Ayunar, un error común a la hora de adelgazar

Muchas personas se privan de ciertas comidas con el objetivo de perder peso. Sin embargo, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad nos alerta de las consecuencias a las que se exponen…

Consalud.es

El ayuno no es recomendable para perder peso
El ayuno no es recomendable para perder peso

Entre los objetivos que nos proponemos, perder peso siempre es el protagonista, o al menos uno de los más habituales entre la mayoría de la población. A menudo iniciamos dietas que acaban en fracaso o nos apuntamos a un gimnasio que acabamos abandonando por pereza, falta de tiempo y desmotivación.

Y es que, normalmente, el fracaso de los planes de adelgazamiento recae en las malas prácticas. Así lo explica el Instituto Médico Europeo de la Obesidad, que alerta en este caso de los peligros que supone recurrir al ayuno para perder esos kilos de más.

«Nuestro organismo está diseñado para sobrevivir y por ello y detecta ciertas prácticas como una agresión y sin querer desencadenamos una serie de procesos que juegan en nuestra contra, y ese es el caso del ayuno», manifiestan desde el organismo.

CONSECUENCIAS DEL AYUNO

El cortisol, por ejemplo, es una hormona que estimula la acumulación de grasas y destruye masa muscular para producir energía. Por tanto, si no desayunamos, el organismo detecta una agresión y comienza a segregar esta hormona para ahorrar la máxima cantidad de energía posible, lo que desencadenará una pérdida de la masa muscular y un incremento del tejido adiposo.

En cuanto a la ansiedad por la comida, ante la falta de alimento, tu cuerpo incrementará la sensación de hambre incrementando la posibilidad de que recaigas con un atracón. Por este motivo, siempre será mejor repartir la alimentacion en cinco comidas pequeñas que saltarse ninguna.

Por otro lado, ante el ayuno, muchas veces recurrimos al consumo excesivo de café para calmar el apetito por la somnolencia y el cansancio que provoca no comer. El Instituto Médico Europeo de la Obesidad insiste en que el insomnio y las alteraciones sobre los patrones del sueño pueden llevarnos no solo a coger más peso, sino también a generar episodios de ansiedad y depresión.

Como conclusión, el Instituto establece que si realmente queremos intentar adelgazar con éxito habrá que llevar una comida equilibrada compuesta de un desayuno completo y recalca que, como mucho, se podría reducir la cena.

Ortorexia: cuando comer sano se convierte en una enfermedad

El Mundo, por Isaac J. Martín

ortorexia trastorno alimentarioFue terminar los estudios de Bachillerato y cumplir la mayoría de edad cuando Yolanda, una joven de 25 años que prefiere no dar su nombre real, empezó a interesarse junto a su grupo de amigas por los llamados «alimentos sanos». Compaginarlo con una actividad física intensa en el gimnasio era la primera regla a cumplir.

Horas en el supermercado, revisar el dorso de cada producto con el fin de averiguar si iba incluida la etiqueta ecológica europea y examinar si cumplían los requisitos de cultivo sin pesticidas. Éstas eran las premisas que ocupaban un hueco pequeño de su nevera familiar. «Llegó un momento en el que sólo comía frutas, verduras y frutos secos», explica Yolanda tras llevar dos años en tratamiento en el Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

Una vez que cumplió la segunda década, su obsesión cada día iba a más. «No quedaba con nadie ya que era incapaz de ir a tomar algo que no supiese de dónde provenía. No comía con aquellos utensilios que sabía que habían tocado comida contaminada. En ocasiones, me llevaba mi propio tupper si me obligaban a cenar fuera», cuenta esta joven licenciada en Administración y Dirección de Empresas.

Cuando Yolanda traspasó esta frontera de la realidad, sus padres pudieron percatarse pronto de que algo le ocurría. Las comidas familiares ya no eran lo mismo y encerrarse en casa los fines de semana se convirtió en el primer atisbo de desesperanza ante un problema al que no ponían nombre.

No era anorexia ni bulimia, como en un principio llegó a creerse su entorno familiar. Esa obsesión, hasta ahora bastante ignorada y que ni siquiera ella conocía, le dijeron que se llamaba ortorexia, término descrito por primera vez por el doctor Steven Bratman en 1997.

Este trastorno obsesivo-compulsivo que lleva al extremo la alimentación sana aún no está reconocido como trastorno de conducta alimentaria (TCA). Asimismo, dada la novedad de esta patología aún no se conocen datos oficiales de personas afectadas por ortorexia en España. Algunos especialistas en TCA lo cifran en un porcentaje bajo; sin embargo, muchos de estos expertos sitúan esta fijación como «subgénero» de la anorexia nerviosa.

Según explica a ZEN el director del departamento de nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, Rubén Bravo, «la cifra de ortoréxicos a nivel mundial va en aumento y sobre todo en sociedades de países desarrollados. Son personas con un perfil de clase media-alta que pueden permitirse comprar este tipo de productos«. A diferencia de la anorexia nerviosa o la bulimia, esta alteración se fija en la calidad de los alimentos y no en la cantidad.

Lo cierto es que el desconocimiento que existe ante esta preocupación enfermiza hacia la comida saludable hace que muchas personas sigan encerradas en sí mismas y antepongan la frase: «Yo como sano así que el problema no lo tengo yo, sino tú» a la realidad del problema, detalla el naturópata de IMEO.

Yolanda rememora cómo el círculo de amigas donde comenzó todo se ha dividido entre aquellas que han dejado de lado este empeño por la imagen perfecta y las que siguen aprisionadas entre los mitos de la alimentación sana y la desinformación.

Educación como terapia

Luis Alberto Zamora, dietista y nutricionista especialista en TCA, considera precisamente que esta obsesión viene dada por «el exceso de información que encuentran en distintos blogs o foros. Leen y analizan exhaustivamente los estudios relacionados con la alimentación y los dictámenes de la OMS».

El problema no viene porque coman sano, «eso es sólo la punta de un iceberg», puntualiza Luis, miembro de la Asociación de Dietistas y Nutricionistas de Madrid, sino por «cómo cambian sus hábitos, cómo limitan su comportamiento y el sufrimiento por tener que seguir un patrón».

Yolanda enumera alguna que otra tienda de la capital donde acudía para informarse directamente sobre lo que no debía consumir. Veía esos lugares como puntos de reunión donde «la gente normal» compraba «alimentos puros». En esos espacios no se veía excluida socialmente. Era feliz. «De alguna manera, la sociedad de ahora favorece que una persona caiga en esta obsesión«, comenta Luis.

Para evitar que el mito se convierta en realidad, las personas que son tratadas como ortoréxicas deben pasar por un tratamiento psicológico y educativo bastante duro, tanto para el paciente como para el especialista. «Tienes que ser un buen conocedor y estar actualizado sobre todo el tema de la alimentación dado que van a rebatir toda tu información», agrega Rubén.

Por eso mismo, estos dos expertos consideran que la educación alimentaria en todas las edades es primordial para evitar este tipo de trastornos de conducta alimentaria. Es destacable que muchos diagnosticados de anorexia y bulimia creen que «han salido de la enfermedad» una vez que adoptan el hábito de comer únicamente sano. Se equivocan.

