Los 12 aditivos más perjudiciales de alimentos que comemos todos los días

Las familias consumen diversos alimentos empacados y procesados durante el día. Son convenientemente portables y permanecen frescos por mucho tiempo (gracias a los conservadores)

glutamato
Los aditivos que ponen en los alimentos procesados para hacer que se vean y sepan mejor, incluyen grandes cantidades de sal, grasas, azúcar, por decir algunos que se puedan pronunciar. Estos aditivos, sin embargo, tienen un precio que incluye efectos secundarios, alergias, cinturas agrandadas, disminución en la absorción de los minerales y vitaminas, cáncer, esclerosis múltiple y más.

Abajo está la lista de los 12 aditivos más perjudiciales que hay. No tienen ningún orden en particular.

1. Endulzantes artificiales: Los endulzantes artificiales son una combinación de químicos que existen para hacer más dulces los alimentos sin las calorías del azúcar. La mayoría de los endulzantes artificiales tienen efectos secundarios y el desglose químico en el cuerpo puede ser tóxico. Adicionalmente, en combinación con otros aditivos como los colorantes artificiales, estos endulzantes tienen un efecto más potente en las células del sistema nervioso y la función de los neurotransmisores. Los endulzantes artificiales están ligados a más de 90 efectos secundarios.

2. Azúcar refinada: La gente en Estados Unidos consume de 150 a 175 libras de azúcar por año. En otras palabras la gente está consumiendo media taza de azúcar al día y la mayoría ni siquiera se da cuenta. Debido a su naturaleza adictiva y al hecho de que se puede encontrar virtualmente todos los alimentos procesados, (excepto los que dicen) “libre de azúcar”, nosotros “subsistimos” en azúcar. El gran consumo de azúcar y su correspondiente efecto en la elevación del nivel de insulina causan sobrepeso, hinchazón, fatiga, artritis, migrañas, bajo funcionamiento inmunológico, obesidad, caries, y enfermedades cardiovasculares. También interrumpe la absorción de los nutrientes, provoca osteoporosis, depresión, síntomas premenstruales y estrés.

3. Glutamato monosódico (MSG): MSG es una excitotoxina usada para extraer el sabor en los alimentos. Las excitotoxinas son toxinas que se unen a ciertos receptores (Ej., ciertos receptores glutamatos). De acuerdo con Dr. Russell Blaylock, un autor y neurocirujano, las excitotoxinas pueden causar que las neuronas más sensibles mueran. Algunas personas experimentan otros efectos secundarios como jaquecas, piel irritada, somnolencia, y problemas respiratorios, digestivos, circulatorios y coronarios.

4. Colorantes artificiales: Los colorantes artificiales son químicos sintéticos que no ocurren en la naturaleza. Muchos son derivados del alquitrán de hulla y pueden contener hasta 10 partes por millón de arsénico y aun así ser reconocidos como seguros por la FDA. Los colorantes artificiales pueden causar reacciones alérgicas e hiperactividad y déficit de atención en los niños, también pueden contribuir a desórdenes de la vista y de aprendizaje o causar daño nervioso.

5. BHA y BHT: BHA y BHT bloquean el proceso de “arranciamento” del aceite. Estos aditivos afectan el sueño y el apetito y están asociados con daño renal y hepático, pérdida del cabello, problemas de comportamiento, cáncer, anormalidades fetales y retardo en el crecimiento.

6. Nitrato y Nitrito de Sodio: El Nitrato y Nitrito de Sodio son conservadores que se añades a productos alimenticios procesados. Estos componentes se transforman en agentes causantes de cáncer en el estómago llamados nitrosaminos. Notables efectos secundarios incluyen jaquecas, nauseas, vomito y mareos.

7. Cafeína: La Cafeína es un estimulante adictivo que se encuentra en gaseosas, chicle, pastillas dietéticas y analgésicos; el café, el té y la cocoa la contienen de manera natural. La Cafeína causa excreción del calcio de los huesos, que lleva a la osteoporosis e incrementa la infertilidad.

8. Olestra (Olean): La Olestra es un sustituto de grasa libre de calorías usado como ingrediente en snacks y botanas. Inhibe la absorción de algunas vitaminas y otros nutrientes. También puede causar diarrea y goteo anal.

9. Aceite Vegetal Brominado (BVO): El Aceite Vegetal Brominado es utilizado para mantener en suspensión los aceites saborizados en las gaseosas. Se almacena como grasa en el cuerpo y con el tiempo se puede acumular. Este aditivo interfiere en la función reproductiva y defectos de nacimiento. Ha sido vetado en 100 países.

10. Aceite Vegetal Parcialmente Hidrogenado: El aceite vegetal parcialmente hidrogenado es fabricado al hacer reaccionar aceite vegetal con hidrógeno. Cuando esto ocurre, el nivel de aceites poliinsaturados (grasa buena) se reduce y se forman grasas trans. Están asociados con enfermedades cardíacas, cáncer de mama y colon, arterioesclerosis y colesterol elevado.

