Cómo adelgazar tras el desfase navideño

El Mundo, por Gema García Marcos

Te notas pesado. Te cuesta moverte. Sientes como si tu estómago fuera una lavadora en constante fase de centrifugado. De abrocharse los vaqueros -o de simplemente intentar entrar en ellos-, mejor ni hablamos. No, no se está sugestionando. Es que, tras tres semanas de desfases navideños -cuatro si sumamos la de las celebraciones previas a las fiestas-, ha alcanzado sus máximos históricos de peso. Puede que hayas engordado «entre uno y dos kilos», según le advirtió Rubén Bravo, experto en Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), en estas mismas páginas a principios del mes de diciembre.

Tranquilo. Respire. Y, antes de lanzarse a la desesperada a ayunos inútiles que no harán más que minarte la salud y la moral, toma nota de los consejos del comité de sabios de ZEN.

GRASAS

Croquetas, quesos, cordero, salsas elaboradas con nata y mantequilla, mayonesa… Mantenerse alejado de la grasa resulta una misión imposible durante estas fechas. «Una vez al año, no hace daño», nos autojustificamos. Puede que sea cierto, siempre y cuando el tema no se nos vaya de las manos.

Ana Albarsanz, experta en nutrición, explica que, con tanto exceso, «hemos sobrecargado y congestionado a tope a nuestro hígado, nuestro preciado órgano détox«. La mejor manera para limpiarlo es «ingerir alimentos que ayuden a depurar y eliminar toxinas». La lista de los más aconsejables: «Alcachofas, brécol, espinacas, rúcula, ajo, espárragos, apio, calabacín, berenjena, piña o sandía». La mejor manera de tomarlos es «en crudo -ensaladas o batidos-, y siempre acompañado de una buena proteína como carne magra, pescado blanco, clara de huevo o para los vegetarianos con legumbre, tofu, quinoa o nueces».

Además de incluir alimentos orgánicos en nuestra dieta -legumbres, semillas, jengibre, miso, chía, setas shiitake, hojas verdes, etc-, los expertos de Sha Wellness Clinic (El Albir, Alicante), sugieren que, durante estos días, «reduzcamos un poco las raciones, mastiquemos despacio y bebamos más agua».

María Amaro, nutricionista de la Clínica Feel Good (Madrid), alaba los beneficios del té verde «como bebida digestiva y quemagrasa».

Los truquillos de toda la vida también ayudan a sobrellevar los empachos. María Amaro recuerda que «el bicarbonato, al neutralizar el ácido transformándolo en cloruro de sodio, produce un alivio inmediato y también combate las flatulencias». Eso sí, advierte de que no conviene abusar de él ya que «puede producir alcalosis, que es un desequilibrio grave para el organismo». Además, está contraindicado «en personas que sufren gastritis, hipertensión o problemas cardiovasculares». Digestiva y depurativa para el hígado, «el agua con limón nos aporta energía y mejora el estado de ánimo».

ALCOHOL

Perjudiciales para la salud y cargadas de calorías vacías, las bebidas alcohólicas son de lo peor que le puede sentar a nuestro organismo. Y, si encima, nos ha dejado como secuela una resaca, el daño se multiplica. En este caso, Ata Pouramini, director de Quiropractic (Valencia) y autor de ‘Escuela de la Espalda’ y ‘Tú eres tu medicina’ -entre otros libros-, aconseja «no tomar paracetamol o ibuprofeno». ¿Por qué? Lo argumenta: «El hígado ha sufrido mucho en la metabolización del alcohol y, si encima lo combinamos con medicamentos, podemos provocar un daño hepático». Por este mismo motivo, indica la necesidad de dejar descansar a este órgano: «Está trabajando en la limpieza de las impurezas y los tóxicos del alcohol. Aunque sintamos vacío en el estómago, la comida debe ser ligera. Por supuesto, nada de grasas ni azúcares refinados».

Rehidratarse es básico. «No se trata sólo de beber agua -insiste Pouramini- sino de tomar alimentos ricos en ella, por ejemplo, peras o caldos de verduras». Para desayunar, su recomendación es «una infusión de té con jengibre». Si se añade «un huevo cocido, mucho mejor».

Para contrarrestar las bajadas de azúcar y de minerales que provoca el alcohol, aconseja consumir ‘snacks’ revitalizantes de plátano o nueces». En la comida, lo mejor son «las hojas verdes: espinacas y también achicoria». Es preferible olvidarse del café, porque al ser diurético, «nos va a deshidratar más y no ayudará ni al esófago ni al estómago». Para la cena, lo más indicado es una buena inyección de B12 «con atún, sardinas o algo de marisco».

Ata PouraminI recomienda huir de otros consejos populares como ‘limpiarse en la sauna’. «La combinación de alcohol, altas temperaturas y sudor nos puede conducir a un nivel alarmante de deshidratación. Es un mal consejo, muy, muy peligroso», advierte.

DULCE

A estas alturas de las fiestas navideñas, probablemente ya nos habremos puesto las botas de turrones, polvorones y mazapanes, «todos ellos ricos en calorías y grasas no saludables», según señala la nutricionista María Amaro. Y todavía nos queda la gran traca final, el roscón de Reyes. «Es hipercalórico pero también muy nutritivo, ya que el 48% de su composición son hidratos de carbono -a diferencia de otros dulces navideños-, el 10% proteínas y el 42% grasas», relata la experta en nutrición.

Una porción de roscón sin relleno tiene «unas 260 kcal». Si, además, lleva nata, trufa o crema hay que sumar «unas 100 kcal más por cada trozo». Si lo comparamos con las 120 kcal de un polvorón o las 85 de un pequeño mazapán -a las que hay que añadir el perjuicio que supone el derroche de grasas saturadas que llevan ambos en su composición-, el roscón, mucho más artesanal en su elaboración, se perfila como la opción más saludable a hora de comer dulce en Navidad.

Si te has pasado… Rosa Ordoyo, nutricionista de Clínicas Dorsia, recomienda «tomar al día siguiente caldos a base de cebolla, apio, puerro y pescado blanco. También, yogur, piña, zumos o licuados de naranja, manzana y zanahoria».

EJERCICIO

No queda otra. Si pretendemos devolver a nuestro cuerpo a su estado original antes de los festejos, tenemos que ponernos las pilas con el deporte. Kilian Rodríguez Ordóñez, preparador físico de la plataforma Entrenarme y director del Centro Well (Barcelona), enumera cinco consejos para combatir el rastro de los excesos en nuestra figura:

1. Optimizar al máximo el tiempo de entrenamiento con el que contamos. Si vamos justos, es recomendable reducir la carga aeróbica e incorporar el trabajo de fuerza como parte principal de la sesión que estamos realizando.

2. Salir del umbral de confort, buscando nuevas emociones en nuestras rutinas. Una opción bastante recomendable es pasarse al HIIT (entrenamiento interválico de alta intensidad) para quemar más grasa y calorías durante y después del ejercicio. Pero, ojo, que esta alternativa sólo está indicada para personas con una buena condición física previa y no debería realizarse más de tres veces a la semana.

3. Combinar ejercicios específicos en zonas de nuestro cuerpo en la que nos interese profundizar con grandes grupos musculares para aumentar el gasto calórico.

4. Trabajar de manera funcional, utilizando como carga nuestro propio peso corporal, en lugar de trabajar con máquinas. De este modo, conseguiremos quemar más calorías.

5. Huir de gurús y dietas détox milagrosas. No hay más secreto que convertir en protagonistas de nuestra dieta a frutas, verduras y proteínas magras (pollo, pavo…).

Si el deporte no forma parte de tu vida, aprovecha los buenos propósitos del nuevo año y la mala conciencia que te provoca el aumento de peso para introducir, poco a poco, el movimiento en tu día a día. Camine, monta en bici… ¡Te cambiará la vida!

