políticos también se apuntaron

Cinco kilos menos fueron los que perdió Esperanza Aguirre, que siguió al pie de la letra el sistema ideado por el nutricionista con el pretexto de que los médicos le aconsejaron quitarse algún kilo de encima tras la operación de pecho a la fue sometida en febrero de 2011 y en la que le extirparon un tumor. Otra política y de las mismas filas, Elvira Rodríguez multiplicó por dos la pérdida. La exministra de Medio Ambiente con Aznar bajó diez kilos en sólo dos meses gracias a los milagros de una dieta que muchos consideran una auténtica estafa y a los consejos de su amiga, la senadora por Guadalajara, Ángeles Font, que también ha sucumbido a sus encantos.

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En su época como presidente del Congreso de los Diputados, José Bono se apuntaba a todo lo que pudiera mejorar su imagen. Después de realizarse un injerto capilar, el siguiente objetivo era esculpir su cuerpo. Cada vez más delgado tras su ruptura sentimental con Ana Rodríguez, tanto él como su hija Amelia no pasaron por la Buchinger, la clínica marbellí en la que han confiado rostros como Carmen Sevilla para perder peso, sino que cayeron en las redes de esta dieta hiperproteica ayudándole a perder 11 kilos.

En el panorama internacional Jennifer López y Gisele Bündchen confesaron en público que habían recurrido al libro El método Dukan para perder peso, sobre todo la modelo brasileña, que después de dar a luz a su primer hijo, Benjamin, en diciembre de 2009, recuperó su envidiable figura en un tiempo récord. Las cantantes Mariah Carey, que siempre ha asegurado estar a dieta desde que tiene uso de razón, y Beyonce también moldearon sus curvas gracias a la técnica de este gurú. Sin embargo, la estadounidense renegó de ella para pasarse a otra igual, o incluso más, agresiva: la del sirope de arce, que consiste en varias jornadas de ayuno en la que sólo se toman dos litros de agua mezclada con este sirope y que le ayudó a perder 28 kilos en poquísimas semanas.

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La familia Middleton casi al completo, Kate, Pippa y su madre, Carole, recurrieron a la Dunkan en un intento desesperado por perder unos kilos de forma rápida de cara al enlace real, celebrado en abril de 2011.

Penélope Cruz, ‘enemiga’ de Dukan

Sin embargo, hay famosos que han renegado desde un principio de esta dieta y se han mostrado alérgicos a que su nombre se asocie con el de Pierre Dukan. En pleno estallido por perder peso y tras una larga e importante lista de famosos que cayeron en la tentación, Penélope Cruz renegó, vía comunicado, de que hubiera recuperado la figura tras el nacimiento de su hijo Leo con la ayuda de este doctor. “Para evitar cualquier malentendido, queremos aclarar una vez más que nuestra representada Penélope Cruz nunca ha seguido la dieta Dukan. Pedimos por favor que se deje de utilizar el nombre e imagen de nuestra representada para promover la utilización de dicha dieta, ya que no la ha seguido nunca, ni tiene intención de hacerlo”, comunicó la actriz a través de su representante, Antonio Rubial.

Diseñador fetiche de la infanta Elena y artífice de uno de los mejores looks de la princesa Letizia, Lorenzo Caprile decidió en 2012 tomarse en serio su salud y ponerse en manos de un dietista. Así lo confesó a Vanitatis después de que circulara el rumor de que había recurrido a esta dieta milagro para perder más de 40 kilos. “Voy a un médico que tengo al lado del taller y la verdad que estoy encantado con él y con el resultado que he obtenido. Me he esforzado mucho para perder tanto peso” aseguró.

¿Es posible combatir la obesidad con tácticas antitabaco?

Las nuevas directrices del Foro Nacional de Obesidad, en el Reino Unido, indican que las futuras campañas contra la obesidad deberían ser «más contundentes», similares a las que se han hecho en Estados Unidos para alertar a los fumadores sobre los efectos nocivos del tabaco.

Kate Dailey, BBC

woman_smoking_bbcEn EE.UU. se ha debatido sobre si tratar la obesidad como al tabaquismo, al tiempo que los investigadores siguen buscando la manera más eficaz de mejorar los resultados en la salud.

