Tras la Navidad, ¡Chicos, barriga fuera!

EFE Reportajes, por Pablo Gutman

showimage¿Por qué la obesidad masculina se sigue viendo como «un mal menor» y se presenta con eufemismos exculpatorios, como «barriguita cervecera» o «la curva de la felicidad», que le ayudan a gozar de un mayor grado de aceptación social?.

¿Por qué la obesidad del varón se acepta como algo normal y se justifica porque “es sabido” que ellos beben más alcohol, frecuentan restaurantes por motivos de trabajo, comen durante las reuniones, hacen vida social en bares y apenas hacen dieta?.

Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) y experto en nutrición y gastronomía, no ofrece una respuesta para estos interrogantes, pero tiene claro que «quitar importancia a un problema de salud, no hace que se resuelva por sí solo».

“El número de hombres que visita nuestras consultas en busca de solución a su estado de obesidad es significativamente menor (21 por ciento) que el de mujeres (79 por ciento)”, explica el experto de este instituto (www.imeoobesidad.com) . “Pero entre 1975 y 2014 el número de hombres obesos se ha triplicado, y la cantidad de mujeres obesas solo se ha duplicado”, señala Bravo en referencia a un estudio publicado en 2016, coordinado por el Imperial College de Londres y que involucró a 20 millones de hombres y mujeres adultos de 186 países.

«Al analizar los datos estadísticos podemos corroborar que la obesidad masculina aumenta a un ritmo superior a la femenina en todo el mundo de manera general y que cada vez son más los hombres con altos niveles de grasa corporal y, por tanto, en riesgo de padecer todas las enfermedades que esto conlleva», confirma a Efe Carmen Escalada, nutricionista clínica del IMEO.

Ellos engordan diferente que ellas

La naturaleza del sobrepeso se muestra de forma diferente entre ambos sexos, según los especialistas. En los hombres empieza a desarrollarse a partir de los 35 años, acompañado por un cambio hormonal conocido como “hipogonadismo” relacionado con la disminución de testosterona, mientras que en mujeres el golpe importante suele darse a partir de la menopausia, entre los 48 y los 52 años, según el instituto IMEO.

“El aumento de peso en hombres se caracteriza principalmente por la acumulación de tejido graso a nivel abdominal, lo que se denomina obesidad de tipo androide”, explica a Efe, Estefanía Ramo, nutricionista de ese instituto. Esta grasa acumulada en “la barriguita” de los hombres, es la grasa visceral (aquella que envuelve los órganos vitales), es la más peligrosa para la salud y la que va a dar lugar al Síndrome Metabólico (SM), asociado a una mayor prevalencia de patologías crónicas.

Algunas de las patologías asociadas al SM y que limitan las expectativas y calidad de vida de la persona son: la hipertensión arterial, la diabetes mellitus tipo 2 e insulino-resistencia, el hígado graso, la cardiopatía coronaria, el cáncer, y las enfermedades respiratorias u osteo-articulares, según los expertos de IMEO.

Cinco reglas de oro para mantener la línea

Ramo traslada a Efe cinco claves nutricionales encaminadas a controlar la obesidad y prevenir el SM en los hombres, cuyo patrón alimentario, según indica, tiende a incluir carnes, arroz, pasta, pan o alcohol, así como ‘comida rápida’, snacks, platos listos para calentar y productos animales reconstruidos.

1.- Aumente los alimentos de origen vegetal y la fibra soluble (frutas, verduras, legumbres, avena…) que ayudan a disminuir el colesterol.

2.- Asegure el aporte de calcio, vitamina D, vitamina K y magnesio, para mejorar la salud ósea, aumentando el consumo de lácteos no enteros, pescados azules, verduras de hojas verdes o alimentos enriquecidos.

3.- Recuerde los alimentos proteicos, dando prioridad a la proteína vegetal (legumbres, cereales, frutos secos) y a las carnes que sean magras, sin grasa.

4.- Reduzca o modere el consumo de alimentos grasos, sobre todo de grasas saturadas (que inciden en el riesgo cardiovascular) y aumente el consumo de grasas poliinsaturadas, como los omega 3, que ayudan a prevenir las dolencias cardiovasculares y que se encuentran presentes en pescados azules, aceites vegetales, nueces y semillas.

5.- Haga ejercicio físico. Esto es muy importante porque reduce la pérdida de músculo, aumenta el gasto calórico y fortalece los huesos, a la vez que mejora la salud cardiovascular, la presión arterial, resistencia aeróbica, autoestima y niveles de estrés, entre otros. Opciones saludables para casos concretos Consultadas por Efe sobre algunas situaciones concretas y cotidianas en las que los hombres pueden tomar medidas para prevenir el sobrepeso, las nutricionistas Escalada y Ramo, sugieren:.

6.- En lugar de consumir productos ultraprocesados como pizzas, ‘nuggets’, salchichas o bollería industrial, es preferible comprar la mayor variedad posible de productos frescos, para reducir el consumo de grasas poco saludables, azúcares y sal, acudiendo a los mercados tradicionales.

7.- En lugar de beber refrescos, azucarados o edulcorados, o zumos cuando tenga sed, es preferible optar por agua o infusiones que, además de hidratarnos, también hacen que reduzcamos considerablemente nuestro consumo de azúcar.

8.- En lugar de disfrutar de los deportes solo a través del televisor o las gradas de un estadio, es preferible practicarlos, teniendo en cuenta que su variedad es inmensa: interiores o al aire libre, individuales o en equipo, de más o menos intensidad o impacto.

9.- En lugar de movernos siempre en coche porque es más cómodo y rápido, conviene desplazarse a pie o en bicicleta en las distancias más cortas, lo cual nos ayuda a mantener la línea y a apreciar la diferencia entre una vida activa y una sedentaria.

10.- En lugar de saltarnos comidas y pasar muchas horas sin comer, conviene aumentar el número de tomas, reduciendo el volumen de las colaciones, para que al comer no tengamos tanta sensación de hambre ni estemos ansiosos, ingiramos menos cantidad y elijamos opciones más beneficiosas.

11.- En lugar de tomar patatas fritas o galletas saladas, prepárese aperitivos saludables como unos ‘crudités’ (hortalizas crudas cortadas en forma de bastón) de verduras, con salsa de yogur y especias.

Cinco claves nutricionales para evitar la obesidad masculina

Noticias de Mallorca / Infosalus
fotonoticia_20161204073134_640El 52,7 por ciento de la población española de más de 18 años está por encima de su peso y más años presenta sobrepeso u obesidad, un problema que se da en mayor medida en hombres (60,7%) que entre las mujeres (44,7%) aunque no tenga la misma repercusión según un sexo u otro.

De hecho, desde el Instituto Médico para el Estudio de la Obesidad (IMEO) reconocen que, mientras que la obesidad femenina está despiadadamente juzgada y temida –e incluso en las redes sociales hasta circula el término «gordofobia» con este fin–, la obesidad masculina se sigue viéndose como «un mal menor» encriptado en términos exculpatorios, como ‘barriguita cervecera’ o ‘la curva de la felicidad’, que le ayudan a gozar de un mayor grado de aceptación social.

Eufemismos que se encargan de presentar la obesidad del varón dentro de un contexto social de lo más normal, porque los hombres beben más (alcohol), frecuentan restaurantes por motivos de trabajo, comen durante las reuniones, hacen vida social en bares y, al mismo tiempo, apenas se someten a dieta.

El problema, según el experto en nutrición y portavoz del IMEO, Rubén Bravo, es que «quitando importancia a un problema de salud no hace que se resuelva por sí solo», al tiempor que reconoce que los hombres que visitan sus consultas en busca de solución a su estado de obesidad es significativamente menor (21%) que el de mujeres (79%).

