Llega la fiebre de las dietas de verano

Radio Aragón

Casi 7 de cada 10 españoles sigue una dieta en verano, según una encuesta realizada por el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). En este programa de Despierta Aragón, de la cadena Radio Aragón, el portavoz del centro, Rubén Bravo, desgrana los resultados del estudio. El perfíl de los que se ponen a dieta es muy cimilar entre hombres y mujeres: personas jóvenes, solteros o que viven en pareja pero sin hijos a cargo, que disponen de más tiempo libre para deporte y ocio y que, entre otras cosas, tienen un trabajo estable, sea de jornada completa o media. Lo que marca la diferencia entre ambos sexos, es la intencionalidad, digamoslo así, lo que motiva para ponerse en forma para el período estival. En este sentido, en el caso de las mujeres, es «la cita anual con el bañador», que delata todas sus ventajas o desperfectos. Mientras que para los representantes del sexo masculino, es «el deseo de aumentar su atractivo sexual», pensando más bien que un buen cuerpo les facilitará en la tarea de ligar.

Adeás de presentar el estudio, en el presente programa Rubén Bravo da a los oyentes unos sencillo consejos de cómo hacer dieta. Haz clic en PLAY para escuchar el audio entero.

La obesidad es tan mala como la superpoblación

Ipsnoticias

Los estadounidenses representan casi un tercio del peso de la población mundial, Don HankinsEl consumo excesivo y la obesidad, sobre todo en los países industrializados, amenazan no solo la salud de los individuos, sino también la misma sostenibilidad de la Tierra, alerta un estudio presentado en la conferencia Río+20.

La investigación elaborada por la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (LSHTM, por sus siglas en inglés), y titulada «The weight of nations: an estimation of adult human biomass» (El peso de las naciones: Una estimación de la biomasa humana adulta), confirma que la población de Estados Unidos es la que presenta mayor sobrepeso del planeta.

De hecho, para que la población mundial tenga el mismo índice de biomasa entre personas de la misma edad que Estados Unidos, debería incrementarse en 58 millones de toneladas, lo que equivale a 935 millones de personas.

El aumento de la biomasa mundial por obesidad incrementa a su vez las exigencias de energía en 261 kilocalorías al día por adulto, lo que equivale a los requisitos de 473 millones de adultos.

El estudio, presentado este viernes 22 al cierre de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, conocida como Río+20, advierte que la energía necesaria para mantener la biomasa creada por la obesidad agrava los problemas ecológicos causados por el aumento poblacional.

Los investigadores calcularon la energía alimentaria requerida para sostener la biomasa usando una fórmula y datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Ian Roberts, profesor de epidemiología y salud pública en la LSHTM y autor del estudio, alertó que la obesidad es una amenaza tan grande para el ambiente como la superpoblación.

«La gente tiende a pensar que la mayor amenaza para el ambiente es la creciente población en los países en desarrollo. Pero esta medición de la biomasa es más relevante», dijo Roberts.

«Al considerar cuántas personas puede sostener el mundo, la pregunta no es cuántas bocas hay que alimentar, sino cuánta carne hay que alimentar», añadió.

El estudio estima el promedio de biomasa mundial en 62 kilogramos. Los estadounidenses y canadienses en conjunto pesan un promedio de 80,7 kilos, y los europeos un promedio de 70,1 kilos.

La investigación además señala que, a pesar de solo constituir cinco por ciento de la población mundial, Estados Unidos responde por casi un tercio del peso mundial debido a la obesidad.

En contraste, Asia es hogar de 61 por ciento de la población mundial, pero solo representa 13 por ciento del peso de los habitantes del planeta.

«La creciente biomasa tendrá importante consecuencias para las exigencias mundiales de recursos, incluyendo la demanda de alimentos y la huella ecológica general de nuestras especies», alertó Roberts.

El estudio sugiere que la tendencia mundial al aumento de la biomasa tendrá serias implicaciones en los recursos. El incremento del índice de biomasa recargaría las fuentes de energía del planeta en forma equivalente a la que lo harían 473 millones de personas.