Como antiguo fumador, Dan Gilmore se dio cuenta del poder que tuvieron los mensajes y las fuertes imágenes de las campañas en el cambio de su comportamiento.

«En algún momento, la gente te decía: ‘¿Podrías salir a la calle a fumar?’ o ‘Tengo alergia al humo’. Comienzas a sentir la presión social», dice Gilmore, presidente emérito del Instituto Hastings, un centro dedicado a la bioética y las políticas públicas.

Las campañas frontales y directas del pasado, dice, efectivamente convencieron a mucha gente que sus acciones molestaban a terceros y planteaban un grave peligro para ellos mismos.

Cuando se trata de la obesidad, dice, «el público no ha sido aterrorizado tan exhaustivamente».

Pero él todavía está tratando de dar con el balance adecuado -el «estigma ligero»- para motivar a la gente sin alienarla.

Ojo con estigmatizar

Los especialistas consideran que la estigmatización es un gran riesgo cuando se trata de campañas contra la obesidad. Las investigaciones muestran que aquellas iniciativas que hacen que la gente se sienta mal consigo misma a veces tienden a ser contraproducentes.

«Las campañas que se centraron principalmente en el peso corporal o en el número de la balanza, o los ya usados y controvertidos enfoques contundentes para llamar la atención, son mensajes que tendían a culpar o estigmatizar a las personas por su peso», dice Rebecca Puhl, directora adjunta del Centro Rudd de Política Alimentaria y Obesidad de la Universidad de Yale.

«Y no resultaron eficaces. La gente reacciona mejor a las campañas que abordan una específica actitud frente a la salud, en las que pueda participar, comprometerse, independientemente del tipo de cuerpo que tenga».

De hecho, una exfumadora y antigua entusiasta de las dietas dice que hay ya un nivel de estigma en torno al peso.

«La gente no se burlaría abiertamente de mí por ser fumadora, pero sí lo hacen porque estoy gorda», dice Lesley Kinzel, editora del sitio web XOJane.co.uk y autora del libro «Two Whole Cakes: How to Stop Dieting and Learn to Love Your Body» («Dos pasteles enteros: Cómo dejar de hacer dieta y aprender a amar tu cuerpo»).

Y, sin embargo, dice, es más difícil de señalar a aquellos que sufren de enfermedades relacionadas con la obesidad que identificar a los fumadores.

«Las personas quieren asociar ciertos comportamientos con la gordura, pero en la vida real la gente gorda exhibe una amplia gama de distintos comportamientos, independientes de sus hábitos de alimentación y actividad física. Si usted es fumador es porque usted fuma cigarrillos».

Los complejos y numerosos factores que rodean la obesidad y el hecho de que la obesidad en sí misma no es un comportamiento sino un estado del ser, hace difícil comparar las dos clases de campaña, dice Scott Kahan, director del Centro Nacional del Peso y Bienestar, en el Reino Unido.

campaña antitabaco_reutersAl mismo tiempo, dice, hay lecciones que pueden aprenderse de las campañas antitabaco.

«A veces la gente cae en la trampa de mirar hacia atrás, a los esfuerzos antitabaco y decir: ‘Lo que hicimos fue avergonzar a la gente hasta el punto de no fumar más e hicimos campañas contundentes sobre no fumar'», dice Kahan.

«Pero eso fue el punto central de lo que hicimos con la epidemia de tabaquismo».

Lo que demostró ser exitoso en EE.UU. fue un enfoque complejo y multifacético, dice Kahan.

«El tabaquismo fue abordado de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba», dice.

Un punto clave fue la educación, la cual se manifestó en campañas de conocimiento público como el informe del surgeon general -la máxima autoridad oficial en materia de salud en EE.UU.- que delineaba los peligros de fumar. También hubo un aumento en las iniciativas educativas en las escuelas y lugares de trabajo.

Por otro lado, afirma Kahan, hubo cambios que crearon «un entorno donde fuese más fácil no empezar a fumar o dejar de fumar», dice.

Esto incluyó mayores impuestos a los cigarrillos, restricciones sobre cómo estos productos pueden ser comercializados y vendidos, y la creación de más áreas libres de humo, como en restaurantes y bares.

