Las 5 dietas que no debemos seguir este 2016

HOLA.com

peores-dietasAlgunas prometen perder mucho peso en poco tiempo, otras son demasiado restrictivas e incompatibles con la vida social y no faltan las que incluso confieren poderes milagrosos a determinados alimentos. En definitiva, son desequilibradas y comprometen nuestra salud. El equipo de expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) analiza el ‘top 5’ de las peores dietas por las que bajo ningún concepto debemos dejarnos seducir por mucho que busquemos desprendernos de los odiosos kilos de más. Ya sabes: huye de las modas y recuerda que por encima de todo está tu salud.

1. Las monodietas a base de sirope de savia, limón, manzana o piña. Son planes que basan la alimentación en un sólo alimento por un tiempo determinado. Según los expertos de IMEO son extremadamente restrictivas en calorías, muy desequilibradas y con asegurado efecto rebote. Por ejemplo, la dieta del limón, utilizada a menudo para bajar una talla de pantalón en una semana, puede desencadenar enfermedades como diabetes, hipertensión y anemia al obligar a nuestro organismo a consumir en exceso un ácido tan potente. Así, es especialmente contraindicada en personas con problemas de reflujo, acidez de estómago, ácido úrico elevado o estreñimiento.

Por otro lado, encontramos las dietas de la manzana y la piña, que se han popularizado tras los excesos navideños. Es cierto que estos alimentos tienen propiedades diuréticas y depurativas, pero «son frutas que no contienen proteinas; por lo que, a la hora de perder peso, se elimina masa muscular y cuando terminemos la dieta volveremos a recuperar el peso con gran facilidad», apunta Estefanía Ramo, nutricionista del IMEO.

2. Dieta de las 500 calorías. Es otra de las dietas milagro que abundan en la red y que consiste en hacer un par de días de ayuno a la semana con una ingesta máxima de 500 calorías. Desde IMEO recalcan que ninguna dieta debería ser inferior a las 800 calorías; ya que una ingesta tan inferior podría tener grandes consecuencias para la salud: deficiencias nutricionales que pueden derivar en anemia, osteoporosis…; falta de vitalidad, fatiga muscular, desórdenes alimenticios, ansiedad, etcétera.

3. Dieta de los sobres proteinados. Este tipo de dieta, de procedencia fracesa, utiliza sobres y preparados proteicos como sustitución de comidas. Lleva al organismo a una situación de cetosis, provocada por el uso de la grasa corporal como fuente de energía al reducir radicalmente los niveles de glúcidos. El veredicto de los expertos: no es una dieta equilibrada y el hecho de reemplazar los alimentos cotidianos por preparados proteicos la hace insostenible en el tiempo.

4. Dieta de los ‘smoothies’ multivitamínicos. A base de frutas, verduras, hortalizas… Son auténticos cócteles de vitaminas y minerales, pero reducidos en proteinas y grasas; por lo que alimentarse únicamente a base de zumos es no aportar al cuerpo los nutrientes necesarios de una comida. Además, al ingerir la fruta y verdura trituradas omitimos la masticación y la insalivación, una parte del proceso digestivo que influye en el efecto de saciedad. Los expertos recomiendan que este tipo de dieta no exceda nunca las 48 horas y no con el objetivo de adelgazar; sino como una forma de ‘limpiar’ el cuerpo.

5. Dieta del ‘cero carbohidratos’. Esta dieta, que ha cobrado especial fuerza en EEUU, de la mano de ‘celebrities’ como Gwyneth Paltrow o Miley Cyrus, limita la ingesta de hidratos de carbono (cereales, legumbres, vegetales y fruta) -nuestra principal fuente de energía-. Como consecuencia, «provoca que el organismo no disponga de glucosa suficiente en la sangre y agote las reservas del hígado y el músculo», explique la nutricionista Andrea Marqués. Seguir esta dieta puede provocar a corto plazo mareo y dolor de cabeza, extreñimiento severo por la carencia de fibra… A largo plazo las consecuencias pueden ser aún más pejudiciales: desde pérdidas de calcio a nivel renal por el exceso de proteina, a pérdida de masa muscular, pasando por arritmias cardiacas.

Dinitrofenol: la peligrosa pastilla «quemagrasas» que vuelve a estar de moda entre los jóvenes

151214180109_dnp_624x415_thinkstock_nocreditBBC Mundo
Promete efectos adelgazantes de forma casi inmediata y es muy conocida entre quienes sufren trastornos alimenticios y también entre los culturistas, pues facilita el aumento de la musculatura corporal.

A menudo se comercializa como una «solución rápida» para adelgazar.

Se trata de un polvo amarillo cristalino y es un producto químico industrial que se vende –de forma ilegal y casi siempre a través de internet– en forma de cápsulas, polvo a granel y a veces como crema.

Responde al nombre 2,4-dinitrofenol, aunque es más conocido por sus siglas,DNP y, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) «ha causado enfermedades severas y muertes en varios países en los últimos tres años».

Utilizado originariamente para la fabricación de explosivos, tiene efectos secundarios altamente peligrosos y puede llegar a matar.

Un químico venenoso

Su uso como medicamento adelgazante no es nuevo: en la década de 1930 se descubrió que aumentaba la tasa metabólica y que permitía perder peso.

Pero el alto número de efectos adversos y muertes hizo que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) lo prohibiera en 1938 y lo catalogara como una «sustancia extremadamente peligrosa y no apta para el consumo humano«.

Sin embargo, su uso parece estar de nuevo en auge, especialmente gracias a la facilidad de la venta por internet, en donde se distribuye como una sustancia «quemagrasas».

Efectivamente, según un estudio del departamento de Medicina de Emergencia delWhittington Hospital de Londres, publicado en 2011 por el Journal of Medical Toxicology, durante las décadas de 1960 hasta el final del siglo XX no se registraron muertes por DNP.

Pero los investigadores observaron un resurgimiento de casos fatales en la primera década de este siglo: 12 muertes entre 2001 y 2010, que reflejaban «el aumento de la disponibilidad del DNP en internet, comercializado particularmente para el uso de fisicoculturistas».