Aunque continúe con el tratamiento, Yolanda ya ha ampliado el hueco de su nevera e ingiere algunos productos que antes no tomaba, pese a que todavía rechace algunos de ellos. Su rutina intensiva en el gimnasio se ha reducido. Y lo más importante, es capaz de quedar con sus amigos y comer junto a sus padres.

Variedad y densidad de nutrientes, la tendencia que debe seguirse

Los azúcares añadidos y las grasas saturadas, así como la dieta mediterránea como ejemplo saludable, protagonizan la nueva edición de las guías dietéticas americanas. Estas pautas marcarán la senda de los próximos cinco años.

Correo Farmacéutico, por Ana Callejo Mora

piramide nutricionalCentrarse en comer de forma variada y dando prioridad a los alimentos de alta densidad en nutrientes es una de las propuestas de la octava edición de las guías dietéticas americanas (2015-2020 Dietary Guidelines for Americans), presentadas el pasado mes de diciembre por los departamentos de Salud y Agricultura de Estados Unidos, y publicadas en la edición electrónica del JAMA a principios de enero.
Para Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia y profesora visitante de la Universidad de Harvard (Estados Unidos), lo más interesante de estas guías es que «destacan la importancia de la variedad. A pesar de la gran disponibilidad de alimentos, tendemos a repetir los que consumimos. La monotonía es lo que dificulta que obtengamos los nutrientes necesarios. Otra idea resaltada en esta edición es la densidad de nutrientes; un concepto relativamente nuevo. Lo importante es que los alimentos sean de alta densidad en nutrientes y con baja cantidad de calorías; es decir, que tengan muchos nutrientes por caloría (verduras y frutas), ya que ahora se consume menos energía que hace 30 años. Al día deberían ingerirse un plato y medio de verduras y tres piezas completas de fruta».

Además, la experta en Nutrición, comenta que «estas pautas subrayan que la nutrición debe venir del alimento, no de los aditivos, como los suplementos nutricionales. Hay mucha gente que cree que hay que tomar batidos o cápsulas, pero es una idea errónea».

Asimismo, las guías recomiendan cumplir patrones alimentarios saludables -ofreciendo el ejemplo de la dieta mediterránea- y ponen límites al consumo de azúcar (menos del 10 por ciento de calorías diarias deben proceder de azúcares añadidos) y de grasas saturadas (menos de un 10 por ciento de calorías diarias que procedan de estas grasas). Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), «critica que intentan reducir el consumo de azúcar pero, por otro lado, no establecen normas hacia la industria alimentaria para que disminuyan los niveles de azúcar en sus productos. Es el caso de la bollería industrial, donde también se encuentran grasas saturadas». Sobre este tipo de grasas, Bravo recuerda que también se hallan en las carnes procesadas, además de en algunas galletas y cereales, e incluso en el pan.

REVALORIZAR LAS LEGUMBRES
Según la catedrática, «en España deberían seguirse las recomendaciones de dieta mediterránea que incluyen estas guías, donde la fuente principal de proteínas son las legumbres. Este alimento tendría que consumirse tres veces a la semana, ya sea cocinado, en puré o en ensalada». Tanto ella como Bravo afirman que en Estados Unidos no están acostumbrados a estos platos de cuchara.

Algo que no se hace en España y debería, en palabras de Garaulet, es «tomar la mitad de alimentos ricos en carbohidratos en su forma integral. No vas a comer una paella de arroz integral, pero los cambios se pueden hacer en la pasta, arroz y pan del día a día». En cuanto a los lácteos, la experta señala que, aunque los americanos insistan en aconsejar el consumo de lácteos libres o bajos en grasa, «en nuestro país no llegamos a las cantidades de calcio necesarias, por eso no es tan importante recurrir a desnatados. Los niños deberían tomar dos raciones de leche entera al día y los adultos, tres de semi«.

Pautas americanas ‘recien salidas del horno’

Principales recomendaciones Y limitaciones de la octava edición de las guías dietéticas americanas:

1. Seguir un patrón alimentario saludable, como el mediterráneo, a lo largo de la vida y apoyar el seguimiento de ese patrón para todas las personas. Un patrón saludable incluye:
•Verduras variadas de todos los subgrupos -las de color verde oscuro, rojo y naranja y las ricas en fécula-, legumbres (alubias y guisantes) y otras.
•Frutas, especialmente en piezas enteras.
•Cereales, al menos la mitad de los cuales deben ser integrales.
•Productos lácteos libres o bajos en grasa, entre los que se hallan la leche, el yogur, el queso y las bebidas de soja fortificadas.
•Una variedad de alimentos proteicos, entre los que están
el marisco, carnes magras, aves, huevos, legumbres, frutos secos, semillas y productos de soja.
•Aceites.
2. Centrarse en la variedad, densidad de los nutrientes y cantidad.
3. Limitar las calorías procedentes de los azúcares añadidos, las grasas saturadas y reducir la ingesta de socio. En concreto:
•Consumir menos del 10 por ciento de calorías al día que procedan de azúcares añadidos.
•Consumir menos del 10 por ciento de calorías al día de grasas saturadas.
•Consumir menos de 2.300 miligramos al día de sodio.
4. Elegir alimentos y bebidas más saludables.
5. En caso de consumir alcohol, se debería hacer con moderación (hasta una unidad de bebida al día para las mujeres y hasta dos unidades para los hombres) y sólo para los adultos con edad permitida para ello.
Fuente: 2015-2020 Dietary Guidelines for Americans.JAMA. 2016.

Las 5 dietas que no debemos seguir este 2016

HOLA.com

peores-dietasAlgunas prometen perder mucho peso en poco tiempo, otras son demasiado restrictivas e incompatibles con la vida social y no faltan las que incluso confieren poderes milagrosos a determinados alimentos. En definitiva, son desequilibradas y comprometen nuestra salud. El equipo de expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) analiza el ‘top 5’ de las peores dietas por las que bajo ningún concepto debemos dejarnos seducir por mucho que busquemos desprendernos de los odiosos kilos de más. Ya sabes: huye de las modas y recuerda que por encima de todo está tu salud.

1. Las monodietas a base de sirope de savia, limón, manzana o piña. Son planes que basan la alimentación en un sólo alimento por un tiempo determinado. Según los expertos de IMEO son extremadamente restrictivas en calorías, muy desequilibradas y con asegurado efecto rebote. Por ejemplo, la dieta del limón, utilizada a menudo para bajar una talla de pantalón en una semana, puede desencadenar enfermedades como diabetes, hipertensión y anemia al obligar a nuestro organismo a consumir en exceso un ácido tan potente. Así, es especialmente contraindicada en personas con problemas de reflujo, acidez de estómago, ácido úrico elevado o estreñimiento.

Por otro lado, encontramos las dietas de la manzana y la piña, que se han popularizado tras los excesos navideños. Es cierto que estos alimentos tienen propiedades diuréticas y depurativas, pero «son frutas que no contienen proteinas; por lo que, a la hora de perder peso, se elimina masa muscular y cuando terminemos la dieta volveremos a recuperar el peso con gran facilidad», apunta Estefanía Ramo, nutricionista del IMEO.

2. Dieta de las 500 calorías. Es otra de las dietas milagro que abundan en la red y que consiste en hacer un par de días de ayuno a la semana con una ingesta máxima de 500 calorías. Desde IMEO recalcan que ninguna dieta debería ser inferior a las 800 calorías; ya que una ingesta tan inferior podría tener grandes consecuencias para la salud: deficiencias nutricionales que pueden derivar en anemia, osteoporosis…; falta de vitalidad, fatiga muscular, desórdenes alimenticios, ansiedad, etcétera.