La mayor demanda de comida disparará los precios de los alimentos. Dado el mayor poder de compra de los países industrializados, que también tienen un mayor promedio de biomasa, los peores efectos del aumento de precios los sufrirán los pobres del mundo.

El informe lamenta que el concepto de biomasa rara vez se aplique a la especie humana, aunque «las implicaciones ecológicas de la creciente biomasa son significativas y deben ser tomadas en cuenta a la hora de evaluar las futuras tendencias y la planificación de los futuros desafíos de recursos».

Roberts señaló: «Tratar la gordura de la población podría ser fundamental para la seguridad alimentaria mundial y la sostenibilidad ecológica».

El científico señaló que las personas hoy no necesariamente comen más que hace 50 años. El principal problema, dijo, es que «no movemos nuestros cuerpos tanto, pero estamos biológicamente programados para comer».

Para combatir esta tendencia a la inmovilidad, sugirió que los urbanistas conciban las ciudades de manera de hacerlas más fáciles de transitar a pie o en bicicleta.

«Todos aceptan que el aumento poblacional amenaza la sostenibilidad ambiental. Nuestro estudio muestra que la gordura de la población es también una gran amenaza», dijo Roberts.

«A menos que atendamos tanto el aumento de la población como la gordura, nuestras chances son escasas», alertó.

¿Se puede adelgazar mientras dormimos?

El insomnio se asocia con un aumento del perímetro de la cintura de 6.7 centímetros en los hombres y de 5.4 en las mujeres.

El País, Vanguardía de México

dormida_310513España. La población descansaba unas nueve horas en 1960; hoy, seis. El problema es que la carencia de sueño está relacionada con el aumento de peso, según varios estudios, entre ellos una revisión en 2008 de 30 trabajos de la Universidad de Warwick (Reino Unido).“Los niños que más duermen durante los primeros 11 años tienen menor riesgo de engordar. Además, en un experimento realizado a 68 mil 183 mujeres adultas, aquellas que pernoctaban cinco horas o menos ganaron 4,3 kilos más que las que dormían siete”, afirma Albert Lecube, coordinador de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición.

El insomnio se asocia con un aumento del perímetro de la cintura de 6.7 centímetros en los hombres y de 5.4 en las mujeres.

La leptina, que inhibe la sensación de hambre, y la grelina, que la estimula, son dos hormonas que se modifican de noche. Entre menos tiempo se duerma, se disminuye considerablemente la primera y, en cambio, la segunda se ve incrementada en forma proporcional.

A la rica proteína

La dieta de la noche (The Overnight Diet), creada por Caroline Apovian, directora de Nutrición del Centro Médico Boston, arrasa en EE UU.

Este método, se basa en la descomposición de los nutrientes y en el funcionamiento de la insulina, una hormona capaz de regular el almacenamiento de grasa.

Su teoría: cuanto más azúcar tenga una comida, más se intensifica esta hormona y más se engorda.

Esta dieta no mezcla hidratos de carbono con proteínas, porque juntos aumentan los niveles insulínicos.

El pescado, la carne o los huevos se reservan para la cena, menos un día a la semana en el que se consumen batidos proteínicos.

“Al descansar, el organismo gasta las reservas de glucosa y de grasa”, razona Paula Rosso, nutricionista de M+C. En la cena, están prohibidos azúcares y harinas.

“El organismo los transforma en grasa mientras se duerme”, dice Rosso. Al no tener reserva de carbohidratos al llegar a la cama, el metabolismo tira de grasas.

Cosmética de turno de noche

Existe la creencia de que aplicarse cremas anticelulíticas de noche es más efectivo que de día. ¿Mito o realidad?

“No hay evidencia científica, pero es lógico pensar que estar en reposo aumenta la acción de los anticelulíticos”, responde Lola Bou, miembro de la Academia Española de Dermatología.

Mientras pernoctamos, el flujo sanguíneo disminuye y esto hace que los ingredientes de los productos penetren mejor.