Aunque lo ideal es contar con un nutricionista que supervise nuestra alimentación, los expertos en nutrición de IMEO nos ofrecen cinco claves para seguir un patrón nutricional que haga posible evitar la obesidad masculina:

Aumentar los alimentos de origen vegetal y la fibra soluble (frutas, verduras, legumbres, avena) que ayudan a disminuir el colesterol.

Asegurar el aporte de calcio, vitamina D, vitamina K y magnesio, con el fin de mejorar la salud ósea. Aumentar el consumo de lácteos no enteros, pescados azules, verduras de hojas verdes o alimentos enriquecidos.

No olvidar los alimentos proteicos. Mejor la proteína vegetal (legumbres, los cereales, frutos secos). Las carnes que sean magras, sin grasa.

Reducir o moderar el consumo de alimentos grasos, sobre todo las grasas saturadas (por su incidencia en el riesgo cardiovascular) y aumentar el consumo de grasas poliinsaturadas, como los omega 3, que juegan un papel importante en la prevención de enfermedades cardiovasculares. Los encontramos en principalmente en pescados azules, aceites vegetales, nueces, semillas, etc.

Recordar que el ejercicio físico reduce la pérdida de músculo, aumenta el gasto calórico y fortalece los huesos, a la vez que mejora la salud cardiovascular. Su práctica regular ayuda a evitar enfermedades y potencia el bienestar emocional.

Recetas light de Halloween

Aunque no es parte de la tradición criolla, el Día de los Muertos Vivientes se ha adoptado como excusa para disfrazarse y disfrutar de comidas que se salen de la rutina

EFE, El Tiempo.com.ve

Ideas para un Halloween más saludable

Disfrutar de los disfraces y las comidas que se preparan para celebrar la víspera del Día de Todos los Santos, o la fiesta de Halloween, es una que se ha adoptado de otras tradiciones y ha ganado terreno en la cultura criolla.

Películas de miedo, creativos disfraces y fiestas se organizan para disfrutar con licores y chucherías de la noche del 31 de octubre. Pero las comidas muy calóricas y la ingesta excesiva de alcohol traen consecuencias negativas, especialmente para aquellas personas que ya tienen un antecedente de diabetes, hipertensión, colesterol alto u obesidad, explica Rubén Bravo, experto universitario en nutrición y gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (Imeo), España.

Según este especialista, ese consumo excesivo de comidas y bebidas calóricas y poco nutritivas puede acabar en problemas digestivos, como náuseas, vómitos, inflamación abdominal, gases, estreñimiento o diarrea, acidez y pesadez estomacal.

En su opinión, el principal problema no radica tanto en la comida en sí, sino más bien en el enorme consumo de dulces, y su combinación con el alcohol”.

Bravo considera que es posible preparar platillos atractivos y saludables para tentar, especialmente, a los niños y mantener el tema de esta fiesta. Da algunas recomendaciones:

-“Debemos concentrar los excesos sólo en esas horas de la noche de Halloween y no consumir los dulces sobrantes el resto de la semana”.

-“Sustituya bebidas azucaradas y/o con cafeína, por divertidos batidos naturales de frutos rojos con jugo de naranja en forma de ‘bebida de Drácula’”.

-Al día siguiente debe realizar una dieta muy saludable y ligera, a base de alimentos frescos y poco grasientos como verduras y pescados. “Evite cocinar muy condimentado o guisado para limpiar el organismo de los excesos de la fiesta”.

Recetas “de miedo”

Para sustituir los dulces, Bravo aconseja “combinar la repostería saludable y las frutas”. Hace para ello algunas propuestas.

-Escoba de bruja.
Enrolle una lonja de queso y corte verticalmente desde abajo hasta formar hebras. Inserte en el extremo superior un palito de pan o “señorita”.

-Cambures fantasmales
Corte los cambures a la mitad, sumérjalos en jugo de naranja y rocíelos con coco rallado, colocando pasas o gotas de chocolate a modo de ojos, e inserte un palillo de madera en la parte de abajo para facilitar la degustación.

-Calabazas de arroz
“Estas originales bolitas se hacen con arroz cocinado en jugo de zanahoria para que adquieran un tinte anaranjado. Para ‘dibujarles’ los ojos y la boca se utilizan aceitunas negras cortadas con estas formas, mientras que para el tallo de la calabaza se utilizan aceitunas verdes”, explica.

-Batatas “de terror”
“Corte unas rodajas finas de batata (la anaranjada) para que se cocinen más rápido (unos 10 minutos). Una vez listas, talle con un cuchillo los rasgos tradicionales de las calabazas de miedo y, posteriormente, cocínela al horno para conseguir ese efecto crujiente que tanto gusta a los niños”, señala Rubén Bravo.

Cuidado
“Durante Halloween se consume gran cantidad de alimentos con abundantes grasas, azúcares, harinas refinadas, así como alcohol”, señalan desde el Imeo. “Si posteriormente se vuelve a los hábitos saludables, tanto en la actividad física como alimentaria, sobre todo las personas que habitualmente están en un peso normal, poco a poco en 1 o 2 semanas el cuerpo volverá a regularizarse”, tranquiliza el nutricionista Bravo.

Comidas sanas para la ‘oficina’

306_lznn_fotonoticia_20161016081452_640Sin embargo, no todas las personas preparan sus ‘tupper’ de forma correcta, ya que, tal y como ha comentado el portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo, algunas cometen el error de pensar en ellos como un plato único, más contundente y calórico, otros los llenan con las sobras de la cena y otros sólo comen pasta o legumbres.

Cada vez más españoles comen ‘tupper’ durante su jornada laboral, una costumbre ya arraigada en otros países europeos y que permite desarrollar hábitos alimentarios saludables, ahorrar de forma considerable y economizar el tiempo que se pasa en el trabajo. Sin embargo, no todas las personas preparan sus ‘tupper’ de forma correcta, ya que, tal y como ha comentado el portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo, algunas cometen el error de pensar en ellos como un plato único, más contundente y calórico, otros los llenan con las sobras de la cena y otros sólo comen pasta o legumbres. Con fin de ayudar a la población a preparar menús equilibrados, variados y saludables para toda la semana, los expertos de IMEO han elaborado un menú para cada día.

«En primer lugar, damos opciones para aquellas personas que simplemente quieren comer saludablemente. Como un segundo paso, ofrecemos una alternativa en la que, a través de una pequeña modificación, se adapta el plato para aquellas personas que quieran bajar de peso comiendo sano y, a continuación, desarrollamos una plantilla para que sirva como base para la elaboración del menú», ha explicado la nutricionista clínica Carmen Escalada.

  1. Lunes: la opción saludable consiste en pasta integral, marisco y verdura; y la opción hipocalórica en verduras y marisco.
  2. Martes: la comida saludable se basa en verduras, ternera y pan (por ejemplo, una hamburguesa de ternera con espinacas, lechuga, tomate, cebolla, mostaza y mollete de pan de barra); y la hipocalórica en verduras y ternera (igual pero sin el pan de la hamburguesa).
  3. Miércoles: la opción más saludable consiste en preparar el ‘tupper’ con verduras, legumbres y pavo (lentejas con verduras y pechuga de pavo); mientras que en la hipocalórica se eliminan las legumbres (filetitos de pavo rellenos de verdura en juliana).
  4. Jueves: los expertos del IMEO aconsejan tomar verdura, pescado y boniato (como por ejemplo pimientos rellenos de bacalao y pasas con salsa de tomate natural triturado y cama de boniatos asados) para la opción saludable; y verduras y pescado para la hipocalórica.
  5. Viernes: la opción sana consiste en comer verdura, pollo y arroz integral (por ejemplo arroz integral tres delicias con jamón de york en taquitos, tomate, queso fresco y tortilla francesa); y la opción hipocalórica se basa en verduras y pollo (salteado de taquitos de pollo con verduras, setas y salsa de soja).

