La concienciación no funciona ¿Cuáles son las mejores armas de un país contra la obesidad?

Los ciudadanos de las sociedades occidentales siguen engordando pese a la ingente investigación y concienciación sobre la obesidad. Un estudio publicado en The Economist concluye que sumando iniciativas se podría conseguir que una quinta parte parte de la población con sobrepeso alcanzara un peso equilibrado en los próximos cinco o diez años.

Expansión, por Marga Castillo Grijota
las armas más efectivas contra la obesidad, foto by Expansion¿Por qué la gente sigue engordando pese a las numerosas campañas de concienciación contra los efectos de la obesidad? ¿Qué capacidad disuasoria tiene los Gobiernos para impedir que las poblaciones sigan ganando peso? Un análisis de McKinsey publicado en The Economist concluye que la concienciación, por sí misma, no funciona, pero combinando campañas y poniendo en práctica lo que ya se sabe, se podría revertir.

El 30% de la población mundial es obesa o tiene sobrepeso, un porcentaje 2,5 veces mayor que el número de adultos y niños en situación de desnutrición. La obesidad está implicada en el 5% de los fallecimientos y su impacto económico alcanza el 2,8% del PIB mundial, casi equivalente al del tabaquismo, las guerras y la violencia y el terrorismo juntos.

Los países ricos destinan entre un 2% y un 7% de su gasto en salud a tratar afecciones asociadas al sobrepeso, porcentaje que se eleva hasta el 20% si se incluye el tratamiento de las enfermedades asociadas como la diabetes. Sin embargo, la solución a la obesidad no es ni mucho menos simple.

En las tres últimas décadas ningún país ha conseguido unas tasas de éxito medianamente aceptables pese a los esfuerzos para concienciar a la población, según un estudio de The Lancet. Es decir, las campañas de concienciación impulsadas por las autoridades sanitarias no se han mostrado capaces de revertir esta tendencia al sobrepeso que invade las sociedades occidentales: seguimos ganando peso, aunque somos conscientes de que «estar gordo no es bueno».

Un estudio publicado por el Instituto de Investigaciones Globales de la consultora McKinsey (MGI, en sus siglas inglesas), del que se hace eco The Economist, explica por qué los programas de concienciación no han conseguido disuadir a sus habitantes de que mejoren su estilo de vida para no seguir ganando kilos de más.

La investigación, titulada Derrotando a la obesidad; un análisis económico básico, ha analizado 74 iniciativas puestas en marcha en 18 condados estadounidenses para ofrecer un punto de vista independiente e intentar abordar una nueva estrategia que consiga detener esta epidemia. «Si continuamos así, a finales de 2030 casi la mitad de la población adulta será obesa o tendrá sobrepeso», advierte la investigación.

Las iniciativas analizadas son diversas: desde aquellas encaminadas a impulsar la elección de alimentos saludables, hasta la disuasión, incluso dificultando el acceso en superficies comerciales a opciones de escasa calidad nutricional.

Así, MGI ha estudiado campañas de diverso ámbito entre las que se incluyen los menús subvencionados por el Gobierno estadounidense en colegios e institutos, las reformas legislativas para mejorar el etiquetado nutricional, así como restricciones publicitarias en comidas y bebidas hipercalóricas o campañas de salud pública centradas en la concienciación a la población general .

Entre todas las iniciativas analizadas, MGI encontró datos susceptibles de ser analizados en 44 iniciativas de 16 áreas. De los resultados se extrae que ninguna de las campañas puede hacer mucho si se pone en marcha de forma aislada.

Sin embargo, la combinación de las 44 iniciativas analizadas podría conseguir que al menos una quinta parte de la población con sobrepeso alcanzara un peso equilibrado en los próximos cinco o diez años. El estudio se centra en comportamientos, más que en analizar la respuesta clínica de nutrientes específicos o el papel que juega la genética. Desde el plato más pequeño hasta las ‘chuches’ fuera de la vista Según este análisis, en función de rentabilidad, lo más efectivo para luchar contra la obesidad es obligar a la industria y la restauración a ofrecer porciones más pequeñas y eliminar los ingredientes hipercalóricos. También se valoran otras iniciativas menos paternalistas, como la de sustituir en los supermercados las estanterías dedicadas a los dulces por opciones más saludables.

Lo que está claro, dicen los investigadores, es que animar a la gente a adelgazar y hacer más ejercicio, sin ningún tipo de ayuda opcional, es totalmente ineficiente. «Es posible que conciencie pero, claramente, no se lleva a la práctica».

¿Hasta qué punto tienen que implicarse los gobiernos para promover la salud? Es un intenso debate, señala The Economist, cuando se esgrime el concepto de la libertad de elección para cuestionar la efectividad de las campañas más efectivas.

El artículo recuerda el caso del alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, cuando en 2012 intentó limitar el tamaño de los refrescos azucarados: se topó con una gran reacción en contra y el intento acabó muriendo en los tribunales.

