Recetas bajas en calorías para no engordar en Semana Santa

Reinventa los potajes de vigilia, las torrijas o las recetas de bacalao para comer sano en estas fechas

Mujerdeelite.com

Desde hace cientos de años, la época de la Cuaresma y la Semana Santa se caracterizan por una serie de tradiciones culinarias que aún se conservan en el recetario español, dando salida a platos populares como los Potajes de Vigilia, las recetas de Bacalao o las Torrijas.

Ya puedes elaborar las recetas de la abuela, pero sin ganar calorías, sobre todo, en estas fechas en que gran parte de la población aprovecha para el descanso y la diversión, y en la que se cometen demasiados excesos.

Para caer en la tentación sin remordimientos, te proponemos las tradiciones culinarias de esos platos de la cultura mediterránea que tanto bien hacen a la salud y los reinventamos con menos calorías para que no falten en las mesas durante estos días sin que sean ‘una comida de pecado‘.

Platos o recetas como el Potaje Vigilia, la Sopa de Ajo, recetas de Bacalao como pescado estrella o el postre más repetido por excelencia, las Torrijas, son algunas de las comidas de la cocina tradicional en las que se han variado algunos ingredientes o detalles en su técnica de cocción para que resulten menos calóricas.

Potaje Vigilia
potaje de vigiliaEsta receta se prepara de un modo rápido y por lo tanto de manera más sencilla que la tradicional la cual suele llevar varias horas. Aquí contamos con unos garbanzos ya cocidos. Las espinacas congeladas las herviremos en agua de 5 a 7 minutos. El bacalao lo introduciremos en el horno con una sola cucharada de aceite, sin aportar más grasas. Después uniremos todos los ingredientes. De esta manera evitamos los caldos más grasos que suelen unirse a esta receta y sus principales ingredientes están elaborados con técnicas de cocción que no implican ningún inconveniente para una dieta de control de peso.

También recordamos que este plato se servirá como plato único, junto a un postre como una fruta o yogur obtendremos una comida completa, ya que se incluyen verduras, proteínas de alta calidad y legumbres ricas también en hidratos, que puedes preparan gracias a diferentes y riquísimas recetas.

Ingredientes:
•    150 gramos de garbanzos cocidos de bote
•    200 gramos de bacalao desalado
•    1 hoja de laurel
•    300 gramos de espinacas congeladas
•    2 cucharadas de aceite de oliva
•    3 dientes de ajo
•    1 cucharada de perejil picado
•    2 huevos
•    Pimentón dulce (opcional)
•    Azafrán (opcional)

Elaboración:
Una vez cocidas las espinacas durante unos 5 minutos las escurrimos. En una sartén con un par de cucharadas de aceite doramos un poco los ajos y añadimos las espinacas, mezclamos dando unas vueltas. Cocemos un huevo en agua, durante 10 minutos una vez empiece a hervir el agua. Pasado el tiempo lo refrescamos o dejamos enfriar y reservamos. En la bandeja de horno con los garbanzos ponemos sobre ella las tajadas de bacalao con una cucharadita de aceite de oliva por encima y lo introducimos al horno unos 8 minutos.

Sopa de ajo con huevo
sopa de ajo con huevoEsta receta cumple una función muy saciante. Principalmente lo que hacemos es reducir la cantidad de pan a menos de la mitad de lo que en las recetas tradicionales se le viene añadiendo, con esto reduciremos mucho su aporte de calorías provenientes de los hidratos de carbono, por lo demás es una receta perfectamente compatible dentro de una dieta saludable.

Y es que el ajo es uno de los tantos remedios naturales, que existen contra la presión arterial alta. Equilibra la presión, es un tónico cardiovascular natural y también nivela el colesterol, además de ser un gran bactericida. Sin duda, la sopa de ajo es una receta sana, sencilla y deliciosa.

Ingredientes:
•    Una cabeza de ajo
•    4 rebanadas pan tostado
•    1 guindilla Cayena
•    1 cucharada de pimentón dulce
•    2 cucharadas de pulpa de Pimiento Choricero o Ñora
•    1 litro de agua
•    1 Huevo cocido o escalfado
•    2 cucharadas de aceite
•    2 cucharadas de tomate natural
•    1 pizca de sal
•    1 loncha de jamón serrano

Elaboración:
Picar los ajos en láminas y la loncha de jamón en tiras y reservamos. Hervimos un huevo 10 minutos o lo escalfamos cascado durante 3 minutos. Ponemos el aceite en una cazuela, echando los ajos laminados y la guindilla hasta dorar un poco sin que se quemen. Añadimos las rodajas de pan tostado. Rehoga, añade el pimentón, el tomate natural y cubre con el caldo. Cuece a fuego medio durante 25-30 minutos. Tritura con la batidora y sazona. En un plato hondo colocamos en el centro el huevo cocido o escalfado y cubrimos alrededor con la sopa. Sobre el huevo coloca las tiras de jamón y una ramita de perejil.

Bacalao con pimientos
bacalao con pimientosOtra receta muy sencilla para elaborar un excelente pescado bajo en calorías como lo es el bacalao. Para su cocción emplearemos el horno y para su guarnición de verdura primeramente serán salteadas con un poco de aceite de oliva terminándose junto al bacalao en el horno.

El bacalao una vez desalado o fresco es un excelente pescado para dietas de control de peso, dado que no es rico en grasas.

Ingredientes:
•    300 gramos de bacalao (para 2 personas)
•    1/4 Unidad pimiento rojo
•    1/4 Unidad pimiento verde
•    1/4 Unidad pimiento amarillo
•    Media cebolla
•    2 cucharadas de aceite de oliva virgen
•    Una pizca de pimienta negra
•    1 pizca de sal

Elaboración:
Dispondremos de unas tajadas de bacalao desaladas. Picamos los pimientos y la cebolla en tiras. Precalentamos el horno a 180 grados. En una sartén con una cucharada de aceite de oliva, salteamos unos minutos los pimientos y la cebolla en tiras añadiendo una pizca de sal. Seguidamente en una fuente o bandejita de horno colocamos el bacalao, al que podemos añadir una pizca de pimienta. Colocamos sobre las tajadas de bacalao unas montañitas de la verdura salteada, una cucharada de aceite e introducimos en el horno a 180 ºC durante unos 15 minutos.

Con ayuda de una pala puedes pasar la tajada con su guarnición de verduras recién sacada del horno, de la fuente al plato, el cual podemos acompañar con una pequeña ensalada simple de lechuga aliñada.

Torrija de pan
torrijas al hornoLa principal novedad en esta receta es que el método de cocción a utilizar es quien reduce ostensiblemente las calorías del plato, ya que las Torrijas se elaborarán en el horno en lugar de fritas en aceite. Además de no utilizar ni una gota de grasa, sustituimos el azúcar refinado que normalmente se utiliza, por unas cucharadas de miel, que nutricionalmente hablando siempre será más aconsejable.