De hecho, Kinzel dejó de fumar cuando los gastos y las molestias de fumar empezaron a acumularse. «En cierto momento se hizo demasiado inconveniente», dice ella.

Asunto de salud, no de balanza

Mientras que EE.UU. ha visto grandes caídas en las tasas de tabaquismo, los números de la obesidad no se han reducido de forma significativa y, en muchos casos, siguen aumentando.

Eso tiene a investigadores estadounidenses centrados ya no en cambiar los números en la balanza sino en el fomento de conductas saludables.

«La apariencia exterior de la obesidad es un elemento de distracción y una cortina de humo», dice Kahan. «Si usted toma a alguien que tiene evidente sobrepeso y lo pone a trabajar duro y a hacer lo que tiene que hacer y pierde 10% de su peso corporal, esa persona -con mayor frecuencia que las que no- verá tremendas mejoras en la salud y en sus funciones».

«Al mismo tiempo, esa persona sigue siendo gorda. Y la seguimos señalando con el dedo para que pierda peso, y eso no es realmente necesario».

Si bien el objetivo de las campañas contra el tabaco era que la gente dejara de fumar, las campañas dedicadas a la obesidad buscan un resultado menos tangible.

«El objetivo del tratamiento de la obesidad no es necesariamente tener un peso normal. Es más moverse en una dirección en la que la salud mejore de forma significativa».

Para tal fin, señala Puhl, las campañas deberían centrarse en las conductas para mejorar la salud, no en las dimensiones del cuerpo.

Motivar a la gente a comer mejor y a moverse más tiene efectos beneficiosos para todos, dice, no sólo para la gente obesa.

La dieta de Matthew McConaughey para perder 20 kilos

El actor revela en una entrevista la técnica que utilizó para llegar a la delgadez extrema de su personaje en ‘Dallas Buyers Club’.

La Vanguardia
Matthew-McConaughey delgado Matthew McConaughey
puede ser el próximo ganador del Oscar a Mejor Actor por su papel en Dallas Buyers Club. Tuvo que perder más de 20 kilos para encarnar a un enfermo de sida poniendo el riesgo su salud pero la osadía le está reportando cuantiosas alegrías. El actor acaba de ganar el premio Screen Actors Guild Awards en Los Angeles y está bien posicionado en las quinielas a la estatuilla.

Perder tanto peso fue duro, según ha reconocido en algunas entrevistas estos días. «No voy a mentir. La dieta fue extrema. Perdía cuatro kilos por semana. Tomaba una Coca Diet, dos claras de huevo a la mañana, una porción de pollo, otra Coca Diet. Fue durísimo, siempre estaba hambriento y muy irritable. Mi cuerpo era como un pichón de pájaro pidiéndome todo el tiempo que lo alimente y yo sabía que no iba a hacerlo. Es difícil”, ha confesado el actor en declaraciones que recoge el The Huffington Post.

La única recompensa que el actor tenía para mantener el tipo era una copa de vino por las noches. «Lo que encontré fue un budín de harina de mandioca y lo comía con la cuchara más pequeña que encontré en Nueva Orleans, así duraba más tiempo. Podía estar comiéndolo por más de una hora», aseguró en la entrevista que reproduce el citado periódico.

MatthewMcConaughey_normalTras la cuesta arriba de perder tanto peso vino el momento en que acabó el rodaje y ya pudo comer normal pero su cuerpo estaba acostumbrado a ingerir microcomidas a lo largo del día así que se le resistía. «Conseguí subir 20 kilos. Ganar peso es más difícil que perderlo. Es más divertido también, pero en la primera comida grande que tomas, tu cuerpo te recuerda que estuvo viviendo con poco peso durante mucho tiempo y quiere volver a ese estado. Entonces hay que tomarlo con calma, es una maratón”, explicó, en una nota para el diario Mirror.

Mujer obesa bajó de peso porque se atascó en montaña rusa

Terra / Daily Mail
Nikole Whitehead Daily MailNicole Whitehead, de solo 23 años pasó una gran humillación cuando tuvo que ser levantada y sacada de una montaña rusa entre tres hombres debido a su sobrepeso.