Pero John Stuart Mill, el filósofo decimonónico adalid del liberalismo, justificó las intervenciones del Estado cuando se podían prevenir daños a la sociedad. Y algunas de las medidas antiobesidad entran en esta categoría. Cuatro premisas: cooperación, límites, alianzas y ensayos El estudio de McKinsey establece cuatro conclusiones cuya aplicación en el ámbito de la salud pública ayudará a que quienes diseñan las políticas tomen decisiones informadas y que los países elijan soluciones sanitarias vitales que sean rentables.

1. Las iniciativas aisladas no funcionan Ninguna por separado tiene un impacto significativo para reducir la obesidad. Para conseguir resultados se necesita un conjunto de iniciativas adaptado a escala y adaptada para cada población determinada.

2. La educación y la llamada a la responsabilidad individual, es decir, la concienciación, es útil, pero no suficiente. La educación sanitaria tiene que ir acompañada de otras campañas encaminadas a promover el consumo responsable: porciones más pequeñas, prohibición de campañas de marketing perniciosas, así como la promoción de la salud y el deporte en las zonas urbanas para facilitar la actividad física.

3. Ningún componente de la sociedad puede luchar contra la obesidad aisladamente Ni gobiernos, ni distribuidores, ni empresas alimentarias, restaurantes, empleados, medios de comunicación, educadores, ni sanitarios. Para que una campaña sea efectiva se necesita la implicación de todos los sectores posibles. «Hay precedentes de que una alianza entre los gobiernos y la industria alimentaria en combinación con líderes comunitarios es capaz de hacer funcionar campañas de salud pública contra la obesidad».

4. Ninguna campaña funcionará sin establecer unas premisas fundamentales Cuantos más actores participen para poner en marcha una iniciativa, en todas las escalas y todos los niveles, basándose en el principio de la cooperación, más efectiva será. Si se priorizan determinadas campañas e investigaciones, se obstaculiza el éxito de la acción constructiva.

Mientras la investigación continúe, la sociedad debería ensayar, dar salida a proyectos piloto basados en la prueba-error en función de la evidencia científica, especialmente cuando los riesgos son bajos.

«La investigación en obesidad es prolífica, aprovechémoslo». Pese que la evidencia sobre la intervención clínica y comportamental para reducir la obesidad es todavía escasa, es prioritario aumentar los recursos para investigar, pero también poner en marcha ensayos y experiencias, concluye McKinsey.

En muchos casos, dar prioridad a una investigación prometedora puede tener un efecto perverso, ya que en el esfuerzo para intentar encontrar una «solución perfecta», se puede estar impidiendo pasar a la acción. «Mejor que esperar a tener pruebas de lo que funciona, hay que experimentar, aprender de los éxitos y también de los errores: sólo así podremos tener más conocimientos para mejorar».

La obesidad cuesta más que el cambio climático

El coste de la obesidad en el mundo es similar al del tabaco o a un conflicto armado, es mayor que el alcoholismo y el cambio climático juntos.

Cadena Ser, por Victoria García

la obesidad y el cambio climaticoEso es lo que dice un informe del McKinsey Global Instituto. Se estima que más de dos mil cien millones de personas en el mundo, el 30% de la población tienen sobrepeso o son obesos. Las medidas para responsabilizar a la población de modo individual son la mejor solución para concienciar de un problema que cada vez afecta a más gente.

El informe establece que existe un aumento significativo de ‘gordos’ y que podría llegar a la mitad de la población mundial para el año 2030. El coste financiero de la obesidad también sigue aumentando debido a los cuidados de salud y sociales que requieren desviar las economías para esta partida. Pero no solo ahí inciden los costes. Pueden provocar enfermedades, ausencias de trabajo, baja productividad, menos efectividad.

La investigación dice que son necesarias políticas gubernamentales más ambiciosas y productivas para atajar el problema en vez de parches puntuales cada vez que se publica una nueva encuesta social.

Las cifras que da el estudio realizado establecen que a las arcas públicas les cuesta más los problemas de salud, laborales, sanitarios y psicológicos que provoca la obesidad, que los que da el alcoholismo, los conflictos bélicos o incluso el cambio climático.

¿Qué es la obesidad?

Una persona está considerada como obesa si tiene sobrepeso en un alto grado por encima de lo que es su grasa corporal. El método más común para asegurar si una persona es obesa, es comprobar su índice de masa corporal que divide el peso en kilogramos por la altura en centímetros. Si el BMI (Body mass Index en inglés) está por encima de 25, tiene sobrepeso. Si esta entre 30 y 40 se te considera obeso. Por encima de 40 es muy obeso. Un BMI por debajo de 18.5 estás por debajo del peso.

Según el estudio las iniciativas que se llevan a cabo para controlar los componentes de la comida procesada, son un paso, pero son necesarias medidas más efectivas como aplicar mayores impuestos en productos con alto contenido en grasa y azúcares.