Así podremos obtener una ‘Torrija sin pecado’. También hay que recordar que siempre son más saludables todos aquellos postres elaborados en casa de la manera tradicional que cualquier otro creado a gran escala como la bollería industrial.

Ingredientes:
•    1/4 litro leche desnatada
•    4 cucharadas de miel
•    1 corteza de limón
•    1 corteza de naranja
•    Canela en rama y canela en polvo
•    2 fresas
•    1 huevo
•    2 rodajas de pan

Elaboración:
Cortamos 2 rebanadas de pan del mismo día, con un grosor de 1,5 cm (menos de 2 dedos). Calentamos la leche con la rama de canela, las cortezas de limón y naranja, más la miel hasta que esta quede bien disuelta. Después dejamos enfriar el conjunto. Encendemos el grill del horno para que vaya cogiendo calor a unos 210ºC y ponemos sobre una placa papel de horno o una lámina de silicona especial para horno.

En un plato hondo, vertemos la leche y colocamos las rodajas de pan durante 10 minutos. Batimos un huevo en otro plato hondo y pasamos por él las rebanadas de pan que previamente habíamos puesto en la leche aromatizada. Directamente ponemos las torrijas sobre el papel de horno o silicona que hayamos colocado sobre la placa de horno. El horno tiene que estar con su grill al rojo. Después de 4 ó 5 minutos en el horno, cuando veamos que la parte superior de las torrijas se ha dorado, las damos la vuelta para dorar la otra parte.

Para presentarlas, colocamos una torrija en un plato de postre y encima de la torrija ponemos una fresa decorativa. Espolvoreamos por encima con canela en polvo al gusto.

Con esta forma de elaborar la torrija se reducen las calorías a la mitad respecto a una torrija convencional, debido tanto a la técnica de cocción como el cambio de algunos ingredientes en su elaboración.

El ayuno extremo no tiene sentido alguno

El peso perdido con esta práctica se recupera rápidamente y es perjudicial para la salud. Los expertos aconsejan que, en caso de hacerlo, como método ‘depurativo’ o por creencias religiosas, debe ser más moderado (sin bajar de las 1.000 kilocalorías)

Ana Callejo Mora
Sección de Medicina del Correo Farmacéutico

Los zumos de verdura son muy importantes por su aporte vitamínico durante el ayunoEn Cuaresma y Semana Santa vuelve a sonar la expresión ayuno. Más allá de este simbólico gesto religioso, hay quien recurre al ayuno con fines depurativos o para adelgazar. ¿Es una medida saludable? No para los expertos en nutrición que han sido consultados por CF. Al menos el ayuno extremo.

Para Javier Aranceta, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC),“ayunar es alterar, de alguna manera, el protocolo del organismo. El ayuno total o dieta cero, consistente en agua y caldos sin calorías, es agresivo y poco justificado”.

Marta Garaulet, catedrática de Fisiología y Bases Fisiológicas de la Nutrición de la Universidad de Murcia, explica que“ si lo que se intenta es perder unos kilos, el ayuno no es eficaz porque acarrea un efecto rebote, por el cual el que ayuna un día come el doble al día siguiente. Además, provoca estrés metabólico”.

Rubén Bravo, director del Departamento de Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), está de acuerdo: “El ayuno extremo no tiene beneficios, puesto que lleva al organismo a desnutrición. Nunca debe hacerse con el objetivo de perder peso, porque la mayoría de lo que se pierde es agua, masa muscular y un poco de grasa. Este peso se recuperará rápidamente”.

Aranceta establece en un segundo nivel, que se sitúa por debajo del ayuno absoluto, lo que algunas clínicas especializadas -bajo supervisión de nutricionistas y médicos- denominan “ayuno terapéutico”, y explica que “los individuos que se someten a este método ingieren agua, zumos de frutas y algún tipo de complemento, llegando así a las 250 kilocalorías, como mínimo, al día. Es imprescindible que lo prescriba y controle un profesional, ya que se da un balance negativo de proteínas. Suele hacerse un fin de semana para desintoxicar”.

Bravo eleva las kilocalorías mínimas diarias necesarias en ”un ayuno en condiciones” a 1.000 ó 1.100. “Para desintoxicar es básico beber mucha agua, moderar la actividad física y nunca retirar las frutas y verduras porque el cerebro funciona con la glucosa”.

Garaulet disiente en el concepto de limpieza. “El organismo no es una casa. No es bueno privar a los órganos de energía. El propio ayuno provoca toxicidad, debido a la producción de cuerpos cetónicos”. Otra cosa es el tercer nivel: la restricción calórica (ver tabla de alimentos). Sin ser exactamente un ayuno es más eficaz en la pérdida de peso y en otros aspectos. “Hay que individualizar. Si calculamos que una persona necesita 2.500 kilocalorías al día le damos unas 1.800. Algunos estudios apuntan ya que esta pauta prolonga la vida”, dice el presidente de la SENC.

Aranceta y Garaulet coinciden en que en niños, mayores, embarazadas y mujeres en periodo de lactancia estas soluciones no tienen sentido, salvo en algún caso de obesidad.

LA IMPORTANCIA DEL CUÁNDO

La experta en nutrición recomienda hacer, de vez en cuando, un “reseteo del reloj circadiano. Las vacaciones son un buen momento para, además de hacer una dieta hipocalórica controlada, salir a caminar, tener horarios más fijos y organizados y dormir, al menos, ocho horas diarias. También deberíamos adelantar la hora de la comida a las 13:30 ó 14:00 horas y la de la cena a las 20:30 ó 21:00 horas”.

El equipo de Garaulet comprobó esta idea en un trabajo en el que observaron que comiendo lo mismo y moviéndose igual, las personas que comían tarde, después de las 15 horas, perdían menos peso que las que comían pronto. De los 420 participantes, los que comían sobre las 14:30 horas perdían unos 12 kilos y los que lo hacían pasadas las 15 horas adelgazaban 8 kilos. Según Garaulet, en general, “el número de comidas recomendadas son, como mínimo, tres. Desayuno, comida  y cena”. Su explicación es simple: cuantas más veces comes más oportunidades hay de ingerir mayor cantidad de alimentos, un riesgo para obesidad.

En la población general hay extendidas diversas formas de actuar tras una comilona. “El mensaje principal es que no hay que saltarse ninguna comida porque esto desencadenaría el mencionado efecto rebote”, concluye Garaulet.