 

Las diez claves para no engordar en navidades sin tener que pasar hambre

La Navidad puede convertirse en un momento de excesos en muchos aspectos, incluso en el de conseguir unos kilos de más.

El Diario, Marta Chavarrías

Desde el puente de la Constitución (6 de diciembre), hasta el Día de Reyes (6 de enero), podemos llegar a engordar entre 2 y 4 kilos las mujeres y entre 3 y 4 los hombres, en función de la complejidad física, el estilo de vida y la práctica deportiva, según el informe Cómo reducir a la mitad las calorías de la cesta de Navidad, publicado por el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). En solo dos días, Navidad y Fin de Año, podemos llegar a ingerir las mismas calorías que en una semana normal.

A la suma de unos kilos de más, los excesos navideños pasan factura también con otros problemas digestivos. Según la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), durante las Navidades aumenta de forma considerable el número de consultas por abusos con la comida, con problemas como la indigestión, acidez o cuadros de diarrea. El consumo de comidas con alto contenido en grasas hace que la digestión sea más lenta y que puedan presentarse trastornos digestivos, aunque sean leves.

Productos navideños, más calóricos

Las comidas navideñas suelen ser muy densas desde el punto de vista calórico, por la cantidad de grasas que se ingieren y porque son copiosas: sumando platos, se acaban consumiendo más cantidad de alimentos de la habitual. Además, el aporte calórico por cada 100 gramos de la cesta de Navidad se puede «disparar hasta el doble, para un mismo número de productos, pero de características diferentes».

Según el estudio de IMEO, la diferencia en la cesta de Navidad puede llegar a ser del doble de calorías, pasando de casi 3.000 kilocalorías a más de 6.000 por cada 100 gramos del peso del producto comestible. Bebidas alcohólicas de alta graduación, productos de charcutería muy grasos y dulces típicos abundantes son algunos de los alimentos más típicos de estas fiestas.

Según los expertos de IMEO, los productos que más engordan son las bebidas alcohólicas de alta graduación, como el whisky y el ron, además de otros productos como quesos, embutidos, carnes grasas, patés de hígado y mermeladas azucaradas, así como los turrones y otros dulces típicos.

Las 10 claves para no engordar

No engordar en Navidad no quiere decir tener que renunciar a ninguna comida. Ni tampoco tener que sacrificarse sin probar los dulces más típicos. Una de las claves está en tomarse estos días como una suma y resta de calorías, es decir, la suma se guarda para los días especiales y la resta para el resto de días, en los que es aconsejable llevar una dieta más baja en calorías y equilibrada.

1. Consumir turrones y otros dulces de forma puntual

Solo los días festivos, en pequeñas cantidades. Lo más recomendable es tomarlos por la mañana, de manera moderada y en cantidades «muy pequeñas». Esperar a comprarlos justo antes de los días señalados; hacerlo antes y guardarlos en la despensa puede conducirnos a tentaciones difíciles de evitar.

2. Aplicar el «efecto aperitivo»

Según el informe de IMEO se trata de, una media hora antes de la comida, tomar alimentos bajos en calorías para que el cuerpo tenga tiempo de segregar el estímulo de la saciedad. De esta manera, llegaremos a la comida con menos hambre.

3. Optar por carnes magras

Además, retirar las partes más grasas antes de cocinarlas.

4. No saltarse ninguna comida

Es importante desayunar, aunque nos despertemos tarde. Según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) es importante tomar lácteos, cereales y fruta para desayunar, aunque sea más tarde de lo habitual. Saltarse una comida significa llegar a la otra con más hambre y, por tanto, tener menos control a la hora de comer.

Foto: Pixabay

5. Mejor el pescado que la carne

El pescado blanco o azul tienen un componente graso beneficioso, igual que el marisco. Para la SEEN, es mejor optar por el pescado que la carne.

6. Fruta de postre

Mejor que sean frutas como piña, naranja o kiwi. Contienen pocas calorías y son digestivas, muy recomendables para comidas copiosas. Es importante destacar que la fruta es mejor tomarla entera y no en zumo ya que de esta manera se toman menos calorías.

Incluso si el zumo es natural, por la cantidad de azúcar que contiene. Incluir fruta en las comidas navideñas es una buena medida para controlar el peso porque consumiremos menos alimentos demasiado calóricos. La fibra vegetal se absorbe más lentamente, por lo que tardaremos más en volver a tener hambre.

7. Equilibrar los excesos con comidas más ligeras y controlar las cantidades

Si hemos hecho una cena abundante, la comida deberá ser más ligera, a base de verduras y algo a la plancha. Es recomendable, según la SEEN, un cocinado sencillo y con aceite de oliva: asados en su jugo, cocidos, a la plancha o guisos con poca elaboración. Es importante vigilar las raciones de la comida y de la bebida de los menús especiales. Es conveniente controlar las cantidades que se sirven.

Foto: Wikimedia Commons

 

8. Atención a los alimentos «light»

Para los expertos de la SEEN, es mejor disfrutar con moderación del producto original que tomar cantidades descontroladas de productos con esta denominación.

9. Cuidado con el alcohol

Aunque no se mastique, el alcohol también engorda, y mucho con las denominadas «calorías vacías». Una copa de vino puede llegar a tener entre 170 y 270 calorías (variará según el tipo de vino), lo que equivale a un bocadillo. Es preferible tomar alcohol acompañado de comida, nunca en ayuno. Es importante beber abundante agua, ya que no tiene calorías. Una buena medida es beber un vaso de agua antes de cada comida festiva.

10. No olvidarse de la actividad física

Es importante no dejar de lado la actividad física (andar, pasear, hacer excursiones, ir en bici…) los días no festivos.

¿Cómo deberíamos comer antes y después de realizar ejercicio?

CuidatePlus, por Silvia García Herráez

Seleccionar adecuadamente los alimentos y bebidas antes de realizar ejercicio ayuda a optimizar el rendimiento deportivo, facilita una adecuada recuperación y previene lesiones. Casi todos somos conscientes de que para lograr una buena productividad tiene mucha importancia qué y cómo comemos antes y después de hacer ejercicio. En este sentido, Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), afirma que “los alimentos funcionales como los lácteos, cereales zumos, huevos o pan, surgen como respuesta al estilo de vida actual para intentar paliar los desequilibrios y desajustes nutricionales que se producen como consecuencia de un ritmo de vida frenético”.

Existe mucho debate sobre cuál es la mejor hora para hacer deporte y qué tipo de comida debe tomarse para acompañar dicho entrenamiento. Estefanía Ramo, nutricionista del IMEO, aconseja evitar hacer deporte unas dos horas y media antes de irse a la cama. “Si se realiza una carrera por la noche, nuestro reloj interno cree que es de día y nos acelera, con lo cual, el mejor momento es por la mañana, desayunando una hora y media antes, porque la digestión tarda unas dos horas y media en realizarse”. Por su parte, Bravo da las pautas nutricionales más adecuadas dependiendo de si el ejercicio se realiza por la mañana o por la noche.

Si se entrena por la mañana

Si se quiere hacer deporte muy temprano, se debe tomar un desayuno muy ligero y de ninguna manera omitirlo, esperar media hora y luego salir a correr. Una vez terminada la carrera, habría que complementarlo con un segundo desayuno que nos ayudará a recuperar los nutrientes, compuesto por cereales, fruta, leche y grasa saludable.

Bravo recomienda que “siempre que sea posible hay que seguir unas pautas personalizadas, pero, a modo general, os ofrecemos varios ejemplos de plato único para los desayunos ligeros y los complementarios”.