Además, la posición horizontal favorece la eliminación de líquidos y de residuos, lo que oxigena los tejidos y evita problemas de circulación y la piel de naranja. Un consejo: masajear bien la zona a tratar con la crema.

Acelerar el metabolismo

Debemos aumentar el metabolismo con el deporte. Después de ir al gimnasio, el organismo sigue quemando grasas y consumiendo calorías, incluso en reposo. “La clave está en realizar ejercicios de fuerza, como coger pesas y combinarlos con actividades de alta intensidad, como correr”, sugiere Jordi Notario, de Gimnasios Dir. También es importante reducir las calorías que se consumen para no generar reservas de grasa.

Diez datos sobre la dieta mediterránea

Muy interesante

El aceite-de-oliva es báscio en la dieta mediterranea¿Se puede perder peso durmiendo poco? ¿Engorda comer rápido? ¿Y comer delante de una pantalla? ¿Qué alimentos ayudan a adelgazar? ¿Cómo afecta la perdida de peso al cerebro? ¿Son buenas las dietas basadas en proteínas? Repasamos 11 estudios científicos recientes que deberías tener en cuenta a la hora de iniciar un régimen para perder peso.

Yogur y frutos secos. A largo plazo, comer yogur y frutos secos de cáscara dura, como las nueces o las almendras, ayuda a bajar de peso más que la fruta o las verduras, según se desprendía de un estudio llevado a cabo en la Escuela de Salud Pública de Harvard y publicado en la revista New England Journal of Medicine.

Sueño antigrasa. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Chicago, mientras hacemos una dieta para adelgazar, dormir durante toda la noche hace que se pierda más cantidad de grasa. Concretamente, si reducimos nuestro sueño a sólo 5,5 horas perdemos el mismo peso que tras un sueño de 8,5 horas, pero la quema de grasas se reduce a la mitad.

Contra los antojos, imaginación. Un grupo de científicos de la Universidad Carnegie Mellon (Pittsburgh, EE UU) descubrió hace poco que, ante el deseo de comer chocolate y dulces, imaginarse tomando grandes cantidades de estos productos puede ser suficiente para calmar el apetito.

Bebe agua para adelgazar. Un ensayo clínico presentado durante un encuentro de la Sociedad Americana de Química (ACS por sus siglas en inglés) reveló que beber dos tazas de agua antes de comer ayuda a perder peso y combatir la obesidad.

Si comes no navegues. Comer delante de la pantalla de un videojuego o trabajando con el ordenador puede aumentar nuestro apetito a lo largo del día, fomentando el sobrepeso, según revelaba un trabajo publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition.

Los peligros de tomar sólo proteínas. La Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas desaconseja encarecidamente el «método» o «dieta» de adelgazamiento propuesto por Pierre Dukan ya que no existen pruebas que sustenten que una dieta con un mayor contenido en proteínas ayude a la pérdida de peso y el consumo prolongado de dietas pobres en carbohidratos y ricas en proteínas se asocia con un incremento en la mortalidad.

Échale pimienta… roja. Según una investigación de la Universidad de Purdue (EE UU), consumir pimienta roja de Cayena puede «ayudar a reducir el apetito y a quemar más calorías de lo habitual después de cada comida, especialmente si no solemos consumir esta especia regularmente», explica Richard Mattes, coautor del trabajo.

Atentos a las etiquetas. Leer las etiquetas de los alimentos que compramos nos ayuda a perder peso, de acuerdo con un reciente estudio de la Universidad Estatal de Washington publicado en la revista Journal of Consumer Affairs. Las mujeres entre 37 y 50 años son las que más han incorporado este hábito a la hora de hacer la compra.

Mejor pasar un poco de frío. Si te pones a dieta en invierno, no abuses de la calefacción. Según un estudio publicado en la revista Obesity Reviews, abusar de la calefacción en el invierno podría estar contribuyendo al aumento de la obesidad en Reino Unido, Estados Unidos y otros países desarrollados. Según los autores, reducir la exposición al frío reduce la necesidad de consumir energía para permanecer calientes y reduce la capacidad del cuerpo para producir calor.