Y en lo que va de 2015, sólo en Reino Unido, ha habido un aumento de casos de intoxicación, con un total de 30 casos, de los cuales 5 acabaron falleciendo, según los datos del último informe del National Poisons Information Service (NPIS).

De acuerdo con esa misma fuente, esto representa un incremento considerable, pues en 2014 sólo se dieron nueve casos por intoxicación por DNP en el país.

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Signos de intoxicación por DNP

  • Piel caliente y seca
  • Sed excesiva
  • Sudoración excesiva
  • Velocidad excesiva del ritmo cardíaco
  • Respiración agitada

Fuente: Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS)

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Por ese motivo el Departamento de Salud Pública de Inglaterra decidió lanzar una alerta el pasado 11 de diciembre, advirtiendo sobre el «resurgimiento» de este tipo de intoxicaciones, «cuyos principales afectados son adolescentes y jóvenes».

«Esta droga, en mi opinión, debería ser clasificada como veneno. No hay ningún beneficio por tomarla, sólo grandes daños«, le contó el doctor Ryck Albertyn, anestesista y consultor del Worthin Hospital, Reino Unido, a la BBC.

Morir por adelgazar

Uno de los casos más recientes es el de la joven británica Eloise Aimee Parry, quien sufría bulima y murió a los 21 años en abril de 2015, tras ingerir el tóxico.

Su madre, Fiona Parry, le contó a la BBC que Eloise tomó ocho de estas pastillas y que los médicos «no pudieron hacer nada para salvar su vida».

 

Parry pide ahora que se adopten medidas más severas contra las empresas que las distribuyen.

«La gente debería ser consciente de lo peligrosas que son estas píldoras. Verse bien nunca debería costar la salud o la muerte«, declaró la semana pasada a medios locales británicos.

Pero ha habido otro caso más reciente, también en Reino Unido: el de Rachel Cook, quien padecía un desorden alimenticio y que murió a los 25 años, en mayo de 2015.

Según una reciente investigación, Rachel, quien ya estaba muy delgada, tomó píldoras con DNP porque «quería quemar grasa y perder peso rápidamente».

 

«Sé que hay presión en la gente joven para estar delgados y muchos tomarán acciones drásticas para conseguirlo, pero esta no es la manera de hacerlo», advirtió uno de los médicos forenses que analizó el caso de Rachel.

«Pero deben informarse sobre las inevitables consecuencias de tomar esta sustancia mortal», agregó el experto.

Alerta mundial

«Algunas páginas web que venden estos productos se hacen pasar por empresas farmacéuticas», advierte también la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN).

Y la OMS y la Interpol también dieron la voz de alarma este año y emitieron informes alertando sobre el aumento en el consumo de este tipo de sustancias.

 

«Es ilícita y potencialmente mortal», declaró la Interpol en una Alerta Naranja mundial emitida en mayo de 2015, que distribuyó a sus 190 países miembros.

«Además de los peligros intrínsecos que conlleva, los riesgos vinculados a su consumo se ven agravados por las condiciones ilícitas de su fabricación», dijo el organismo.

«El efecto adverso más común asociado al uso de DNP es la erupción cutánea«, aseguraron fuentes de AECOSAN.

«Otros efectos son la neuritis periférica, la gastroenteritis, la anorexia, las cataratas o la sordera permanente», entre muchos otros.

Pero también hay efectos tóxicos: confusión, agitación, coma, convulsiones, hipertermia (potencialmente mortal), taquicardia, sudoración y colapso cardiovascular.

A día de hoy, no existe ningún antídoto para la intoxicación por DNP.

Por desgracia, su uso desregulado y a través de internet ha hecho que el peligroso polvo amarillo se vuelva a poner de moda, sobre todo entre jóvenes que, en muchos casos, desconocen los riesgos a los que se exponen.

«El público debería estar consciente y vigilante, especialmente respecto a la vulnerabilidad del uso de estas sustancias entre las personas con desórdenes alimenticios», advierte el Dr. Albertyn.

 

 

La clave de las dietas según la Universidad de Harvard

Los investigadores descubrieron que los participantes en los estudios de dietas bajas en grasas perdieron peso, pero solo 2Kg en un año

Vida y estilo Terra

Photo by Roberto Machado Noa/LightRocket via Getty Images

Los investigadores científicos de la prestigiosa Universidad de Harvard trabajan para dar explicaciones lógicas sobre la utilidad y lo que realmente resulta ideal de los planes alimenticios de moda. El primer interrogante que se plantea gira alrededor de las grasas, entendiendo que la mayor parte de las dietas se posiciona inevitablemente en uno de los dos bandos; los que las admiten y los detractores de las mismas. O hay que eliminarlas por completo o no se deben erradir de ninguna manera.

La investigación elaborada por los científicos, y publicada posteriormente en la revista The Lancet: Diabetes & Endocrinology, analizó 53 ensayos clínicos realizados hasta la fecha observando que las dietas bajas en grasas ayudan a adelgazar, pero que la pérdida de peso no se sostiene durante mucho tiempo. Para ser más específico, el estudio arrojó que aquellos que incluyeron pocas grasas a sus planes alimenticios, dejaron de ver resultados positivos tras los 12 meses.

LAS GRASAS, ahí está la clave

«Los hallazgos no resultaron espectaculares para el equipo de investigadores», explicó Deidre Tobias, epidemióloga de la Escuela de Medicina de Harvard y autora principal del estudio. «Durante décadas la mayoría de la gente ha seguido las dietas bajas en grasas y todavía nos encontramos ante esto una epidemia global de obesidad. Sabíamos que algo no estaba bien en el mensaje que se promovía entre los consumidores», explicó Tobias.

Lo que más llamó la atención de los científicos fue el hecho de que la pérdida de peso se mantuviese en el tiempo bastante más al seguir una dieta alta en grasas y carbohidratos que con el resto. «Soprendentemente, los regímenes bajos en grasas eran ineficaces en el largo plazo», dijo la autora de la investigación.