Ahora bien, para las jornadas intensivas, la nutricionista del IMEO ha aconsejado llevarse al trabajo un tentempié saludable y bajo en calorías como, por ejemplo, una pieza de frutas, zumo de frutas sin azúcares añadidos, yogur líquido, cuatro unidades de nueces o almendras, una barrita de cereales sin azúcares añadidos, una tortita de cereales, dos lonchas de pechuga de pavo, café descafeinado o una onza de chocolate negro.

EVITA LA CAÍDA DEL CABELLO EN OTOÑO

Asimismo, con la llegada del otoño aparece la «temida» caída de cabello, por lo que la nutricionista sénior de IMEO Andrea Marqués ha recomendado tomar suplementos naturales con una buena base de vitaminas y minerales que, además de reforzar el nacimiento capilar y reducir la caída estacional, ayudarán a recargar energía de cara al invierno.

Algunos de los suplementos para reforzar las defensas son, por ejemplo, el propóleo (en forma de cápsulas, jarabe o gotas), una sustancia que una serie de flavonoides que le otorgan una acción antibiótica natural y que se puede utilizar tanto para prevenir como para tratar infecciones respiratorias, anginas, infecciones urinarias e incluso alergias ya que refuerza el sistema inmunitario.

Los suplementos multivitamínicos para la caída del cabello se suelen encontrar en farmacias, parafarmacias, herbolarios o supermercados. Sin embargo, es importante fijarse en la composición del mismo para saber si es lo que se necesita:

  1. Vitaminas del grupo B: esenciales en la composición del cabello. Nuestro suplemento deberá contener siempre biotina o vitamina B7, ya que ayuda al crecimiento y restauración del folículo capilar. También es importante la niacina, o vitamina B3, que aumenta la circulación sanguínea en el cuero cabelludo y por tanto, también colabora en el crecimiento capilar.
  2. Vitamina E: previene la caída del cabello ya que también favorece la circulación y la formación de vasos sanguíneos. Se puede consumir por vía oral o aplicarla directamente en el cuero cabelludo a través de aceites vegetales. Además también es un buen hidratador del cabello seco.
  3. Vitamina D: promueve el crecimiento del folículo piloso, nuestro cuerpo la sintetiza gracias a la exposición solar, y también la consumimos a través de ciertos alimentos como los aceites de pescado, la yema de huevo o los frutos secos. Suele estar en déficit por lo que puede suplementarse, pero siempre bajo consejo profesional.
  4. Minerales como hierro, magnesio y zinc: todos necesarios para promover el crecimiento y sobre todo para evitar la caída del cabello. Suelen ir combinados con las vitaminas mencionadas anteriormente. EP

    Fuente: medio ambiente

Bufé libre… de excesos

Para evitar que la abundante y variada oferta de comida y bebida del “todo incluido” que ofrecen numerosos restaurantes y hoteles se transforme en digestiones pesadas y kilos de más, los nutricionistas ofrecen pautas para prevenir y compensar los excesos del bufé libre

EFE reportajes, por Ricardo Segura

bufé libreEl ‘bufé’, término derivado del idioma francés que designa una “comida en la que todos los alimentos están dispuestos a la vez en una o varias mesas para que los comensales, de pie, elijan lo que prefieran”, puede tener un impacto muy diferente en quienes los consumen cuando se le añade la palabra “libre”.

Es que los también llamados restaurantes o servicios de tenedor libre o ‘self service’ (autoservicio), que permiten comer y beber todo o casi todo lo que uno desee, pagando un precio fijo, pueden ser buenos para el bolsillo, pero peligrosos para la silueta.

No todo lo que reluce es oro y la abundancia no siempre conviene cuando se trata de comer por placer y no por deber, recalcan los expertos en nutrición, recordando que hay que evitar que la suculenta y variada oferta de comida de los bufés libres y los menús “todo incluido” nos conduzca al libertinaje gastronómico.

Esta modalidad gastronómica es aceptable si se practica con acierto y moderación, de acuerdo a los expertos en nutrición.

“No es malo buscar la mejor opción en la relación calidad-precio en la comida, pero aprovecharlo para cometer continuos excesos durante un lapso prolongado como las vacaciones, puede sumar de 0,5 a 1,5 kilos de más al cuerpo por cada semana”, explica Rubén Bravo, experto en nutrición y gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

El riesgo de la glotonería

En la imagen un bufé libre o self-service del desayuno en un hotel. Foto IMEO
En la imagen un bufé libre o self-service del desayuno en un hotel. Foto IMEO

“Hace años el sistema de restauración de estilo bufé, se centraba en cruceros y restaurantes de hotel, pues está diseñado para dar de comer a un gran número de personas en un horario más o menos amplio”, explica el portavoz del IMEO (www.imeoobesidad.com) .

Bravo indica que este modo de comidas era muy común esencialmente en las épocas estivales y vacacionales.

Explica que en los últimos años al bufé tradicional se han incorporado variantes importadas de las influencias brasileñas, chinas y americanas, donde se paga una cantidad fija por comer todo lo que uno quiera.

“A estos restaurantes se suele acudir en cualquier época del año y sin un motivo concreto, salvo ‘salir a comer fuera de casa’”, explica Bravo.

Consultado sobre las características nutricionales que suelen tener las comidas de estos establecimientos, Bravo responde que “en los bufés de hoteles o cruceros la variedad y la calidad suele ser más alta que en las opciones ´come todo lo que quieras´, principalmente por la sostenibilidad del propio negocio”.

“En general y centrándonos en las opciones más cotidianas, para que un bufé libre sea rentable debe acudir a alimentos de calidad nutricional media, que sacien el apetito de forma temprana y no muy alto coste”, señala este experto en nutrición.

Por eso, “lo habitual es encontrar en ellos arroz, patatas, opciones harinosas como la pasta, la empanada o similares, carnes o derivados cárnicos como salchichas, pollo en salsa, charcutería, quesos, huevos, postres dulces y repostería en general”, apunta.

“Las características nutricionales de estos alimentos no se encuadran dentro de las más saludables si tenemos en cuenta el factor cantidad de micronutrientes (vitaminas, minerales…) por cada caloría aportada. Realmente es necesario un esfuerzo por parte del consumidor para realizar una comida equilibrada en la mayoría de las opciones de bufé.

La ventaja de esta modalidad para el consumidor es gastronómica y económica, pues “puede degustar muchos platos diferentes y variados, normalmente sabrosos y apetecibles, pero su riesgo es la glotonería: comer un exceso de comida que aporte cantidades de calorías muy superiores a las que necesita”, advierte el experto del IMEO.

Los más aficionados al tenedor libre

“Esto es un inconveniente pasajero si se acude a los bufé de forma esporádica o allí se elige una mayoría de opciones saludables, pero se transforma en problema cuando se incurre en la adicción y se efectúa con mucha frecuencia, incluyendo este modo de alimentarse dentro de los hábitos cotidianos”, recalca.

“Afortunadamente, por el momento no demasiadas personas incluyen los bufés en sus hábitos diarios, sino que recurren a esta modalidad como mucho una vez por semana como una forma de ocio en el fin de semana, aunque tenemos conocimiento de varios perfiles asiduos a estos restaurantes”, señala.