SI NO SE COME CARNE

En cuanto a la abstinencia de carne en determinados momentos, como esta época del año según el calendario católico, Aranceta comenta que “se pueden sustituir las proteínas animales por pescado, huevos o soja”. Otra opción, planteada por la especialista de la Universidad de Murcia, es “una combinación de legumbres y cereales, como las lentejas con arroz”.

CLAVES DEL TRUEQUE ALIMENTICIO SI SE QUIERE PERDER PESO

Lista de alimentos sustituibles para llevar una dieta de restricción calórica saludable y completa.

Leche entera por descremada
Con este cambio se evita lo peor de la leche, que es la grasa láctea. Además de reducir la cantidad de esta grasa negativa y restar calorías, la leche descremada aporta proteínas e hidratos de carbono que  están más limpios de impurezas.

Carne grasa por carne magra (ya sea blanca o roja)
Se cambian las carnes más grasientas por carnes más magras. Es independiente de que la carne sea roja o blanca, pero normalmente las rojas -como ternera, cordero, etc.- suelen tener más grasa que las blancas -pollo, pavo o conejo-. Así, se mejora el colesterol y se añaden proteínas libres de grasa y hierro.

Pan blanco por pan integral
Esto conlleva tres beneficios: da al organismo más micronutrientes (oligoelementos, minerales y vitaminas). Un trozo de pan blanco tiene entre 8 y 10 micronutrientes y el integral entre 500 y 800. Su índice glucémico es más bajo y también aporta fibra.

Frutas: plátano y uvas por el resto (sobre todo manzanas)
El plátano, la uva, el melón y el mango son frutas más calóricas y con un índice glucémico muy alto, es decir, o se queman rápido mediante ejercicio físico o se convierten en grasa en el organismo. Por tanto, se aconseja tomar manzana, pera, fresa, cereza, melocotón, mandarina y naranja.

Patata y calabaza por el resto
La patata está en el top one de las verduras más calóricas. Le sigue la calabaza. La zanahoria es un caso extraño, como la cebolla: si se cocina a más de 120 grados de temperatura su índice glucémico se dispara. Pero crudas son recomendables.

Aceite de cocinar: chorro por pulverización
Para cocinar a la plancha es mejor usar un pulverizador que un chorro de aceite. Para las ensaladas, sólo una cucharada sopera. Este plato bañado en aceite no tiene sentido. Pueden añadirse hierbas aromáticas para aportar sabor.

Bollería industrial por repostería casera
Hay que evitar la bollería industrial a toda costa por su contenido en grasa y azúcar. Si la repostería se hace en casa se puede emplear harina integral, y para endulzar: azúcar moreno, miel o edulcorante natural, como el que procede de la planta Stevia.

Pasta, cereales y arroz no integral por integral
Aunque los cereales, la pasta y el arroz sean integrales nunca deben tomarse en la merienda ni en la cena, ya que a partir de las 18:00 horas y hasta las 6 de la mañana el organismo no necesita energía y lo transforma en grasa.

Salmón por pescados azules y blancos sin piel
Las grasas que aportan los pescados, los omega 3, son beneficiosas. Sin embargo, si lo que se quiere es adelgazar hay que controlar la cantidad de salmón y sustituirlo por pescados azules y blancos sin piel.

¿Es posible adelgazar sin dieta?

Consejos para la báscula
Pequeños cambios en la alimentación logran reducir peso

Las Provincias / Unimedia

Elimina la palabra dieta de tu vocabulario. Con unos pequeños cambios en nuestra alimentación es posible perder esos kilos de más que tanto nos incomodan sin tener que someternos a las exigentes y aburridas dietas. Ahí van unos consejos:

Aumenta el consumo de cereales integrales: estamos acostumbrados a tomar cereales refinados que no sólo nos aporta un aumento de peso, sino que, a la larga nos puede producir una diabetes del tipo 2.

Cambia los refrescos azucarados por aguas aromatizadas, por ejemplo con lima, con frambuesa o con cualquier otra fruta, que nos saciará y nos evitará ingerir un extra de azúcar. Puedes hacerlas en casa de forma muy sencilla. Introduce un poco de fruta en un vaso y sácale un poco de zumo. Luego añade un poco de hielo y agua. Reemplazar una bebida con azúcar por agua nos ahorra ingerir 10 cucharaditas de azúcar.

Potencia el consumo de legumbres, puesto que tienen alto contenido en fibra y muchas proteínas. Cambia el café por una infusión de té verde, te ayudará a estimular el metabolismo. Come con tiempo. Saborear cada bocado y haz que dure, porque las señales que nos indican que ya estamos saciados son un poco lentas y si comemos rápido podemos llegar a comer más de lo que necesitamos.

Come más verduras. El alto contenido de fibra y el agua que te sacia con menos calorías. Cocinar sin grasa añadida. Y sazonar con jugo de limón y hierbas en lugar de ahogar la comida en salsas altas en grasa. Procura caminar 20 minutos al día: no sólo adelgaza, sino que también reduce el apetito.

La obesidad puede causar también incontinencia urinaria

  • Según el Observatorio Nacional de la Incontinencia (ONI), las personas con obesidad tienen mayor riesgo de sufrir incontinencia urinaria, ya que los músculos del suelo pélvico se ven obligados a soportar una carga de peso mucho mayor. 
  • Los programas de reeducación alimentaria y ejercicios dimensionados, así como tratamiento de balón bástrico o la cirugía bariátrica pueden ser la clave para solucionar el problema y asegurar una mejor calidad de vida.Woman Reaching for Toilet Paper Roll on the Floor

El sobrepeso como elemento nocivo, particularmente cuando dicho exceso se ha transformado en gran obesidad y después en mórbida, representa un factor de agresión sobre órganos y sistemas de nuestro cuerpo.

Afecciones reumáticas, articulares, digestivas, respiratorias, circulatorias y cardiacas se llevan la palma de la repercusión y su padecimiento se agudiza con el sobrepeso. Y estas frases se repiten en las consultas médicas: “No tiene más remedio que bajar de peso”; “su salud se lo agradecerá”; “está quitando años a su vida”; “es absolutamente preciso que pierda kilos”;  “es muy probable que su tensión arterial se normalice con la desaparición del sobrepeso” ó “probablemente no necesite el fármaco para el colesterol al perder los kilos que le sobran”.

La obesidad también causa incontinencia

El aumento de la grasa abdominal plantea, especialmente en situaciones de obesidad mórbida, un incremento de presión intraabdominal sobre la vejiga. Los músculos del suelo pélvico se ven obligados a soportar mayor carga y es factible la aparición de incontinencia urinaria,  así como también la fecal en muchos casos.