Los investigadores descubrieron que los participantes en los estudios de dietas bajas en grasas perdieron peso, pero sólo consiguieron disminuir alrededor de dos kilos menos después de un año. Y mientras algunos científicos en nutrición sostienen que no debería haber ningún límite en la ingesta de grasas en la dieta, un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association aseguró que no todas son iguales ni afectan de la misma forma al metabolismo.

La investigación puntualiza que no vale cualquier tipo de alimento graso. «Los que contienen las conocidas ‘grasas saludables’ ayudan a proteger a la persona ante algunas enfermedades, como las cardiovasculares; mientras que otros -muchos bajos en grasas o exentos de las mismas- pueden terminar siendo una opción dañina para nuestra salud», se explica en la investigación.

Tobias, quien se mostró de acuerdo en que no todas las grasas son iguales, recomendó limitar la cantidad de grasas saturadas y grasas trans que se consumen: «Las grasas ‘malas’ siguen siendo perjudiciales».

Más allá de la inclusión o no de alimentos grasos en la alimentación, un hecho contemplado -incluso por los científicos de Harvard- es la falta de fuerza de voluntad: «Cumplir con una dieta, ya sea alta o baja en grasas, a largo plazo parece ser la cuestión más difícil de realizar para la mayoría de las personas», explicó Tobias.

La epidemióloga también asegura que existe un problema potencial con lo que la gente suele comer para sustituir a los alimentos ricos en grasas. «Las personas intercambiaron fuentes de grasas saludables como el aceite de oliva o los frutos secos por azúcares y carbohidratos refinados. Incluso aunque sean capaces de seguir este tipo de dietas a largo plazo, cambiar determinados alimentos por otros no conduce a ningún resultado positivo, ni para el peso ni para la salud», aseguró la experta.

Los alimentos ricos en grasas tardan más en digerirse, por lo que ayudan a mantener el cuerpo saciado durante más tiempo. Y no sólo que sacian, sino que son más ricos.

Por qué no funcionan las tres dietas más buscadas

· La dieta alcalina, la Perricone y la 5:2 son nuevas variaciones de ‘dietas milagro’
· En la antigua Grecia, la «Díaita” hacía referencia al estilo de vida. Ahora solo buscamos bajar de peso a cualquier precio
· Dieta mediterránea y aceite de oliva reducen el riesgo de cáncer de mama

El País, por Julio Basulto Marset
vida saludable«¿Qué dieta funciona?», es una de las búsquedas más comunes en Google. Pero «funcionar» y «dieta» son conceptos que no congenian, salvo para algunos charlatanes dietéticos que se inventan propuestas alimentarias, o se abrazarán a una “dieta milagro” ya existente, para prometernos un éxito garantizado y sin esfuerzo. Sus promesas convencen a miles de personas por dos motivos: nuestros conocimientos relacionados con la nutrición son escasos, y además estamos poco dispuestos, en general, a cambiar nuestros hábitos.

Las “dietas milagro”, como las denomina el Ministerio de Sanidad, suponen un riesgo para la salud. Lo peor es que algunos de estos legionarios de la dieta definitiva, por llamarlos de alguna manera, son nutricionistas titulados o incluso médicos en bata blanca. Son los más peligrosos. Uno de ellos se llama Pierre Dukan. Por fortuna, el Colegio de Médicos de su país lo expulsó en enero de 2014, lo que coincidió con el declive de su proteínico imperio.

¿Qué hemos aprendido de esta lección? Muy poco, a juzgar por lo que revela “Google Trends” con relación a las dietas más buscadas en Internet. Hablaremos de ellas en unas líneas, pero antes, miremos a los ojos a los conceptos «funcionar» y «dieta».

Si entendemos por “funcionar” conseguir que la báscula marque una cifra que alguien ha decidido arbitrariamente, para que la aguja se mantenga allí in sæcula sæculorum, vamos mal encaminados. Si nos mencionan un peligroso constructo intelectual denominado “peso ideal”, no solo nos están timando, además están poniendo en riesgo nuestra delicada autoestima. El objetivo de la pérdida de peso no debería ser embellecer nuestra estética, sino mejorar la salud.

¿Y qué decir del cada vez más desvalorizado concepto “dieta”? En la Grecia clásica, tal y como reveló Montserrat Jufresa al periodista Antonio Ortí en marzo de 2015, la “Díaita” (de la que deriva el vocablo “dieta”), hacía referencia al estilo de vida, a la manera de vivir. La doctora Jufresa, catedrática emérita de filología griega en la Universidad de Barcelona, añadió que los pitagóricos aplicaban a esta palabra el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu. Comer saludablemente todos los días, y no solo durante una temporada, realizar ejercicio físico a diario, mantener una buena relación con nuestros congéneres y respetar el medio ambiente, todo eso significaba seguir una buena dieta. Es más, la belleza para ellos no era ni mucho menos el “peso perfecto” sino que tenía un sentido ético. Era impensable ser bello siendo una mala persona. ¿Queda algo de este noble legado? Casi nada, porque la mayor parte de los habitantes de este mundo (incluyendo los griegos) entienden hoy como dieta un descabellado régimen de alimentación a seguir durante un tiempo, para volver más tarde a nuestros (malos) hábitos anteriores.

Vayamos pues a las búsquedas más habituales, según Google Trends, de dietas «que funcionan». El oro se lo lleva la dieta alcalina, muy de moda en pacientes con cáncer, por más que los oncólogos abjuren de ella con inmisericordes denuncias. La base científica de esta “dieta” es tan sólida como el papel de fumar light: en teoría debemos seguir una alimentación que concuerde con el nivel de pH de la sangre. No voy a extenderme en las características de esta propuesta que se supone que es sana porque es “natural”. Basta con declarar que lo que comamos o bebamos (y eso incluye al vinagre o al zumo de limón) no alterará el pH de la sangre ni una pizca, como refirió en 2008 el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer.