“Entre los más aficionados al bufé libre figuran los físico-culturistas, que necesitan ingerir mucha cantidad, tanto de carbohidratos como de proteínas, y estos restaurantes ofrecen ambas opciones a un precio muy razonable y en cantidades ilimitadas”, explica Bravo.

“También suelen acudir a estos restaurantes algunas personas con bulimia, que periódicamente se dan atracones de comida y después intentan compensarlos tomando laxantes, haciendo ejercicio o vomitando, lo cual en este caso puede potenciar este grave y peligroso trastorno de la alimentación”, según Bravo.

También pueden ser asiduos a los bufés libres algunas personas con obesidad de clase humilde, según este experto.

“Muchas personas obesas padecen adicción hacia ciertos alimentos, todos ellos abundantes en los bufés, y este perfil de personas puede disfrutar comiendo infinidad de platos, en la cantidad que quieran y a un precio muy asequible”, informa.

Claves para no caer en la tentación

Rubén Bravo proporciona unos sencillos consejos prácticos para disfrutar del bufé libre todo el año sin caer en los excesos ni engordar.

  1. Procure restringir la visita a una vez por semana.
  2. Incluya una ensalada como primer plato.
  3. Controle las cantidades, evitando “comer por los ojos”.
  4. Coma despacio y deguste los platos.
  5. Procure acudir en la hora del almuerzo evitando la visita en la cena.
  6. Compense la comida del medio día con una cena ligera y saludable rica en verduras.

Por su parte, para ayudarnos a no bajar la guardia ante las tentaciones del bufé libre, Andrea Marqués, nutricionista dietista del IMEO, aconseja:

  1. Elija los platos menos calóricos, dando preferencia a las ensaladas y sopas frías.
  2.  Opte por la fruta de postre.
  3. Tome agua con la comida, en lugar de bebidas alcohólicas o refrescos.

Las ‘drogas’ de la cesta de la compra

Grasas, azúcares y sales son los ingredientes más usados por la industria para engancharnos a comidas y bebidas que deberíamos evitar

Las Provincias

pasteles-muffins-kmNB-U20785360748DaH-490x490@Las ProvinciasMás alcohol, más refrescos, más tapas… En verano no solo comemos peor, sino que además tomamos menos cantidad de alimento, lo que provoca que podamos llegar a estar mal nutridos, porque aunque ingiramos muchas calorías nos faltarán los nutrientes mínimos de una comida sana y rica, sobre todo, en verduras, frutas y legumbres. «De hecho podemos perder masa muscular y sin embargo coger unos kilos, porque cambiamos músculo por grasa», matiza Rubén Bravo, naturópata experto en nutrición portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

También se abusa muchas veces en las vacaciones de la comida rápida, más aún si se sale fuera de España o se acude a eventos tipo festivales donde la comida se vende en foods trucks, donde por lo general, aunque no siempre, los bocados están cargados de grasas no saludables, proteínas demasiado cocinadas, con exceso de harinas refinadas y rebozados… «Una bomba calórica con poca carga alimentaria positiva», agrega Bravo.

Esta ‘nueva’ alimentación veraniega a base de alimentos ricos en grasas y azúcares provoca más somnolencia, falta de vitalidad y fortaleza y, por lo tanto, una mayor sensación de fatiga. Por no hablar de que las camisas que antes se pegasen a los brazos o pectorales se ajustarán ahora en la zona del abdomen.

Los hay que se fían de las ensaladas, pero ojo. El hecho de que se llamen así no quiere decir que todas valgan. Si bien la base es muy saludable (lechugas, tomates, espinacas, canónigos, cebolla…) hay que tener cuidado con esos ‘extras’ tan atractivos como los trozos de pollo empanados, el pan tostado, los taquitos de bacon fritos o las salsas que sustituyen al aceite de oliva virgen que hacen que las 100 calorías de este plato se transformen en 800.

Y todo esto con el peligro oculto de la adicción, ya que esta clase de comida ‘rápida’ suele exceder los niveles de grasa y azúcares, que como bien explota la industria alimentaria son ingredientes que ‘enganchan’, como denuncia el periodista de investigación y ganador del Pulitzer Michael Moss en ‘Adictos a la comida basura’ -algo que en su día y en cierto modo ya mostró el documental ‘Super Size Me’-. «Mucha gente habrá comprobado que al tomarse un bombón, por ejemplo, le apetece comerse otro a los pocos minutos», apunta Bravo y agrega: «El problema es que esta ‘adicción’ es mayor en pacientes con tendencia a la obesidad».

Como vemos en el listado de los alimentos más adictivos, elaborado por científicos de la Universidad de Michigan y el Centro de Investigación de la Obesidad de Nueva York que fue publicado el año pasado en la revista científica ‘PloS One’, la gran mayoría de ellos lleva azúcar, ya sea presente u oculta, y/o contiene grasas saturadas.

En el caso de las grasas, un estudio publicado en 2011 que fue llevado a cabo por la Universidad de California, en Irvine, mantenía que el aparato digestivo de las ratas de laboratorio usadas para su investigación al entrar en contacto con la grasa generaba unas sustancias químicas conocidas como endocannabinoides. Estas conducen a un aumento en las señales celulares que provocan el ansia por seguir consumiendo alimentos grasos. De hecho, este sistema endocannabinoide se convirtió en una diana para reducir el riesgo cardiometabólico y la obesidad.

Pero no son estos los únicos poderes de la grasa. En la industria de los alimentos procesados, y como explica Moss en su libro, «este ingrediente convierte patatas sosas en maravillas crujientes, panes resecos en barras tiernas y aporta una textura más firme y más volumen a las galletas». También es capaz de enmascarar y transmitir otros sabores de los alimentos. «La grasa puede cubrir la lengua para impedir que las papilas gustativas obtengan dosis demasiado intensas de los acidulantes y a la vez estimular y prolongar la absorción de los sabores más sutiles y aromáticos de alimentos, como sucede con la crema agria. Y esta es una de sus funciones más valiosas para los fabricantes alimentarios», agrega Moss, ya que el sabor es parte importante a la hora de decantarnos por un alimento u otro.

No hay que olvidar que «cuando consumimos grasas y/o azúcares se da un pico de serotonina, un neurotransmisor que controla nuestros niveles de ansiedad, y eso nos hace sentir más calmados», explica el portavoz del IMEO. A esto hay que añadirle que al comer también se libera dopamina, la causante de que busquemos de nuevo el modo de hacernos con ese alimento que nos gusta y de que se guarde en nuestra memoria su buen recuerdo. Por eso nos resulta tan difícil comer solo un bombón. Como con todo, la gratificación que obtenemos disminuye con el tiempo y cada vez necesitamos una dosis mayor para sentir lo mismo que la primera vez.

Una prueba más de lo que hablamos la mostró Don Darling, vicepresidente en Unilever, quien dijo en una publicación del sector: «Hemos podido demostrar que el helado da felicidad. En los estudios clínicos (elaborados por el Instituto de Psiquiatría de Londres), se ha visto cómo una sola cucharada de Carte D’or ilumina las zonas de placer del cerebro». De ahí salió el eslogan… «El helado te hace feliz: ¡es oficial». Como vemos el azúcar también nos atrae irresistiblemente.