El aumento de la obesidad en la población está provocando un incremento en los ataques del corazón, enfermedades del hígado, diabetes y cánceres relacionados con el estilo de vida sedentario.

Medidas a nivel local, regional y autonómico, que conciencien a la población de que no hay una solución mágica.

La cirugía para la obesidad evitaría casi un 80% de los casos de diabetes

Se podría integrar dentro de una estrategia globlal para el tratamiento de esta pandemia del siglo XXI

ABC.es
obese--644x362La cirugía bariátrica, indicada para la pérdida de peso, como el bypass gástrico o la banda gástrica, podría reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en casi un 80% en las personas obesas, en comparación con los tratamientos habituales, asegura una nueva investigación publicada en «The Lancet Diabetes & Endocrinology».

El sobrepeso o la obesidad son los principales factores de riesgo modificables de la diabetes tipo 2. Se calcula que más del 80% de los adultos con diabetes tipo 2 tiene sobrepeso u obesidad.

Desde hace un tiempo se especula con el impacto de la cirugía bariátrica como vía para reducir la diabetes. Ahora, este trabajo dirigido por Martin Gulliford, del Kings College de Londres (Reino Unido), ha valorado el efecto de los procedimientos quirúrgicos de pérdida de peso en el desarrollo de la diabetes.

Grupos control

Así, los investigadores identificaron a 2.167 adultos obesos sin diabetes que se sometieron a uno de los tres procedimientos de cirugía para la obesidad: banda laparoscópica ajustable, gastrectomía o bypass gástrico. A continuación compararon los datos con los de 2.167 controles emparejados por edad, sexo, índice de masa corporal y control de la glucosa en sangre que no habían sido sometidos a la cirugía u otros tratamientos de la obesidad. Los participantes fueron seguidos durante un máximo de 7 años (media 2,8 años).

Durante el seguimiento, se produjeron 38 nuevos diagnósticos de diabetes en el grupo de participantes que habían sido sometidos a cirugía para perder peso, en comparación con los 177 del grupo control. En comparación con los controles, la incidencia de diabetes se redujo en alrededor del 80% en los participantes que se sometieron a cirugía, incluso después de controlar otros factores, como el tabaquismo, la hipertensión arterial y el colesterol alto.

Gulliford cree que «los resultados sugieren que la cirugía bariátrica puede ser un método muy eficaz para prevenir la aparición de nuevos casos de diabetes en personas con obesidad severa». En su opinión es preciso comprender «cómo podemos utilizar la pérdida de peso a través de la cirugía en combinación con intervenciones más convencionales, como incrementar la actividad física y la promoción de una alimentación saludable, como parte de una estrategia global de prevención de la diabetes».

Por responder

En un comentario que acompaña al artículo Jacques Himpens, del Saint Hospital de la Universidad Pierre en Bruselas (Bélgica) afirma no obstante que a pesar de los resultados que muestra el efecto de la cirugía bariátrica sobre la incidencia de la diabetes tipo 2 , «todavía quedan muchas preguntas sin respuesta».

Cuidado: Una dieta con mucha carne y queso puede ser tan peligrosa como fumar

Una investigación desarrollada durante casi dos décadas arroja resultados reveladores

El Intransigente

demasiada carne y queso es comparable del efecto fumar en saludUna dieta rica en carne y queso podría ser nociva para la salud, e incluso tan peligrosa como el tabaco. El dato se desprende de un estudio realizado durante dos décadas, que concluyó que una dieta basada en una alimentación rica en proteínas animales durante la etapa media eleva en cuatro las posibilidades de desarrollar cáncer que en el caso de una persona que se alimentó con dietas bajas en proteínas. El riesgo es comparable a fumar.
La investigación realizada bajo la dirección del científico italiano Valter Longo del Instituto de Longevidad de la Universidad del Sur en California, EE. UU.  y que cita el portal Natura Medioambiental ha disparado una serie de reacciones en el mundo científico con posiciones de apoyo y algunas otras que piden seguir indagando más sobre el tema.
Proteínas en personas de mediana edad
El investigador mencionó que «No porque todos nos alimentemos significa que comprender  la nutrición es algo simple. La pregunta que nos debemos hacer no trata sobre que dieta nos puede permitir vivir bien por tres días, sino cuál de esas nos ayudará a llegar a los 100 años», citó el autor según se lee en la revista científica «Cell Metabolism» del 4 de marzo del presente año, cuando se publicaron los resultados.
Los jóvenes que tienen una dieta con cantidades elevadas de proteínas animales como las carnes, la leche o los quesos son 74 por ciento más vulnerables de morir de cáncer que los que se alimentan con cantidades bajas o sino con las provenientes de fuentes vegetales.
Se puede leer en el estudio que nuestra biología cambia con nuestra edad. Si bien para el grupo de mediana edad no es aconsejable abusar en su nutrición con muchas proteínas, sucede lo contrario para las personas mayores de 65 años.
¿Cuántas proteínas se deben consumir?
El debate continúa, según la revista (en inglés) Forbes, cuando cubren la investigación realizada, indican que los conocedores del tema calculan que cuando un 20 % de las calorías vienen de proteínas se consideran elevadas.
«Una dieta moderada tiene entre 10 – 19 % de calorías de origen proteico y menos del 10 % se considera una dieta baja en proteínas”.
Según Natura Medioambiental, se considera adecuado ingerir unos 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso. Es decir, una persona de 59 kilogramos debería consumir entre 45 y 50 gramos diariamente.
 