3. Dieta de los sobres proteinados. Este tipo de dieta, de procedencia fracesa, utiliza sobres y preparados proteicos como sustitución de comidas. Lleva al organismo a una situación de cetosis, provocada por el uso de la grasa corporal como fuente de energía al reducir radicalmente los niveles de glúcidos. El veredicto de los expertos: no es una dieta equilibrada y el hecho de reemplazar los alimentos cotidianos por preparados proteicos la hace insostenible en el tiempo.

4. Dieta de los ‘smoothies’ multivitamínicos. A base de frutas, verduras, hortalizas… Son auténticos cócteles de vitaminas y minerales, pero reducidos en proteinas y grasas; por lo que alimentarse únicamente a base de zumos es no aportar al cuerpo los nutrientes necesarios de una comida. Además, al ingerir la fruta y verdura trituradas omitimos la masticación y la insalivación, una parte del proceso digestivo que influye en el efecto de saciedad. Los expertos recomiendan que este tipo de dieta no exceda nunca las 48 horas y no con el objetivo de adelgazar; sino como una forma de ‘limpiar’ el cuerpo.

5. Dieta del ‘cero carbohidratos’. Esta dieta, que ha cobrado especial fuerza en EEUU, de la mano de ‘celebrities’ como Gwyneth Paltrow o Miley Cyrus, limita la ingesta de hidratos de carbono (cereales, legumbres, vegetales y fruta) -nuestra principal fuente de energía-. Como consecuencia, «provoca que el organismo no disponga de glucosa suficiente en la sangre y agote las reservas del hígado y el músculo», explique la nutricionista Andrea Marqués. Seguir esta dieta puede provocar a corto plazo mareo y dolor de cabeza, extreñimiento severo por la carencia de fibra… A largo plazo las consecuencias pueden ser aún más pejudiciales: desde pérdidas de calcio a nivel renal por el exceso de proteina, a pérdida de masa muscular, pasando por arritmias cardiacas.

Los hombres subirán de peso más que las mujeres estas Navidades debido a las generosas raciones y el exceso de alcohol

El Instituto Médico Europeo de la Obesidad alerta que cada semana de excesos gastronómicos puede costarnos entre 0,5 y 1,5Kg de más y sugiere algunos consejos para no arruinar la línea

  • Cada comilona de Navidad ronda entre 2000 y 2500 Kcal., el equivalente a dos días de dieta normal.
  • España y Argentina son los países con más días festivos para este período (hasta 6), seguidos por Alemania (5) y gran parte de los países latinoamericanos (entre 3 y 4), mientras que EEUU y Canadá celebran sólo dos días, Navidad y Año Nuevo.

Los hombres engordarán más que las mujeres en Navidad debido a las genersoas raciones y el exceso de alcoholA seis semanas de posibles excesos gastronómicos los expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) evalúan el riesgo de estas Navidades. Hasta 17 días no laborales marca el calendario oficial en España este año desde uno de diciembre hasta concluida la semana de Reyes[1] sumando festivos y fines de semana. Además del colectivo masculino, se consideran más propensos a engordar en estas fechas aquellos que ya tienen un cierto grado de sobrepeso u obesidad. La regla básica sería a más peso corporal, mayor tendencia a descontrolarse o a desarrollar algún trastorno alimenticio. Asimismo se estima que un individuo que está en su normopeso podría coger 0,5Kg por cada semana de excesos; una persona con sobrepeso, 1Kg; y un obeso, hasta 1,5Kg. Con el fin de prevenir excesos sucesivos, los expertos del IMEO ofrecen algunos sencillos consejos que nos ayudará a mantener el peso estable durante las festividades.

En la época navideña existe un mayor riesgo para descuidar la alimentación y en algunos casos ésta se convierte en válvula de escape a los deseos adictivos de comer y en una justificación social para el atracón. «Nuestra experiencia nos indica que este problema afecta en mayor grado a los hombres que a las mujeres y también más a aquellos que tienen sobrepeso u obesidad», afirma Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del IMEO.

Las principales razones por las que los representantes del sexo masculino cogen más kilos que sus homólogas femeninas suelen ser las generosas raciones, incluidos los dulces, y el mayor aguante al beber alcohol.

El hecho que ellos toleran mejor el alcohol que ellas se debe principalmente a tres factores diferenciales que interfieren en su metabolismo: tener más cantidad de agua en el cuerpo, grasas concentradas en la zona abdominal y la presencia de una enzima, alcohol deshidrogenasa, que permite descomponer el alcohol de forma efectiva. Gracias a ello los hombres son capaces de metabolizar más cantidad de bebidas graduadas en menos tiempo y la contrapartida son más calorías vacías.

En cuanto a los dulces, ellas por regla general son más golosas y consumen este tipo de productos de forma regular y no sólo en festivos. Esta apetecencia se explica con la presencia más elevada del neurotransmisor excitatorio acetilcolina, que se asocia a la ‘sobrepreocupación’ femenina, una tendencia que es entre un 30 y un 50% más alta en las mujeres que en los hombres.

«Cuando generamos estrés, se disparan nuestros niveles del cortisol, algo que podemos compensar con alimentos ricos en triptófanos, como chocolate, frutos secos, nueces o almendras tostadas, todos ellos presentes en la inmensa variedad de turrones navideños, y que nos ayudarán a aumentar la producción de serotonina, rediciendo los niveles de estrés», explica Bravo.

Los hombres suelen comer dulces de forma esporádica, pero a menudo caen bajo el efecto adictivo de los postres de forma desprevenida al descontrolar las cantidades del «bocado final» en la época navideña.

Otro factor que contribuye al exceso de peso, es la tendencia omnipresente a reuniones familiares y laborales que tienen como propósito celebrar las famosas cenas de Navidad.

Consejos nutricionales de cara a la Navidad

lenguado al hornoCon el fin de prevenir excesos sucesivos, los expertos del IMEO aconsejan ‘dosificar’ las celebraciones, reservando las comidas principales para los días señalados y optando por opciones más saludables que nos permitirán reducir las calorías a menos de la mitad. Seguir estos sencillos consejos nos ayudará a mantener el peso estable durante las Navidades.

  1. Controlar las técnicas de cocinado y presentación, pues pueden multiplicar x3 las calorías del plato.

Desde IMEO destacan como técnicas culinarias más saludables el horno, papillote, vapor, hervido, plancha y salteado. A cambio, desaconsejan los guisos, fritos, sofritos, estofados, brasa y microondas por ser menos saludables y porque en algunas ocasiones pueden multiplicar por tres las calorías del plato. «Se ha de tener especial cuidado con las calorías añadidas bajo forma de salsas, rebozados, mayonesas, natas y mantecas, ya que 3 cucharas soperas de mayonesa, por ejemplo, pueden aportar hasta 800Kcal, más de lo que sería el equivalente a una sola comida.

Ejemplos de diferencia calórica en 100gr de un alimento según la técnica de cocción aplicada:

– Calamares a la plancha (79,3Kcal) versus calamares a la romana (192,5Kcal).

– Lenguado al horno (72,6Kcal) vs lenguado empanado y frito (212,8Kcal).

– Patatas al horno (105Kcal) vs patatas fritas (295Kcal).