La plata recae sobre la dieta Perricone, que toma su nombre de un adinerado dermatólogo americano. Como hemos apuntado antes, cuando el apellido de una dieta es el de un médico titulado, el peligro aumenta: el médico es una figura de incuestionable reputación cuya casi mística autoridad ejerce una atracción irresistible. Es un fenómeno psicosocial que merece un análisis aparte. En todo caso, este dermatólogo de Connecticut alude desde su estrado al peso ideal, justo después de garantizarnos el éxito en poco tiempo (es una dieta de tan solo tres días). Incluye, además, una lista de alimentos sanadores (básicamente, el salmón) y otra de alimentos prohibidos. Además, el señor Perricone nos vende carísimos complementos alimenticios con los que alcanzar el nirvana nutricional. Sus insostenibles promesas son falsas, pero los riesgos de confiar en ellas son veraces.

Y el dudoso honor del bronce lo ostenta la dieta 5:2. Si la busca en Internet verá que hay varios tipos de dieta 5:2. ¿Cuál es la buena? Buena, lo que se dice buena, ninguna. Seguramente nació inspirada en La dieta del ayuno intermitente, una propuesta que parte de una premisa tan simple como desatinada: la mitad del tiempo podremos comer lo que nos venga en gana, para purgar nuestros pecados en la otra mitad a base de ayunos y crudités. Tanto esta dieta como su sucesora, la dieta 5:2, utilizan una jerga pseudocientífica que persigue convencernos de que no tenemos ni idea de nutrición para que así caigamos en las manos de sus promotores, que nos guiarán por el recto camino. Tal y como indicó en mayo de 2013 NHS Choices, el mayor portal de salud del Reino Unido, esta dieta ni es eficaz ni es segura. Lo más sensato es ayunar de ella.

Si miramos de cerca las tres propuestas, podemos esbozar algunas características comunes.

– Contienen afirmaciones que contradicen conocimientos científicos bien establecidos.
– No aportan pruebas fiables de eficacia y seguridad en base a investigaciones rigurosas en humanos.
– Aluden a que sus propuestas son válidas por el hecho de ser “naturales”.
– Prometen resultados rápidos y sin esfuerzo.
– Detallan listados de alimentos permitidos y prohibidos.
– Es preciso consumir preparados que casualmente vende la persona que promueve el método.
– Se pueden administrar sin la revisión de profesionales sanitarios (“hágalo usted mismo”).

Como ven, para detectarlas no hace falta poseer una aguda sutileza de percepción: son un insulto al intelecto. Recuerde: cuando algo suena demasiado bonito como para ser verdad, es que no lo es.
Es posible que piensen que no he respondido a la pregunta con la que arrancaba este escrito. No lo he hecho porque no tiene respuesta, y porque en muchas ocasiones reconocer lo que no conviene hacer (es lo que he intentado en estas líneas) es más importante que saber qué debemos hacer. Es algo perfectamente aplicable a la nutrición humana, como bien demuestra el llamado “efecto yoyó”.

¿Quiere usted perder peso? Pues no haga dieta. Acuda al médico (un médico de verdad, no un terapeuta alternativo), para que decida si es preciso que usted pierda peso y además revise su estado de salud. A continuación, acuda a un dietista-nutricionista colegiado. Si es un buen profesional, no le “pondrá a dieta”, sino que pactará con usted para qué y cómo mejorar sus hábitos dietéticos, sin olvidar la importancia crucial del ejercicio físico. Cambiar nuestro estilo de vida y no hacer dieta, sino “Díaita”, ahí reside el milagro.

Alertan de que el uso de la malla lingual para adelgazar no cumple las normas sanitarias en España

  • Se trata de una cirugía que puede presentar infecciones o inflamación severa de la lengua, advierten desde el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).
  • Según IMEO, los centros que implantan este método podrían incurrir en delito.
  • Para implantar la malla en la lengua habría que aplicar puntos de sutura.
  • BLOG: La malla supralingual: otro despropósito adelgazante

El popular parche que se implanta en la lengua como método adelgazante, muy extendido en América Latina, no tiene las autorizaciones sanitarias necesarias para su implantación en España, ni en Europa, según ha alertado el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

parche en la lengua, no tiene autorizaciones sanitarias en EuropaLa malla lingual o parche de la lengua -como comúnmente se denomina a este ‘artilugio’ destinado al tratamiento de la obesidad- en España debería tener la consideración de producto sanitario y, de acuerdo con la normativa que regula este tipo de productos, le obligaría a poseer un certificado CE de conformidad de un organismo notificado europeo que haya evaluado su seguridad y eficacia en esta indicación.
«Podrían estar incurriendo en un delito»
De acuerdo al IMEO, la reglamentación europea dicta que las empresas que comercialicen este producto en el mercado español -la mayoría de los proveedores que se anuncian en la red proceden de Venezuela y Panamá-, deben enviar una comunicación al registro establecido para ello en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) facilitando algunos datos específicos.
Algo que no se ha hecho, según fuentes de la AEMPS consultados por el IMEO que aseguran que hasta la fecha en sus registros no figura ninguna malla que se destine a estos tratamientos adelgazantes.
«Actualmente no cuenta ni con el certificado CE, ni mucho menos con los registros españoles pertinentes para poder ser implanta en territorio de los países de la Unión Europea, por lo que aquellos centros o profesionales sanitarios que la están implantando, podrían estar incurriendo en un delito», señala Rubén Bravo, portavoz del IMEO y experto universitario en nutrición.
Además, «estamos observando en internet que en muchas ocasiones publicitan este tratamiento como “una dieta lingual líquida”, cuando en realidad se trata de un implante quirúrgico y se tendrían que considerar las complicaciones que puede ocasionar, entre ellos infecciones de los puntos de sutura, desgarros linguales o posible asfixia nocturna a causa de una inflamación severa».