DESAYUNO LIGERO 30 ‘ANTES
Yogur 0% y un puñado de frutos rojos
Compota de manzana y una pera
Yogur desnatado y una cucharadita de miel
Puré de kiwi y frutos rojos
Yogur desnatado y una rodaja de sandía
SEGUNDO DESAYUNO PARA DESPUÉS
Vaso de leche desnatada, tortilla de una yema y dos claras, naranja y tres nueces.
Vaso de leche desnatada, un kiwi, tres rebanadas pan de wasa, 50 g de pechuga de pavo.
Yogur 0% mezclado con 30 g de cereales integrales, un puñado de frutos rojos y dos nueces.
Yogur 0%, dos biscotes de pan integral con un chorrito de aceite de oliva virgen extra, 50 g de pechuga de pavo y una manzana.
Vaso de requesón desnatado, 30 g de cereales integrales, un plátano y un huevo duro.

 Si se entrena por la noche

Evitar realizar ejercicio alrededor de las dos horas y media antes de irse a la cama. Si se realiza el entrenamiento de noche, después del trabajo, es muy importante no saltarse la cena, ya que nos ayudará a tener una buena recuperación. Eso sí, debe ser una cena ligera que nos aporte todos los nutrientes y energía necesaria. “La proporción ideal, en este sentido, sería aquella donde la verdura (cruda o cocida) ocupa una tercera parte del plato; los carbohidratos, una cuarta parte, en forma de arroz hervido o patata cocida; las proteínas, un tercio en forma de pechuga de pollo o salmón a la plancha o huevo duro como opción; grasas saludables obtenidas de una cucharadita de aceite de oliva virgen extra y en caso de que haya habido mucho desgaste en el entrenamiento podemos añadir 2 o 3 nueces; sin olvidar beber agua durante el entreno y las horas posteriores”, apunta el portavoz del IMEO.

EJEMPLOS DE CENA COMO PLATO ÚNICO PARA DESPUÉS DEL ENTRENO
Ensalada compuesta de 2 puñados de canónigos, rúcula y escarola, un tomate; un filete de pechuga de pollo a la plancha, un puñado de arroz hervido y dos nueces.
Ensalada de dos tomates y un puñado de lechuga, un lomo de salmón a la plancha y una patata mediana cocida.
Ensalada de un puñado de lechuga y un tomate, 3 o 4 rodajas de remolacha, un huevo duro y un puñado de arroz.
Puré de verduras compuesto de patata, zanahoria, cebolla, carne de pollo y pimiento, aliñado con aceite oliva virgen extra y especias.
Salmón a la plancha con espárragos trigueros, calabacín y tomate natural a la plancha con una patata mediana cocida.

No ayunar e hidratarse bien

Una de las preguntas que más se hace la gente es si, es bueno no ingerir ningún alimento antes de hacer ejercicio. A lo que Bravo le ha dado una respuesta negativa. “No, es bueno ayunar, principalmente porque durante la noche los niveles de glucosa han disminuido considerablemente y podríamos tener sensación de náusea, mareo y falta de vitalidad”. Por lo tanto, se debe realizar un correcto desayuno o uno muy ligero de bajo índice glucémico que favorezca el uso de la grasa como fuente de energía.

Otro factor importante a la hora de realizar ejercicio es la hidratación. Debemos hacerlo adecuadamente antes, durante y después de la actividad física, ya que no sólo mejora el rendimiento deportivo, sino que tiene consecuencias positivas para la salud. “Es muy importante beber agua durante el entrenamiento y posteriormente, porque se produce una pérdida considerable a través de la sudoración provocada por la hidrólisis. Así se evita una posible deshidratación y reponemos de electrolitos”, concluye Bravo.

Vida Saludable también en Navidad

Asimismo, los europeos pueden ganar entre dos y cuatro kilos, esto varía en función de la complexión física, estilo de vida y práctica deportiva de la persona, y la ingesta calórica que, por regla general, es más elevada en estas fechas, según IMEO.

Econoticias/ Infosalus
Se aproximan las fechas navideñas, y con ellas las cenas en los días festivos, las comida de empresa, así como la ingesta de alimentos con un alto contenido en azúcares. Todo ello significa un aumento de peso, en concreto, en el caso de los españoles la media de sitúa en 3 o 5 kilos de más, según datos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Asimismo, los europeos pueden ganar entre dos y cuatro kilos, esto varía en función de la complexión física, estilo de vida y práctica deportiva de la persona, y la ingesta calórica que, por regla general, es más elevada en estas fechas, según IMEO.

De igual modo, la entidad asegura que se espera que los excesos navideños afecten en mayor parte a los hombres, que este año subirán entre 3 y 4 kilos de media, mientras que las mujeres aumentarán entre 2 y 3.

Sin embargo, mantener el peso y la forma física es posible a través de varios «trucos», uno de ellos es que «antes de empezar a comer es ver bien lo que hay en la mesa, seleccionar lo que nos queremos comer y ponernos un poquito de cada cosa en nuestro plato, evitando así el picoteo constante», ha recomendado María Sánchez Maroto, nutricionista de Zagros Sports.

Por todo ello, los expertos de Zagros Sports ofrecen ocho consejos de nutrición y entrenamiento para «afrontar el mes de las fiestas sin que estas pasen factura a la salud del organismo y la forma física»:

– Selección de los alimentos: tanto en los días festivos como durante el resto del mes, la selección de alimentos es clave para evitar un consumo extra de calorías.

Los platos precocinados y alimentos con alta concentración de grasas saturadas y azúcares refinados pasarán a un segundo plano para compensar los excesos en comidas familiares, de empresas, ect. A nivel práctico, los alimentos con menor aporte de nutrientes beneficiosos se pueden cambiar por otros.

Un ejemplo son las salsas que pueden ser sustituidas por especias o aliños más saludables, como una vinagreta ligera o zumo de limón o de naranja.

– Control de las cantidades: la dinámica de las comidas de Navidad implica múltiples y variados platos en la mesa y un clima distendido en el que no se está controlando cuántas porciones se come de cada plato.

Al mismo tiempo, comer despacio hace que los alimentos se asimilen mejor y la señal de saciedad llegue antes al cerebro.

– No olvidar las verduras: las verduras tienen que estar presentes en el menú de Navidad como fuente rica en fibra y en vitaminas y minerales. Hay muchas recetas elaboradas que llevan verduras y, siendo bajas en calorías, no restan sabor a las comidas o cenas, como por ejemplo una tarta de espinacas y queso feta.

– Ejercicio más intenso: durante todo el mes es recomendable aumentar la intensidad del ejercicio diario para quemar un mayor número de calorías y grasas acumuladas.

La exigencia del ejercicio en materia de resistencia cardiovascular y fuerza debe ser mayor para aumentar su efectividad. Cada persona establece el nivel de su alta intensidad acorde con su forma física y el desarrollo de sus cualidades.

El entrenamiento más adecuado es el interválico, es decir, intercalar trabajo cardiovascular con trabajo muscular para tonificar los músculos a la vez que se queman grasas. Se trata del ejercicio que reporta más beneficios en un menor margen de tiempo.

– Entrenamiento 4 días a la semana: a pesar de los días de fiesta, el director de Salud de Zagros Sports Puerta de Europa, Sergio Daza, sostiene que la frecuencia más adecuada de entrenamiento debería ser de cuatro días a la semana, entre 45 y 60 minutos cada sesión.

Para que los resultados sean visibles antes y después de las navidades se debe seguir el plan de la forma más rigurosa posible, con máxima motivación para conseguirlo.

– Cardio y ejercicios en circuito: sin olvidar el calentamiento y los estiramientos para preparar el cuerpo para la actividad y evitar lesiones, la parte principal del entrenamiento debe estar basada en 5 repeticiones de un circuito de 5 ejercicios con 1 minutos de descanso entre cada repetición y 20 minutos de trabajo cardiovascular como correr, nadar o montar en bici.

El circuito, con ejercicios como las sentadillas o las planchas para quemar grasa abdominal, es una de las maneras más eficaces de alcanzar la alta intensidad.

– Correcta hidratación: a pesar de que en invierno no sufrimos las consecuencias del calor, el cuerpo se puede deshidratar de la misma manera si no se toma la cantidad suficiente de líquidos.