– Langostinos a la plancha con ajo y perejil (95Kcal) vs langostinos con mayonesa (369,8Kcal).

  1. Comprar raciones justas para no tener que comer las sobras.

La lucha con los excesos navideños empieza en el momento de la compra. Además de evitar tirar de las sobras los días siguientes del festivo, nos ayudará a ahorrar. Para ello, lo mejor es ir al mercado sin hambre, ni prisas; esto nos permitirá procesar mejor la información del etiquetado y elegir el producto más indicado. Podemos planificar la compra para los menús de la semana y calcular la cantidad necesaria según el número de comensales.

Lo mejor sería comprar productos frescos y de temporada en cantidades justas, sin dejarse llevar por las ofertas tipo «más por menos», porque adquirir un producto fresco tiene sentido solo si se consume al poco tiempo.

Por último, es recomendable comprar los dulces de poco en poco evitando las cajas grandes.

  1. Ayunar antes o durante un día festivo es un grave error que promueve el síndrome de atracón posterior.

Muchas personas no prueban ni bocado o apenas comen antes de la comida o cena principal en un día festivo pensando que de esta forma compensarán los excesos que van a tener. Un grave error, totalmente desaconsejado, ya que promueve el síndrome de atracón posterior. Otros inconvenientes de esta práctica son el riesgo de mareos o desvanecimiento, la fuerte sensación de hambre, cambios en el metabolismo que se relentiza, favoreciendo la pérdida de masa muscular y un efecto rebote.

La mejor estrategia para afrontar la celebración es realizar durante el día festivo pequeñas ingestas cada 2 o 3 horas siguiendo la filosofía de la dieta del picoteo, optando por alimentos menos calóricos y limitando las cantidades.

  1. Planificar el menú festivo optando por platos menos calóricos.

Consejos nutricionales de IMEO para unas navidades sin excesosLos expertos del IMEO aconsejan ordenar las comidas de primeros platos y entrantes menos calóricos para llegar sin hambre al plato principal. Para finalizar, lo mejor es tomar un postre casero y acompañarlo con cava -¡las burbujas aportan saciedad!– y, cuando ya no se tiene hambre, sacar los dulces navideños para degustar.
Para hacernos una idea, una comida o cena de Navidad no debe sobrepasar el 30% de la ingesta calórica total del día[2]. Dependiendo del peso, sexo, edad y actividad física de la persona, la comilona debería moverse de 450 a 540Kcal en el caso de las mujeres y de 600 a 750Kcal en el caso de los hombres.

Sugerencias de entrantes y primeros platos bajos en calorías: Caldo de gallina y verduras desgrasado, ventresca de bonito del norte con pimientos rojos asados, jamón ibérico, marisco (navajas, percebes, mejillones, gambas a la plancha, langostinos), pimientos del piquillo rellenos de carne picada.

Sugerencias de platos principales bajos en calorías: lubina o besugo al horno con ajetes y limón, solomillo de ternera con pimientos verdes.

  1. Limitar la cantidad de alcohol y optar por bebidas menos calóricas.

El exceso de alcohol desinhibe y reduce nuestro autocontrol y fuerza de voluntad, aumentando el riesgo de glotonería excesiva e ingestas desmesuradas, que tendrán efectos negativos no sólo en los kilos de más, sino también en nuestra salud y equilibrio emocional. Desde IMEO recomiendan apostar por el cava, el tinto y la cerveza y evitar, siempre que se pueda, las bebidas espirituosas y los chupitos «digestivos».

Para ilustrar la diferencia calórica, compararemos varias bebidas alcohólicas con un vaso ron con bebida de cola, que tiene 293Kcal y equivale a: 2,7 copas de 150ml de vino tinto o blanco; 3,2 vasos de sidra dulce; 4,1 copas de 100ml de champagne y a 4,5 botellas de 200ml de cerveza rubia.

Tabla de equivalencia alcohol

Realizar un día de compensación depurativo tras un día de excesos.

Siguiendo la filosofía de la Dieta de los Días Alternos, recomendamos los días posteriores a las comidas navideñas hacer un día depurativo como el que ofrecemos a continuación.

Desayuno: descafeinado, 1 zumo de 2 naranjas, 1 yogur desnatado de menos de 60Kcal con una cucharadita de salvado de avena.

Media mañana: 1 kiwi, 2 nueces.

Comida: 1 tazón de caldo de verduras depurativas preparado con apio, perejil, cebolla y diente de león; 150grs de queso fresco 0%, 1 zumo de zanahoria.

Merienda: 1 onza de chocolate negro, 2 nueces.

Cena: 1 tazón de caldo de verduras depurativas, 2 lonchas de jamón ibérico, 1 copa de vino tinto.

  1. Tener una vida activa.

A falta de la habitual actividad física (gimnasio, sesiones dirigidas, natación o running), aconsejamos decantarse por una vida menos sedentaria que incluya paseos diarios por la ciudad, sus mercados y atracciones navideños. Porque aunque no nos damos cuenta, moviéndonos quemamos calorías. Ir de compras durante 3,5 horas permite quemar unas 550Kcal, lo mismo que en una clase de Crossfit de 40 minutos.

[1] El calendario laboral en España marca 5 días festivos oficiales: el día de la Constitución, la Inmaculada, Navidad, Año Nuevo y Reyes. En Cataluña y Baleares celebran el 26 de diciembre, San Esteban, mientras que en la mayoría de las Comunidades Autónomas también es festivo el 7 de diciembre.

[2] Tomando de referencia una estimación media del aporte calórico diario de una mujer que varía entre 1500 y 1800Kcal, y de un hombre que varía entre 2000 y 2500Kcal.

El jamón ibérico se libra del informe de la OMS para el consumo de carnes rojas y procesadas

El informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre las carnes rojas y procesadas apenas ha tenido repercusión entre los consumidores.
Un equipo de periodistas de Comando de la Actualidad de TVE ha visitado al Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) para hablar sobre el tema con Rubén Bravo, experto en nutrición y autor una dieta basada en el jamón y vino.
La Dieta del Vino y el Jamón es una dieta avalada por el equipo de nutricionistas del IMEO, y recomienda el consumo frecuente de jamón ibérico, entre unos 90 y 100gr diarios. Si aplicamos sin distinción la regla de la OMS de carnes rojas y procesadas, significaría que comiendo la mitad de esta cantidad aumentaríamos la probabilidad de padecer cáncer de colon. ¿Realmente esto es así?, nos preguntaríamos.
«Nosotros con este dato en concreto, extrapolándolo al jamón ibérico, no estamos de acuerdo», recalca Rubén Bravo. Un equipo del IMEO compuesto por nutricionistas, farmacéuticos y endocrinos ha realizado una serie de tablas comparativas y ha llegado a una conclusión bien diferente. «Hemos cogido como referencia el jamón ibérico comparando carcinógenos con una caja de tabaco y hemos obtenido como resultado que habría que tomar estos 90-100gr durante 5,2 años para equiparar todo este consumo a una sola cajetilla de tabaco», argumenta Bravo.
Muchos defensores en España del consumo de carnes rojas recuerdan que llevamos toda la vida comiendo ternera, jamón y carnes rojas procesadas; sin embargo hasta el momento ninguna estadística afirma que tenemos más riesgo de sufrir cáncer que otros países. Todo lo contrario: somos el segundo país más longevo del mundo, detrás de Japón. En este sentido, si todos tuviéramos niveles de cáncer alto, por seguir una dieta de corte mediterráneo, como es la dieta del vino y el jamón, ni mucho menos estaríamos dentro de este ranking.
En estos casos los expertos en nutrición del IMEO consideran necesario hacer algunas diferenciaciones entre el jamón ibérico de bellota y el jamón york de calidad deficiente que se come en Estados Unidos.
En su informe la OMS denuncia el contenido de nitritos, indicando que un consumo prolongado durante mucho tiempo y en cantidades diarias de 50 gramos aumentaría un 18 por ciento la probabilidad de padecer cáncer de colon. «Nosotros no estamos en contra de la OMS, pero intentamos matizar la diferencia de comer entre unos alimentos y otros», recalca Bravo y desmiente que este producto estrella nacional puede elevar los triglicéridos, engordar y favorecer la hipertensión…
Su efecto es todo lo contrario, tal como demostró un estudio realizado por el Hospital Ramón y Cajal donde comprobaban los beneficios del jamón ibérico sobre la memoria, en su reducción de la tensión arterial, y como potente vasodilatador proporcionando un importante efecto antioxidante.
Fuente: Comando Actualidad, Televisión Española 2015