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Hay quienes dicen que esa atracción se debe a que la lecha materna es dulce y nos recuerda aquella placidez que sentíamos al mamar, otros que nos atrae porque nuestro cerebro la necesita… Sea como fuere nos place el sabor dulce desde pequeños. Pero aunque que el azúcar nos vuelve locos se sabe desde que Cristóbal Colon trajera consigo tras su segundo viaje la caña de azúcar, no fue hasta finales de los sesenta cuando se tuvo alguna prueba científica de la potente atracción que causaba este ingrediente. Y todo gracias a un estudiante llamado Anthony Sclafani que alimentó a unos ratones con unos cereales superdulces (Froot Loops). Cuando se dio cuenta de la velocidad con que los ingerían, decidió ver qué pasaba si ponía los cereales en el centro de la jaula, un lugar más expuesto y abierto que normalmente evitan los roedores, que prefieren los rincones sombreados y laterales. Como era de esperar, los ratones vencían sus miedos y corrían a devorarlos. El estudiante repitió el experimento años más tarde, ya como profesor de psicología en el Brooklyn College. Sucedió lo mismo. De hecho, demostró que su ansia superaba los frenos biológicos que debían de estarles diciendo «¡basta ya!». Los detalles de su experimento, plasmados en un artículo en 1976, es una de las primeras pruebas experimentales sobre la ansiedad alimentaria.

Científicos de la Universidad de Princeton se dieron cuenta de que los ratones a los que después se les retiraba la dieta azucarada mostraban síntomas de sufrir un síndrome de abstinencia. «Cuando se empieza a tratar la adicción al azúcar, desde el punto de vista alimenticio y psicológico, existe un primer momento de ‘mono’ que cursa con nerviosismo, con echar de menos esos alimentos, de quererse saltar la dieta… En muchos casos se trata como cualquier otra adicción. De hecho, tenemos pacientes que consumen hasta dos litros diarios de refresco y no pueden dejarlo», apunta Bravo.

La magia de la sal

El tercer ingrediente señalado como adictivo es la sal. «Los fabricantes la contemplan como quizás el más mágico de los tres pilares de los alimentos procesados por todo lo que es capaz de hacer, además de excitar las papilas gustativas. En el mundo de los procesados, la sal corrige un montón de problemas que van surgiendo durante el procesado en la planta», señala Moss. Por ejemplo, las galletas saladas sin la sal serían amargas, se humedecerían y se nos pegarían al paladar. El jamón cocido se volvería tan gomoso que casi podría rebotar. Y parte del poder de la sal no tiene nada que ver con el alimento. «Por ejemplo, en la elaboración de pan industrial, la sal impide que las enormes máquinas amasadoras se apelmacen y que la cadena de montaje se atasque, además retrasa el proceso de fermentación, de manera que los hornos pueden soportar el ritmo», explica el Pulitzer. Por eso los médicos recomiendan que se eviten en la medida de lo posible los alimentos procesados, porque además de llevar ocultas grasas y azúcares que ni imaginamos, tienen una cantidad de sodio excesiva, con los perjuicios que el abuso de este ingrediente causa en la salud. Siempre es mejor elegir alimentos frescos, ya nos encargaremos nosotros de hacerlos más sabrosos a base de trucos más beneficiosos para nuestro organismo: como el uso de especias para evitar la sal o endulzar con cáscara de naranja (una tira muy fina y sin esa piel blanca que amarga), un truco infalible para hacer una buena salsa de tomate casera. Si con todo compramos algún alimento procesado, siempre hay que leer las etiquetas y fijarse bien en los ingredientes. Ahí aparecen todos en orden de más cantidad a menos. Eso sí, cuidado con los ingredientes ocultos. A veces el azúcar, por ejemplo, se esconde tras otros nombres: jarabe de maíz de alta fructosa, concentrado de zumo de fruta, sacarosa, glucosa, dextrosa, jugo de caña, malta, melazas, lactosa, miel, etil maltol y maltodextrina.

Neutralizar la tentación

A pesar de todo resulta difícil no caer en la tentación. Así que si se comete algún exceso, y siempre y cuando la base de la dieta sea sana y equilibrada, «se puede compensar con una cena ligera como un gazpacho y alguna proteína a la plancha, por ejemplo un poco de pavo o un pescado», explica Andrea Marqués, nutricionista experta en gastronomía del IMEO, pero nunca saltarse una comida porque si no se llegará con más hambre a la siguiente y será difícil no volver a caer. También, y como aconseja Marqués, podemos tomar algún depurativo a base de verduras como apio, puerro, espárragos, o infusiones como el té verde. Cuidado porque no son milagrosos y únicamente sirven si los excesos no son cotidianos. Además, y para eliminar las grasas extra, los mejores alimentos son las proteínas que nos ayudan a quemarlas y verduras ligeras como las ya mencionadas y otras como el tomate o el pepino.

Un consejo. Si es de los que debe comer fuera y su espíritu de sacrificio es débil, llevar el túpper con la comida hecha de casa no solo permite vigilar bien la dieta, también cortará de raíz la tentación de elegir otro plato que, por un momento, le pueda apetecer más que su sanísima ensalada de garbanzos y su lubina al horno. Seguramente, el cambio sería para peor, nutricionalmente hablando.

10 claves para perder peso

Al empezar una dieta tome en cuenta lo que va a lograr y preste menos atención a lo que no podrá comer
Establezca horarios estables de comidas, cada 3 horas, e intente cumplirlos de lunes a domingo
No se rinda ante el menor fracaso en la dieta. No necesita alcanzar la perfección. Permítase algún fallo y aprenda a resolverlo retomando la dieta cuanto antes.

Foto EFE, cortesía Instituto Médico Europeo de la ObesidadSegún el Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación (EUFIC), “Uno de los problemas más comunes asociado al estilo de vida actual es el exceso de peso”. Esta entidad subraya que el sobrepeso y la obesidad están entre los principales factores de riesgo de muchas enfermedades, como patologías respiratorias y cardíacas, diabetes tipo 2, hipertensión, algunos tipos de cáncer e, incluso, de muerte prematura.

No obstante, “el sobrepeso y la obesidad, así como sus enfermedades no transmisibles asociadas, son en gran parte prevenibles”, precisa la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Para ello, entre otras medidas, esta entidad recomienda: limitar la ingesta de grasa y azúcares; aumentar el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos y realizar actividad física de forma periódica. Pero si ya se ha llegado a una situación de exceso de peso, es fundamental ponerse en manos de un profesional acreditado para buscar solución.

En este sentido, los especialistas del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido indican que el propio médico de cabecera o personal de enfermería pueden evaluar si el peso de un paciente es o no saludable. “Esto significa pesarlo y medirlo para calcular su índice de masa corporal”, detallan.

También valorarán la dieta actual y los niveles de actividad física de ese paciente para establecer objetivos personalizados. Con esta información, pueden proponerle cambios sencillos en el estilo de vida. Junto al personal sanitario, el paciente “trabajará en un plan para perder peso de manera saludable y a largo plazo. Será un plan hecho a la medida, teniendo en cuenta su estilo de vida y sus preferencias”, exponen.

LAS 10 CLAVES

Cambie su actitud ante la dieta

“Antes de empezar una dieta es importante fijarse en los aspectos positivos que se van a conseguir y prestar menos atención a los alimentos que no se podrán comer en un tiempo. Hay que resaltar las cosas buenas que este cambio de alimentación aportará a nuestra vida: conseguiremos adelgazar, mejorará nuestra autoestima, nos sentiremos más ágiles, nos sentará mejor la ropa, etc. Piense en ello a diario. Lo motivará”, recomiendan.

Establezca pequeños objetivos alcanzables y realistas

“Es mucho más gratificante marcarse un pequeño objetivo y comprobar que lo ha conseguido que fijar una meta a largo plazo y no obtener ninguna repercusión hasta el final. Esta forma de enfrentarse a la dieta lo ayudará a confiar más en sí mismo y a conseguir mejores resultados”, afirman.

Lleve un cuaderno donde anote logros y dificultades

“Le ayudará a conocer sus puntos fuertes y débiles y así se comprometerá más con su tratamiento. Escriba a diario”, aconsejan.