¿Cuál es la relación entre las proteínas y el cáncer?
La ingesta de proteínas eleva los niveles de la hormona de crecimiento IGF-I, que no sólo está relacionada con el crecimiento de células sanas sino que a las células cancerígenas también. De hecho en el estudio se encontró que por cada 10 ng/ml de incremento de la IGF-I, en las dietas altamente proteicas, en 9 % aumentaban las posibilidades de muerte  de cáncer comparando con el grupo opuesto.
A partir de los 65 años, el organismo de las personas reducen drásticamente la producción de la mencionada hormona, empiezan a perderse rápidamente la masa muscular y es en esta etapa donde el consumo de dietas con proteínas en cantidades moderadas a altas es muy importante.
Un ejemplo de longevidad
El periódico «The Washington Post» (en inglés), cuando cubre el tema expuesto, señala el caso de Salvatore Caruso, un hombre de 108 años de edad. Es el segundo más viejo de Italia. Como otros sujetos más del pueblo de Molochio, donde prevalecen las personas por encima del siglo de edad es «común», Caruso se alimentó con una dieta baja en proteínas basada en el consumo de plantas y granos para después de muchos años cambiar a un tipo de alimentación con muchas proteínas, asegura el sitio.
Conclusión
El equipo concluyó que una dieta basada en ingerir niveles altos de proteína puede resultar muy perjudicial para la salud en la mediana edad, alimentarse con niveles moderados a altos a partir de los 65 años puede reducir la ocurrencia de determinadas  enfermedades como el cáncer y la diabetes. Además, el consumo de proteínas de origen vegetal como los fréjoles parecía no causar efectos dañinos sobre la salud de las personas.

Los bebés tratados con antibióticos sufren mayor riesgo de padecer obesidad infantil

Un estudio subraya la posible relación entre estos tratamientos y el sobrepeso y alerta del peligro de eliminar la flora intestinal de los pequeños.

Las Provincias
antibióticos en los bebes fomentan la obesidadLos niños tratados con antibióticos de amplio espectro antes de los dos años sufren mayor riesgo de padecer obesidad infantil, reveló un estudio el lunes. La investigación publicada en la revista pediátrica de la asociación médica estadounidense (JAMA) halló un vínculo entre la obesidad y los antibióticos, que si bien eliminan las infecciones bacterianas también matan la microflora intestinal.

Expertos del hospital de niños de Filadelfia analizaron los registros de cerca de 65.000 niños que fueron tratados entre 2001 y 2013 y siguieron durante cinco años a los que fueron seleccionados para el estudio.

Más de dos tercios de los niños estudiados tomaron antibióticos antes de los dos años. En ellos, el aumento en el riesgo de obesidad varió de 2 a 20% y fue particularmente notorio entre los niños que habían sido tratados con antibióticos cuatro o más veces antes de esa edad.

Los que recibieron antibióticos de amplio espectro, que ataca un gran número de bacterias, también tuvieron más riesgos de sufrir problemas de obesidad en su infancia.

«No se observó una asociación entre la obesidad y los antibióticos de espectro reducido», indicó el estudio, que describió el uso de los de amplio espectro en niños de menos de dos años como «uno de los factores» que inciden en la obesidad.

El estudio pidió que se emitan directrices para limitar el uso de antibióticos y la preferencia por los medicamentos de espectro reducido.

El uso desmesurado de los antibióticos de amplio espectro también ha sido vinculado a la emergencia de bacterias resistentes a los medicamentos.

En años recientes, las autoridades sanitarias estadounidenses han estado urgiendo a los médicos a reducir sus prescripciones de antibióticos y han intentado educar a los padres para que no intenten curar virus comunes con ellos.

«Este estudio ofrece otra razón de peso para considerar cuidadosamente el uso de antibióticos y evitarlo siempre que sea posible», dijo Patricia Vuguin, pediatra endocrinóloga del Centro Médico Infantil Cohen en New Hyde Park, Nueva York.

«Si bien el estudio es sólido, no pudo considerar otras variables que pueden haber contribuido al riesgo de obesidad, como la dieta, el ejercicio y la historia de obesidad de la familia», añadió Vuguin, quien no estuvo involucrada en la investigación.