Un precio desorbitado y sin garantías

El producto que dispara la alerta sanitaria a primera vista es inocuo, según el IMEO. Este se obtiene de una malla quirúrgica con amplia utilización en medicina (por ejemplo, también se usa para corregir hernias). Sin embargo, los oportunistas han visto negocio en vender la malla de polipropileno en unidades individual, de 2x2cm el parche, a un precio desorbitado, añadiéndole todo tipo de innovaciones que podrían presentar riesgo para la salud: balines incorporados “para estimular los centros de acupuntura”, magnetos “para estabilizar la polaridad del organismo” o aprovisionándola con bordes de silicona líquida «por una mayor comodidad del paciente». A pesar de que este tratamiento se practica en algunos países de Sudamérica, Estados Unidos y España, cabe recordar que la malla lingual adelgazante como dispositivo sanitario no ha sido aprobada por la agencia estadounidense FDA (Food Drug Registration), ni por la Agencia de Salud de Canadá.

Las 7 dietas más raras de la historia (Que no debes intentar jamás)

La locura por la delgadez viene de tiempos remotos…

Cuando piensas que ya era suficientemente descabellado que existieran dietas como la de “la toronja” o la de “la sopa de col”, sucede que solo hace falta remontarnos a tiempos anteriores al nuestro para darnos cuenta que conseguir el peso ideal es una fijación que existe desde hace mucho. Solo basta ver en qué consistían los siguientes regímenes alimenticios para comprender que las personas de otras épocas estaban dispuestas a todo por lucir una esbelta figura, bien sea por “mejorar” su salud o cumplir con fines religiosos.

1. La dieta de la monja medieval

La monjas de la época medieval sí que se tomaban muy en serio el tema de restringir su alimentación, de hecho, Santa Catalina de Siena, ahora es considerada como una de las primeras personas en padecer de anorexia, por su negación a consumir alimentos para cumplir sus penitencias.

Para una monja medieval era sumamente delicado manejar la forma en que se alimentaba, de hecho, en los años 1250, un guía medieval de anacoretas (mujeres que se retiraron de la vida para seguir la espiritualidad) exigía que las monjas no comieran más que un pequeño plato de vegetales al día, incluso durante el invierno.

Y tú que creías que pasar todo un día sin comer tu golosina favorita era demasiado sacrificio…

2. La dieta de Carlos II

Según documentos que datan de reuniones científicas de la Sociedad Real de Londres en marzo de 1664, Charles II sentía una gran curiosidad por pesarse frecuentemente y saber la forma en que su cuerpo reaccionaba después de realizar actividades como dormir, jugar tennis, comer, entre otras.

Seguro después de saber esto, no te sentirás tan culpable por tu obsesión de pesarte todas las mañanas.

3. La dieta bíblica

En un episodio de la biblia, específicamente en El Libro de Daniel, hablan sobre una forma de alimentarse muy parecida al vegetarianismo. El libro cuenta la historia de Daniel, un hombre judío y sus tres amigos que eran sirvientes en el palacio del rey Nebuchadnezzar. Ellos aceptaron su vida en el palacio, menos la comida real. Solo comieron legumbres y vegetales y bebieron agua por diez días. Al pasar el tiempo, estaban más sanos que cualquiera que estuviera sometido a la comida real.

¿Será una señal para convertirnos en vegetarianos?

4. La dieta de Santa Veronica Giuliani

Santa Veronica Giuliani, una monja capuchina de los años 1600, tenía una dieta muy particular: comer arañas.

No es que los arácnidos fueran sus preferidos, sino que la monja los consumía como parte de las penitencias que tenía que cumplir, ya que constantemente era puesta a prueba por sus confesores. Uno de ellos en una portunidad le ordenó limpiar un clóset completo con su lengua y ella lo hice tan devotamente que agregó arañas y telarañas a su dieta.

5. La dieta de Hanna Woolley

Si quieres saber cómo vivían las amas de casa inglesas durante la década de 1690, solo debes acudir a El diccionario de damas de Hannah Woolley, un documento que toca diferentes temas que van desde la biografía de mujeres míticas, pasando por ginecología, hasta métodos para perder peso.

Woolley insitía que lo mejor que podían hacer las mujeres para adelgazar, era aplicar sustancias raras en su cuerpo. Ella recomendaba bañarse con ajenjo, manzanilla, salvia y otras esencias; así como frotar una mezcla de grasa de pollo y ganso con trementina sobre el cuerpo.

¡Desagradable!

6. La dieta de Avicena

Avicena fue un hombre nacido alrededor del 980, que escribió unos 450 libros de una gran cantidad de temas como medicina, filosofía y matemáticas, sin embargo sus ideas con respecto a una alimentación sana eran bastante radicales.

El famoso libro de medicina de Avicena incluía un supresor del apetito que debía ser ingerido por diez días y que consistía en comer una mezcla de almendras trituradas, sebo de ternera, raíz de malvavisco y aceite de violetas.

7. La dieta de Elvis Presley

Mejor conocida como la dieta de La Bella Durmiente, está basada en la creencia de que te acostarás a dormir y te levantarás más delgado. Esta dieta fue popularizada por la novela El valle de las muñecas, pero su seguidor más famoso era nada más y nada menos que Elvis Presley.

La dieta se basa en consumir una gran cantidad de sedantes que te pongan a dormir un día completo, con la idea de despertar con unos kilos menos al día siguiente.

Y nosotros que pensábamos que las dietas de hoy en día ya eran suficientemente locas y raras, pero estas van más allá… Por favor, nunca, nunca intenten nada de esto.

Fuente: la.eonline.com

Chips, el aperitivo más adictivo

Un nuevo libro explica por qué la patata chip engancha | El eslogan de Frito Lay reta al consumidor a «comer sólo una chip» | Según Harvard, la patata chip industrial es una de las comidas que más engorda | Cuanto más crujiente y ruidoso al comerse es la chip, más patatas se comen

La Vanguardia, por Andy Robinson
Patatas-chips_adictivasLos madrileños que tenían la costumbre de comer una ración de patatas fritas entre tres o cuatro personas con boquerones o mejillones y un vermut en los chiringuitos del parque del Retiro habrán visto que, tras las nuevas concesiones, la vieja patata frita procedente de las fábricas locales como La Zamorana de José Jiménez en Toledo, va siendo sustituida por la marca multinacional Frito Lay. Es la filial más lucrativa de la gigante Pepsico, cuyas patatas chips ya consolidan su implacable conquista del mercado global.