Una correcta hidratación, sobre todo basada en el agua, es clave para asegurar el correcto funcionamiento del organismo y evitar lesiones.

El peligro de las navidades es que se cambia el agua por bebidas carbonatadas y alcohólicas, siendo el alcohol enemigo del deporte al provocar en el cuerpo un mayor estado de cansancio. Además, las bebidas azucaradas son uno de los principales causantes de los aumentos de peso.

– Retrasar las compras: teniendo el consumo de alimentos y el entrenamiento controlados, un truco que previene el picoteo y la ingesta de dulces es no comprarlos hasta que lleguen los días festivos.

«Aunque desde octubre los turrones y polvorones inundan los supermercados, debemos pensar bien las cantidades que necesitaremos y comprarlos en el momento justo», ha aconsejado la nutricionista.

¿Sabes los kilos que vas a engordar durante las próximas cinco semanas?

El Mundo, por Gema García Marcos
La ciencia, a veces, se equivoca. Hay -al menos- una manera demostrable de alargar el tiempo. Si no ¿cómo es posible que esos instantes de placer en el paladar que nos provocan las delicias culinarias navideñas se conviertan en una eternidad en la cintura, la tripa y los muslos? Este ancestral misterio marca las vidas de medio planeta -el rico- durante el mes de diciembre. En sólo cinco semanas, las que transcurren entre el inicio de las cenas de empresa y la traca final del día de Reyes, nos lo comemos todo. Tragamos como si no hubiera un mañana y, un buen día -normalmente, el 7 de enero- la báscula nos escupe en la cara nuestra penosa realidad: hemos alcanzado nuestro máximo histórico.

Los datos están ahí: los españoles solemos engordar entre dos y cinco kilos durante estas fechas tan entrañables. Para los que todavía se sorprenden ante su súbito aumento de volumen, Rubén Bravo, experto en Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), recuerda que cada comilona que nos metemos entre pecho y espalda ronda «las 2.500 kcal, el equivalente a dos días de dieta normal». Lo ideal, en opinión de este experto, sería que en estos banquetes «no sobrepasemos nunca el 30% de la ingesta calórica total del día, en torno a 450-540 kcal en el caso de las mujeres y de 600 a 750 kcal, en el de los hombres». Una misión que se antoja algo complicada al ver las calorías que nos aporta un menú típico navideño: sopa de marisco (entre 110 y 150 calorías por plato), cordero asado (270 calorías por cada 100 gramos) y turrón (unas 533 calorías por 100 gramos). Una suma que se nos va de las manos al añadir el alcohol: dos copas de cava aportan unas 124 calorías y una de vino tinto, unas 127.

TRUCOS EN LA MESA

El primer mandamiento para controlar el impulso de comérnoslo todo sería: «Uno de los grandes errores que se suelen cometer es no comer nada o muy poco durante el día para luego poder pegarnos un atracón durante la celebración. Lo ideal es hacer una pequeña toma -a media mañana o merienda- de una pieza de fruta, un yogur o un puñado de frutos secos para no llegar al banquete ni hambrientos ni ansiosos«, recomiendan Carmen Escalada y Andrea Marqués, nutricionistas del IMEO.

Un truco para no pasarse sería empezar con entrantes poco calóricos que nos sacien y llegar así satisfechos al plato principal: «Lo mejor es arrancar con un caldo de gallina y verduras desgrasado, ventresca de bonito del norte con pimientos rojos asados, jamón ibérico, marisco -navajas, percebes, mejillones, gambas a la plancha, langostinos, etc- o pimientos del piquillo rellenos de carne picada». Y de segundo: «Lubina o besugo al horno con ajetes y limón, solomillo de ternera con pimientos verdes serían unas buenísimas opciones».

Más allá de la elección de los alimentos, los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad dan la clave para desengrasar el asunto: «Optar por las técnicas culinarias más saludables, como horno, papillote, vapor, hervido, plancha y salteado». En cambio, desaconsejan «los guisos, fritos, sofritos, estofados, brasa y microondas que, en algunas ocasiones, pueden multiplicar por tres las calorías del plato».

También advierten sobre la amenaza para nuestra silueta que suponen «esas calorías añadidas, encubiertas bajo forma de salsas, rebozados, natas y mantecas. Esas tres inofensivas cucharas soperas de mayonesa que añadimos a los espárragos, por ejemplo, pueden aportar hasta 800Kcal, más de lo que sería el equivalente a una sola comida».

Cómo reducir a la mitad las calorías de la Cesta de Navidad

En lugar de una cesta que rebosa de alcohol, grasas y azúcares, se puede optar por una más saludable y moderada en calorías e igual de apetecible, sugieren los expertos del IMEO y enumeran los diez imprescindibles en la lista de alimentos 

A pocas semanas de Navidad, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) ha hecho público un informe sobre las calorías que nos aporta el lote de productos gourmet que tradicionalmente se concede a los empleados de las empresas. Como resultado de la comparación de diferentes productos típicos que forman parte de la selección, los expertos han observado que, a falta de un criterio nutricional, el aporte calórico por cada 100grs de la cesta se puede disparar hasta el doble para un mismo número de productos, pero de características diferentes, donde el compromiso con la salud marcaría la diferencia.

«Queríamos demostrar que la cesta de Navidad no tiene porque suponer un extra en calorías para toda la familia por la desmesurada cantidad de bebidas alcohólicas de alta graduación que la componen, productos de charcutería muy grasos y dulces típicos abundantes, colmados de manteca y azúcar», sostiene Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto. La experiencia en consulta nos indica que la gente se vuelca en la celebración de las fiestas navideñas durante todo un mes, desde el puente de la Constitución (6 de diciembre) hasta el Día de Reyes (6 de enero). Son muchos días seguidos de reuniones familiares, cenas de empresa y amigos alrededor de la mesa que a fin de año suelen pasar factura en algunos kilos de más, entre 2 y 4, en función de la complexión física, estilo de vida y práctica deportiva de la persona, y dependiendo de la ingesta calórica que, por regla general, es más elevada en estas fechas.

Por esta razón desde el IMEO animan a empresas y particulares con especial sensibilidad por la salud a sumarse a esta insólita iniciativa denominada Por una Cesta de Navidad Saludable. Su objetivo es concienciar a la sociedad que contra la obesidad todo esfuerzo suma, y promover la selección de productos menos calóricos y de un valor nutricional destacado. A partir del mes de diciembre, se podrá descargar de la web www.imeoobesidad.com/blog/calorias-de-la-cesta-de-navidad de forma totalmente gratuita la lista con los diez alimentos imprescindibles de un lote de Navidad, con su aporte calórico respectivo y propiedades destacadas en el cuidado de la salud, así como una descripción de ejemplo de una cesta saludable.

Comparación entre Cesta de Navidad saludable y otra, más calórica

Después de un análisis a fondo, los expertos en Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad han determinado que los productos que no pueden faltar en un lote destinado a nuestra mesa de Navidad son: el jamón ibérico, el vino blanco verdejo, el tinto, la cava, las conservas y patés vegetales, las latas de marisco y pescados y el chocolate negro de pureza. Aún así, aconsejan, no excederse en la cantidad para evitar que se multiplique la ingesta calórica.

Los productos que «más engordan» en una Cesta de Navidad son las bebidas alcohólicas de alta graduación como el  whisky y el ron, los quesos, embutidos y carnes grasas, los patés de hígado tipo ‘foie-gras’, las mermeladas azucaradas, turrones y demás dulces típicos. Éstos últimos hay que tomarlos de forma puntual y, a ser posible, solo los días festivos, con el postre de la comida o cena festiva, en pequeñas cantidades, dicta la recomendación general.