Día Mundial del Corazón: radiografía de la salud del corazón de los españoles

En España, la enfermedad cardiovascular causa el 30,3% de las muertes. En los últimos 30 años la esperanza de vida ha crecido en 6,4 años, el 63% gracias a los avances en las enfermedades cardiovasculares. La crisis: tras veinte años de descensos consecutivos, la mortalidad por causa cardiovascular aumentó en 2012. Este lunes se celebra el Día Mundial del Corazón.

20 minutos / EFE

dia mundial del corazon 2014Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el mundo, responsables de más de 17 millones de defunciones cada año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En España, en 2012, las enfermedades cardiovasculares fueron las causantes del 30,3% de las muertes, lo que supone algo más de 122.000 fallecimientos. Este lunes se celebra el Día Mundial del Corazón.

Como recuerda el doctor Leandro Plaza, presidente de la Fundación Española del Corazón (FEC), debido al crecimiento de la esperanza de vida actual, cada vez aumenta más el número de personas mayores en nuestra sociedad. En concreto, se calcula que en 2025 uno de cada cinco ciudadanos de la Unión Europea tendrá más de 65 años; en España y, según los últimos datos del INE, a día de hoy el 18% de la población actual posee más de 65 años y el 5,7% supera los 80 años.

En este sentido y fruto de las campañas preventivas que ya hace años vienen llevándose a cabo, un reciente estudio español, publicado en Revista Española de Cardiología, constató que en los últimos 30 años la esperanza de vida de la población española ha crecido en 6,4 años, de los que 3,8 años (un 63% del total del aumento) se deben a los avances en las enfermedades cardiovasculares y la mayor parte de ellas son debidas a la prevención de las mismas.

Pero la crisis también ha distorsionado esta mejora. La FEC constata que los programas de prevención cardiovascular han sufrido recortes y eso ha tenido consecuencias. Los datos del último informe del INE (análisis de las defunciones del 2012) muestran como, por primera vez, se ha observado un aumento en la mortalidad por causa cardiovascular tras veinte años de descensos consecutivos.

Prevalencia de los factores de riesgo cardiovascular en la población española

  • El 71,3% de los pacientes atendidos en los servicios de cardiología y el 40% en atención primaria son hipertensos. Cuanto mayores son las cifras de presión arterial mayor es el riesgo de presentar una enfermedad cardiovascular y el de muertes causadas por la hipertensión arterial.
  • Uno de cada dos adultos españoles tiene las tasas de colesterol elevadas (por encima de 220ml/dl). Las personas con niveles de colesterol en sangre de 240 mg/dl tienen el doble de riesgo de sufrir un infarto de miocardio que aquellas con cifras de 200 mg/dl.
  • El 36,65% de la población adulta española sufre sobrepeso y el 17,03% obesidad. Existe una relación directa entre el índice de masa corporal (IMC) y la mortalidad, de manera que a mayor IMC mayor la mortalidad, especialmente por motivos cardiovasculares.
  • El 35,86% de los hombres y el 46,64% de las mujeres son sedentarios. El sedentarismo, además de provocar por sí mismo un importante daño a nuestro sistema cardiovascular (alto riesgo de cardiopatía isquémica), contribuye a acentuar los efectos de otros factores de riesgo como la obesidad, la hipertensión o la hipercolesterolemia.
  • El 4,54% de los mayores de 15 años toman alcohol, de manera intensiva, al menos una vez al mes. El abuso del alcohol tiene efectos graves en el cuerpo y un impacto particular sobre la presión arterial alta.
  • El 26,96% de los españoles fuma diaria u ocasionalmente (casi 12.600.000 personas). La incidencia de la patología coronaria en los fumadores es tres veces mayor que en el resto de la población. La posibilidad de padecer una enfermedad de corazón es proporcional a la cantidad de cigarrillos fumados al día y al número de años en los que se mantiene este hábito nocivo.
  • Más de 4.500.000 de españoles padecen diabetes tipo 2, el 12% de la población total de España. La diabetes está estrechamente ligada a las enfermedades cardiovasculares; se calcula que las personas con diabetes son de dos a cuatro veces más propensas a desarrollar este tipo de enfermedades.

Para concienciar a la población sobre la importancia de prevenir estas enfermedades y promover unos hábitos de vida cardiosaludables, la Fundación Española del Corazón creó hace ya 30 años la iniciativa “Semanas del Corazón”, que ha recorrido estos días distintas ciudades españolas organizando varias actividades enfocadas a la prevención.

EE.UU. estudia medidas para reducir la obesidad en niños

bebidacortadaUn impuesto sobre los refrescos como la soda, las bebidas energéticas, los tés dulces y las bebidas isotónicas podría ser más efectivo en la reducción de la obesidad en los adolescentes que otras medidas como el ejercicio o la prohibición de la publicidad.