Con el fin de prevenir posibles complicaciones y asegurar la calidad de vida de una persona con problemas de obesidad, el doctor Pedro Tormo, portavoz del Observatorio Nacional de la Incontinencia (ONI), pone el énfasis en los programas de reeducación alimentaria y ejercicios dimensionados,  contemplando también tratamientos más específicos, como la implementación del Balón Gástrico o, incluso,  la cirugía bariátrica. Además, considera que mientras se alcanzan los objetivos ponderales, “la reeducación vesical con ejercicios y el absorbente preciso van a mejorar la calidad de vida del paciente”, apunta el médico.

Un estudio muestra que la obesidad afecta al desarrollo del cerebro de los fetos

Aconsejan a las embarazadas llevar una vida más saludable para disminuir el riesgo para sus hijos

Un estudio llevado a cabo por investigadores del Mother Infant Research Institute (MIRI, por sus sigla en inglés) de Boston (Estados Unidos), ha mostrado que la obesidad afecta al desarrollo del cerebro de los fetos. Los resultados serán presentados el próximo 15 de febrero en la reunión anual de Medicina Materno-Fetal de California.

Noticias Cuatro

La obesidad afecta el desarrollo del cerebro de los fetosConcretamente, tras analizar el desarrollo fetal de 16 embarazadas, los investigadores han descubierto que en el segundo trimestre de gestación los fetos de las mujeres obesas tienen diferencias en la expresión génica, en comparación con los fetos de las mujeres con peso saludable.

Durante la gestación se produce la apoptosis, un proceso de desarrollo de la muerte celular programada y una parte importante del desarrollo neurológico fetal anormal. Sin embargo, los fetos de las mujeres obesas sufren una disminución de la apoptosis.

No obstante, los expertos han reconocido que es «demasiado pronto» para conocer las implicaciones de estos hallazgos aunque han destacado la necesidad de que se realicen más estudios de expresión génica con el fin de dilucidar los posibles mecanismos que intervienen en la alteración del neurodesarrollo postnatal en los niños de madres obesas.

Ahora bien, los investigadores han confiado en que sus conclusiones y los datos futuros empujen a las mujeres que quieren quedarse embarazadas a tener una vida más saludable con el fin de disminuir el riesgo para sus hijos.

La hora de la comida también influye para conseguir adelgazar

20 minutos

  • Según un nuevo estudio, quienes comen antes de las tres tienen más probabilidades de adelgazar que quienes lo hacen más tarde.
  • En la comida se ingiere el 40% de todas las calorías diarias.
  • El horario del desayuno y de la cena no parece influir en la pérdida de peso.

    No solo cuenta qué comemos, cuánto y cómo. También es importante cuándo comemos. Así lo acaba de mostrar un estudio de la Universidad de Murcia, en colaboración con las de Harvard y Tufts (EE UU).

    La investigación, que publica el último número de la revista International Journal of Obesity, ha demostrado que quienes comen antes de las tres tienen más probabilidades de adelgazar que quienes lo hacen más tarde.

    Quienes comen tarde pierden menos peso que los que comen temprano

    Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia y autora principal de este estudio, explica a SINC que «aquellos individuos que comen tarde –después de las 3 de la tarde– muestran una pérdida de peso significativamente menor que los que comen temprano».

    Para llevar a cabo la investigación, los investigadores contaron con 420 participantes con sobrepeso que siguieron durante 20 semanas un tratamiento contra su obesidad, basado en la dieta mediterránea. Se les dividió en dos grupos, los que comían temprano al mediodía y los comedores tardíos –en esta comida se ingiere el 40% de todas las calorías diarias–.

    Posteriormente analizaron el horario del desayuno y de la cena, comidas más pequeñas y menos energéticas, y comprobaron que en ambos casos no influye en la pérdida de peso.

    En los comedores tardíos era más probable que se saltasen el desayuno

    Sin embargo, sí que observaron que los comedores tardíos, quienes perdieron menos peso, también consumieron menos calorías durante el desayuno y era más probable que incluso se lo saltasen.

    Además se han examinado también otros factores que desempeñan un papel en la pérdida de peso, tales como la ingesta de energía y el gasto, o las hormonas del apetito y la duración del sueño. Sorprendentemente, se ha encontrado que todos estos factores fueron similares entre ambos grupos.

    Sin embargo, los comedores tardíos resultaron ser más nocturnos y presentaron con más frecuencia una variante génica en el gen Clock, que codifica una proteína implicada en el reloj circadiano que marca los horarios de nuestro organismo.

El 2012 nos obsequió con nuevas técnicas para adelgazar

Serguéi Petujov, RIA Novosti
Foto de Irina ovchinnikova Ria NovostiLa dietética es más que una simple ciencia: en ella ponen sus esperanzas millones de personas por todo el mundo.

Aunque en 2012 los científicos no han inventado ninguna panacea en la lucha contra el exceso de peso, algunos descubrimientos merecen ser tenidos en cuenta. Y de los fracasos del año se podrían sacar las necesarias conclusiones para no repetir errores de otra gente.

Podría calificarse como esperanza del año la bastante exitosa aplicación de los “teléfonos inteligentes”, los smartphones, para el autocontrol de quienes desean perder hasta 3 kilos al mes.

La banalidad del año serían las dietas de turno y los productos quemagrasas, el escándalo del año, el reconocimiento por la comunidad médica del hecho de que dejar de fumar podría suponer un riesgo real de engordar. Y la tendencia del año sería la disminución de la demanda de los preparados para adelgazar.

Invierno y primavera: dando pasos hacia ninguna parte y haciendo listas sin sentido

El 2012 empezó con la aparición de una instrucción “paso a paso” para perder peso en doce semanas y una vez por todas. El comienzo de la maratón se fijó para el “lunes de arroz”, el 2 de enero de 2012. El proceso se prolongaría hasta el domingo, 18 de marzo, y acabaría con la figura esbelta totalmente recuperada.

Luegoб en las actividades dietéticas hubo una pausa que duró quince semanas. Sin lugar a dudas, era necesaria para que todos pudieran probar el método y ver los resultados. Los siguientes descubrimientos del mundo de la nutrición fueron hechos ya en abril: era una lista de veinticinco productos milagrosos que, de acuerdo con un estudio encargado por la revista Health, ayudaban a quemar grasas y a perder peso. Las combinaciones provocaron bastante desconcierto: salmón y avena, chocolate y brócoli, plátanos y cebada, peras y lentejas…

Las recomendaciones de los nutricionistas rusos eran más simples y contundentes: más avena y trigo sarraceno, nada de perascomer en la misma hora

ni de plátanos y, por supuesto, de barbacoas al aire libre…

Verano: estómagos reducidos quirúrgicamente y apuntes diarios

El verano pasado trajo consigo una inesperada revelación de los científicos estadounidenses: la reducción quirúrgica del estómago, a la que se someten en el país miles de personas: de ellas, un 79% son mujeres y un 87% de éstas, de raza blanca, se encuentra en directa dependencia de la adicción posterior al alcohol. Sin embargo, hubo un descubrimiento que dio motivos para el optimismo: años de observaciones a las mujeres que estaban a régimen por su cuenta demostraron que conseguían su meta aquellas que, primero, comían siempre a la misma hora, segundo, descartaban la comida basura y tercero, apuntaban minuciosamente todo lo comido a lo largo del día.