¿Rápido o lento? Comer rápido, en comparación con hacerlo lentamente, reduce la segregación de unas hormonas que provocan la sensación de estar «lleno». La reducción de dichas hormonas nos llevaría a comer en exceso y, por lo tanto, a engordar, según un estudio reciente.

Perder peso mejora la memoria. Además de adelgazar, cuando pierdes peso mejora tu memoria y tu capacidad de concentración, de acuerdo con una investigación de la Universidad Kent State (EE UU). Según Johns Gunstad, coautor del trabajo, muchos facotres que acompañan a la obesidad – hipertension, diabetes tipo 2, apnea del sueño- están vinculados a daños en el cerebro, por lo que para el investigador es lógico que «si estos problemas desaparecen, la memoria funcione mejor».

La obesidad, a través del espejo

EXPOSICIÓN | En la Universidad de Alicante

El Mundo.es

  • La exposición aborda este fenómeno global desde diferentes perspectivas
  • Se exponen datos científicos, estudios, anuncios publicitarios o cuadros
  • La muestra está acompañada de un ciclo de cine y talleres de alimentación

La imagen de Barbie obesa para la campaña 'Superheros', de Latinworks. | Ricardo SalamancaLa obesidad se ha convertido en una de las mayores pandemias del siglo XXI y en una de las principales causas de muerte en todo el mundo, por delante incluso de la desnutrición. Sinónimo de la riqueza de los países desarrollados, son muchas las connotaciones negativas ligadas a la persona obesa, quienes aparecen muy a menudo catalogads en nuestro imaginario colectivo como personas débiles de voluntad, despreocupadas por su físico y su salud o simplemente, perezosas. Esto no ha sido siempre así, ya que en algunas épocas del pasado, ser obeso denotaba poder, buena salud y pertenencia a una clase alta. Incluso el modelo de belleza estaba dominado por cuerpos robustos y formas orondas que hoy en día serían ejemplo de caso clínico. Y es que la imagen que nuestro cuerpo proyecta es un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Desde esta perspectiva histórica-sociológica, la obesidad es objeto de estudio en la exposición «A través del espejo. Lecturas de la Obesidad», que puede visitarse en el Museo de la Universidad de Alicante (MUA) hasta el próximo 15 de junio.

Pero no únicamente se analizan en esta muestra las implicaciones socioculturales, políticas o ideológicas de la obesidad, sino su repercusión médica o sanitaria, así como la visión que de ella ofrecen las representaciones artísticas.

El espectador podrá acercarse a esta realidad a través de una selección de datos y tablas científicas e históricas, testimonios, documentos, audiovisuales y trabajos de artistas contemporáneos, a través de esas tres secciones que componen la muestra: perspectiva histórico-médica, imagen social y cultural de la obesidad y representación artística.

El recorrido de la exposición se inicia con una frase de J. George Harrar sobre el descubrimiento de la caloría como unidad de medida de la nutrición. Este análisis ayudará al espectador a entender el discurso científico en que se basan las actuales teorías y tratamientos.

La publicidad, también presente. | E.M.Los artistas Rogelio López, Rosalía Banet, Ximo Amigó y Paula Bonet (a través de la figura de MacDiego) o Adriane López-Huici presentan su particular visión de las nuevas actitudes sociopolíticas y de género frente a la obesidad.

El objetivo, según explican desde la Universidad de Alicante es generar reflexión y debate. Por ello, el Vicerrectorado de Cultura, Deportes y Política Lingüística y la Facultad de Ciencias de la Salud han diseñado un amplio programa de actividades en torno a esta exposición, como conferencias, jornadas de nutrición, talleres de cocina saludable y alimentación ecológica, denominaciones de origen o un ciclo de cine sobre la obesidad.