Como conclusión, señala la nutricionista Mireia Elías quien ha realizado el cálculo en función de la composición, la diferencia en la cesta puede llegar a ser hasta el doble de calorías, pasando de casi tres mil kilocalorías a más de 6 mil por cada 100 gramos del peso del producto comestible.

Diferencia en calorías en la composición de una cesta de navidad

10 alimentos imprescindibles en una Cesta de Navidad saludable y moderada en calorías

En lugar de llenar la Cesta de Navidad con productos hipercalóricos a base de alcohol, embutidos grasos y dulces típicos, los expertos del IMEO proponen como alternativa saludable una lista con los diez imprescindibles que nos alegrarán en estas fechas con su toque gurmé y nos ayudarán a cuidar la línea con su aporte bajo o moderado en calorías. Además, sus múltiples beneficios suponen un plus a nuestra salud cardiovascular, ósea y emocional.

Lista de los 10 imprescindibles

  1. Huevas de salmón y ahumados Las huevas de salmón (119 Kcal/100 g) son ricas en omega 3 y en vitaminas del grupo B y se emplean para decorar los platos de Navidad, para preparar aperitivos o completar ensaladas.

El salmón y la trucha ahumada (117 Kcal/100 g), al igual que las huevas, son protectores cardiovasculares. Contienen elevados niveles de vitamina D, necesaria para fijar el calcio en los huesos y esencial para nuestro sistema inmunitario. «Son ideales para montar canapés saludables o como entrante acompañado de huevo duro picado y alcaparras», explica la nutricionista del IMEO Andrea Marqués.

  1. Conservas Los berberechos (48 Kcal/ 100 g) contienen un alto valor nutritivo, tienen un aporte graso prácticamente nulo y son ricos en proteínas, minerales y vitaminas.

Los mejillones al natural (83 Kcal/ 100 g) son muy beneficiosos para el organismo humano, sobre todo por su elevado nivel de grasas buenas, como el omega 3. «Por su contenido en ácidos grasos, se recomienda su consumo para prevenir enfermedades cardiovasculares y reducir el colesterol», añade la nutricionista Estefanía Ramo.

Las almejas (81 Kcal/ 100 g) tienen bajo contenido en grasas y destacan en vitaminas del grupo B, hierro y calcio, ayudando a reforzar nuestras defensas.  

La caballa (208 Kcal/ 100 g) es rica en ácidos grasos omega 3, DHA y EPA en concreto, sumamente beneficiosas para el corazón. Es un alimento ideal para reducir el colesterol, la inflamación y la hipertensión arterial.

  1. Aceite de oliva virgen extra y especies El aceite de oliva virgen se caracteriza por su alto contenido en ácido oleico que contribuye a regular el colesterol y los triglicéridos. Tiene numerosos beneficios para la salud a nivel cardiovascular. No obstante, se aconseja un consumo moderado, por su alto aporte calórico (900 Kcal/ 100 ml).

Las especias juegan importante papel en la Dieta Mediterránea, destacando el ajo, el perejil y la cúrcuma que además de añadir sabor, aroma y olor a nuestros platos, repercuten positivamente sobre la salud.

El perejil (35 Kcal/ 100 g) nos ayuda a purificar nuestros órganos vitales y es un potente antioxidante. Contiene minerales como el calcio, hierro, fósforo y azufre. Se puede consumir crudo en ensaladas o en infusiones.

El ajo (149 Kcal/ 100 g) es rico en vitamina C, B6 y manganeso. Además, contiene alicina, un principio activo que le aporta la mayoría de sus propiedades y efectos medicinales. Protege contra el daño celular y el envejecimiento, reduce el colesterol, mejora la presión sanguínea en caso de hipertensión y puede paliar los efectos de la gripe o el resfriado común.

La cúrcuma (354 Kcal/ 100 g), debido a su color amarillo-anaranjado, se utiliza como colorante natural especialmente en platos de arroz y de carne. Su toque ligeramente picante estimula el sistema nervioso y la producción de serotonina, ayudando a mejorar nuestro estado de ánimo. Por ello se recomienda tomarla contra estrés de forma periódica o estacional.

  1. Cafés, tés e infusiones Una taza de estas bebidas sin añadirle leche, azúcar o edulcorante nos aporta apenas 2 Kcal. El café, además de cafeína, contiene antioxidantes, aminoácidos y fibra. Por la noche sería preferible tomarlo descafeinado y puede ser un sustituto de los dulces o ayudarnos a consumir menor cantidad.

El té blanco es una de las infusiones más ricas en antioxidantes, es más dulce que el resto y menos astringente. «Su contenido en cafeína es reducido, por lo que podemos utilizarlo tras una cena en la que nos hayamos excedido, para ayudar al hígado a depurar la grasa y facilitar la eliminación de líquidos», apunta la nutricionista Andrea Marqués.

La infusión de jengibre y canela tiene un sabor ligeramente picante y un aroma fantástico. Mejorará nuestras digestiones tras las comidas más pesadas y ayuda a eliminar los gases. Además, el jengibre nos aportará un plus  ya que fortalecerá nuestro sistema inmunológico frente a los catarros producidos por el frío y la contaminación.

  1. Frutos secos y frutas confitadas

«Los frutos secos nos pueden ser muy útiles para preparar platos dulces o salados, sin embargo, no debemos olvidar que se han de consumir crudos para aprovechar al máximo sus propiedades y ahorrarnos calorías de más», señala la nutricionista Andrea Marqués.

Las nueces (654 Kcal/100 g), por todos conocidas, son ricas en ácidos grasos omega 3 y por tanto, cardioprotectoras en cuanto a que ayudan a reducir el colesterol. Podemos emplearlas para completar una ensalada o para adornar o enriquecer la masa de algún postre casero.

Las almendras (578 Kcal/100 g) son ricas en vitamina E, que es un potente antioxidante natural. Se emplean ralladas en recetas dulces o como relleno para el pavo de Navidad.

Los piñones (673 Kcal/100 g) son ricos en proteína vegetal y muy socorridos para rellenar o saltear alguna verdura, como acelgas o lombarda.

Las frutas confitadas (321 Kcal/100 g) no contienen grasa, pero su consumo debe ser ocasional, ya que su contenido en azúcar es importante. Podemos emplearlas como postre sustituyendo a mantecados o polvorones.

  1. Chocolate negro como base y menor cantidad de dulces típicos

La época de las fiestas navideñas que está a punto de comenzar incluye algunos dulces típicos que desde el punto de vista nutricional no son lo más recomendable, debido su alto contenido en grasas y azúcares. Cabe recordar que la Organización Mundial de la Salud recomienda no sobrepasar los 25 gramos de azúcar al día, cuando el contenido habitual en 100 gramos de turrón ronda los 30. En el ranking de los postres más calóricos primer lugar ocupa el turrón duro (547Kcal), seguido por el mazapán (500Kcal), turrón blando (490Kcal), polvorón (480Kcal), peladillas (461Kcal) y mantecados (460Kcal)[1].

Por esta razón «hay que tomarlos de forma puntual y, a ser posible, solo los días festivos, con el postre de la comida o cena festiva y en pequeñas cantidades”, recalca la nutricionista del IMEO Estefanía Ramo.

El chocolate negro de más del 70 por ciento de pureza es la opción más saludable, pero no por ello menos calórica (543 Kcal/ 100 g). Ayuda a mantener el equilibrio de nuestros niveles de serotonina y favorece un mejor descanso, gracias a las propiedades antioxidantes del cacao en polvo y su efecto anti estrés. Nos aportará un extra de energía durante la celebración y un notable estado de ánimo, pero la recomendación general es limitar su consumo a las dos onzas diarias.   