La chica de Spondon , Derbyshire, estaba tan avergonzada que decidió transformar su vida y pasó de una talla 24 a una 10. Dijo : «Fue muy embarazoso porque estaba lleno de gente y yo era muy jóven. Me sentí mortificada teniendo tres personas tratando de pararme. Nos arruinó el día completo, ya que sólo quería ir a casa. Se podría haber evitado si yo no hubiese estado tan gorda».

No fue sólo en los parques temáticos donde el peso de Nicole fue un problema. Tenía que ir a tratarse dos veces por semana porque su tamaño limitaba su respiración, lo que le provocó ataques de pánico .

Además, admitió que su peso afectó su autoestima. «Yo no tenía confianza en absoluto. Solía ​​llegar a estar muy estresada cuando tenía que comprar ropa y no estaba viviendo la vida de alguien de mi edad», reveló agregando que estaba viviendo en la negación, porque no dimensionaba el porte de su cuerpo.

Nikole antes Nikole despuesFue la experiencia humillante en Alton Towers , que finalmente le dio el empujón que necesitaba para cambiar. Nicole , quien trabaja como auditora , comenzó a asistir a clases de Adelgazamiento Mundial.

«Yo solía comer unas cuantas tostadas de pan blanco con mantequilla en el desayuno. Ahora como aún tostadas, pero con pan integral y cereales. En el almuerzo me volvería a comer un montón de bocadillos y otras basuras y de cena papas fritas y chocolate. Ahora estoy mucho más organizada».

Ahora está llena de confianza y puede visitar los parques temáticos con regularidad y sin temor a pasar una nueva experiencia embarazosa. Incluso ha retomando el buceo.

Los españoles a la cabeza de las personas que más engordan en Navidad

Teinteresa

  • Las comidas típicas españolas tienen más gramos de grasa que la de cualquier otro país del mundo.
  • Australia, Kenia o Sudáfrica tienen bajos gramos de grasas en sus comidas típicas por lo que engordar en esos países es más complicado.

Cena-tipica-Navidad_TINIMA20111223_0447_18Aunque pueda parecer mentira, los españoles somos las personas que más engordamos en Navidad. Así lo demuestra un estudio que ha realizado Yahoo! tomando como referente diversas fuentes. Según estos datos, los platos más populares en España para estas fechas tienen más de 70 gramos de grasa, algo que ayuda a ese engordamiento. Estados Unidos, segundo en este ranking, supera los 60 gramos, pero sin llegar a los niveles de España.

Lejos de estos datos de peligro encontramos a los argentinos, que sus comidas más populares tienen un total de 50 gramos de grasa. Italia, Alemania o Brasil se encuentran en estos mismos números, por lo que se encuentran en una zona de engordamiento moderado.

Lejos de estos datos encontramos a los australianos, ingleses, sudafricanos o los keniatas, que no superan los 30 gramos de los platos más populares estas fechas. Este es el ranking de los países:

Zona peligrosa

España
Estados Unidos
Francia
México

Zona Moderada

Argentina
Cánada
Italia
Alemania
Brasil
Suecia

Zona sin peligros

Reino Unido
Sudáfrica
Japón
Australia
Kenia

¿Cuáles son los platos típicos en cada país?

Aunque los platos típicos que presenta este estudio de Yahoo! pueden variar según la casa y las costumbres. Pero más o menos han acertado. En España, los espárragos blancos son bajos en calorías y en grasas. El asado de cordero, sin embargo, tiene un elevadísimo contenido de grasas (20 gr de grasa por ración)

En Estados Unidos, el pavo es un entrante saludable, mientras que una taza de ponche contiene 11 gramos de grasa por la ración que se tome. Nuestros vecinos franceses optan por las ostras. Las ostras son una elección y tan solo contienen 69 calorías por ración y 0 grasas. ¡El foie-gras contiene la friolera de 24 gramos de grasa por ración!

En el otro lado del charco, en México, su popular ensalada de Navidad contiene tan solo 170 calorías. Los romeritos, sin embargo, contienen más grasas que la mayoría de los entrantes. Bajando un poco, en Argentina, la ensalada Waldorf contiene tan solo 2 gramos de grasa. El vitel tone es un típico plato navideño de ternera con vino que tiene 500 calorías y 20 gramos de grasa por ración.