Haga cinco comidas diarias

“Márquese horarios estables de comidas, cada 3 horas, e intente cumplirlos de lunes a domingo. Sentirá que lleva una vida más ordenada, podrá anticiparse al hambre y, por lo tanto, tendrá menos ansiedad”, precisan.

Coma despacio

“Intente comer de forma consciente, teniendo presente lo que está haciendo. Mastique y saboree cada alimento. Olvídese de las prisas. Si come despacio, necesitará menos cantidad de alimento. Además, estará aprendiendo a concederse un tiempo que lo ayudará a reducir el estrés”, indican.

Cambie de recetas

“No coma siempre lo mismo. Busque recetas nuevas que lo motiven y lo ayuden a disfrutar más de la comida. Comparta esas recetas con amigos y familiares, le gustará ver que a los demás también les agrada la comida saludable. Disfrute cocinando”, expresan.

No se obsesione con el peso

Los especialistas recomiendan pesarse una vez a la semana, siempre el mismo día y a la misma hora.

En este sentido, subrayan que el peso hay que vigilarlo toda la vida, no solo cuando se está haciendo una dieta. Asimismo, recuerdan que los extremos no suelen ser buenos, es decir, no hay que pesarse todos los días pero tampoco olvidarse del peso.

Haga ejercicio

“Busque un deporte que le guste, que resulte fácil de incluir en su vida cotidiana y, si es en compañía, mejor. Márquese de nuevo pequeñas metas, alcanzables. Empiece con poco y vaya aumentando, a medida que vaya dominando la rutina. No se sobrecargue, pues lo abandonará pronto si supone un sobreesfuerzo”, manifiestan.

Diviértase

“Disfrute su tiempo libre, haga actividades que le resulten placenteras y que lo ayuden a evadirse de los problemas. Cuando uno está feliz segrega endorfinas, que son las ‘hormonas del bienestar’. El deporte o las aficiones lo ayudarán a segregar endorfinas. Si su vida está llena de cosas agradables, no necesitará estar llenando el estómago a todas horas”, puntualizan.

Tolere la frustración

“No se rinda ante el menor fracaso en la dieta. No necesita hacerlo de manera perfecta, lo que necesita es mantenerlo en el tiempo. Permítase algún fallo y aprenda a resolverlo retomando la dieta cuanto antes”, destacan.

Fuentes: El Nuevo Herald / EFE Reportajes

Las dietas más efectivas según tu edad

No cabe duda de que la alimentación es algo fundamental en todas las etapas de nuestra vida pero, ¿sabes qué dita o qué tipo de alimentos te convienen más según tu edad?
Qué.es

A los 20

alimentos_calcio_n-672xXx80La alimentación es algo fundamental en la infancia y la adolescencia, para un correcto desarrollo. Sin embargo, según apuntan los expertos, los 20 son la época perfecta para adquirir unos correctos hábitos alimentarios, que nos acompañen ya el resto de nuestra vida.

Desde luego, esta es una época en la que la falta de tiempo y la agitada vida social haga que terminemos cayendo en unos hábitos desordenados y tomemos comidas muy poco saludables, lo que puede hacer que cojamos algunos kilos de más.

Para llevar una dieta equilibrada y completa a esta edad, nuestro cuerpo necesita una buena dosis de minerales y de proteínas, para que nuestra masa muscular se desarrolle lo más fortalecida posible.

El pescado, la fruta, las verduras, las carnes rojas y las legumbres son alimentos imprescindibles en cualquier dieta para las personas en esta edad, según los expertos. Además, durante esta década nuestras necesidades de calcio se incrementan, pero es aconsejable tomar lácteos desnatados.

Dieta del vino y el jamón

vino_jamon_-672xXx80Lo que hemos explicado son algunas de las claves para mantener una alimentación sana y equilibrada adecuada para esta edad. Sin embargo, si quieres perder peso de manera efectiva a los 20, una de las dietas que mejor funciona es la del vino y el jamón, que está ideada para perder entre cuatro y seis kilos en un mes.

Esta dieta consiste en consumir de manera diaria tanto vino como jamón. Numerosos estudios han demostrado la cantidad de beneficios que tiene el vino, entre los que destaca el retraso del envejecimiento celular del organismo.

En cuanto al jamón, es una perfecta fuente de hierro y de vitaminas del grupo B. Además, el jamón apenas tiene grasas saturadas. Además, el jamón de bellota nos aporta una gran cantidad de proteínas de alto valor biológico.

Estos dos alimentos son indispensables en nuestro día a día durante un mes pero, ¿qué pasa con el resto de la comida? Solo está permitida la leche desnatada, y las verduras y las frutas son indispensables, y están permitidos tanto el pescado como la carne. Sin embargo, es importante evitar comer pan salvo en el desayuno.

A los 30

legumbres_nor-672xXx80Los 30 es una edad en la que el ritmo de vida tiende a cambiar. Pasas más tiempo en el trabajo, y tu estilo de vida tiende a volverse más sedentario. Al final, todo esto termina traduciéndose en un aumento de peso, por lo que debemos poner mucha más atención a todo lo que comemos.

Es muy importante que a partir de esta edad los alimentos que comes sean más sanos y naturales. Debes de incrementar la ingesta de fibra, y debes cuidar que las proteínas que ingieres sean de alto valor biológico (los que más aminoácidos contienen). Además, es fundamental darle más protagonismo a los alimentos con omega 3, como el salmón o las sardinas.

También es importante incluir en nuestra alimentación muchas verduras de hoja verde, así como el trigo, los huevos, las legumbres y cualquier alimento rico en ácido fólico.

Dieta de los días alternos

zumo-detox-n-672xxx80-672xXx80Cuando se quiere perder peso a los 30, una de las dietas más efectivas es la de los días alternos.

Esta dieta se divide en: dos días de dieta, tres de depuración y dos de descanso. En los dos primeros días, el desayuno tiene una importancia fundamental, y a medida que avanza el día se debe disminuir la ingesta de comida. Por la mañana se deben tomar los hidratos de carbono, y verduras y proteínas en el resto de comidas.

En cuanto a los días depurativos, la alimentación se basa principalmente en frutas y verduras depurativas y detox (por ejemplo a través de zumos) para limpiar el organismo, aunque también deben tomarse otros alimentos como los lácteos 0%.

Esta dieta es más efectiva para las personas de esta edad, entre otras cosas porque los días de descanso la hacen más llevadera y sobre todo más fácil de cumplir.

A los 40

alimentos-integrales_n-672xXx80A los 40 nuestro organismo se ve sometido a una serie de cambios hormonales que, entre otras cosas, pueden hacer que nuestro peso se altere y tengamos cojamos algún kilo de más. Además, a partir de esta edad, adelgazar se vuelve un reto cada vez más complicado.

A esta edad, hay que tener mucho más cuidado con lo que se come, y además se aconseja reducir la ingesta de sal ya que esta es una de las principales culpables de la retención de líquidos.

Es fundamental comer cinco piezas de frutas y verduras al día, especialmente aquellas ricas en vitaminas A y D. Además, hay que empezar a tener mucho cuidado con las salsas y los aderezos de las comidas, y también es aconsejable consumir pan y alimentos integrales.

Dieta bioproteinada

comida_proteinas_n-672xXx80Cuando se quiere perder peso una vez superada la barrera de los 40, un régimen efectivo es la dieta bioproteinada.
Esta dieta está especialmente pensada para aquellas personas a las que el consumo abundante de verduras no le ayuda a perder todo el peso deseado. Con este régimen se le da una vital importancia a la ingesta de proteínas, pero sin superar la cantidad recomendada. Por otro lado, también es fundamental restringir el consumo de hidratos de carbono, especialmente los que tienen un alto índice glucémico. Además, es importante que estos solo se consuman por la mañana, siendo las proteínas las protagonistas de la dieta el resto del día.