Las personas obesas españolas viven peor que las americanas

 Los españoles con sobrepeso tienen menos calidad de vida y les afecta en su trabajo y relaciones sexuales

Pilar Martínez / Cáscara amarga, periódico digital LGTB

obesidadEl número de personas obesas en España está creciendo y, además tienen peor calidad de vida que los norteamericanos, afectando en sus funciones físicas, sexuales y de trabajo. Así lo ha asegurado un estudio realizado por el Grupo de Estudio de la Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (GO-SEEN) en colaboración con los doctores Ross D. Crosby y Ronette L. Kolotkin, de la Universidad de Duke, en Carolina del Norte (Estados Unidos).

Cada día el número de personas obesas crece en España, aumentando un 17 por ciento en los últimos 25 años. Según una encuesta según la Encuesta Nacional de Salud 2011-2012, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), 37 de cada cien adultos tienen sobrepeso y 17 son obesos, acercándose cada vez más al número de pacientes obesos americanos.

Sin embargo, los pacientes obesos españoles se sienten peor que lo estadounidenses. El estudio fue realizado entre más de 1.600 pacientes de España y de Estados Unidos. Los resultados revelaron que en cuanto a la calidad de vida, los pacientes españoles obtienen una puntuación de 41,8 puntos sobre cien en cuanto a condiciones físicas, mientras que la de los estadounidenses fue de 50,5, teniendo en cuenta las funciones físicas, de trabajo y vida sexual. La mayor representatividad de obesos en España se encuentra en Extremadura, Andalucía, Albacete, Murcia, Galicia y Canarias.

Las posibles causas de este problema, según explicó la doctora Assumpta Caixás, miembro de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) podrían atribuirse a que la epidemia de obesidad ha llegado más tarde a los países europeos y la población todavía no está adaptada a esta nueva situación y tampoco dispone de medios apropiados para enfrentarse a los problemas que supone.

Nutricionista afirma que sería positivo mostrar cómo quemar las calorías ingeridas en los restaurantes

Europa Press Televisión

Rubén Bravo del IMEO ante Europa Press Tv   El Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) ha afirmado este sábado que sería una «buena idea» que los menús de los restaurantes mostrasen el ejercicio necesario para quemar las calorías ingeridas ya que, «de un primer vistazo», el consumidor podría elegir la comida más apropiada a su actividad física diaria.

En declaraciones a Europa Press Televisión, el experto en Nutrición y portavoz del IMEO, Rubén Bravo, ha argumentado que se trataría de una «buena iniciativa» de concienciación de cara a una alimentación más saludable que en las cartas de los restaurantes se mostrara no sólo las calorías, como ya exhiben algunos establecimientos, si no que también enseñaran el tiempo necesario para quemarlas.

«Actualmente al ver el etiquetado de las calorías de los alimentos muchas personas se pierden, se confunden e intentan predecir si ese alimento engorda o no. Pensar que ese alimento que voy a comer me va a requerir de cierta actividad física es una forma muy visual para ver si merece la pena o no comer un alimento muy calórico«, ha explicado.

No obstante, Bravo ha matizado que se trataría de «pautas generales» que no «siempre» valdrían igual para todos los clientes. Por ello, ha afirmado que si realmente una persona se plantea perder peso se deje recomendar por un especialista que le elabore un plan «personalizado» y concreto para su edad, actividad física y adaptado a sus gustos alimentarios.

Además, desde IMEO han afirmado que esta iniciativa debería de estudiarse con «más profundidad», analizando el tipo de ejercicio adecuado para cada edad, sexo, peso y estatura de cada individuo. «A mayor edad se gasta menos calorías, aún con la misma actividad física«, ha ejemplificado Bravo.

Así se ha referido el nutricionista sobre la investigación de la ‘Texas Christian University’ (TCU) que señala que mostrar en el menú de los restaurantes los minutos de ejercicio necesarios para quemar las calorías que se ingieren en los alimentos da buenos resultados.