  1. Carnes y embutidos como entrante y aperitivo

El jamón serrano (319 Kcal/ 100 g) o ibérico (303 Kcal/ 100 g) es uno de los alimentos estrella que se consumen en época de Navidad en España. Destaca por su sabor y es rico en hierro, zinc, calcio, fosforo, magnesio, vitaminas B1, B2, B3, B6 y D. «Su consumo moderado es recomendado dentro de una dieta saludable, ya que sus propiedades contribuyen a aumentar la capacidad intelectual y juegan un papel protector a la hora de prevenir enfermedades como la osteoporosis, la arterioesclerosis o el colesterol», subraya la nutricionista Estefanía Ramo.

Otros protagonistas culinarios de la mesa son la cecina (243 Kcal/ 100 g), una carne de vacuno curada y deshidratada, rica en proteínas y baja en grasas, y el lomo embuchado de cerdo (323 Kcal/ 100 g), curado en sal y condimentado con pimentón y especias que se come crudo. Ambos alimentos poseen proteínas de elevado valor biológico, vitaminas del grupo B y alto contenido en hierro que al ser muy biodisponible se absorbe con mayor eficacia que el de los vegetales.

  1. Patés vegetales «En sustitución de los típicos patés de hígado de pato o de cerdo, ricos en grasas saturadas y altamente calóricos, podemos optar por otras variedades, como el paté de tomate seco (234 Kcal/100 g), o cremas de untar vegetales, como el hummus de garbanzo (177 Kcal/100 g), que son más saludables y se pueden elaborar en casa», aconseja la nutricionista Andrea Marqués.
  1. Quesos Resulta difícil excluir este delicatesen de una cesta de navidad y para encontrar el equilibrio entre sabor y calidad nutricional nos quedamos con el semicurado (391 Kcal/100 g). Esta variedad contiene menos calorías que los quesos curados o cremosos. «Además, es rico en calcio y vitamina D, importante para el mantenimiento de nuestro sistema óseo y contiene menos lactosa que los quesos frescos o tiernos, por lo que es de más fácil digestión, sobre todo para aquellos que tienen intolerancia a este azúcar», añade Marqués.
  1. Vinos y cavas El vino tinto (71 Kcal/ 100 ml), en concreto, contiene algunas sustancias (flavonoides,antocianos y resveratrol) que actúan como antioxidantes naturales. Combina mejor con carnes, quesos y algunos entrantes.

El vino blanco (61 Kcal/ 100 ml) es ideal para acompañar pescados, mariscos y arroces. El rosado (67 Kcal/ 100 ml) es bueno para acompañar pastas, arroces y entrantes.

El vino verde (52 Kcal/ 100 ml), que está de moda, es un tipo de vino blanco ligero y fresco que recibe su nombre debido a la excesiva juventud de la uva, casi sin madurar, que le da un toque sutilmente espumoso y con tintes ácidos. Al ser bajo en alcohol, es también menos calórico que los vinos clásicos.

Lo que no puede faltar en una cesta de Navidad, sin duda, es el cava (70 Kcal/ 100 ml) para el último brindis del año. En función del licor añadido tenemos diferentes variedades, desde el brut nature que es el menos calórico, con  hasta 3 g/l sin azúcar añadido, hasta el cava dulce con más de 50 g/l de azúcar.

[1] Kcal que corresponden a 100 g de cada producto.

Etiquetados opacos, una traba para los enfermos

La información contenida en el etiquetado nutricional es un asunto que genera cada vez más atención en los consumidores, instados por organizaciones de salud a fijarse en lo que comen.

Correo Faremacéutico, por Claudia Preysler
«Al leer el etiquetado, hay que prestar atención a cuatro componentes fundamentales: kilocalorías, grasas, azúcares y sal». Esta es una de las diez recomendaciones que la Universidad de Navarra ofrece en su proyecto Por una comida sana, tú decides, elaborado por expertas de la Facultad de Farmacia y Nutrición. Sin embargo, conocer cuánto sodio o azúcar contienen los alimentos todavía es difícil. El pasado diciembre, el Ministerio de Salud empezó a aplicar la norma comunitaria 1169/2011, por la que se rige el etiquetado, que exige incluir, de manera obligatoria, la información nutricional y sustituir palabras como sodio por sal. Sin embargo, como asegura Ana Bermúdez, docente experta en Higiene Alimentaria del Ayuntamiento de Murcia, «todavía hay productos en los que no figura y aún no se ha aplicado ninguna sanción, pese a que las hay (…). España va un paso por detrás frente a Europa», señala.

Aditivos y porcentajes

La opacidad de las etiquetas es una preocupación persistente, en el que numerosas instituciones relacionadas con la alimentación siguen indiciendo y que genera muchas consultas en farmacia. Como destaca Aquilino García, vocal de Alimentación del Consejo General de COF, «buena parte de los consejos farmacéuticos de salud que se dan cada año en farmacia son de nutrición».

Más allá de la importancia que tiene para la salud conocer estos valores, las deficiencias en las etiquetas nutricionales supone un autenténtico problema para las personas que sufren alguna patología y deben moderar el consumo de algunas sustancias. Así lo han advertido sociedades como la de Nefrología (SEN), que el pasado octubre apeló a las organizaciones de consumidores para que exijan la incorporación del contenido en fósforo.

Alberto Ortiz, jefe del Servicio de Nefrología de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, y miembro de la Junta Directiva de la SEN asegura a CF que «el paciente con una patología renal debería saber el contenido de sodio, potasio y fosfatos» que incluyen los alimentos. A juicio del experto, en especial, los fosfatos son «el gran problema», y parte de la población general no tiene conciencia de que toma más de los necesarios. «Hay estudios que confirman que contribuyen a un envejecimiento acelerado. Para alguien a quien no le funcionan bien los riñones es un problema, porque no tiene cómo eliminarlo», añade.

Ortiz subraya como dificultad añadida que el fosfato está en los aditivos alimentarios, y que, a veces, se camufla en nomenclaturas recogidas en la legislación europea. El especialista avisa de que está contenido encomponentes como el E-338, E-340 o E-341 que, por ejemplo, tienen las bebidas de cola (ver apoyo).

Más exigencias

Andrea Marqués, nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad(Imeo), plantea la necesidad de que la legislación sea más exigente con el etiquetado, para que los pacientes con patologías e intolerancias sean capaces de entenderlo e interpretarlo. «Se podrían incluir especificaciones como las de evitar su consumo si padece de… , o de alto contenido en», propone Marqués, aunque añade que «las leyes de etiquetado son difíciles de cambiar».En este sentido, Pilar León, vocal de Alimentación y Nutrición del COF de Madrid, apunta que «algunas empresas se están planteando poner semáforos con luz roja en aquellos ingredientes que puedan provocar algún problema» (ver gráfico).

Marqués también advierte de la necesidad de estar atento a la publicidad engañosa. Es el caso de ciertos productos etiquetados como «naturales» , que no les exime de llevar aditivos y saborizantes. «Natural no significa casero ni artesano, simplemente que se refiere a que no hay una elaboración masiva», indica.

Especificar las cantidades es otro problema pendiente que señalan Marqués y Ortiz. Este último apunta que algunos productos indican el porcentaje de un ingrediente y nombran los que están contenidos, pero no especifican en qué cantidades, como es el caso de algunas carnes.

Por otra parte, León, recuerda que el etiquetado de los complementos nutricionales y medicamentos también merece un repaso, ya que muchas personas acuden a la farmacia a preguntar por su composición. «El problema reside cuando la intolerancia no es muy acusada; si el farmacéutico no avisa o pregunta a los usuarios, muchos no lo comentan. Aquí reside la importancia del consejo farmacéutico», recalca.

Los beneficios y propiedades de la naranja

CuidatePlus, por Paula Alejo Rodríguez
Llega el mes de noviembre y las naranjas llenan los supermercados y consecuentemente nuestra cocina. Su alta concentración en calcio, fósforo y potasio, así como su elevado contenido en  beta caroteno y vitaminas del grupo B, A y C, la convierten en una opción muy saludable y eficaz contra los resfriados en esta temporada. Además, esta fruta es rica en agua y fibra alimentaria, por lo que tiene una gran eficacia saciante, y no tiene muchas calorías –solo 42 kcal por 100 gr- lo que la convierte en un buen aliado para aquellos que hacen dieta con ánimo de bajar peso.