La llegada de Frito Lay al Retiro es simbólica porque la multinacional estadounidense no está demasiado interesada en el tradicional aperitivo madrileño, un precursor de un buen cocido o besugo, sino en rematar la conversión de España a la costumbre que ha transformado la cultura alimentaria estadounidense en los últimos 30 años: el snacking. «El snacking es comer en cualquier lugar y en cualquier momento, comer mecánicamente, sin pensar«, dijo Michael Moss, premio Pulitzer de The New York Times y autor de Salt, sugar fat (2013) una critica demoledora del papel de las grandes multinacionales de comida basura en la epidémica de obesidad que arrasa el mundo. «Ha sustituido las comidas en EE.UU. y las gigantes de la industria de alimentos procesados se mueven ya por el mundo para promocionar un modelo alimenticio tipo estadounidense», añade.

La clave del snacking para megaempresas como Pepsico que necesitan expandir sus ventas y beneficios constantemente bajo fuertes presiones de los inversores en Wall Street, es crear adicción. Betcha can’t eat just one, (apostamos a que que no puedes comer solo una) es el famoso eslogan publicitario de las chips de Frito Lay. Es esta cualidad adictiva -garantía de ventas en ascenso permanente- lo que interesa mucho a Wall Street. La presidenta de Pepsico, Indra Noovi, ha comentado en alguna ocasión que su buena voluntad de reducir la cantidad de azúcar y grasa en sus productos (tanto bebidas como chips) choca contra las presiones desde Wall Street. «Frito Lay no es un imperio del mal. Hay voluntad de hacer productos más salubres pero los mercados bursátiles quieren productos que seduzcan a los consumidores. Y estos son los que llevan grasa, sal, azúcar», dice Moss. Tras perder cuota de mercado a la Coca-Cola y ver estancarse su acción, Pepsico depende cada vez más de la venta de aperitivos, sobre todo patatas chips.

¿Cómo se hace una patata chip adictiva, según los requisitos de Wall Street? La respuesta se encuentra en el laboratorio de Frito Lay en Dallas (Texas), donde un centenar de científicos, psicólogos y expertos en marketing, dotados de un presupuesto de 30 millones de dólares anuales, desarrollan la fórmula más placentera de sal y grasa que combinan con el azúcar natural en el almidón de la patata. «He hablado con muchos de ellos. Son muy inteligentes y hacen muy bien su trabajo de crear productos irresistibles. No sólo quieren que nos guste su patata frita sino que queremos más y aún más».

Existe una jerga científica para cada sensación. El momento exquisito en el cual la saliva se mezcla con la sal de la patata es la explosión de saliva y la sensación de grasa deshaciéndose es el efecto boca. Aunque el almidón no es dulce, el subidón de glucosa provoca nuevos ataques de hambre casi enseguida. De ahí: Betcha can’t eat just one. Según experimentos neurálgicos, un subidón de glucosa enciende el encefalograma cerebral igual que un chute de cocaina. Es el efecto deseado por Wall Street.

En los laboratorios se va ampliando la gama de sabores adictivos: barbacoa mezquite, pepinillo deli, queso cheddar y nata, chili jalapeño. Se empieza también a cambiar la estructura química de al sal para crear un polvo muy fino absorbido rápidamente por la lengua. En el Reino Unido, donde Frito Lay controla la marca Walkers, los sabores que enganchan incluyen costillas barbacoa, filete y cebolla, y pavo relleno. Esto ayuda a que cada británico cada año consuma 150 paquetes de las llamadas ‘crisps’ al año. Luego está la textura. En los laboratorios de las corporaciones multinacionales como Frito Lay, la meta siempre es ser crunchy (crujiente) . «Se sabe que, cuanto más ruidoso es el sonido del crunch de una patata chip, más se comen», dice Moss.

Moss califica la patata chip -inventada en Saratoga Springs (estado de Nueva York) en 1853- como el «producto mas icónico» de la estrategia de la industria de alimentos iniciada hace 40 años de cargar su productos con azúcar, sal y grasa en busca de adicción masiva, beneficios en aumento constante y subidas bursátiles. La estrategia coincide con la explosión de la obesidad en EE.UU. hasta la situación actual en la que el 35,7% de los estadounidenses son obesos, lo cual ha provocado una epidemia de diabetes. «La patata chip es el producto que más engorda», dice.

Segun un estudio de la Universidad de Harvard, en el 2011 con la participación de 120.000 personas a lo largo de 20 años, la patata chip provocó mayor aumento de peso. Una ración de 15 patatas cada día se tradujo en un aumento de peso de 1,69 libras, mucho más que los dulces. En cuanto al otro ingrediente adictivo, la sal, hay unos 180 miligramos de sodio en una bolsa pequeña de patatas Frito Lay, por encima del máximo consumo de sodio diario recomendado.

Ahora que crece el miedo sobre el catastrófico coste de la epidemia de obesidad, los científicos en el laboratorio Dallas de Frito Lay se emplean a fondo para inventar fórmulas innovadores para un snacking más sano, sin renunciar a esos sabores y texturas explosivos y adictivos. Pero la teoría de Michael Moss es que «el problema es el snacking en sí», dice. «Debemos ejercer un control; comer en un lugar determinado y no terminar la bolsa». Una sugerencia: si va al Retiro, busque el viejo chiringuito (aún quedan) y comparta con sus amigos una ración de patatas artesanales con aceitunas o mejillones antes de ir a comer un cocido.

La dieta para perder hasta 10 kilos en 22 días

Es la dieta de moda. La que nos promete tener el cuerpo el cuerpo de Beyoncé. La que han hecho también famosas como Jennifer López, Gloria Stefan y Shakira. Y funciona. Pero también entraña sus riesgos.
Qué, por Diana García Bujarrabal

beyonce_nor-672xXx80La dieta de los 22 días, que promete perder hasta 10 kilos de peso en ese lapso de tiempo, triunfa entre las ‘celebs’. Ideada por el fisiólogo de origen cubano, Marco Borges, promete esa espectacular cifra y una talla menos.