Chocolate negro, tableta de salud

Los flavonoides contenidos en el chocolate parecen jugar un efecto protector frente a enfermedades cardiovasculares por sus efectos antioxidantes

por Jordi Montaner, Eroski Consumer

Woman showing chocolatebarDurante años el chocolate ha sido objeto de un sinfín de acusaciones. Desde fuente de vicio hasta origen de caries infantiles, pasando por adicciones incontrolables, problemas metabólicos, cefaleas o sobrepeso. De un tiempo para esta parte, sin embargo, el chocolate se está reivindicando como fuente de salud. Si los resultados de distintas investigaciones acaban confirmándose, pronto podría figurar entre las prescripciones de todo médico de cabecera.

Un artículo publicado hace unos meses en la revista Nature (424:1013, 28/8/2003) despejó toda incógnita acerca del papel protector de los flavonoides del cacao y del chocolate frente a la enfermedad cardiovascular. Un equipo dirigido por Mauro Serafini, del Instituto Nacional Italiano para la Investigación de los Alimentos y la Nutrición (Roma), han identificado al flavonoide responsable, la epicatequina, que actúa como antioxidante en los vasos sanguíneos y previene la formación de placas de ateroma (arteriosclerosis). No obstante, los investigadores transalpinos subrayan que el efecto antioxidante del cacao se inhibe normalmente por acción de la leche con la que se acompaña tanto su presentación soluble como buena parte de las pastillas de consumo más extendido. En otras palabras, que para que el chocolate resulte verdaderamente sano, le sobra la leche.

Serafini llevó a cabo un estudio con 12 voluntarios sanos, a quienes hizo probar distintas variedades de chocolate y observó que la absorción de epicatequina en el organismo se veía dificultada en los chocolates que incluían leche o derivados lácteos en su composición. «Este hallazgo alimenta la controversia de que las acciones antioxidantes de determinados productos que ingerimos puede contrarrestarse mediante la acción de otros componentes de la dieta, al mismo tiempo que apoya el concepto de que los flavonoides desempeñan un papel esencial frente a las enfermedades del corazón y degenerativas», señala el investigador.

Carl Keen (Universidad de California) va más lejos aún y sostiene que la epicatequina podría actuar «como una aspirina de baja dosis» en el organismo, ejerciendo una actividad antiplaquetaria y protegiendo frente al ictus o el infarto. «Nuestro grupo no sólo observó un incremento de la capacidad antioxidante tras el consumo de chocolate, sino una variación de ciertos componentes que afectan a los vasos sanguíneos». El especialista estadounidense midió el efecto de los flavonoides en 25 voluntarios que habían ingerido 25 gramos de chocolate, y lo comparó con otros voluntarios que habían comido sólo pan. «Entre dos y seis horas después de haber tomado chocolate, la sangre de los voluntarios registró una disminución de la agregación plaquetaria que no se dio cuando el producto consumido era el pan», relata.

Una pequeña tableta de chocolate negro (sin leche) aporta al organismo, según Keen, tantos flavonoides como seis manzanas, algo más de cuatro tazas de té o dos vasos de vino tinto.

Néctar de los dioses

La acción antioxidante del chocolate podría verse limitada por otros componentes de la dieta, en especial de la leche Cristóbal Colón no sólo descubrió América. De vuelta a España, en 1502, trajo consigo algunas semillas de cacao que los indígenas utilizaban como moneda de cambio; aunque el almirante ignoró siempre su cotización en cuanto a salud. En la sociedad azteca, por contra, se atribuían al chocolate cualidades místicas (su nombre botánico, Theobroma cacao significa en griego «alimento de los dioses»). Hernán Cortés atestiguó cómo Moctezuma bebía con asiduidad un raro néctar que los aztecas denominaban xocalt (agua amarga), elaborado a base de cacao, maíz triturado, especias y agua. «Esta bebida le hace a uno más fuerte y resistente a la fatiga», relataba el conquistador.