Estefanía Ramo, nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), afirma que la naranja previene y contribuye a la recuperación de algunas enfermedades. Su contenido en vitaminas B y C duplica la absorción de calcio y de hierro, por lo que su consumición resulta muy beneficiosa cuando se produce un déficit de estos minerales, como en la anemia, añade. Sin embargo, debemos tener cuidado, ya que la naranja no siempre contribuye a la absorción de minerales y algunas veces actúa en detrimento. María Romero, farmacéutica del Centro de Información del Medicamento (CIM) del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Sevilla, alerta sobre la interacción del zumo de naranja con determinados medicamentos como la fexofenadina, la ivermectina o el atenolol disminuye su absorción. En estos casos, la farmacéutica del CIM recomienda “evitar su administración conjunta o separarla al menos 2 horas”.

Más beneficios

Otra de las propiedades importantes de la naranja es la numerosa presencia de flavonoides y fitoquímicos. Estos componentes ayudan a combatir el colesterol, al igual que previenen el envejecimiento y la aparición de cáncer al protegernos contra los radicales libres.  En casos de diabetes, la naranja es también un buen aliado, ya que su elevado contenido en fibra, presente en los hilos blancos de esta fruta, realentiza la absorción del azúcar y ayuda a regular los niveles de glucosa en sangre.

Recientemente, han surgido algunos mitos que quieren atribuir a esta fruta más beneficios de los que posee. Uno de ellos mantiene que debido a su elevada concentración en calcio, 41 mg por 100gr, la consumición de naranja puede sustituir a los lácteos. De la misma forma, otro de estos bulos defiende que previene la caída del pelo. Ramo afirma que ambos mitos son falsos: “El beta caroteno mejora la calidad del pelo, pero no evita su caída. En cuanto a los lácteos, la naranja no puede sustituirlos, tan solo mejorar la absorción de calcio por su contenido en vitamina C”.

Por tanto, la naranja es una fruta con numerosas propiedades y beneficios para el organismo debido en parte a su contenido en vitamina C. Sin embargo, no hay que olvidar que si lo que se busca es esta vitamina, existen frutas y verduras con una concentración mayor como la mandarina, el kiwi, el pomelo, los pimientos, el brócoli, el tomate, etc.

Al llegar la menopausia, menos grasas y más ejercicio

La llegada de la menopausia favorece la subida de peso y de grasa corporal, además de la descalcificación ósea.  Pero este riesgo se puede reducir si se adaptan cambios en la alimentación y se incrementa la actividad física, clave para mantener la masa y el tono muscular. Expertos en nutrición dan algunas pistas para enfrentar mejor esta etapa de la mujer.

La llegada de la menopausia conlleva varios cambios en el organismo de la mujer como la subida de peso y el aumento de grasa corporal. La menopausia también aumenta el riesgo de la descalcificación ósea, el colesterol alto y las enfermedades cardiovasculares. De ahí la necesidad de adoptar una alimentación adecuada e incrementar la actividad física.

En España, en una encuesta reciente, una de cada 6 mujeres tiene menopausia y de ellas, casi la mitad tiene sobrepeso.

A partir de los 45 años, la mujer empieza a perder masa muscular y a acumular grasa alrededor de la cintura. El aumento de esta grasa visceral está relacionada directamente con el incremento del riesgo cardiovascular o con algunos tipos de cáncer como el de mama y de útero.

Pero estos riesgos pueden contrarrestarse gracias a una alimentación adecuada y a la actividad física.

Menos grasas saturadas y más proteína y fibra

A nivel nutricional, para contrarrestar la pérdida de masa y de tono muscular, es importante dar prioridad a las proteínas y a las grasas saludables, como las grasas poli o mono insaturadas (pescados azules, aceite de oliva, semillas…), a los hidratos de carbono integrales, pero también alimentos con fibra como frutas y verduras y alimentos ricos en estrógenos naturales (fitoestrógenos) como las semillas de linaza, espinacas y soja. Estos alimentos pueden ayudar a moderar los sofocos.

Actividad física

A nivel físico, se recomienda hacer cuatro sesiones de ejercicio a la semana, de 45 minutos a una hora, dos sesiones de tipo aeróbico moderado como zumba, spinning, bicicleta o natación y dos sesiones para mejorar el tono muscular, como yoga, pilates, gimnasia o pesas.

También es fundamental fumar menos y tomar menos alcohol. Y tomar mucha agua ya que en la menopausia la necesidad de hidratación se hace más importante.

Entrevistado: Rubén Bravo, experto en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, España.

Día Mundial de la Menopausia: 1 de cada 6 mujeres en España tiene menopausia, y de ellas casi la mitad sobrepeso

Hasta el 70% del gasto calórico en la menopausia se logra con la ayuda de la masa muscular, favorecida por la actividad física, señalan los expertos del IMEO recalcando también la necesidad de realizar cambios en el patrón alimentario

Con el motivo del Día Mundial de la Menopausia que se celebra cada 18 de octubre el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) alerta que es una etapa de potencial riesgo para la mujer debido a que favorece la subida de peso y grasa corporal, la descalcificación ósea, el colesterol alto y enfermedades cardiovasculares. Un riesgo que se puede reducir, según los expertos, con cambios específicos en la alimentación y, sobretodo, con actividad física, que es la clave para mantener la masa muscular y la grasa en niveles adecuados.

Actualmente en España hay más de 23,5 millones de mujeres y  3,5 millones de ellas tienen entre 45 y 54 años, edad en la que la gran mayoría ya ha alcanzado la menopausia. La última Encuesta de Salud Europea[1] revela que precisamente en esta franja de edad un 38,1% de las españolas muestra unos hábitos de vida sedentarios y un 58,8 por ciento reconoce que no dedica ni un día a la semana de su tiempo de ocio para la práctica de ejercicio físico regular. Los datos, en este sentido, son concluyentes: casi el 45% de las mujeres en edad de menopausia en España tiene problemas de sobrepeso u obesidad (28,84%, sobrepeso y un 15,94%, obesidad) debido a unos hábitos de vida sedentarios.

A partir de los 45 años la mujer empieza a perder fibra y tono muscular, que es una beta de oro imprescindible para mantenerla o mejorarla en cualquier edad; es la responsable del 70% de nuestro gasto calórico diario. Con la llegada de la menopausia, el cuerpo femenino entra en cierto declive y produce menos cantidad de estrógeno y progesterona. El déficit de estas hormonas incide de forma directa en la tendencia a perder masa muscular y acumular grasa alrededor de la cintura. La grasa visceral acumulada en esta zona está relacionada directamente con el incremento del riesgo cardiovascular o algunos tipos de cáncer, como el de mama y útero, al igual que la incidencia de diabetes tipo II, hígado graso, colesterol alto o hipertensión. Es por ello tan importante adaptar nuestra alimentación a la  necesidad de mantener esta masa muscular, dando prioridad a las proteínas y grasas saludables y a los hidratos de carbono en sus versiones integrales, desechando los alimentos perjudiciales para la salud, recalca Rubén Bravo, portavoz del IMEO y apunta que el 38% de las mujeres que acuden al centro en busca de ayuda profesional apuntan a un perfil condicionado por la transición menopáusica. La dificultad de lidiar con una desventaja añadida a la hora de perder peso ha impulsado al departamento de Nutrición del Instituto a plantearse la necesidad de elaborar una guía visual para que sirva de apoyo a la mujer en esta compleja etapa y  que recoja las recomendaciones generales a modo de semáforo nutricional y de actividad física.