En el norte de América, Canadá, la salsa de arándanos contiene un bajo contenido en grasa, Sin embargo, el ponche tiene 11 gramos de grasa por ración. De vuelta en Europa, en Italia, el pescado y el marisco son platos que contienen pocas calorías, pero los tortellini rellenos de carne son una bomba clórica. En Alemania, el repollo es el plato estrella. Es un plato bajo en grasas y calorías. En cambio, el ganso asado tiene bastantes calorías.

En Suecia, los arenques son unos entrantes típicos con tan sólo 104 calorías. En cambio, los janssons frestelse, un guiso de patatas, tiene 15 gramos por ración. De vuelta en América, en Brasil, el relleno típico para el pavo es la farofa, compuesta por pasas y harina sin gluten. Una mezcla mejor que el relleno tradicional que contiene 200 calorías por ración.

Reino Unido, uno de los países lejos de comidas copiosas, tiene como plato principal la salsa de arándanos. En Sudáfrica, el arroz amarillo y el pavo son los platos principales, siendo el pavo el que tiene más calorías. El Sushi en Japón, los langostinos en Australia y la cabra asada en Kenia con platos perfectos para no engordar.

La obesidad puede alterar el sentido del gusto

La obesidad tiene una complicada relación con el apetito y el sentido del gusto. Este vínculo es tan complejo que sólo ahora los científicos han comenzado a estudiar el papel del gusto en las personas con sobrepeso.

BBC Mundo

131204165746_taste_obesity_304x171_spl_nocreditEn la Universidad de Buffalo, Estados Unidos, la profesora de ciencias biológicas Kathryn Medler descubrió -junto a su equipo de investigadores- que las células de la lengua que se encargan de detectar el sabor dulce pueden cambiar con la obesidad.

En la investigación hecha en ratones y publicada en la revista PLoS One, los biólogos descubrieron que el sobrepeso severo deteriora la capacidad de detectar lo dulce y lo amargo.

Comparado con roedores delgados, los ratones gordos tenían menos células del gusto que respondían al estímulo de lo dulce. Algo que no sucedió con los otros sabores básicos: salado, ácido y umami (del japonés «sabroso»).

Hasta ahora los estudios se han enfocado en analizar las distintas áreas en el cerebro que controlan el apetito y hacen que uno quiera comer, así como en los cambios hormonales de una persona obesa.

Sin embargo, según Medler, nadie se había fijado en las células encargadas de detectar los distintos sabores, que son las que tienen contacto directo con los alimentos.

«Y lo que descubrimos fue que no responden tan bien y que, cuando lo hacen, las señales que mandan no son tan fuertes como las que se enviarían en un ratón normal», le explica a BBC Mundo.

Fácil acceso

Este hallazgo abre una nueva posibilidad para tratar la obesidad. «Si logramos manipular esas células para que funcionen como las normales, entonces podremos controlar y cambiar la tendencia de las personas a comer de más», dice Medler.

«Es mucho más fácil tener acceso a la lengua que al cerebro», agrega la experta.

La investigación también demuestra cómo la obesidad puede afectar los primeros pasos del proceso gustativo, como es el estímulo de las células receptoras.

El gusto juega un papel importante en la regulación del apetito, en lo que comemos y cuánto comemos.

Si las células que detectan el sabor no funcionan correctamente, puede haber una tendencia a ingerir más dulces, pues la sensación de saciedad puede tardar en llegar.

«Si comes algo que es muy denso, como el dulce de leche, puedes comer un poco pero no mucho. Pero si se trata de algo que no es tan dulce, entonces tiendes a comer mucho más hasta que llegas a un punto en el que sientes que has tenido suficiente. Pero si tu habilidad para discriminar entre algo dulce y muy dulce no funciona bien, entonces vas a tener que comer más para llegar al mismo punto (de saciedad)», explica Medler.

Un poco de dulce

Estudios previos han demostrado que las personas obesas desarrollan antojos por comidas dulces y saladas, a pesar de no degustar estos sabores tan bien como los individuos más delgados.

Los expertos ahora deben realizar más pruebas para determinar si es la dieta lo que cambia las células de la lengua o es el sobrepeso.