Los primeros dos puntos parecen banales a más no poder. El último, no obstante, resultó ser una sorpresa para los expertos en dietética estadounidenses. De haber conocido los avances de sus compañeros de oficio rusos no habrían tenido que descubrir una cosa que todo el mundo ya sabe.

En el Instituto de Nutrición (Rusia) a todos los pacientes que desean someterse a un curso de adelgazamiento se les propone escribir en un papel todo lo que comieron el día anterior. Uno suele indignarse y con la palabras “Y eso, ¿para qué? Si ayer no comí casi nada” se pone a redactar la lista. Al llegar a la segunda decena de productos, se sonroja. Y los expertos están muy pendientes: cuanto más intenso es el color de la cara, más posibilidades tiene de adelgazar.

Otoño: visitas nocturnas a la nevera, diferentes tipos de calorías y el humo del adelgazamiento

La llegada del otoño estuvo marcada por el siguiente descubrimiento de los científicos canadienses: la falta de sueño obstaculiza el adelgazamiento, dado que “estimula un mayor consumo de productos alimenticios y aumenta la secreción de hormonas que regulan el apetito”.

Por desgracia, al igual que en el caso anterior, no se trata más que de un plagio: el síndrome del comedor nocturno es conocido desde los años cincuenta del siglo pasado y estudiado de manera pormenorizada. Se probó en más de una ocasión que si una persona no duerme por la noche o sufre de alteraciones de sueño, a menudo recurre a la comida. A nivel mundial estaríamos hablando del 9% de la población, uno de cada once habitantes de la Tierra.

Otro descubrimiento del otoño de 2012 merece un mayor interés: resulta que para un adelgazamiento eficiente no basta con contar las calorías, es necesario tener en cuenta su tipo. Es decir, un trocito de chocolate y un plato de repollo crudo podrían tener la misma cantidad de calorías, pero el chocolate se convierte en grasa casi por completo, mientras que para masticar y digerir el repollo se gastan tantas calorías que al final el trocito de chocolate ya no equivale a un plato, sino a una ensaladera de repollo cortado.

La conclusión es que las calorías pueden ser de distintos tipos, de modo que no hay que sorprenderse si con las reglamentarias 2.000 calorías uno podría seguir aumentando de peso. No parece muy eficiente adelgazar comiendo cosas ricas, porque se queman mejor las calorías que se contienen en productos no refinados y, por lo tanto, menos sabrosos.

El otoño acabó con una noticia de calado; los científicos rusos reconocieron que el riesgo de subir de peso aumenta de forma real en caso de dejar de fumar. La gente lo sospechaba antes, pero los expertos preferían no confirmarlo ni desmentirlo, para no hacer propaganda del consumo de tabaco como una forma eficaz de mantenerse en forma. Sin embargo, al empezar a cobrar fuerza la campaña antitabaco lanzada por el Gobierno ruso, los médicos decidieron romper el silencio y asegurar que el consumo de tabaco ayuda a adelgazar, pero el mecanismo de acción es muy parecido al detectado en las enfermedades oncológicas y la tuberculosis.

La lógica parece cojear, también se puede asegurar que numerosas dietas tienen el mismo mecanismo que la alimentación baja en calorías y con productos no refinados propia de los campos de concentración. Con todo y eso la declaración de los científicos volvió a llamar la atención sobre el peligro de las técnicas de adelgazamiento excesivamente estrictas para la salud e incluso para la vida.

Invierno: altas tecnologías al acecho del sobrepeso

Y, por último, en diciembre los nutricionistas estadounidenses hicieron públicos los resultados de sus estudios acerca de la eficiencia del uso de dispositivos electrónicos en la lucha contra el sobrepeso. A primera vista una aplicación para el smartphone que registra la alimentación diaria de una persona y el nivel del esfuerzo físico no se diferencia mucho de los apuntes en un diario. Sin embargo, sí que existe una importante diferencia: el dispositivo envía a diario los datos al nutricionista, que no tarda en introducir correcciones al curso de tratamiento. Y si uno quiere perder peso por su cuenta, el teléfono le informa a su dueño de que está infringiendo uno u otro principio de la pérdida de peso.

Pese a su sencillez, el método ha resultado increíblemente eficaz, tan sólo un mes de este control diario permite perder un promedio de tres kilos. Parece ser el resultado práctico más significativo en el desarrollo de la ciencia del adelgazamiento en 2012. Demuestra lo poco que se necesita en realidad para adquirir una figura esbelta.

Crisis de la pastilla contra bollos y dulces

En los años 2000, la píldora para perder peso más famosa del mundo, el Xenical, la estaban tomando más de 40 millones de personas. En el mejor momento de sus ventas su fabricante suizo, la empresa F.Hoffmann – La Roche Ltd., junto con la británica GlaxoSmithKline PLC, presentó la versión de la píldora para el Reino Unido y Estados Unidos. La marca comercial de ésta última era Alli. Ambos fabricantes ganaban con el tratamiento algo menos de 1.000 millones de dólares anuales.

Pero en 2010, los medios de comunicación difundieron datos sobre el daño que causaba dicha píldora en el hígado y el volumen de ventas no tardó en caer, tendencia que se mantuvo a lo largo de 2011. Y en 2012 las pérdidas de ambas empresas alcanzaron el índice del 84%.

Es verdad que estos datos se refieren a la píldoras de fabricación suiza y británica y a los deseosos de recibir tratamiento en países europeos y en Norteamérica. Los genéricos de estas píldoras se fabrican en muchos países. La India  suministra su producto a medio mundo y Rusia también. En este caso sería imposible buscar informes exhaustivos, de modo que no se pueden sacar conclusiones sobre la crisis del consumo de las píldoras para adelgazar. Todo parece ser cuestión de las experiencias personales de quienes están a régimen.

Así, una de las principiantes de este método escribió en un foro: “Perdí quince kilos. Estuve tomando las píldoras durante cinco meses. El efecto se hizo más visible después de descartar los dulces y la bollería. Ha acabado el curso, pero sigo sin comer bollos y dulces y he perdido dos kilos más”.

Es muy posible que en un futuro no muy lejano esta observación particular se imponga en las mentes de los deseosos de adelgazar y muchos de ellos acaben perdiendo el exceso de peso de manera definitiva. Deseo a todos que ocurra en 2013 y, de paso, ¡buen provecho durante estas fiestas!