La dieta de la mediana edad: los modos más sencillos de perder peso a partir de los 40

Llegados a los 30 años nuestro metabolismo se desacelera y nos cuesta más mantener firme la masa muscular. Las dietas que hacíamos 20 años atrás ya no nos sirven, pero tiene solución

El Confidencial, por Alba Ramos Sanz
la-dieta-de-la-mediana-edad-los-modos-mas-sencillos-de-perder-peso-a-partir-de-los-40Echa cuentas: de media nos pasamos unos 23 años de nuestra vida durmiendo. Aproximadamente una tercera parte, una eternidad de tiempo perdido, pero lo cierto es que el descanso es fundamental para la salud. Ahora, que si piensas la cantidad de años que te pasas a dieta a lo largo de tu existencia, entonces puede que te lleves las manos a la cabeza.

Según calculó en 2013 el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) las mujeres españolas se pasan ocho años de su vida a dieta, lo que equivale realizar casi 100 dietas de unas cuatro semanas de duración. Y ojo, porque los hombres no se quedan atrás en esto de quitarse los kilitos de más y cada vez se unen más a aquello de seguir un régimen y apuntarse al gimnasio, al menos en los dos momentos cumbre del año: después de Navidad y antes de verano.

Deberíamos estar estupendos, pero la realidad es muy diferente. Al seguir este tipo de dietas relámpago dos veces al año nos topamos con el conocido “efecto rebote” porque volvemos a nuestros hábitos alimenticios en cuanto perdemos el peso que pretendíamos… Y cuando llegas a los 40 este impacto es mucho mayor de lo que era a los ‘veintitantos’.

A medida que nos acercamos a la mediana edad, nuestro metabolismo se desacelera y perdemos masa muscular, lo que se traduce en que las dietas que hacíamos 15 y 20 años atrás ya no nos sirven apenas para nada. No pasa nada, simplemente tienes que empezar a seguir los trucos para adelgazar adecuados a tu edad como los que recoge Grant Stoddard en ‘Eat This Not That’.

1. Reduce el consumo de alcohol

“Es muy agradable relajarse al final de un largo día abriendo una botella de vino, ¡pero antes de que te des cuenta te has tomado dos o tres copas cada noche!”, advierte la nutricionista Amy Shapiro, quien recuerda que una copa de vino tiene en torno a 75 calorías, o sea que si te calzas tres como costumbre estamos hablando de unas 225 calorías.

Y sí, la barriga cervecera existe y habrás notado que es bastante más común en las personas que ya han pasado los 30 años… Está claro que las tapas son las grandes protagonistas de que nos llevemos unos cuantos gramos de más cada vez que salimos a tomar unas cañas, pero la cerveza no está exenta de calorías: aunque depende del tipo, en general, un tercio –unos 33 centilitros– tiene 150 calorías. Esto, unido a un estilo de vida sedentario; suma y sigue con las calorías de más. Córtate un poco con el alcohol y busca alternativas para acompañar tus comidas, tu salud y tu cintura te lo agradecerán ahora más que nunca.

2. Apaga la calefacción

Una medida bastante económica que te ayudará a perder barriga. Al menos así lo asegura un estudio publicado en la revista ‘Diabetes’ según el cual reducir el calor durante el invierno puede ayudarnos a atacar la grasa del vientre mientras dormimos. Las temperaturas más frías ayudan a que nuestra grasa marrón se active y actúa más eficazmente en su tarea de quemar las grasas acumuladas en el abdomen.

3. Haz ejercicio en ayuno

Según el entrenador personal Seth Santoro, un elemento clave en la estrategia para adelgazar a partir de los 40 es hacer más ejercicios cardiovasculares, pero para que funcione debemos hacerlos en ayunas. “Ir al gimnasio y hacer algunos ‘sprints’ en la cinta de correr con el estómago vacío ayuda a quemar grasas. Los niveles de glucógeno se agotan durante el sueño y al despertarnos el cuerpo empieza a utilizar un mayor porcentaje de grasa corporal como fuente de energía. Si hacemos deporte en ayunas cuando el cuerpo tiene un déficit de calorías activamos el metabolismo y aumentamos la capacidad de quemar calorías más que en otros momentos del día”, explica el experto.

4. Recena

Dar al metabolismo una pequeña sacudida justo antes de acostarnos ayuda a mantener activo nuestro metabolismo –que, recordemos, va desacelerándose a medida que envejecemos– para que no deje de trabajar durante la noche. Y las proteínas serán el mejor aliado.
Así lo confirmó un estudio realizado en la Universidad Estatal de Florida según el cual los hombres que se comían un bocadillo que incluía unos 30 gramos de proteínas tenían una tasa metabólica en reposo superior a la mañana siguiente que los que no habían comido nada. La proteína realiza un efecto termogénico –que ayuda al organismo a generar calor mediante reacciones metobólicas– superior al de los carbohidratos o las grasas, lo que traduce en que ayuda a que el cuerpo queme más calorías mientras dormimos.

5. Práctica sexo

Aunque depende de las posiciones y el tiempo total invertido, practicar sexo ayuda a quemar calorías. En concreto se calcula que se pueden llegar a perder unas 100 calorías por cada encuentro sexual de unos 20 minutos. Olvídate del ‘ya no estoy para estos trotes’, hay formas de elevar la libido y disfrutar del sexo.
Según un estudio publicado en ‘The Journal of Sexual Medicine’, el deseo sexual femenino aumenta en proporción a la calidad de su descanso: es decir, por cada hora extra de sueño más minutos de placer demandarán. Además, otra investigación demostró que cuanto más cantidad y más a menudo se practique, se pierde más peso. Como cuando vamos habitualmente al gimnasio, de este modo conseguimos crear un circuito de retroalimentación positiva.

6. El ritual si sales a cenar

“Si sales a comer fuera, pide dos primeros en vez de un entrante y un plato principal. Hay que controlar la cantidad de las porciones y, por lo general, éstos son más ligeros que los segundos”, aconseja Shapiro. “Siempre recomiendo escoger entre uno de los tres venenos: pan, alcohol o postre”, añade la experta, quien recuerda que cualquiera de estas opciones no son más que calorías vacías así que debemos tratar de limitar su consumo total. Así conseguirás que una cena de ocio no se convierta en un duro trabajo durante la semana para quemar esos pequeños excesos que, con la edad, se notan más que nunca.