Además de contribuir al gasto calórico, la práctica deportiva repercute positivamente sobre el estado de ánimo, mejora el funcionamiento mental y propicia tanto el sueño profundo, como la reparación celular. Con el fin de combatir los hábitos de vida sedentarios, los expertos recomiendan seguir una rutina semanal de 4 días de actividad física, compuesta por 2 sesiones de 45 minutos de ejercicio aeróbico moderado como zumba, spinning, bicicleta, natación o aquagym, alternadas con 2 sesiones de 45 minutos de gimnasia orientada a fortalecimiento muscular y flexibilidad, tipo pesas, abdominales, yoga o Pilates. Además, en la menopausia la necesidad de hidratación se hace más importante, no sólo por el tema del envejecimiento cutáneo, sino porque ayuda a aliviar algunos de los síntomas, como sofocos, sudoración y mareos. En este sentido, se aconseja beber agua antes, durante y después del ejercicio, en pequeños sorbos y nunca a temperaturas extremas para evitar pérdidas de electrolitos y minerales.

Más dificultad para quemar grasas en la menopausia y un patrón alimentario no muy saludable

La menopausia se produce por un descenso de los estrógenos en la mujer que da lugar a una serie de cambios a nivel físico y emocional y a menudo se asocia con mayor debilidad muscular, ósea y pérdida de memoria, así como con la aparición de sofocos y malestar anímico. «Nos encontramos con una menor eficacia del cuerpo a la hora de quemar grasas y a que tienda a acumularlas más en la zona abdominal que en las piernas», explica Carmen Escalada, nutricionista clínica del IMEO. Esto último hace que aumente nuestra producción de colesterol total y LDL (malo) mientras que se reduce la de HDL (bueno).

«Otro cambio que detectamos en consulta, a nivel de conducta, es que a partir de cierta edad se observa una clara modificación de las preferencias dietéticas. Se tiende a comer más grasas y se reducir la frecuencia de las comidas, a la vez que se limita el consumo de productos saciantes, como las proteínas o la fibra», añade Escalada.

Objetivos principales a la hora de adaptar el patrón alimentario a la menopausia

Una correcta alimentación en la menopausia nos permitiría mantener un peso adecuado, disminuir el riesgo de enfermedad cardiovascular y osteoporosis, reducir los sofocos, mejorar el estado físico y emocional.

Con el fin de evitar enfermedades cardiovasculares, se aconseja reducir el consumo de grasas saturadas y trans, aumentando a la vez la ingesta de grasas insaturadas. Conviene priorizar el consumo de vegetales ricos en fibra soluble que nos ayudarán a reducir el colesterol, así como limitar o sustituir el consumo de sal por otras especias.

El correcto consumo de calcio, magnesio, vitamina D y K a diario nos ayudará a disminuir el riesgo de osteoporosis.

Los sofocos, a su vez, se pueden aliviar en buena medida, evitando el alcohol y picante, por un lado, y aumentando el consumo de alimentos vegetales ricos en fitoestrógenos, por otro.

La práctica regular de ejercicio físico en esta etapa no es un tema secundario, sino cardinal y se debe acompañar por un correcto aporte de proteínas magras que ayudarán a mantener la tan necesaria masa muscular.

Pautas nutricionales para la mujer a partir de los 45 años de edad

  • Es fundamental ajustar los alimentos al ciclo circadiano y a nuestro biorritmo, concentrando la mayor parte de la ingesta por la mañana y reduciéndola por la tarde y la noche.
  • Se recomienda beber entre 1,5-2L de agua al día para asegurarnos una correcta hidratación y limitar la ingesta de bebidas gaseosas, azucaradas y edulcoradas debido a que favorecen la subida de peso y grasa corporal, la descalcificación ósea y aumentan el riesgo de padecer enfermedades como la hipertensión arterial o la diabetes.
  • Evitar el consumo de productos ricos en grasas saturadas y trans. Han de representar menos del diez y del uno por ciento, respectivamente, de la energía total de la dieta. Están presentes en carnes procesadas (embutidos, salchichas), dulces, bollería industrial, lácteos enteros, nata o mantequilla. Todos ellos favorecen la subida de peso y de los niveles de colesterol LDL por lo que su consumo no deberá pasar de lo meramente anecdótico.
  • Priorizar el consumo de grasas saludables (insaturadas) procedentes de aceite de oliva virgen extra, frutos secos naturales o tostados, semillas o pescados azules (2-4 días a la semana). Tener niveles adecuados de ellos nos ayuda a prevenir enfermedades degenerativas.
  • Moderar el consumo de sal o alimentos ricos en sodio. Conviene tomar menos de 5 gramos de sal al día, ya que aumenta el riesgo de padecer hipertensión arterial o descalcificación ósea.
  • Asegurar un aporte adecuado de fibra. Es importante que durante la menopausia se tomen 25-30 gramos al día de fibra dietética, obtenida de frutas, verduras, legumbres y granos enteros.
  • Tomar 1500 mg de Calcio al día. Por esta razón se debe priorizar el consumo de lácteos semidesnatados y enriquecidos en calcio y vitamina D, sardinas con espina, boquerones, mejillones, calamares, perejil, espinacas, acelgas, soja y garbanzos.
  • Mantener niveles óptimos de Vitamina D, fundamental para la absorción del calcio para prevenir la osteoporosis. Se activa mediante la luz solar y puede almacenarse en el cuerpo para uso posterior, de modo que con una exposición sin protección solar de 15 minutos en brazos y cara, tendrá efecto. También se puede obtener de los  lácteos semigrasos y los pescados azules.
  • Reducir o evitar el consumo de alcohol y tabaco. En ambos casos se asocia con la descalcificación ósea, la subida de peso y la aparición de enfermedades degenerativas.
  • Aumentar el consumo de vegetales ricos en fitoestrógenos como espinacas, soja o semillas de lino, ya que por su similitud con los estrógenos ayudan a moderar los sofocos.

Semáforo nutricional enfocado en la menopausia

Utiliza los colores rojo-amarillo-verde a modo de semáforo para señalizar, respectivamente, el consumo restringido u ocasional, el consumo moderado y el consumo recomendado o diario.

Consumo restringido

Pastelería, bollería, galletas y cereales azucarados; lácteos enteros, leche condensada y postres con leche del tipo mousse, natilla o flan; frutas en almíbar, zumo o compotas azucaradas; derivados de cereales refinados en forma de harina, pan o pasta; snacks salados como patatas fritas o galletas saladas; siropes y salsas, como mayonesa, alioli o ketchup; productos ultraprocesados; embutidos y charcutería como morcilla, chorizo o panceta; casquería; tocino, manteca de cerdo; bebidas alcohólicas, refrescos azucarados.

Consumo moderado

Café y té; fiambres tipo jamón york, pavo o jamón serrano siempre retirando la grasa visible; frutas de Índice Glucémico alto y medio, como sandía, melón, plátano o uvas; mermeladas, confituras, jaleas y miel; carnes grasas  tipo costillas de cerdo y cordero; pescados en conserva, ahumados, escabeche, salmuera o aceite si no es oliva virgen extra; mariscos; patata; frutos secos salados, fritos o garrapiñados; refrescos no azucarados; especias picantes, como pimienta o curry; sal. 

Consumo libre y/o habitual

Agua e infusiones; lácteos semidesnatados en forma de leche, yogur, queso o requesón; frutas de Índice Glucémico bajo, como granada, ciruela, manzana, naranja o melocotón; derivados de cereales integrales, como pan, pasta o arroz; todas las verduras; legumbres 2 días a la semana; carnes magras poco procesadas, como pollo, pavo, ternera, conejo, buey o cerdo; huevos 3-4 a la semana; pescados frescos o congelados; frutos secos naturales o tostados; chocolate con un 70% de cacao mínimo; especias y hierbas aromáticas.
[1] Encuesta Europea de Salud sobre sedentarismo y ejercicio físico a la semana se emite de periodicidad quinquenal, siendo la última realizada en el año 2014, en 37.500 viviendas en España.