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de RIA NOVOSTI.

Comer por la nariz: una dieta cara, peligrosa e ilegal

Astrid Garcia / Blogs Antena3
Sus resultados son inmediatos pero no permanentes. Comer exclusivamente a través de una sonda durante diez días para perder peso puede acarrear serias complicaciones y va en contra del Real Decreto 1901/2000, que limita esta práctica a enfermos con problemas para alimentarse de otra forma.

Después de cuatro meses de cañas, tapitas y helados, llegan los remordimientos. Hemos recuperado todo lo perdido durante la ‘operación bikini’ y, si no nos damos prisa, el turrón conseguirá conquistarnos antes de lograr quitarnos de encima los kilitos del verano.

Tras el fracaso comprobado de los regímenes proteicos, tipo Dukan, que terminan aburriendo por la falta de variedad de sus menús, los más impacientes se apuntan este otoño a la ya conocida como ‘dieta de la mochila’.

Promete una elevada pérdida de peso (unos diez kilos) en tan sólo diez días, con el único sacrificio de llevar contigo una mochila a todas partes. Como si estuvieras hospitalizado, la ingestión de calorías se realiza exclusivamente a través de una sonda nasal, que te aporta todos los nutrientes para un día (glúcidos, grasas, proteínas y vitaminas).

Quienes se han sometido a esta dieta aseguran que la sensación de apetito es inexistente, debido a que el cuerpo recibe alimento de manera constante. Sin embargo, no todo son maravillas.

Además de que no es apta para todos los bolsillos, pues supone un desembolso inicial de entre 3.000 y 5.000 euros, las asociaciones de nutricionistas advierten de que esta práctica puede ocasionar complicaciones, como la obstrucción de la sonda, deshidratación y diarreas, e incluso infecciones por contaminación bacteriana.

Debemos tener también en cuenta que la legislación española limita este modo de nutrición a pacientes que tengan problemas para «ingerir, digerir, absorber, metabolizar o excretar alimentos normales», algo que las clínicas que ofertan esta dieta se saltan por completo. La ingestión de calorías a través de una sonda se utiliza para enfermos en estado de coma, algunos casos de anorexia o para pacientes con cáncer, que reciben quimioterapia y tienen dificultades para comer. Nada que ver con un capricho estético.

No olvidemos además que, siempre que se pierde peso a gran velocidad, se recupera igual de rápido. ¿Cuántas veces estarías dispuesto a pasar por este proceso, con el correspondiente gasto de 5.000 euros? Probablemente, lo único que te lleves de esta experiencia serán unas cuantas estrías más.

Dietas: el cuento de nunca acabar

 

La batalla contra los kilos puede ser un infierno, una condena de por vida, aunque sólo si nos empeñamos en creer en milagros. Perder peso no es tarea fácil, pero tenemos las de ganar siempre que la dieta sea el inicio de una nueva vida

La Vanguardia.com

Atisbamos el verano en el horizonte. O empieza septiembre y en la tripa aún dan vueltas los pinchos, las cervezas, los helados, los aperitivos. O hemos convertido las Navidades en una comilona sinfín. O hemos dejado de fumar. O estamos estresados. Las circunstancias son variadas, pero el resultado, el mismo. Nos hemos puesto encima dos, tres, cinco, hasta diez kilos en un año. Y vamos por la vida cargando con ellos, como si cada día al salir de casa nos pusiéramos en la espalda una mochila que pesa exactamente esa cantidad; más lo que nos abruma el tener que acarrear con ella. Porque al sobrepeso que nos marca esa báscula cruel (las hay hasta con voz), se unen el abatimiento al comprobar que la ropa ya no nos sienta bien o el miedo cuando la tensión arterial ha subido peligrosamente o los triglicéridos se han desmadrado dentro de nuestro cuerpo. Entonces tomamos la decisión: nos ponemos a dieta, a plan, a régimen. Y estamos dispuestos a cualquier cosa, a tenor de algunos estudios que indican que 8 de cada 10 personas que quieren perder peso acuden a las dietas milagro, métodos que prometen resultados rápidos y que muy pocas veces son eficaces, como no se cansan de subrayar los expertos. “La pérdida de peso se debe realizar de una forma equilibrada, reduciendo el número total de calorías, pero sin renunciar a ningún nutriente. No sirve de nada portarnos bien durante unos días o semanas si luego retomamos los hábitos que previamente nos llevaron a engordar. Perder peso requiere cierto grado de sacrificio y constancia. Por este motivo cualquier dieta que nos prometa rapidez, una pérdida de peso sin esfuerzo y duración, va a ser seguida por muchas personas. Y en función de lo desequilibrada, rocambolesca o estricta que sea, los perjuicios para la salud van a ser proporcionalmente mayores”, destaca Albert Lecube, médico endocrino y coordinador del grupo de trabajo de obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Sobrepeso preocupante

Adelgazar siempre es una tarea urgente que, como los malos estudiantes, acometemos al final, cuando el sentimiento de culpa por los excesos gastronómicos nos aturde. Y hasta nos apuntamos al gimnasio, donde las matriculaciones aumentan en un 30% tras el verano o las Navidades. Clicamos “dieta” en Google y nos aparecen 134 millones de entradas. Buscamos la pócima milagrosa, pero también encontramos un aviso de la OMS (Organización Mundial de la Salud): la obesidad y el sobrepeso se han convertido en los países desarrollados en una pandemia no infecciosa. El 50% de la población de la OCDE padece sobrepeso. Y en España, el 63% de los hombres y el 45% de las mujeres están por encima del peso recomendado. Todo ello sin olvidar a los niños, que han disparado todas las alarmas: el 33% de ellos pesa más de lo que debería y la obesidad infanto-juvenil se ha duplicado en los últimos 15 años. Alertados por las cifras, muchos países han puesto el foco de atención en la comida basura, siguiendo el consejo de un grupo de expertos de la Universidad de Oxford que recomienda un impuesto especial para ella del 20%. Dinamarca ha gravado la grasa; Hungría, el fast food; Francia, las bebidas azucaradas; el alcalde de Nueva York quiere prohibir la venta de refrescos de más de medio litro; en las cadenas televisivas de Disney ya no se anunciará la comida basura (paradójicamente, en sus parques temáticos se seguirá vendiendo). Son medidas que, por preocupación sincera o por puro marketing, quieren poner freno a los desmanes calóricos. “Sin olvidar que siempre es mucho mejor enseñar que prohibir, es probable que en los próximos años se deba optar por medidas de este tipo, tal como se ha realizado con el tabaco. Debe tenerse bien claro que la obesidad es la segunda causa prevenible de mortalidad después del tabaco”, describe Albert Lecube. Los expertos también advierten, sin embargo, que hay que facilitar el acceso a la comida sana, quizá subvencionarla, promover el ejercicio desde la escuela, educar en los hábitos alimentarios, obligar a que las raciones de comida que se venden sean más pequeñas, ofrecer productos sanos en las máquinas expendedoras de tentempiés…, porque “no hay duda de que siempre puede hacerse más y, de momento, la lucha contra el incremento de la obesidad la estamos perdiendo todos”, en opinión del endocrino.