7. Cierra las cortinas

Siguiendo los consejos anteriores, si llegas al dormitorio y está frío y has comido algún aperitivo nocturno alto en proteínas, estás listo para irte a dormir y quemar calorías mientras descansas. Claro que para que estas técnicas funcionen correctamente necesitas conciliar el sueño de forma rápida y duradera y la luz exterior es el peor enemigo de este objetivo.
Aunque creas que tu sueño es inmune a la luz solar y ‘te dé igual’ que las persianas estén levantadas, la realidad es que no correr las cortinas afecta a los niveles de melatonina –la hormona responsable de conseguir que nuestro cuerpo se duerma antes– y afecta a la calidad de nuestro descanso, lo que con los años se traduce en que nuestro metabolismo no actúe durante la noche tal y como deseamos.

8. Apaga la tele

¿Sabías que las personas que ven menos la televisión están más delgadas? Y no es que inviertan su tiempo en hacer ejercicio en lugar de sentarse delante de la ‘caja tonta’, es que evitando este hábito reducen el riesgo de padecer diabetes, enfermedades de corazón y una muerte prematura en un 20%, 15% y 13%, respectivamente. Así lo aseguró un estudio según el cual esto puede deberse a que al estar más rato sin movernos gastamos menos combustible y los niveles de azúcar en sangre inundan el torrente sanguíneo y esto a partir de los 40 años contribuye en mayor medida a las posibilidades de tener diabetes y otras enfermedades relacionadas con el peso.

9. ‘Hara Hachi Bu’: aprende de los japoneses

En general, los japoneses envejecen estupendamente y mantienen una alimentación sana y equilibrada. De hecho están entre las personas más longevas del mundo. Aquí está su truco, cuyo nombre puede costarte memorizar: la técnica ‘Hara Hachi Bu’. Literalmente significa “estómago lleno 8 de 10”, y en la práctica se traduce en comer hasta alcanzar el 80% del nivel real de hambre que tenemos y parar. Recuerda que no se acaba el mundo y volverás a comer más tarde. Si vas reduciendo tus porciones poco a poco acostumbrarás a tu estómago a comer menos cantidad y, por tanto, evitar la ingesta de unas cuantas calorías innecesarias.

10. Bebe más agua

Una de las cosas más importantes que podemos hacer para perder peso a medida que envejecemos es beber agua. Entre otros muchos beneficios, así conseguimos reducir la cantidad de sal de nuestra dieta sin darnos cuenta. Un exceso de sodio puede traducirse en que el cuerpo retenga líquidos, lo que se traduce en una desagradable sensación de hinchazón. Bebiendo al menos dos litros de agua al día, lo podrás evitar.

Te cuidas, pero te sobran kilos: aquí puede estar la razón (y no lo sabías)

Los errores que cometes

Mujer.es, por Piluca Santos

– Que te sobre algo de peso no es preocupante, el problema surge cuando se va acumulando. Y no, no desaparece por arte de magia.
– Rubén Bravo, experto en el tema y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, nos da algunos consejos para lograrlo.
BasculaNo comes entre horas, intentes ir andando a todos los sitios, subes las escaleras a pie con esfuerzo y sin quejarte, pero aún así la báscula no baja. Tener unos kilos de más no es preocupante, el problema surge cuando ese peso se va acumulando con el paso de los años y, sí, no desaparecen por arte de magia. ¡Por mucho que lo desees y te encomiendes a Zeus!

La OMS prevé que en tan solo 15 años 7 millones de personas perderán la vida a causa de enfermedades no transmisibles, debido a factores de riesgo comportamentales y físicos como el sedentarismo, el sobrepeso y la obesidad. Las previsiones para la próxima década son devastadoras: dos de cada tres personas serán obesas.

«Las personas severamente obesas viven 10 años menos que las que tienen un peso normal y que cada 15 kilos extras aumentan el riesgo de muerte temprana en un 30 por ciento», señala Rubén Bravo, experto en el tema y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

Los cuatro errores que cometes:

1. Los alimentos tramposos

¿Sueles leer la etiqueta con la información nutricional de cada producto que entra en vuestra cesta de compra? Si te fijas,casi todo contiene azúcar. Por ejemplo, una loncha de pavo de 0% grasa tiene 0,5 gr de azúcar, igual que una tostada de pan; 100 gramos de salchichas de pavo 1,8gr; un yogur desnatado, 4gr; 45gr de cereales, 14gr; una barra de chocolate infantil de 100gr contiene 55gr de azúcar…

Según la OMS consumimos más azúcar de lo que debemos, que no debe aportar más del 10% de las calorías diarias, es decir, 50gr para los adultos y hasta 37gr para los niños, aunque por el bien de la salud, los expertos recomiendan no sobrepasar los 25gr. «Esta cantidad equivale a 6 cucharaditas de azúcar contenidas en una lata de refresco endulzado», apunta Bravo. Los alimentos envasados son trampa.

2. Moverse poco, trabajar demasiado, cenar tarde…

«No se trata de un concepto abstracto, sino de la suma de una serie de hábitos o condiciones que, a la larga conducen a obesidad», apunta el experto. En España, además, tenemos el inconveniente de una jornada laboral muy poco saludable -con horarios partidos de 9 a 14 y de 15 a 20 horas- y cenas muy tardías que difícilmente encajan en un estilo de vida saludable.

Es un error pensar que la obesidad es cosa de amas de casa o personas en el paro. Un estudio epidemiológico apunta que más de la mitad de los trabajadores del estado español sufren sobrepeso u obesidad. Está demostrado que jornadas laborales excesivamente largas fomentan la depresión, el estrés y el mal dormir, además de aumentar el 60% el riesgo de sufrir un padecimiento cardiaco.

Dormir menos de 7 horas o tener sueño de poca calidad es otro factor que tiene relación directa con la obesidad. Por un lado, afecta los niveles de energía a lo largo del día, incide en la falta de ganas para hacer ejercicio y nos induce a comer ciertos alimentos, como café, dulces o hidratos de carbono, porque nos proporcionan energía rápida, aunque temporal. Por otro lado, la falta de sueño relentece el metabolismo y aumenta los niveles de ghrelina, hormona que no sólo estimula el apetito, sino que también favorece la acumulación de lípidos en forma de grasa visceral, aquella que se sitúa en la zona abdominal y tiene más riesgo cardiovascular.

«Debemos apostar por realizar cambios que nos permitan llevar una vida saludable, con una alimentación adecuada y actividad física diaria -preferiblemente por la mañana, porque el ejercicio a primera hora activa el metabolismo y ayuda a quemar más calorías a lo largo de la jornada-; esto nos ayudará a lograr un bienestar emocional sin ansiedad, ni estrés», resume Bravo. La actividad física recomendada por la OMS para adultos de 18 a 64 años es entre 2,5 horas y 5 horas semanales (ejercicios aeróbicos, de intensidad moderada).