A los 50

verduras-y-frutas_n-672xXx80A los 50 el organismo también sufre importantes cambios, especialmente en el caso de las mujeres, por lo que la alimentación es algo fundamental. Lo aconsejable es reducir todo lo posible el consumo de alimentos ricos en grasa, así como de la sal. ¿El motivo? La actividad de nuestro metabolismo disminuye, por lo que nos cuesta mucho más quemar las calorías.

Por otro lado, es importante comer frutas, verduras y cereales integrales ya que contienen una gran cantidad de fibra, lo que favorece el tránsito intestinal, que tiende a dar problemas a partir de esta edad.

Dieta Dash

sal_picaduras_n-672xXx80La dieta Dash suele ser una de las que se recomienda seguir a personas que padecen hipertensión, pero también es muy efectiva para perder peso a partir de los 50.

Una de las reglas fundamentales de la dieta Dash pasa por restringir el consumo de carbohidratos, y tener en cuenta que siempre que se tomen estos deben ser integrales. Además, también es necesario limitar al máximo el consumo de sal.

Por otro lado, esta dieta suele basarse en el consumo de muchas frutas y verduras. En cuanto a la proteínas que se consumen, deben ser principalmente magras (pescado, frutos secos, huevos…) ya que dan sensación de saciedad.

10 argumentos para desmontar la absurda moda “sin gluten”

20minutos / La Sexta Noticias

¿Padeces enfermedad celiaca? ¿Has sido diagnosticado con intolerancia al gluten? En ese caso, eliminar esta proteína de tu dieta no es una opción. Se calcula que el 1% de la población está en este grupo, aunque la cifra posiblemente sea mayor dado que existe un gran número de casos sin detectar.

¿Pero qué ocurre con las personas que no sufren esta intolerancia y están convencidas de que eliminar el gluten de su alimentación es una buena idea? Pues que son víctimas de una absurda moda promovida por charlatanes, vendehúmos, famosos desinformados e iluminados intentando hacer negocio con la salud.

Mentira-gluten-portadaAsí de claro y duro se muestra Alan Levinovitz, autor de La mentira del gluten, recién editado en castellano por Planeta, y que desmonta los mitos que han convertido a esta proteína en el nuevo enemigo número uno de la alimentación para muchas personas.

“Prescindir del gluten no es divertido. No es el nuevo modo de perder peso. No es lo que la evolución nos dice. No existe ninguna prueba concluyente de que prevenga el cáncer, el Alzheimer o el autismo. Puede conducir a desórdenes alimentarios y puede ocasionar que empieces a manifestar síntomas que antes no existían”, alerta el autor. Y deslegitima, además, la verdadera enfermedad celiaca que muchos pacientes sufren.

Y para desmontar esta nueva moda -muchas veces alimentada por los propios medios de comunicación- nada mejor que repasar los argumentos que Levinovitz expone en esta recomendable obra. A modo de aperitivo, aquí van algunas pistas que merece la pena tener a mano para cuando toque salir en defensa del gluten.

1. A mi me funciona. Mantra omnipresente de dietas y medicinas alternativas, La mentira del gluten deja las cosas claras con un principio básico que habría que tener siempre presente: “Los testimonios personales por si mismos no establecen la eficacia de un medicamento o una dieta”.

2. El guión de siempre. Ahora es el gluten, ayer la grasa y antes fue el glutamato monosódico. Culpar a un producto de los males alimenticios del mundo, señalarlo como responsable de numerosas enfermedades, desatar la histeria y comenzar a ver etiquetas que presumen de no contener ese nuevo diablo es parte del guión habitual de estas historias. Tampoco pueden faltar insinuaciones sobre la vinculación y los oscuros intereses de la industria, claro.

3. El mito. La alimentación siempre ha tenido una relación muy próxima a los mitos y la religión. De hecho, la mala fama de los cereales se remonta a un cuento sobre ciertos monjes taoístas que rechazaban su consumo y vivían centenares de años, recuerda el autor de libro. Detrás de esta idea no hay nada nuevo, el viejo cuento de la vuelta al paraíso pasado frente a los riesgos de los alimentos nuevos.

4. Las cifras. Centrándose en el caso de Estados Unidos, 1 de cada 100 personas padece enfermedad celiaca. A esta cifra habría que sumar los casos no diagnosticados y la intolerancia al gluten, pero con todo sorprende comprobar que, en recientes encuestas, 1 de cada 3 personas estaría dispuesta a eliminar el gluten de su dieta. Está claro que la maquinaria de comunicación de los apóstoles del anti-gluten y sus negocios funciona mejor que la ciencia a la hora de tumbar mitos.

5. El miedo. Todo villano tiene que dar miedo. Y el gluten, según muchos autores, es un gran malvado. William Davis y David Perlmutter son dos de los principales impulsores e ideólogos del antigluten, relacionando el consumo de cereales con todo tipo de enfermedades: déficit de atención, cáncer de mama, esquizofrenia, o pechos en los hombres. “Cada vez que comes pan te estás envenenando con una toxina más peligrosa y adictiva que la cocaína”, llegaron a escribir.

6. Respuestas fáciles a problemas complejos. Es una de las mejores armas de la llamada mala ciencia, de las dietas y de la medicina alternativa: dar una respuesta muy simple a un problema complejo. “Las curas milagrosas no existen y las respuestas no son fáciles”, recuerdan en este libro. ¿Pero quién puede resistirse a escuchar y creer un “deja el gluten” como solución a todo tipo de problemas y síntomas para los que no hay una respuesta concreta? De hecho -recuerdan en La mentira del gluten– algunos autores y defensores de esta dieta pasaron por malas experiencias a causa de celiaquías no diagnosticadas. En su caso dejar el gluten fue la solución y les salvó la vida, pero de ahí a aplicar ese tratamiento para todo hay una gran diferencia.

7. Los síntomas. El libro recuerda un fenómeno tan sorprendente como real: las personas expuestas a mucha información y alertas sobre el potencial peligro de algo pueden llegar a presentar síntomas de una enfermedad aunque no la padezcan o hayan sido expuestas a la causa. Cuando ocurre de forma generaliza ante, por ejemplo, una crisis alimentaria o una intoxicación, se conoce como enfermedad psicogénica masiva. Y si somos capaces de mostrar esta especie de falsos síntomas, por supuesto adoptar la que creemos la solución acabará con ellos. Dicho de otro modo, si estamos convencidos de que el gluten nos está haciendo mal, dejar el gluten nos “curará”.

8. Que vienen los famosos. No hay dieta que se precie ni moda alimentaria que no cuente con unos cuantos famosos ejerciendo de apóstoles. La popularidad de los alimentos sin gluten se dispara en 2010 cuando se apuntan Oprah, Victoria Beckham o Gwyneth Paltrow, entre muchos otros. Miley Cyrus llegó a tuitear: “Todos deberíamos evitar el gluten durante una semana. El cambio en tu piel y en tu salud física y mental es asombroso”.

9. Una dieta peligrosa. Mención aparte merecen los que defienden que prescindir del gluten es una buena idea para adelgazar. Igual que cualquier otra dieta de eliminación es peligrosa, alerta el autor. “La ansiedad por lo que se come puede producir los mismos síntomas que se le atribuyen a la sensibilidad al gluten. Satanizar la comida puede contribuir al desarrollo de desordenes alimentarios”.