El especialista en nutrición Rubén Bravo, del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, considera que el estudio da más sentido al trabajo que ellos vienen realizando.

«Llevamos varios años haciendo estudios en pacientes obesos, y la gran mayoría tiene un gusto por lo dulce disminuido, con lo cual necesitan más cantidad para poder regular su equilibrio emocional y su ansiedad hacia estos dulces», le dice Bravo a BBC Mundo.

El especialista explica que, si bien la investigación está en una fase muy temprana, sus primeros resultados refuerzan su planteamiento de diseñar una dieta que por la tarde ofrezca dulces más saludables que un caramelo, chocolates o productos de pastelería industrial.

«Nosotros utilizamos el chocolate negro 0% o dulces y postres de bajas calorías», agrega. De esta manera controlan la ansiedad de los pacientes.

El estudio de Medler comparó 25 ratones normales con 25 que fueron alimentados con una dieta alta en grasas que los volció obesos.

Los pasajeros gordos no vuelan o pagan dos asientos

Kevin Chenais tuvo que volver de Nueva York a Europa en barco, porque la compañía aérea argumentó que sus 230 kilos no garantizaban la seguridad

Heraldo / Agencias
obeso_british_airwaysLa aviación comercial tiene, a veces, razones de peso para restringir la venta de billetes. Quien más quien menos ha sufrido alguna vez el fastidioso ‘overbooking’, pero pocos han vivido una peripecia como Kevin Chenais. Este joven francés, de 22 años y con 230 kilos a cuestas, se ha quedado en tierra porque British Airways se negó a venderle un billete a la vista de que era «imposible acomodar al pasajero con seguridad». Las modernas aeronaves, capaces de llegar a las Antípodas, cruzar el Atlántico o cargar en sus bodegas el equipaje de más de un centenar de viajeros, no pueden transportar a un gordo.

Embarcar en un avión se está convirtiendo en un incordio, y no solo por el miedo a volar o por los cada vez más tediosos controles de seguridad. De ello pueden dar testimonio Chenais y sus padres, que se disponen a tomar un barco desde Nueva York para viajar al Reino Unido, a la vista de la decisión de la compañía.

El pasajero vetado está aquejado de un desequilibrio hormonal que constituye la causa de su obesidad mórbida. El año pasado se trasladó a Chicago para ser tratado en la Clínica Mayo, donde le prescribieron un tratamiento que dura año y medio. A finales de octubre ya tenía las maletas hechas para visitar Europa cuando le dieron la mala noticia. La aerolínea no admitía la presencia de un pasajero tan obeso. Lo peor del asunto es que el viaje en barco no está exento de riesgos. Kevin Chenais precisa de forma continuada del suministro de oxígeno y está sometido a controles médicos periódicos. La travesía desde Nueva York a Southampton le obligará a estar embarcado una semana y limitará su vigilancia por parte de los especialistas que le atienden.

Sobra decir que Kevin tiene muchos problemas de movilidad, hasta el punto de que necesita una silla eléctrica para desplazarse. El mero hecho de bajar del tren que le llevó de Chicago a Nueva York exigió que el Consulado francés apoyara el montaje de todo un dispositivo policial y que el personal de la compañía ferroviaria Amtrak participara en la operación para bajarle del vagón.

«El viaje estuvo bien», aseguró un agotado Kevin, después de 21 horas de traqueteo, a la salida de la estación ferroviara de Pensilvania, en el interior del taxi que le trasladó junto a sus padres, René y Christina, a un hotel en Brooklyn, donde permanecerán hasta embarcar.

Después de muchos trámites y fatigosas negociaciones se arbitró una solución, aunque llegaba demasiado tarde. Las compañías Air France y Swissair se avenían a incluir en el pasaje a Kevin Chenais, pero la oferta se presentó cuando la familia había desembolsado ya tanto dinero, que no podía rascarse más el bolsillo.

El trayecto en tren hizo que se esfumaran 900 euros, mientras que los pasajes en barco de los Chenais exigieron adelantar otros 1.635 euros. Ser gordo no es ni mucho menos barato. Con todo, el que no se consuela es porque no quiere. A la espera de que el buque ponga rumbo a Southampton, la familia aprovechará su estancia obligada en Nueva York para hacer turismo.