3. Hacer dieta sin ayuda de un profesional  

Cuando hay un problema de salud tenemos que acudir a un profesional porque solo así evitaremos el temido efecto rebote. «Con la ayuda de la tecnología médica podemos determinar con precisión las hormonas del paciente, su estado emocional, sus hábitos alimenticios, su metabolismo basal y hasta sus polimorfismos genéticos, es decir las mutaciones en los genes relacionados con obesidad, todo esto nos permite proponer recomendaciones dietéticas adecuadas a cada individuo», nos recuerda el doctor.

4. No cocinar por pereza y comer fuera

Cuanto menos elaborado esté un producto, más sano es y, por lo tanto, menos calorías tendrá. Si comes fuera, aunque intentes escoger lo más ligero del menú, siempre será más graso que lo que te puedas preparar el casa, lo mismo ocurre con los alimentos preparados que venden en los supermercados, con conservantes y a veces también colorantes, no suelen contener aceite de buena calidad.

España, a la cabeza del ranking mundial en la técnica de reducción de estómago por endoscopía con sutura Apollo

IMEO presenta los resultados del primer estudio con mayor número de pacientes que han recurrido a esta técnica: el 70% equilibró su metabolismo a los seis meses de tratamiento, al año el 90% de los que tenían sobrepeso lo perdieron por completo y en los casos de obesidad se logró perder una media de 64% del peso sobrante

  • El 52,7% de la población española de 18 y más años está por encima de su peso saludable, de ellos un 16,9% tienen obesidad. El problema se da en mayor medida entre los hombres y aumenta con la edad[1].
  • El 81% de los españoles fracasa al hacer una dieta, a pesar de que el 76% reconoce no estar contento con su peso actual, según datos de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad[2].

Dia de la obesidad 2015_IMEOCon el motivo del Día Mundial contra la Obesidad que se celebra 12 de Noviembre, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) hace públicos los resultados del primer estudio con mayor número de casos de pacientes que se han sometido a una reducción de estómago por endoscopia con sutura Apollo. Los datos son concluyentes: a la medida que se reduce la carga del sobrepeso o los niveles de obesidad en la persona, mejora la efectividad del organismo para utilizar la grasa como fuente de energía y se equilibra la sensación de hambre y ansiedad hacia los alimentos. Además, al finalizar el primer año de tratamiento el 90% de los pacientes que tenían sobrepeso lo perdieron por completo, mientras que en los casos de obesidad se logró perder una media de 64% del peso sobrante.

La cirugía de la obesidad requiere de un diagnóstico exhaustivo y detallado

La cirugía de obesidad requiere de un enfoque profesional multidisciplinar con diagnósticos previos exhaustivos y detallados, control nutricional semanal y educación emocional con psicólogo, para conseguir cambios profundos en los hábitos de los pacientes. «En IMEO estudiamos y analizamos las características particulares de cada paciente, desde el perfil genético, metabólico, hormonal y psicológico hasta sus hábitos sociales o preferencias gastronómicas, todo ello es sumamente importante a la hora de diseñar un tratamiento personalizado y un balance nutricional ajustado que permita alcanzar un peso saludable y obtener resultados a largo plazo», explica Rubén Bravo, experto universitario en nutrición y portavoz del IMEO. Un análisis enfocado en la Biotecnología Intersticicial y la Genética, no sólo permite evaluar los resultados de ADN de los pacientes, sino también ayuda comprender los mecanismos que influyen en el paciente a la hora de gestionar su forma de comer, pudiendo incidir directamente en las predisposiciones existentes a través de la modificación de los hábitos de vida.

Gracias a la alta tecnología aplicada al diagnóstico y tratamiento de la obesidad, hoy en día podemos abordar el problema utilizando las técnicas más novedosas y avanzadas, como es la cirugía endoscópica con sutura Apollo que nos permite reducir el estómago, sin cortes y sin dejar cicatrices externas, pues accedemos al estómago a través de la boca, frunciéndolo en varios pliegues con diversos puntos, para disminuir la capacidad de la cavidad gástrica que acumulará menos cantidad de comida.

En una persona obesa interfieren dos mecanismos importantes que inciden en su necesidad de comer hasta «sentirse saciado». En primer lugar, los receptores del estómago encargados de identificar la sensación de saciedad pierden sensibilidad después de realizar durante mucho tiempo ingestas excesivas y rápidas, disfuncionándose la secreción de ghrelina. En segundo lugar, a esto sumamos el mal funcionamiento de la leptina, una hormona que manda al cerebro la señal que ya tenemos reserva de grasa suficiente y que no hace falta seguir comiendo. Si sus niveles se reducen en el organismo, aumenta la sensación de hambre y apetito, disminuye el gasto calórico y reduciendo la sensación de saciedad.

«Hay ciertos hábitos que pueden incrementar la producción de leptina en nuestro cuerpo, como el consumo de proteínas de alta calidad biológica (lácteos, carne, legumbres y nueces) que deben representar un 30% de la ingesta diaria, alimentos ricos en omega 3 y zinc o la práctica regular de ejercicio físico», revela Bravo.

Por tanto, la sensación de hambre, la tendencia a picar entre comidas, la dificultad de utilizar la grasa como fuente de energía, son datos completamente medibles y contemplados en el actual estudio. Su registro y evolución nos proporciona información sobre el metabolismo de cada paciente y nos da las claves para plantear un tratamiento multidisciplinar adecuado, en el que interviene un amplio equipo de especialistas, entre ellos nutricionistas, endocrinos, psicólogos, fisioterapeutas, entrenadores profesionales, esteticistas, médicos internistas, cirujanos y endoscopistas.

Muestra del estudio de IMEO realizado con 244 pacientes con sobrepeso elevado y obesidad, intervenidos con cirugía endoscópica de reducción del estómago con sutura Apollo

El estudio realizado por el IMEO contempla 244 casos, 205 mujeres y 39 hombres, entre 19 y 78 años de edad. Más de la mitad tenían entre 35 y 54 años de edad en el momento en que recurrieron a esta cirugía para solucionar su problema de sobrepeso u obesidad.

De todos ellos, 146 ya han finalizado el primer año del tratamiento, 26 han concluido el noveno mes, 35 han cumplido el sexto y el resto se encuentra en fase inicial, entre el primer y el quinto mes.

Los datos analizados corresponden a dos principales grupos de pacientes, aquellos con un sobrepeso elevado y los que entran en los diferentes rangos de obesidad.

Los resultados muestran una alta eficacia en la pérdida de peso en el primer grupo. El 90% de las personas con sobrepeso (34) han alcanzado su peso saludable a los doce meses del tratamiento.

El grupo compuesto por personas obesas (210) empezó con niveles de peso muy altos, donde en algunas ocasiones sobraban hasta 90 kilos. Al finalizar el primer año de tratamiento, las personas de este grupo habían perdido de media el 64% del peso sobrante, siendo menor este índice en los casos donde el peso que se tenía que perder superaba 50 kilos.

«Hemos observado que en estos casos los primeros 10-12 kilos se pierden en los primeros dos meses, pudiendo perder en seis meses unos 20 kilos y al finalizar el año alcanzar un peso considerado saludable, o en el caso de los obesos pasan al rango de sobrepeso», resume Bravo.