10. Un buen diagnóstico. Ponerse en manos de los médicos y rehuir de los alergólogos no tradicionales de diagnóstico fácil y rápido es el único camino seguro. “No más gluten, no más lácteos… Cuando te dices esas cosas a ti mismo es una profecía que se autocumple”, explica Levinovitz.

Las dietas veganas son seguras con planificación

Las personas que siguen un patrón dietético vegano -con menús bien planificados y adaptados a sus características corporales- cuidan su corazón e incluso puede que aumenten su longevidad. Esto sucede porque, al suprimir la carne, hay un menor aporte de grasas saturadas y colesterol y también de sodio. Además, como ingieren una mayor cantidad de frutas y verduras, disponen de más antioxidantes y fibra. Sin embargo, al evitar los lácteos, sus huesos podrían sufrir.

Correo Farmacéutico, Enrique Mezquita, Valencia

piramide nutricionalLas dietas veganas son motivo de debate sobre sus beneficios e impacto sobre la salud. Según los expertos consultados por CF, una correcta planificación y diseño dietético a cargo de profesionales especializados -incluyendo su adaptación a las características de cada individuo- y el control analítico de micronutrientes séricos para valorar suplementación y evitar carencias vitamínicas, proteicas y lipídicas perjudiciales para la salud, son fundamentales para conseguir beneficios.

Para Carlos Morillas, endocrinólogo del Hospital Universitario Doctor Peset de Valencia y presidente de la Sociedad Valenciana de Endocrinología, Diabetes y Nutrición (Svedyn), «aquéllos que sigan una dieta vegana bien planificada y ajustada a los requerimientos nutricionales individuales tendrán menos riesgo cardiovascular». De los beneficios derivados de las dietas veganas, los más relevantes son: menor aporte de grasas saturadas y colesterol, consumo más bajo de sodio derivado de carnes procesadas y mayor consumo de antioxidantes y fibra. De hecho, recuerda Marián García, farmacéutica y doctora en Nutrición, incluso «la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo de carne roja y evitar los productos cárnicos procesados».

En esta línea, Rubén Bravo, experto en Nutrición, naturópata y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), añade que los estudios y evidencias científicas realizadas hasta el momento sobre la exclusión total de cualquier tipo de carne o producto de origen animal, «nos indican que la dieta vegana bien planificada aporta una importante prevención frente a enfermedades del corazón y patologías degenerativas y un posible aumento de la longevidad». Además, estas dietas suelen estar asociadas a un aumento del consumo de frutas y verduras, «lo cual es beneficioso por su alto contenido en vitaminas y minerales», expone García. En cambio, matiza que no existe evidencia suficiente que «justifique el beneficio de suprimir los lácteos de la dieta, ya que la grasa saturada que contienen podría no ser tan perjudicial como tradicionalmente se ha pensado».

RIESGOS POTENCIALES
¿Cuáles son los riesgos potenciales de esta dieta? Según Bravo, todos los posibles perjuicios que pueda ocasionar una dieta vegana serán producidos por una falta de conocimiento o de planificación activa de los menús, «para cubrir las necesidades mínimas diarias en micro y macronutrientes». Uno de esos riesgos, apunta el portavoz del IMEO, es la anemia megaloblástica y deterioro del sistema nervioso, producido por la deficiencia de la vitamina B12 (cianocobalamina). Según Morilla, ese déficit es el más común al seguir este patrón dietético, ya que las fuentes principales de esta vitamina son aportadas con productos de origen animal, como la carne, el pescado y el huevo. No obstante, sería adecuado el consumo de algunos productos de origen vegetal que presentan cierto contenido en esta vitamina, como son cereales integrales (además, pueden seleccionarse enriquecidos) y las algas (kombu, nori, wakame), «aunque de dudosa biodisponibilidad en humanos».

CARENCIA DE POLIINSATURADOS
Con frecuencia, coinciden los expertos, la suplementación con cianocobalamina es indispensable. La carencia de ácidos grasos poliinsaturados puede provocar falta de memoria, cambios de humor, riesgo de aumentar triglicéridos y colesterol LDL, sequedad cutánea o envejecimiento prematuro; y, por ello, destaca Bravo, «es importante aportar en la dieta vegana aceite de oliva, aguacate y cacahuetes». También existe riesgo de anemia ferropénica por una carencia de hierro. «La biodisponibilidad de hierro en alimentos vegetales es menor, por lo que existe riesgo de anemia si el vegano no consume frecuentemente legumbres, tofu y quinoa, junto con alimentos ricos en vitamina C (zanahoria, naranja o coliflor) y en taninos (cúrcuma o uvas negras)», comenta el experto del IMEO.

Asimismo, según un estudio publicado por la Universidad de Oxford en 2007, el riesgo de osteoporosis es mayor en los veganos por la carencia de vitamina D y calcio presentes en pescados azules y lácteos, respectivamente. Para Bravo, «es posible conseguir cubrir las necesidades mínimas de estos dos micronutrientes tomando al menos tres porciones de bebida de soja enriquecida con calcio, frutos secos, brócoli o coles. La vitamina D o se toma a partir de un complemento alimenticio o de una bebida de soja enriquecida». García también señala la importancia de alcanzar niveles adecuados de calcio con combinaciones de vegetales de hoja verde (espinacas o berza); legumbres (garbanzos); frutos secos (almendras o avellanas), y semillas (sésamo).

Una vez interiorizados los principios básicos que deben regir su dieta, el vegano debe someterse a controles rutinarios para vigilar que no hay déficit de ningún nutriente y también que su estado de salud es correcto.

Variabilidad individual

Las cantidades recomendadas en una dieta vegana variarán dependiendo de las características de cada seguidor, como estatura, actividad, edad, objetivo de mantenimiento o pérdida de peso. A Rubén Bravo, del IMEO, le convencen las que indica el estadounidense Joel Fuhrman, médico de familia y uno de los grandes precursores modernos de esta dieta, en su libro Comer para Vivir. En él apunta una cantidad ilimitada de verduras crudas o cocidas (de 450 a 500 g como mínimo), «llegando a un máximo de una taza diaria en el caso de las verduras ricas en almidón o cereales integrales, como calabaza, calabacín, maíz, patata, arroz, boniato o pan integral». Además, de forma diaria, se incluye una taza de legumbres, brotes o tofu; cuatro piezas de fruta fresca; 30 g de frutos secos y/ semillas naturales; 55 g de aguacate; una cucharada sopera de semillas de lino molido, y un complemento de vitamina B12. Otra de las opciones es seguir las recomendaciones de la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos en su Pirámide Alimentaria Vegana (ver cuadro), que incide en el manejo de grasas, frutas, vegetales, cereales y alimentos ricos en proteínas y calcio.

En 5 ideas

  1. Menos riesgo cardiaco
    Las personas que sigan una dieta vegana bien planificada y ajustada a los requerimientos nutricionales del individuo tendrán menos riesgos de desarrollar patología cardiovascular.
  2. Beneficios
    De los beneficios derivados de las dietas veganas, los más relevantes son: menor aporte de grasas saturadas y colesterol, consumo más bajo de sodio y más elevado de antioxidantes y fibra.
  3. Toman más vegetales
    Las dietas veganas suelen estar asociadas a un aumento del consumo de frutas y verduras, lo cual es beneficioso por el alto contenido en vitaminas y minerales de estos alimentos.
  4. Más osteoporosis
    El riesgo de osteoporosis es mayor en los veganos, debido a la carencia de vitamina D y calcio presentes, principalmente, en pescados azules y lácteos, respectivamente.
  5. Controles rutinarios
    Tras interiorizar los principios básicos de una dieta de tipo vegano, el seguidor de este patrón debe hacerse controles rutinarios para vigilar que no hay déficit de ningún nutriente.