Hasta su utilización industrial, el chocolate gozó durante siglos de un cierto halo de alimento exquisito y reconstituyente, que nuestro ecléctico recetario introdujo como condimento en determinadas salsas, como desayuno y merienda, o como acompañante del café en la sobremesa. Su pasta de sublime y fácil fusión acabó, sin embargo, relegando el chocolate a la categoría de golosina con la que alimentar múltiples caprichos. Y acabó generando adicciones tan insidiosas que pronto mereció casi el apelativo de pecado, colmo de vicios «sin virtud alguna», en opinión de algunas voces.

La ciencia, sin embargo, acabó jugando a favor de los partidarios del placer y, puestos a indagar en cosas buenas del chocolate, científicos californianos publicaron en 1996 un artículo en The Lancet, en el que se dejaba constancia de que las catequinas (flavonoides) del chocolate superaban a las del té en su acción antioxidante. Los autores no proponían introducir más cacao en la dieta, pero recordaban que «combinar algo de chocolate con una taza de té es sabroso y sano a la vez».

Desmitificación de una culpa

Como por arte de birlibirloque, en los últimos 10 años han proliferado trabajos científicos que podrían parar los pies a los padres o educadores que intenten frenar el consumo de chocolate por parte de los adolescentes. Pues bien, resulta que la grasa saturada de la manteca de cacao, el ácido esteárico, no aumenta el colesterol malo (LDL). Al contrario, parece ayudar al hígado a eliminar el exceso de este lípido de la sangre. Tampoco salen más granos en la cara por abusar del chocolate; aunque una dieta sana mejora siempre el estado de la piel, el acné se debe a una producción excesiva de sebo causada por factores hormonales, y no dietéticos. Con respecto a la migraña, un trabajo publicado en Cephalalgia concluyó recientemente que el chocolate no provocaba los dolores de cabeza del grupo que lo tomó en gran cantidad, comparado con otro que consumió una bebida con sucedáneo (algarrobas).

De las caries, es cierto que existen alimentos más cariógenos que otros y que el chocolate, por su contenido en azúcares, se encuentra entre los de mayor peligro. Sin embargo, si éste y otros alimentos cariógenos se consumen con las comidas y antes del cepillado, el riesgo desaparece. Además, el chocolate se disuelve rápidamente y no está mucho tiempo en contacto con el esmalte dental (los caramelos blandos y pegajosos son mucho más dañinos).

A propósito de la adicción al chocolate no existen datos definitivos. Tres son las sustancias del chocolate que pueden incidir en el estado de ánimo (muchos le atribuyen cualidades antidepresivas). Su contenido en cafeína y teobromina lo convierten en un estimulante leve. La feniletilamina produce un efecto placentero a nivel cerebral y la anandamida causa relajación y sensación de bienestar. Estos dos últimos compuestos también están en el hachís, por lo que algunos trabajos sugirieron que el chocolate podría tener efectos adictivos similares a los del cannabis y justificar, de este modo, su apelativo polpular. Sin embargo, se ha demostrado que la concentración de estas sustancias en una tableta es insuficiente para que el chocolate provoque efectos adictivos.

LA CATEQUESIS DE LA CATEQUINA

Educar a comer bien no es cuestión de prohibir. En una cultura cada vez más inclinada a lo orgánico y lo funcional en los alimentos, nuestras generaciones emergentes deben conocer las cualidades de cuanto se llevan a la boca y recomponer su selección de gustos en torno al valor de lo ingerido. Como los bífidus activos, las vitaminas o los minerales, los más jóvenes tienen derecho a conocer que los flavonoides incluidos en algunas frutas, el té o el vino tinto mejoran, como en el caso del chocolate, los niveles de antioxidantes en la sangre hasta en un 20% y reducen el colesterol LDL.

Hay que subrayar que dicho efecto está presente de igual forma en cebollas, manzanas, judías, soja y zumos de naranja o uva, y que es mejor comer de forma extensiva (muchos alimentos distintos) que intensiva (más de lo mismo). La ventaja de frutas y verduras es que, además de flavonoides, contienen fibra, vitaminas y minerales. La ventaja del chocolate es su inigualable sabor (y mejor, cuanto más amargo, cuanta menos leche o azúcar).