Pero no se queda ahí: aseguran tanto Borges como quienes le publicitan que notan mejorías en su bienestar físico e incluso en el aspecto de su piel. Aunque el asesoramiento directo del fisiólogo les cuesta a las famosas unos 600 euros, ya hay editado un libro en castellano, ‘La revolución de los 22 días’, donde se detallan el método y algunos menús.

Hacemos un repaso por las propuestas de esta dieta que, ojo, según Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), son «desequilibradas».

¿Por qué 22 días?

La propuesta de la dieta es de 22 días porque se basa en que, según los psicólogos, 21 días es el tiempo promedio que una persona necesita para romper un hábito. Rubén Bravo señala también otro aspecto importante: «El hecho de poner un límite de tiempo ayuda al paciente. Es más fácil que cumpla de una forma estricta».

¿10 kilos en 22 días?

La cantidad de kilos es muy llamativa. Un buen reclamo para quienes buscan soluciones rápidas. Bravo no duda de que esta promesa sea posible; no obstante señala un hecho llamativo: se promete perder diez kilos, pero solo una talla. «Eso significa que la gran mayoría del peso que se pierde es agua y masa muscular». Según su opinión resulta imposible perder 10 kilos de grasa en el lapso de tiempo indicado. «Con una dieta equilibrada en 22 días se pierden cuatro o cinco kilos y también una talla de pantalón.

La regla 80-10-10:

Según esta dieta para estar saciado solo nos hace falta comer tres veces al día y según la siguiente proporción: 80% de hidratos de carbono, procedentes sobre todo de frutas y verdura, 10% de proteínas y 10% de grasas.

«Es una dieta desequilibra», apunta Bravo. Según este experto hemos de aportar un gramo de proteína por cada kilo de peso para mantener nuestra masa muscular, y eso sin hacer ejercicio. En este sentido, el resultado es que perdemos masa muscular en lugar de grasa.

 

El problema de la grasa buena:

Bravo ve aún más ajustada la recomendación del 10% de grasa: en una dieta estándar de 1.200 kilocalorías, serían 120 calorías, es decir, ni siquiera una cucharada sopera de aceite.

Bravo recuerda que hay muchas grasas, como las dela aceite de oliva, beneficiosas para nuestro organismo e incluso necesarias para su correcto funcionamiento.

 

Efecto rebote:

Aunque los ideólogos de la dieta aseguran que sí se logran establecer nuevos hábitos, Bravo cree que es «pan para hoy y hambre para mañana». Aunque no duda de su eficacia asegura que debe tener un gran efecto rebote. Y es que al perder masa muscular, en lugar de grasa, reducimos también la cantidad de calorías necesarias para mantener nuestro metabolismo basal, es decir, para mantenernos tal cual. «Con menos calorías ya se empieza a engordar».

Efectos secundarios:

Señala Bravo que las carencias, sobre todo al falta de grasa y durante un tiempo tan prolongado como son 22 días puede ocasionar dolores musculares, sensación de debilidad e incluso falta de memoria y dificultades de concentración. «Hacer dieta excesivamente bajas en grasas es un error».

30 minutos de ejercicio:

Otra de las recomendaciones que se hacen en esta dieta es incorporar 30 minutos de ejercicio diario. Bravo matiza que no es lo mismo hacer carrera que pilates, y que las dietas deberían acomodarse a los consumos calóricos en uno u otro caso. En el mismo sentido señala que los menús deberían personalizarse, por ejemplo, en función del género: una mujer necesita entre 1500 y 1800 kilocalorías para mantenerse, un consumo que en los hombres se eleva a las 2.200 -2.800.

100% orgánica:

Los productos ingeridos tienen que ser además cien por cien orgánicos, nunca congelados. Se trata además de una dieta vegana: es decir, no se come carne. Las proteínas se obtienen de las frutas, verduras o semillas. De hecho, Beyoncé y sus socios venden a través de su web todo tipo de platos de estas características que además son sin gluten, sin lácteos y sin soja.

¿Alimentos prohibidos?

Bravo dice no ser partidario de los ‘alimentos prohibidos’ en las dietas, aunque sí lo sea de su restricción. «Se puede tomar una lata de Coca Cola Zero al día y no pasa nada, o un Gin Tonic el fin de semana».

¿Qué se come?

En Estados Unidos ofrecen el servicio de enviar los platos directamente a casa, pero quien quiera seguir una dieta de estas características aquí deberá localizar un buen súper ecológico cerca de su casa, y hacerse con un libro de recetas. Para que os hagáis una idea, éste sería un ejemplo del primer día que proponen:

Desayuno: Pudding de vainilla con arándanos frescos.

Comida: Col roja con manzana verde, sésamo y boniato.

Merienda: Media cucharada de hummus con verdura.

Cena:  Frijoles negros con ensalda de quinoa y comino. De postre, por fin, cierto alivio: chocolate negro.

¿Serías capaz de hacer esta dieta sin desfallecer?

 

 

El corsé de entrenamientos y otras prácticas vip muy perjudiciales para la salud

– Lo dejaron de usar nuestras tatarabuelas porque era peligroso pero ahora vuelve con fuerza
– Kim Kardashian entrena hasta cuatro horas con él para mantener sus famosas curvas
– Dietas extremas y otros tratamientos de escaso rigor científico, a debate

Divinity
corset de entrenamientoLas redes sociales se han convertido en un gran escaparate donde las celebrities nos muestran sus trucos para estar siempre bellas, aunque estos no siempre son de lo más recomendables. La última moda es el Waist Training o entrenamiento de cintura que consiste en practicar deporte con un ceñido corsé especialmente diseñado para eso. Kim Kardashian, Lindsay Lohan, Jessica Alba son algunas de las que han compartido sus experiencias pero, ¿conocen sus peligros?
La querían ya las señoras del s.XIX y parece que en el nuevo milenio seguimos con las mismas: queremos lucir una cinturita de avispa. Con el regreso de la mujer con curvas, el uso del corsé se ha vuelto a popularizar y son muchas las VIPs que lo usan en sus eventos públicos o a la hora de entrenarse.
cintura_MDSIMA20150609_0355_21Kim Kardashian es, cómo no, la gran prescriptora del Waist Training, una práctica cada más extendida en los Estados Unidos que ya ha comenzado a verse en los gimnasios españoles. La famosa socialité asegura que entre cerca de cuatro al día su cintura con unos corsés diseñados exclusivamente para ello. La lógica hace pensar que si entrenas con él puesto, la grasa de redistribuye y tu cintura se afina hasta conseguir un cuerpo de guitarra.