Venden dos asientos de avión separados a un pasajero obeso

AFP
obeso-dos-billetesUn pasajero británico que fue obligado por la aerolínea a comprar dos billetes de avión por ser obeso no dio crédito a sus ojos cuando comprobó que los dos asientos que le habían asignado estaban separados.

En el trayecto de ida de Gales a Irlanda, una tarjeta de embarque correspondía a una butaca en pasillo y la otra en la ventanilla – en una fila de tres. A la vuelta se lo pusieron aún más complicado, pues sus dos asientos estaban en la fila 17 y en la 19 del avión, informa el Daily Mirror.

El hombre, de 43 años e identificado como Les Price, pesa 234 kilos. La compañía aérea, cuyo nombre no ha trascendido, obliga a los clientes a adquirir dos tickets cuando el peso del individuo supera los 127 kilos.

230 kilos que dieron paso a dos maratones

El alemán Thomas Stephan pesaba 230 kilos en 2011 y ahora buscará completar su segundo maratón. Stephan ya completó la carrera de Frankfurt en 2012. Un año antes consiguió completar la mitad de la maratón de Londres

Eurosport / Yahoo

Thomas Stephan ante sy despues EurosportEn la maratón de Frankfurt estarán algunos de los mejores atletas de esta disciplina: Lilesa, Sefir, Kipruto o Kirwa. Ellos son las estrellas pero la felicidad de cruzar la meta es igual para todos. Puede que incluso mayor para Thomas Stephan. Este alemán de 44 años buscará completar su segundo maratón, algo que hace dos años nadie hubiera imaginado.

En 2011, Stephan pesaba 230 kilos. Al no aguantar más esa situación, comenzó primero a comer sano y luego a realizar ejercicio. Ese año, se planteó completar la mitad de la maratón de Frankfurt. En la ciudad alemana, Stephan llegó hasta los 25 y allí frenó. En ese momento, tal y como cuenta en una entrevista a la web oficial de la carrera, lloró “desconsoladamente”.

El siguiente paso era completar la maratón completa. Cuando llegó la carrera de 2012, Stephan la completó en 4 horas y 43 minutos. “Ese fue el acontecimiento más importante en mi vida” dijo el alemán para explicar lo que sintió al acabar. Ahora, con 80 kilos de peso y en plena forma, buscará completar su segunda maratón.

La exposición a productos químicos tóxicos en los años 50 puede ser causa de obesidad

Un estudio sugiere que los efectos de la contaminación por productos tóxicos se transmite durante varias generaciones por un proceso epigenético

La Vanguardia
por Joaquim Elcacho/ BMC Medicine

La exposición a productos químicos tóxicos en individuos de una generación puede alterar la salud en sus descendientes varias generaciones más tarde, según sugiere un estudio realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Washington (Estados Unidos) que publica esta semana la revista BMC Medicine.

La investigación liderada por el doctor Michael Skinner, profesor de la Universidad Estatal de Washington y fundador del Centro para la Biología de la Reproducción de esta misma universidad, ha sido realizada con animales de laboratorio (ratas) pero hace pensar que contaminación transgeracional podría producirse también en humanos.

“La exposición a productos tóxicos como el DDT que afectó a su bisabuela cuando estaba embarazada puede provocar un importante incremento en la susceptibilidad a la obesidad de usted, y usted puede pasar este factor de riesgo a sus nietos sin que ellos hayan estado expuestos directamente al DDT”, indica el profesor Michael Skinner.

El experimento dirigido por Skinner fue realizado con ratas en gestación expuestas al insecticida DDT, un producto que todavía se utiliza de forma legal en algunos países del mundo para combatir los mosquitos que propagan la malaria. Ni las ratas expuestas al insecticida ni sus crías presentaron alteraciones de peso. En cambio, más de la mitad de los descendientes de tercera generación presentaron problemas de obesidad.

Los responsables de esta investigación consideran que el insecticida puede afectar a a forma en que los genes se activan y desactivan en los descendientes de un animal expuesto, a pesar de que sus secuencias de ADN se mantienen sin cambios.