Sentenciados por mal educados

Los kilos de más no son sólo un problema estético. Nuestra salud está en juego. También cuando decidimos perderlos. Aunque se ha demostrado que podemos engordar debido a condicionantes genéticos (en el 35% o 40% de las ocasiones se debe a ello), la mayoría de nosotros ganamos peso porque comemos demasiado: ingerimos un exceso de energía que no utilizamos y acaba por acumularse en nuestro cuerpo en forma de grasa. En estos casos influyen en nosotros factores que podemos modificar. Tener sobrepeso es sinónimo de hacer poco ejercicio, de comer demasiado o mal (o ambas cosas a la vez), de picotear, de vivir en un entorno en el que la presencia de la comida basura empequeñece a la sana, de desarrollar una actividad laboral que favorece las comidas fuera de casa, de lanzarnos sobre raciones tradicionalmente grandes. Y cuando decidimos que ha llegado el día D, la hora H, y ponemos en marcha la operación biquini, sea cual sea el momento, no podemos arriesgarnos a que la vitalidad se nos escape a golpe de lechuga, agua y poco más, porque “una persona tiene que adelgazar manteniéndose bien nutrida, por lo tanto necesita hidratos, un poco de grasa… Debe eliminar de su dieta todo aquello que es superfluo, que no le aporta nada. Y, sobre todo, hacer ejercicio. No puede desligarse el comer del ejercicio, porque por poco que comas, si no te mueves no gastas la energía, la acumulas”, advierte Cleofé Pérez-Portabella, dietista nutricionista, supervisora de la unidad de nutrición del hospital Vall d’Hebron de Barcelona y profesora de la Universitat de Vic. Hacer dieta se convierte en la mayoría de los casos en una condena a cadena perpetua. Estamos sentenciados a engordar, adelgazar, engordar, adelgazar. Nosotros y nuestros kilos de más vivimos como en un bucle, incapaces de mantener el tipo. ¿La causa? En opinión de los expertos, no llegamos al quid de la cuestión: la educación. Las urgencias nos vencen, nos cuesta abandonar los malos hábitos. “Perder peso es muy difícil. Si una persona hace dieta y cuando llega a su peso va a volver a comer sin cambiar sus hábitos no le servirá de nada. Es necesario que haga una dieta tradicional, saludable, equilibrada, que le permita cambiar sus hábitos. Y eso es un esfuerzo enorme, de adaptación de tu vida cotidiana a la manera de comer y al ejercicio que realices”, expone la dietista del hospital Vall d’Hebron de Barcelona.

El método perfecto

¿Qué hacer para que la dieta no se convierta en una tortura sinfín? Encontrar la ideal. Y no es imposible. El régimen perfecto nos tiene que ayudar a perder peso, a mantener ese peso en el tiempo, debe ser eficaz a la hora de educarnos y darnos estrategias para comer sano y bien, mejorar nuestra salud, aumentar la autoestima y proporcionarnos una buena calidad de vida. De otro modo, por mucho que nos empeñemos, nunca lo lograremos, viviremos nuestra cadena perpetua particular saltando de método en método, poniendo en peligro nuestra salud física y psíquica. Los especialistas aconsejan dejarse guiar por manos expertas, porque “cada persona tiene sus circunstancias. Un buen profesional enseña a comer. Hay que conocer al paciente, saber su historia clínica y su historia social. Es importante saber cómo y cuándo come, cuáles son sus hábitos. Y eso pasa también por evaluar sus costumbres, sus horarios, sus recorridos. Hay hábitos que se pueden modificar, pero el objetivo central es que la persona sea capaz de tener estrategias suficientes para vivir agradablemente, disfrutar de la vida y no ganar peso. Esto es lo perfecto. ¿Difícil? Muy difícil”, afirma Pérez-Portabella. Sin embargo, a pesar de las dificultades y de que nos puede llevar un tiempo prolongado, una dieta tradicional es la más eficaz, en opinión de los expertos. Apostar por una, o muchas sucesivas, que sean inadecuadas entraña riesgos: desde volver a coger los kilos perdidos y algunos más, hasta desnutrición, problemas cardiovasculares, de trastornos en la alimentación, frustración, y cambios en el metabolismo que conducen a ser resistentes a la pérdida de peso.

Menos calorías y más ejercicio

Buenas dietas hay muchas. Malas, también. La mejor está consensuada por los especialistas: la tradicional hipocalórica equilibrada. Es decir, comer de todo pero menos. Con ella ingerimos entre 1.000 y 1.500 calorías la mujeres y hasta 2.000 los hombres. Perderemos entre medio kilo y un kilo a la semana. ¡Entre 12 y 24 kilos a los seis meses! En medio año, adiós al sobrepeso y a los problemas. Y medio año pasa volando. Además, nos habremos acostumbrado a comer bien y de todo, a disminuir nuestras raciones y a no tener que privarnos de algún capricho de vez en cuando. En esta dieta no debe faltar de nada: ni hidratos de carbono, ni proteínas, ni grasa, ni fibra, ni ácidos grasos esenciales. “La dieta ideal es aquella en la que se come de todo y poco, en la que no se abusa ni de grasas, ni de alcohol, ni de azúcares. No soy partidaria de las negativas tajantes sobre alimentos prohibidos, porque las estrategias que se pueden seguir son tan variadas como los pacientes. Lo ideal es una dieta variada, lo más equilibrada posible, en pocas cantidades, que la persona no exceda sus necesidades y que realice, también, un gasto energético”, insiste Pérez-Portabella. Y es que el ejercicio es fundamental para que la dieta funcione. Si gastamos energía metabolizamos óptimamente lo que comemos y eso significa que quemamos más y mejor. Una hora de ejercicio al día, como mínimo, resulta muy eficaz, porque a partir de la media hora de esfuerzo físico es cuando empezamos a quemar la energía que nos sobra. Sin embargo, si hacer dieta nos cuesta un esfuerzo, el ejercicio no acaba de encontrar su sitio en nuestro día a día. El Eurobarómetro de 2010 ponía de relieve que el 42% de los españoles no practica deporte nunca y que un 39% lo realiza sólo una vez a la semana. Aducimos que nos falta tiempo. Según la Asociación Española de Pediatría, entre los adolescentes es peor: menos de un 10% de ellos hace deporte habitualmente. Los jóvenes españoles entre 13 y 18 años son de los más sedentarios de Europa.