Jessica Alba también ha reconocido que este método de entrenamiento le ha ayudado a recuperar sus curvas tras los diferentes embarazos. Lindsay Lohan no ha traído bebés al mundo –al menos que sepamos- pero también quiere reducir el diámetro de su cintura por lo que se ha hecho con unos cuantos corsés que luce así en las redes sociales.
¿Qué pasa cuando el Waist Training se nos va de las manos? Se nos puede quedar un cuerpo un tanto extraño como el de Kelly Dee Dakay, una modelo británica de 27 años que asegura tener una cintura de 41 centímetros gracias a un corsé que lleva usando desde hace siete años.
Foto by InstagramLo cierto es que los riesgos van más allá de los estético. Ya en 1908 el médico francés Ludovic O’Followell mantenía que esta prenda oprimía las costillas inferiores, lo que dificultaba la respiración de las señoras, además de comprimir algunos órganos contra la espina dorsal o hacia la parte del abdomen lo cual, como podrán imaginar, no es lo más recomendable. Además afecta al sistema nervioso, llegando incluso a provocar un dolor crónico que tan sólo se puede tratar con analgésicos y que no tiene fácil solución.

Dietas y otros tratamientos poco saludables

Hay que tener mucho cuidado con las dietas que comparten las famosas o las que se publican que son seguidas por ellas. Normalmente, el nombre de las estrellas actúa como gancho para que pensemos que su estupenda figura se debe a seguir a pies juntillas estos tratamientos y no siempre es así.
Por ejemplo, se dice que Shailene Woodley (la protagonista de ‘Divergente’) toma arcilla como parte de su dieta para perder peso y depurar sus cuerpo. Aunque es cierto que en muchos países de África en una práctica habitual, lo cierto es que la arcilla no aporta nada bueno a nuestro cuerpo, ya que muchos minerales ya los consumimos de forma habitual a través de otros alimentos. Además puede llevar elementos como el plomo o el arsénico que pueden ser dañinos.

Gwyneth Paltrow ha sembrado la polémica en Estados Unidos tras el anuncio de su nuevo libro ‘It’s All Good’ donde la oscarizada actriz aboga por la eliminación del gluten (entre otras cosas) para sentirse sana, delgada y feliz. “El gluten es demasiado pesado para el organismo y muchos de nosotros somos poco tolerantes a él, cuando no alérgicos”. Una recomendación que ha puesto en jaque a los dietistas, que aseguran que es “absurdo que una persona sin intolerancia siga ‘la dieta del celiaco’ porque piensa que va a adelgazar o a comer mejor. Los alimentos sin gluten no son hipocalóricos, ni bajos en azúcares, ni en grasas, ni más saludables”, comenta la doctora Paula Ross.
La dieta crudivegana (o “raw food”) de Natalie Portman, Demi Moore, Beyoncé o Sting, la dieta púrpura de Mariah Carey donde todo es de dicho color, al alcalina de Victoria Beckham, la del pomelo de Kylie Minogue, Jennifer Aniston comiendo tan sólo potitos, los batidos verdes détox con las que vemos a las vips saliendo del gym… todas estas dietas tiene un denominador común: el desequilibrio (nutricional, no el psicológico de las que las practican). Son regímenes demasiado enfocados en un solo producto, que no aportan todos los nutrientes necesarios para que el cuerpo funcione de forma sana. Y luego viene el temido “rebote”.
batidos verdes gymNo todo son dietas: ¿tiene algún razonamiento científico usar semen de ballena, veneno de serpiente o baba de caracol? ¿Y los sangrados faciales a los que se somete Kim (de nuevo Kim) para regenerar la piel? Chicas, informaos bien antes de hacer cualquiera de estos tratamientos que muchos de ellos os pueden traer grandes problemas de salud.

La ‘Dieta de la Zona’ quiere adaptarse a la cultura mediterránea

Su creador, Barry Sears, presentó el 12 de mayo en Madrid su libro La Zona Mediterránea, con recetas del cocinero Íñigo P. Urrechu. 

Correo Farmacéutico, por Gema Suarez

carbohidtarosLa inflamación es el causante del envejecimiento y de ciertas patologías crónicas, según Barry Sears, creador de la Dieta de la Zona, que presentó el 12 de mayo en Madrid su libro La Zona Mediterránea, con recetas del cocinero Íñigo P. Urrechu.

En su opinión, la alimentación es una forma de frenar la inflamación, y con su dieta, además, una manera de perder peso. La Dieta de la Zona propone una ingesta de un 40 por ciento de hidratos, un 30 de proteínas y otro 30 de grasas monoinsaturadas. Además, defiende no comer alimentos blancos, como arroz, pan y patata, por su alta carga glucémica y «ser causantes de la inflamación». También defiende no consumir cereales o sólo tomar los integrales y de forma esporádica.»En el desayuno no hay que tomar cereales», afirmó en la presentación de su libro, que trata de adaptar su dieta a la cultura mediterránea.

DIFÍCIL ADAPTAR
tortillaPor eliminar los productos blancos y los cereales expertos consultados creen que esta dieta no es fácilmente adaptable. Como señala Rubén Bravo, del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, «sería imposible hacer una dieta mediterránea completa según la Dieta de la Zona, pues no se podría comer paella, tostas, pasta, tortilla de patatas…». Aquilino García Perea, vocal de Alimentación del Consejo de COF, está en desacuerdo con suprimir los cereales del desayuno, pues son la base de un desayuno saludable. Según Bravo, si se sustituyen los cereales por fruta, como dice Sears, «habría que comer medio kilo de manzanas, y eso es imposible».