Este tipo de alteraciones se conoce como herencia epigenética transgeneracional, es decir una modificación de la expresión de los genes no provocada directamente por una alteración en el ADN. En los últimos años, el laboratorio Skinner ha documentado efectos epigenéticos de una gran cantidad de sustancias tóxicas ambientales, incluyendo plásticos, pesticidas, fungicidas, dioxinas, hidrocarburos y el plastificante bisfenol A.

Skinner considera en este sentido que la frecuencia de los efectos del DDT sobre la obesidad son mucho mayores que otros tóxicos revisado en su laboratorio.

El líder de la investigación presentada ahora recuerda que hace 51 años se publicó el libro Primavera Silenciosa, de Rachel Carson, que documentaba por primera vez los efectos del DDT sobre el medio ambiente. El uso de este insecticida está prohibido desde 1972 en Estados Unidos pero, «la tercera generación de las personas expuestas al DDT en la década de 1950 es ahora mayor de edad y tiene un aumento espectacular de las enfermedades como la obesidad», insinúa Skinner al tiempo que la Agencia norteamericana para el Desarrollo Internacional y la Organización Mundial de la Salud están apoyando el uso de DDT para controlar la malaria en los países en desarrollo.

“Los posibles efectos transgeneracionales de DDT deberían tenerse en cuenta en el análisis de riesgos y beneficios de su uso», indica Skinner.

¿Por qué las mujeres sufren en mayor grado que los hombres de estrés?

Radio Aragón
¿Sabían que el 71 por ciento de las mujeres con obesidad padecen problemas emocionales y que su exceso de kilos podría estar relacionado con la ansiedad?


En este programa de Radio Aragón interviene como invitado especial Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), que analiza los resultados de un reciente estudio de opinión realizado por el centro.  Según indica la encuesta, los hombres no se libran de la ansiedad y a ellos también les provoca problemas de obesidad, aunque en una menor medida. Un 49 por ciento de los representantes del sexo masculino entrevistados reconocen la importancia del factor emocional en el aumento de sobrepeso.
«Vivimos en una sociedad donde los niveles de estrés son muy altos y existe una tendencia sobre todo en las mujeres de buscar un refugio del malestar emocional en los ansiolíticos o alimentos antidepresivos», señala Bravo.  De esto existe una explicación bioquímica en el cuerpo. El desgaste de algún neurotransmisor, como el serotonina que controla los niveles del estrés, sobre todo a partir de la tarde nos impulsa a buscar determinados alimentos, como l chocolate o el dulce, para aumentar los niveles de esta hormona y así recuperar la sensación de bienestar. Si nos acostumbramos a comer estos alimentos de forma abundante y descontrolada, es muy probable que a la larga nos enocntremos con problemas de sobrepeso u obesidad.
A diferencia de las mujeres, que son mucho más sensibles y alertas de cara a los posibles problemas que puedan surgir en la familia o el entorno laboral, los hombres emocionalmente son más lineales, más estables en los niveles de acetilcolina. Este neurotransmisor, dicho de otra forma, es el que marca la tendencia de «darle vuelta a las cosas» que en los varones no es tan acentuada. Los hombres no perciben las preocupaciones del mismo modo que las mujeres, ni les multiplican a niveles tan altos, por tanto tienen menos incidencia de trastornos alimenticios y obesidad a causa de problema emocional.
El IMEO, junto con el Instituto de Biomedicina, ha traído de Estados Unidos varios sistemas que, en parte, puedan contribuir en la solución del problema de ansiedad y estrés. El Electro intersticial escáner, por ejemplo, permite hacer un estudio de nuestros neurotransmisores emocionales en tiempo real y nos ayuda a visualizar los niveles de estrés, hambre y depresión. El Sistema de Biocoherencia Cardíaca, a cambio, consiste en trabajar sobre el corazón a través de la respiración para influir positivamente sobre la mente y así reducir los niveles de estrés en cuestión de 5 – 10 minutos. Éste último no es un tratamiento psicológico, pero sí es un entrenamiento, una forma de actuar donde estamos monitorizados por un ordenador que nos indica cómo lo estamos haciendo, de modo que a largo plazo podremos conseguir un control óptimo sobre nuestras propias emociones.