Correo Farmacéutico
Según un estudio publicado en American Journal of Preventive Medicine, un impuesto sobre los refrescos como la soda, las bebidas energéticas, los tés dulces y las bebidas isotónicas podría ser más efectivo en la reducción de la obesidad en los adolescentes que otras medidas como el ejercicio o la prohibición de la publicidad. Además, esta medida generaría ingresos significativos para actividades para prevenir la obesidad. El estudio ha demostrado que la actividad física beneficiaría a niños entre seis y 12 años.

Los investigadores utilizaron un conjunto de criterios para seleccionar tres políticas para reducir la obesidad infantil de entre 26 políticas recomendadas: programas extraescolares de actividad física, un impuesto especial sobre los refrescos azucarados y una prohibición en los anuncios televisivos de comida rápida dirigida a los niños. Los investigadores utilizaron un modelo de microsimulación de Markov para estimar el impacto de cada una de estas medidas en una población simulada en edad escolar en 2032, tras 20 años de su implementación.

Tres medidas
El modelo predijo que las tres medidas podrían reducir la prevalencia de obesidad infantil. Los programas extraescolares de actividad física reducirían la obesidad sobre todo en niños de edades comprendidas entre seis y 12 años (1,8 por ciento) y la prohibición publicitaria sería la que menos lograría disminuirla (0,9 por ciento). El impuesto sobre los refrescos reduciría la obesidad entre adolescentes de 13 a 18 años (2,4 por ciento).

Un estudio previo estimó que un impuesto sobre los refrescos de un céntimo por onza generaría 13,25 billones de dólares (unos 10 billones de euros). Otras ventajas son que también reduciría la obesidad entre adultos que consumen estas bebidas, que la medida no requiere financiación federal para ser implementada (a diferencia de la política extraescolar) y que no se encontraría con los habituales obstáculos legales a los que suelen enfrentarse las nuevas regulaciones.

«Por desgracia, la implementación de cualquiera de estas medidas a corto plazo es muy poco probable», ha explicado Alyson Kristensen, de Partnership for Prevention (EEUU). No obstante, esto podría cambiar el conocimiento del público e incrementar las peticiones por una acción gubernamental más estricta», ha concluido.

Más del 70 por ciento de los saudíes tiene obesidad

Radio Intereconomía, por Suleiman al Asad

Image by © Celia PetersonHanady, de 26 años y 160 centímetros de altura, anda con mucha dificultad después de que su peso haya alcanzado los 120 kilogramos, aunque su sentido del humor le alivia el sufrimiento físico, ya que, según explicó a Efe, suele hacer bromas con sus amigas sobre su cuerpo.

Hanady es una de las millones de saudíes que padecen obesidad, cuyo porcentaje, según un estudio realizado por la Universidad del Rey Saud en Riad, supera el 70 por ciento de los habitantes.

Más de la mitad de los obesos saudíes, según el estudio, sufren de «obesidad letal», lo que hace que Arabia Saudí figure entre los países más afectados por esta enfermedad.

«Mi familia me ha ayudado a perder peso en muchas ocasiones, pero siempre he fracasado en ello, y ahora me estoy preparando para que me hagan una operación de reducción de estómago, que es mi última esperanza», destacó Hanady.

La joven intenta llevar una vida normal pero lo que más le molesta, dice, son las miradas cargadas de pena de las personas con las que se cruza.

«Sentirte que das pena a la gente es algo muy doloroso», señala Hanady, que asegura además que cree que nunca podrá casarse si continúa así.

«Los hombres buscan a jóvenes esbeltas y nunca se fijarán en mí, aunque esto no conseguirá arruinarme la vida», añade.

Faisal al Saadi, de 31 años, muestra un pesimismo mayor y explica a Efe que sobre todo se siente frustrado por no poder contraer matrimonio, ya que afirma haber pedido la mano a tres jóvenes y en las tres ocasiones fue rechazado, por lo que decidió olvidarse del tema.

«Siempre me ha gustado comer y nunca he podido resistir la tentación de la comida, por lo que me resulta muy difícil reducir las calorías que introduzco en mi cuerpo diariamente», indica.

Al Saadi cuenta que sufre una profunda depresión, no solo por no poder casarse, sino porque desde pequeño no puede jugar al fútbol ni correr, como hacen sus amigos.

Además, debido a su obesidad, ha generado una diabetes, que también afecta a más de un millón de hombres y 775.000 mujeres saudíes, según las últimas cifras publicadas por el Ministerio de Sanidad, que afirman también que más de 20.000 saudíes mueren cada año por culpa de la obesidad.

Esta enfermedad supone un importante reto para Arabia Saudí, que gasta casi cinco mil millones de dólares anuales para tratar a sus ciudadanos afectados por la obesidad y el resto de enfermedades que derivan de ella.