Mejora de la Tasa Metabólica

En casi todos los casos estudiados se observó una mejora de la tasa metabólica[3], es decir, la efectividad del organismo para utilizar la grasa como fuente de energía. Los índices iníciales eran realmente bajos: 112 pacientes tenían un metabolismo lento e inefectivo, 131 lo tenían equilibrado y sólo uno tenía el metabolismo activo. Uno de cada cuatro pacientes tenía una tasa metabólica mínima equivalente a 1. Finalizado el tratamiento, los parámetros mejoraron considerablemente, pasando de 4,5 de media a 7 de media a partir del sexto mes del tratamiento, alcanzando unos niveles equilibrados.

Reducción notable de la sensación de hambre

En cuanto a la leptina[4], de los 244 pacientes sólo 37 tenían los índices iníciales dentro de la normalidad, 27 estaban levemente por encima, 4 tenían los niveles por debajo de lo normal y la gran mayoría, 185 pacientes, mostraban unos niveles exageradamente altos (entre 21 y 40) desvelando una resistencia a la leptina que no incide en un menor nivel de hambre, ni mayor gasto calórico sino todo lo contrario.

El estudio realizado por el IMEO muestra la evolución en la mejora de los niveles de leptina. Mientras que en la fase inicial el promedio de los pacientes era de 27, al finalizar el primer año esta cifra disminuyo hasta 18,9, es decir, ha ido mejorando en aquellos casos que manifestaban una resistencia a la hormona, equilibrando la sensación de hambre.

[1] Según la Encuesta Europea de Salud en España 2014 realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

[2] La ‘Encuesta XLS Medical sobre los factores de éxito y fracaso en el intento de adelgazar’ fue realizada a 2.944 personas.

[3] Se mide en una escala de 0 a 15, determinando si un metabolismo es lento e inefectivo (de 0 a 5), equilibrado (de 5 a 9), activo o hiperactivo (de 9 a 15).

[4] Los parámetros considerados normales de leptina varían entre 10 y 15. De 0 a 9 es considerado por debajo y entre 16 y 20 por encima de lo normal.

Se esperan bajadas de las temperaturas: alimentos que ayudan para entrar en calor

Consejos expertos para combatir el frío con la alimentación, sin descuidar la línea; también algunos platos para recuperarnos rápidamente si nos hemos enfriado. Se aproxima el cambio de tiempo y conviene prepararse para proteger la salud y el bienestar

Efe Salud, por Omar Segura
alimentos para entrar en calorLa caída de temperaturas nos hace tiritar y también puede hacernos engordar si no vigilamos nuestros hábitos alimenticios. Elegir bien las comidas y bebidas que ingerimos y sus cantidades, es fundamental, según advierten desde el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

“Diferentes estudios que manejamos indican que consumimos más calorías cuando estamos más expuestos al frío, pero nuestro gasto calórico no es importante, debido a las medidas que tomamos para entrar en calor y que propician el sedentarismo, como pasar menos tiempo fuera, abrigarnos más y hacer uso de la calefacción”, explica Rubén Bravo, experto en nutrición del IMEO.

Según Bravo, el frío exige a nuestro cuerpo un esfuerzo extra para mantener una temperatura constante de alrededor de 37º grados centígrados, teniendo que activar una serie de mecanismos fisiológicos para generar calor interno y contrarrestar de esta manera el descenso de la temperatura en el exterior.
Sin embargo, los denominados platos de puchero y los potajes hipercalóricos -que son lo que más se consume en las épocas frías-, esconden cierto riesgo de engordar y no siempre son la mejor opción, según este experto.

Para dejar de tiritar

Para entrar en calor en el invierno sin descuidar la línea ni desviarse de los hábitos saludables, desde IMEO sugieren:.

a) Añadir a las sopas, caldos, cremas y purés, abundante cantidad de vegetales y hortalizas (alcachofas, acelgas, zanahorias, arroz, puerro, calabaza) que nos hidratarán y ayudan al organismo a mantener la temperatura corporal adecuada.

b) Tomar a diario cebolla, ajo y jengibre para reforzar las defensas, ya que sus efectos antibióticos, antioxidantes y antiinflamatorios los convierten grandes aliado contra los resfriados que arrecian en invierno.

c) Servirse de especias como el comino, tomillo y pimienta, que además de ser un buen condimento, tienen propiedades antigripales, y que en el caso de la cayena, agregada en sopas y guisos, estimula la quema de las grasas en el cuerpo.

d) Limitar el consumo de grasas al 30 por ciento de las calorías totales diarias, dando prioridad en la comida y la cena a las grasas saludables omega-3, que se encuentran sobre todo en los pescados azules.

e) Consumir legumbres e hidratos de carbono, en su justa medida, ya que son alimentos que nos suministran energía de forma rápida y son indispensables para una alimentación equilibrada.

f) Procurar que las proteínas sean un 20 por ciento de las calorías totales diarias, ya que la carne, el pescado, los huevos y los lácteos son indispensables para el correcto funcionamiento del organismo y ayudan a fortalecer el sistema inmunitario.

g) Comenzar el día con un café o té y a la tarde-noche tomar infusiones, porque además de hidratar y dejarnos con buen sabor en la boca, estas bebidas calientes ejercen efectos terapéuticos sobre nuestro organismo y estado de ánimo si se usan bien.

h) Aumentar las raciones de fruta, preferiblemente comiendo la pieza entera, con piel o pulpa, sobre todo de cítricos y variedades de temporada con mucha vitamina C, ya que son un remedio natural para prevenir resfriados y reducir sus síntomas.

i) Incluir en el menú ansiolíticos naturales como el chocolate negro puro (en taza con leche desnatada y una onza de chocolate) o semillas de ‘griffonia’, una planta africana que reduce los estados ansioso y depresivos (añadida al aliño de la ensalada).

j) Hacer deporte en el exterior ya que, cuando se realizan ejercicios aeróbicos y el deportista está en movimiento constante, se queman más calorías al aire libre y en un ambiente frío que en un gimnasio o ambientes climatizados.

k) Aligerar las grasas de los platos de puchero (potajes, guisos, lentejas, cocidos, alubias) cocinándolos con verduras (con recetas culinarias “a la jardinera”) o preparándolos de forma tradicional, añadiendo ternera, morcilla y chorizo, pero evitando el tocino.

Primeros Auxilios anti-frío

caldosRubén Bravo, experto en nutrición del IMEO, propone a Efe una “combinación muy efectiva que, por un lado mejorará nuestro sistema inmunitario, nos ayudará a combatir bacterias y virus, y por otro nos ayudará a entrar rápidamente en calor”:

Sopa de ajo y cebolla

Gracias a su alto contenido en potasio, flavonoides, ácido cafeico, aliina, alicina, quercitina y compuestos con azufre, este plato es un potente botiquín para prevenir los procesos infecciosos como las gripes o bronquitis, aportando vasodilatación inmediata si se toma en forma de sopa caliente, ayudando a entrar en calor rápidamente, según Bravo.

Preparado caliente con una cucharada de miel de manuka con zumo de limón

Según el experto del IMEO, el limón es un antibactericida excepcional, que limpia la garganta de posibles infecciones, y la miel de manuka la usan desde hace milenios los maoríes de Nueva Zelanda por su alto contenido en antibióticos naturales para curar algunas infecciones graves.
Bravo recomienda tomar esta combinación por las noches antes de acostarnos, “pues es el momento del día en que nuestro sistema inmunitario está en los niveles más elevados, y acompañarlas de un buen baño de agua caliente, que reforzará el resultado y nos permitirá el descanso optimo e imprescindible para recuperarnos con solidez terapéutica”.