«Es posible que a partir de ahora podamos pecar con un poco menos de remordimiento», comenta Franz Messerli, un experto en hipertensión de Nueva Orleáns que centra el poder curativo del chocolate en los polifenoles. «Los polifenoles son unos componentes químicos que también se encuentran en otras sustancias, como el té verde; son flavonoides, concretamente catequinas, y los científicos creen que son dichas catequinas las que más efectos antioxidantes y antitumorales poseen». Cuatro son las principales catequinas que se dan cita en el chocolate: EC (epicatequina), ECG, EGC y EGCG.

La delgadez no excluye la obesidad

Un estudio de la Clínica Universidad de Navarra ha desvelado que un tercio de las personas clasificadas como delgadas por su Índice de Masa Corporal (IMC) son realmente obesas, tras analizar en más de 6 mil individuos la tasa de error en el diagnóstico de la obesidad que ofrece esta medición

EFE/ Info7

Existe una ecuación más precisa que el IMC para medir la grasa corporal, foto EFEEl equipo de investigadores ha elaborado una nueva ecuación más precisa que el IMC para el cálculo del porcentaje de grasa corporal, ya que, según ha informado este centro sanitario, la grasa es la que establece en una persona la condición de normalidad, sobrepeso u obesidad.

El trabajo concluyó que un 29 % de las personas que según el IMC -cuya fórmula consiste en dividir el peso en kilogramos entre la altura en metros al cuadrado- se sitúan en el rango de normalidad ofrecen realmente un porcentaje de grasa corporal propio de una persona obesa y que un 80 % de las personas que, según el mismo índice, presentan sobrepeso, realmente son obesas.

El análisis tenía su punto de partida en la premisa de que el IMC es el sistema más extendido para conocer la existencia de sobrepeso u obesidad y comprobaron que ofrecía «una altísima tasa de error en el diagnóstico de personas obesas», ha señalado el doctor Javier Gómez Ambrosi, primer firmante del artículo.

Partiendo de esta hipótesis, el equipo de la Clínica diseñó el estudio en una muestra de 6 mil 123 sujetos, de los que en torno a 900 eran delgados según su IMC, mil 600 presentaban sobrepeso y 3 mil 500 eran obesos. El conjunto de individuos era de raza caucásica, de entre 18 y 80 años y, de ellos, un 69 % mujeres.

Nuevo método para analizar la obesidad

El método utilizado para comprobar el margen de error que cometía el sistema del IMC en el cálculo del porcentaje de grasa corporal fue la pletismografía por desplazamiento de aire.

Dicha valoración, han explicado fuentes de la Clínica, se realiza mediante un equipo denominado BOP-POD, cuyo funcionamiento se basa en la medición del volumen corporal a través del desplazamiento de aire que produce un cuerpo dentro de una cámara especial que mantiene constante presión, temperatura y humedad.

Además, los especialistas establecieron en todos los individuos estudiados los marcadores sanguíneos de sensibilidad a la insulina, el perfil lipídico (de riesgo coronario), así como por otros factores de riesgo cardiometabólico.

Según estos biomarcadores, los investigadores comprobaron que los factores de riesgo cardiometabólico se encontraban elevados en aquellas personas delgadas o con sobrepeso, según el IMC, pero clasificados como obesos según su porcentaje de grasa corporal, en comparación con los individuos que presentaban índices normales de grasa corporal.

«Hemos demostrado que estos sujetos considerados delgados o con sobrepeso, que realmente tienen un porcentaje elevado de grasa, presentan elevadas cifras de presión arterial, glucosa, insulina, así como de colesterol, triglicéridos y marcadores de inflamación», ha indicado el especialista.

Los investigadores han valorado el beneficio que se obtendría de incorporar en la práctica clínica diaria, a la medición del índice de masa corporal, el cálculo de la composición grasa del cuerpo junto con el de los factores de riesgo cardiometabólico.