El doctor Saleh al Qahtani comenta a Efe que los altos índices de obesidad en Arabia Saudí se explican por los insanos hábitos alimenticios que siguen sus ciudadanos, así como por la falta de actividad física y el excesivo tiempo que dedican a ver la televisión.

Al Qahtani añade que en el sur del país hay menos obesos por el tipo de vida que llevan los beduinos que viven allí, que suelen moverse mucho y hacer trabajos físicos.

Según este médico, miembro del Instituto Saudí de Obesidad, es muy importante desarrollar una estrategia nacional para acabar con la obesidad y así ahorrarle, además, importantes gastos al Gobierno saudí.

En su opinión, es preciso concienciar a los alumnos en las escuelas sobre los peligros de esta enfermedad, ayudarles a desarrollar hábitos sanos de comida y animarles a practicar deporte.

El Instituto Saudí de Obesidad, fundado en 2010, ha desplegado muchos esfuerzos para concienciar a los saudíes de los peligros de la obesidad, uno de los retos más grandes que enfrenta el país en materia de salud. EFE

La obesidad a comienzos de la mediana edad, vinculada con mayor riesgo de demencia en la edad avanzada

Infosalus, Europa Press
Las personas con obesidad severa a los 30 años de edad tienen tres veces más riesgo de paobesidad en mediana edaddecer demencia durante la edad avanzada, según revela un estudio observacional, cuyos resultados se publican en ‘Postgraduate Medical Journal’. Las estimaciones indican que casi 66 millones de personas en todo el mundo tendrán demencia en 2030 y 115 millones en 2050.

Existe una creciente evidencia de que la obesidad está vinculada a la demencia, pero esta investigación indica que el riesgo puede crecer o disminuir, dependiendo de la edad a la que se desarrolla la obesidad. Hasta el momento, ningún trabajo ha examinado el efecto relacionado con la edad de la obesidad sobre el riesgo de demencia en todo el rango de edad en la población de un país.

Así que los investigadores de este trabajo decidieron hacerlo mediante el uso de datos anónimos de los registros hospitalarios para el conjunto de Inglaterra durante el periodo 1999-2011. El análisis reveló una disminución gradual en el riesgo general de ingreso en el hospital para la demencia cuanto mayor sea una persona en el momento en el que se le diagnostica obesidad por primera vez, independientemente de su sexo.

Así, para los individuos de entre 30 y 39 años, el riesgo relativo de desarrollar demencia fue 3,5 veces mayor que en los de la misma edad que no eran obesos. Para aquellos que tenían obesidad a sus 40 años, el riesgo fue de un 70 por ciento más; en los que estaban en los 50 años, un 50 por ciento más de riesgo, y para los de 60 años, un 40 por ciento más.

Las personas con obesidad a los 70 años no tenían más riesgo de desarrollar demencia o presentaban una reducción de las posibilidades de sufrir este deterioro cognitivo, que fue de hasta un 22 por ciento menos en el caso de los obesos a la edad de 80 años, según los resultados de este estudio.

Hubo algunas diferencias de edad entre el riesgo de desarrollar demencia vascular o enfermedad de Alzheimer, con los que eran obesos a sus 30 años registrando el mayor riesgo de ambas condiciones. Un diagnóstico de la obesidad entre los 40 y los 60 años se vinculó con más probabilidades de demencia vascular, mientras que el riesgo de Alzheimer fue menor en los pacientes diagnosticados con obesidad a partir de los 60 años en adelante.

MENOS RIESGO EN OBESOS DE MÁS EDAD

Los autores señalan que se trata de un estudio observacional, por lo que no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre causa y efecto. Pero subrayan que los hallazgos confirman análisis publicados más pequeños de otras partes que reportan un mayor riesgo de demencia en las personas jóvenes que son obesas y una reducción del peligro en las personas obesas de más edad.

Estos expertos aventuran que una posible explicación para el riesgo particularmente alto encontrado a principios y mediados de la vida puede estar en el hecho de que un mayor peso  se asocia con la diabetes y los factores de riesgo cardiovascular, que a su vez están vinculados a una mayor probabilidad de demencia.

Así, estos investigadores sugieren que si la gente puede evitar aumentar significativamente de peso, por lo menos hasta los 60 años, puede registrar un menor riesgo de desarrollar demencia. «Mientras que la obesidad a edades más tempranas se relaciona con un mayor riesgo de demencia futura, la obesidad en las personas que han vivido hasta los 60-80 años de edad parece estar relacionada con un menor riesgo», concluyen.

La paradoja de la obesidad tan sólo beneficiaría a unas pocas personas

Existe un pequeño grupo de población que es obesa y metabólicamente sana. En el resto de los casos el exceso de peso sólo sería cardioprotector si va acompañado de un índice de masa muscular magra alto.