Esperando un milagro

Batidos, galletas, barritas, proteínas casi en vena… de todo hay en la viña de las dietas. Y no es que todo sea perjudicial. De hecho, en muchos hospitales se utilizan los sustitutivos de las comidas o las dietas hiperproteicas para iniciar los tratamientos, porque perder peso es complicado y ayudan a coger impulso. Sin embargo, y aunque pueden ser un buen punto de partida, “no se deben usar sin que nadie te controle. Nosotros mismos utilizamos estos batidos y sustitutivos en momentos determinados, con sentido común y haciendo un seguimiento del paciente. Incluso la dieta hiperproteica se puede hacer, pero nunca, nunca, solo, sin un profesional que te controle”, confirma Pérez-Portabella. Además, son dietas que no se pueden seguir mucho tiempo. “El peligro de las dietas milagro aumenta con el tiempo durante el que se realizan, y aumenta también en personas que tienen alguna otra enfermedad previa. No hay que olvidar que el sobrepeso y la obesidad se asocian con una mayor prevalencia de diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares… Las dietas milagro sólo ofrecen promesas que no suelen cumplirse y a un precio que puede ser elevado no sólo para el bolsillo, sino también para la salud”, avisa Albert Lecube. Una dieta vegetariana bien hecha, alejada de las modas y a ser posible que combine verduras y pescado, es perfecta para combatir el sobrepeso y algunas patologías. La mediterránea es excelente si comemos de todo y poco. La hipocalórica extrema, que nos aporta entre 450 y 800 calorías al día, es casi un suicidio, alertan los especialistas. Y los métodos más tecnológicos, como balones gástricos o sondas para alimentarnos durante unos días, siembran dudas o provocan el rechazo de un buen número de médicos. “El balón intragástrico es una técnica contrastada que consigue que las personas que lo llevan pierdan peso, pero un gran número de pacientes lo recupera en su totalidad en los seis meses siguientes a no ser que haya modificado sus hábitos de vida”, explica Lecube. Y añade: “La dieta enteral, o de la mochila (te alimentas durante una semana con líquidos a través de una sonda que se coloca por la nariz y llega hasta el estómago o el inicio del intestino) es una técnica sin ninguna evidencia científica, de la que se desconocen las complicaciones y que se debe considerar una aberración”. En el universo de las miles de dietas que van de boca en boca, de web en web, de chat en chat, los expertos recomiendan alejarse de todo aquello que no esté controlado ni por especialistas en nutrición ni por los organismos médico-científicos. “Están prohibidas las cosas que no están registradas, que no sabemos qué son. Dietas hay muchas; milagros, ninguno”, apostilla como conclusión Pérez-Portabella. Y si seguimos apostando por ellos, la dieta sí se convierte en una condena a cadena perpetua.

Disfrutar del fin de semana aunque estés a dieta ¡es posible!

Mujer de Elite / Por: Alma Borge Montoya

¿Te quedas en casa sin salir los fines de semana porque te has puesto a dieta? ¿Estás harta de echar por tierra todos los esfuerzos de la semana con los aperitivos y copas del sábado más la comilona del domingo? Deja de sufrir y descubre cómo puedes disfrutar del fin de semana sin perder de vista tu objetivo de adelgazamiento.

Si te estás preparando para el verano y te encuentras en plena dieta ¡enhorabuena! Porque vamos a contarte todos los trucos para que no tengas que renunciar a las terrazas y al tapeo aunque estés llevando un régimen para perder esos kilitos de más y presumir de cuerpazo en bikini.

De lunes a jueves seguro que no encuentras problemas, pero cuando llega el fin de semana la cosa se complica. Es más que probable que en ocasiones hayas rechazado un plan muy apetecible para no echar por tierra todos los esfuerzos de la semana. Pero vas a descubrir cómo poder disfrutar del fin de semana sin perder de vista tu objetivo de adelgazamiento.

Las bebidas

Lo primero es saber qué bebidas son las que pueden echar por tierra la pérdida de peso por su gran aporte calórico o porque te puedan hacer sentir hinchada: lo ideal es recurrir a los zumos de frutas (mejor si son naturales sin azúcares añadidos): una fuente de vitaminas como un buen zumo de naranja o un apetecible y fresco zumo de tomate son buenas opciones que no aportan grasa a tu organismo ni un exceso de azúcar.

Pero si te decantas por un refresco, la elección es sencilla ya que la oferta existente te permite elegir entre una amplia variedad de refrescos sin azúcar y con un aporte calórico de prácticamente cero. Lo ideal, que el refresco sea sin gas, pues nos puede hacer sentir hinchadas y además repercute en la acumulación de líquidos en el organismo.

Y si eres de las que no puede renunciar a una buena caña, ¡estás de suerte! Un pequeño vaso de cerveza aporta muy pocas calorías, es saludable por su bajo aporte de alcohol y también nutre, ya que no debemos olvidar que se trata de cebada, un cereal que aporta minerales y nutrientes a nuestro cuerpo. Eso sí, contiene un aporte calórico mayor y gas, además de alcohol, por tanto, no te excedas, con una cerveza es suficiente.

Una copa de vino también es una buena opción, pero recuerda, ¡siempre con moderación! Olvídate de los combinados con alto contenido en alcohol y acompañados de un azucarado refresco.

La comida

Pero a la hora de tapear o comer, también puedes elegir aquellos alimentos que menos calorías y grasas nos aporten. Olvídate de los frutos secos que suelen servirse en bares, terrazas y chiringuitos, suelen estar cargados de sal, y al estar fritos, contienen un elevado contenido en grasas.

Descarta también las frituras como las clásicas patatas fritas o rebozados (croquetas, calamares…), es mejor que elijas entre unas frescas tapas con pocas calorías como pepinillos o cebolletas con algunas aceitunas, además de los siempre deliciosos y nutritivos mejillones al vapor. ¡Son placeres que no pesan!

Olvídate de las tostas, especialmente las compuestas de salsas y carnes o quesos grasos, y aún mejor si tienes la oportunidad, pide una refrescante ensalada mixta, que además resulta muy apetecible en la época estival.

Otras opciones son el marisco, rico en proteínas y con muy poco aporte calórico, y en comidas o cenas opta por carnes de ave y pescados sin salsas, mejor al horno o plancha, acompañados de verduras o ensalada dejando aparte los arroces o patatas tan comunes en este tipo de platos.

Como verás, poniendo un poco de atención a lo que consumimos puedes seguir disfrutando del fin de semana de una manera deliciosa y sin descuidar tu dieta.