Elena Alonso | Correo Farmacéutico

Tener sobrepeso u obesidad, históricamente relacionados con el síndrome metabólico, la hiperlipidemia y la enfermedad coronaria, podría tener también sus contrapartidas positivas. Así lo defienden dos estudios publicados este mes en Mayo Clinic Proceedings. Ambos han ahondado en el fenómeno que se conoce como paradoja de la obesidad.

Los datos obtenidos tras el examen, por parte de científicos del Centro Médico Downstate de la Universidad Estatal de Nueva York (Estados Unidos), de 36 metaanálisis determinaron que existe una mayor mortalidad global y CV e infarto de miocardio después de la resvascularización coronaria en los pacientes con bajo IMC y viceversa.

El porqué de momento pertenece en gran parte al terreno de la especulación.  Los autores señalan como principales explicaciones a este mejor pronóstico de los pacientes severamente obesos a ser más jóvenes que los de peso normal, o a que haya una mayor prevalencia de otros factores de riesgo asociados y susceptibilidad genética.

Francisco J. Rodríguez Rodrigo, profesor de Cardiología de la Universidad CEU San Pablo, advierte de que «no se debe confundir  un factor de riesgo con un marcador de riesgo. La obesidad estaría considerada como un factor de riesgo de desarrollar IC (Insuficiencia Cardiaca), pero no como un marcador de riesgo, ya que en estos pacientes mejorarían la evolución, al menos en el corto plazo».

Una de las razones aducidas para entender la paradoja de la obesidad ha sido el atribuirla a la inexactitud del IMC a la hora de estimar la composición corporal. Rubén Bravo, del Instituto Médico Europeo de Obesidad (IMEO), cree que se debería optar por herramientas antropométricas que relacionan masa ósea, muscular y cantidad de agua. «Un culturista, según el IMC, tendría obesidad. Un obeso no tiene necesariamente que estar bien nutrido». Rodríguez Rodrigo considera que es necesario mirar más allá del IMC y parámetros antropométricos: «Se requiere una mejor caracterización de la composición corporal (en especial de los individuos que se encuentran en los extremos de los valores de peso), mayor estudio de las ciocinas y adipocinas, y utilizar instrumentos de investigación como la absorciometría de rayos X de energía dual, la impedancia bioeléctrica o la espectroscopia».

Parece ser que lo que realmente marca la diferencia es la cantidad de masa corporal magra (LMI, en sus siglas en inglés) que haya en el sujeto, independientemente de las grasas corporales y presente tanto en delgados como en obesos. Rodríguez Rodrigo explica que «la LMI mejoraría el rendimiento cardiorespiratorio y muscular con el consiguiente beneficio sobre el sistema cardiovascular».

OBESIDAD ‘BUENA’

«La obesidad, en las primeras etapas prehistóricas, era un seguro de supervivencia, pero ahora se ha convertido en una desventaja porque tenemos el alimento a mano», comenta Bravo.

Otro caso, no menos paradójico, es el pequeño porcentaje de obesos metabólicamente sanos (un 20 por ciento del total de población con obesidad mórbida). «Este paciente tiene una serie de proteínas que ayudan a su tejido celular, y actualmente están siendo estudiadas como dianas terapéuticas», explica Francisco Tinahones, del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (Ciberobn).

Estos casos son excepcionales y en ningún caso se debe creer que estar con sobrepeso u obeso es bueno. Enrique Galve, presidente de la Sección de Riesgo Vascular y Rehabilitación Cardiaca de la SEC, compara la relación entre salud CV y obesidad con la existente en el tabaco: «Al fumador que le da un infarto puede mejorar dejando el hábito. Sin embargo, el que no fuma no tiene ese mecanismo, haciéndolo, paradójicamente, más vulnerable».

De estos estudios se extraen tres conclusiones de las que da cuenta Galve: «Si se es obeso, mejor que sea a cuenta del peso magro; estar muy delgado conlleva un mal pronóstico y, pese a todo, estar muy obeso siempre conlleva riesgo».

DIANAS TERAPÉUTICAS

En un estudio llevado a cabo por el departamento de Bioquímica y Fisiología  de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos se señalaban algunas de las claves de las dianas terapéuticas obtenidas del análisis de los obesos sanos. Los autores, Gema Medina Gómez y Antonio Vidal-Puig, explicaban que esto es debido a que el adipocito está involucrado en una larga lista de procesos fisiológicos y, además, es el centro de disregulación de vías en distintas enfermedades: obesidad, diabetes mellitus, cáncer y estados de inflamación o infección. Muchos de estos procesos pueden explicarse según los distintos factores o adipocinas segregados por el adipocito. Francisco Tinahones, investigador del Ciberobn que ha estado varios años trabajando en este tema, explica que «tenemos previsto analizar alrededor de 40.000 genes, para poder extraer entre 80 y 90 dianas a fin de testarlas en modelos experimentales con animales». El investigador considera que se trata de un campo de trabajo muy interesante, dado que no ha sido abordado aún en profundidad, y fuente de investigación de nuevos fármacos.