11. Pesticidas: Cada año se añaden más de 2 billones de libras de pesticidas a nuestra fuente alimenticia. Esto es 10 libras por persona por año. Muchos pesticidas utilizados en el mundo son cancerígenos. La acumulación de pesticidas en el organismo reduce nuestra habilidad para resistir organismos infecciosos, daña la fertilidad y contribuye a pérdidas de embarazos y defectos de nacimiento. Además de que reduce el contenido vitamínico de los productos.

12. Organismos Genéticamente Modificados (GMOs): GMOs son plantas o animales a los que se les modificó el ADN. En USA, la mayoría del maíz, frijol de soya, algodón y cultivos de canola están genéticamente modificados y una o más de estas se encuentran en casi todos los alimentos procesados. No ha sido comprobado que los GMOs sean seguros y algunos estudios muestran que disminuyen la inmunidad a las enfermedades en plantas y humanos, pueden causar resistencia a los antibióticos y pueden tener un impacto negativo en las funciones genéticas. Las plantas que han sido genéticamente modificadas para resistir enfermedades, pesticidas e insecticidas pueden disminuir la necesidad de usar estos fuertes químicos en un principio, pero a la larga pueden construir una resistencia y por ello requerir mayores cantidades de químicos que al principio. Es muy pronto para concluir los efectos; no se cuenta con evidencia a largo plazo todavía.

Fuentes: Mamanatural.com.mx / Informe21

Los niños gordos entran en quirófano

Los cirujanos han comenzado a operar a niños de 12 años con más de 140 kilos, que de no ser intervenidos, morirían en el plazo de una década

Hoy.es, por Fermín Apezteguia

DOCU_GRUPO– 16% de los niños presenta obesidad y un 13%, sobrepeso.

– 16% de los niños de hasta 15 años reconocen que no hacen ningún ejercicio en su tiempo libre.

– 38 kilos es, aproximadamente, el peso ideal de un niño o una niña de 12 años, con una altura media de 143 centímetros.

Las puertas de los quirófanos se han abierto para intervenir a los primeros niños con obesidad enfermiza. El problema del exceso de peso en la infancia comienza a tomar tintes dramáticos. Una rutina diaria cada vez más sedentaria, sustentada en la triada escuela- actividades extraescolares-videojuegos, está poniendo en peligro la vida de un número creciente de menores, debido a las graves enfermedades que conlleva el exceso de peso.

Hace años, los niños dejaron de moverse y quemar calorías; ahora se encienden las alarmas. A los cirujanos llegan, de momento, los casos más graves. Son críos de doce o catorce años a quienes les quedan por delante diez años de vida, «o poco más»; una década quizá larga, que vivirán amenazados por la hipertensión, la diabetes, la apnea del sueño y el riesgo permanente de un infarto cerebral o un fallo cardiaco.

«Estamos operando niños y, aunque menos, también niñas, a partir de 12 años con pesos de 140 y hasta 150 kilos. Algunos de ellos engordaron por razones genéticas, pero son los menos. Un 1% o, como mucho, el 2%. La práctica totalidad de nuestros pacientes infantiles, el 98%, son chavales que han llegado a esta situación por tener unos hábitos de vida poco saludables. Por comer mal y por puro sedentarismo». Así de claro se explica el especialista vallisoletano Miguel Ángel Carbajo, pionero en España de la cirugía bariátrica.

La obesidad infantil se ha convertido ya en una auténtica epidemia que, si no se le pone freno, según pronostica el experto, provocará en un futuro próximo graves problemas sociales.

La infancia de los niños de hoy no tiene nada que ver con la que vivieron sus padres. Ni juegan en el río, ni roban manzanas, ni corren delante del aldeano que las cultiva. Tampoco tienen una madre pendiente a diario de la alimentación de sus hijos, porque la vida de su familia es distinta.

Ambos padres trabajan fuera de casa y cinco de cada siete días los chavales comen en el comedor del colegio, que está bien, pero no es lo mismo. El exceso de tareas escolares, el abundante tráfico que puebla las calles y un tiempo de ocio presidido por la televisión y la consola hacen el resto. Total, una dieta desequilibrada y una vida demasiado sedentaria, dos enemigos de la salud que han comenzado a cobrarse sus primeras víctimas infantiles.

Aislados en sus casas

La obesidad infantil afecta en España al 13,9% de la población, pero si a esa cifra se suma la de los chavales que están por encima del peso adecuado para su salud, la tasa alcanza ya el 26,3%, una de las más altas de Europa. El problema es mayor en las comunidades de Canarias y Andalucía, por ese orden. La clínica de Miguel Ángel Carbajo, donde se han operado de obesidad mórbida miles de españoles en los últimos años, es testigo del amenazante fenómeno en que se han convertido las gorduras de los chiquillos.

«Si un niño no va a clase, Educación se pone en contacto con los padres y lo recupera rápidamente para el aula. Pero comunidades como Canarias eso no siempre sucede así. Nosotros hemos atendido a chavales que tenían tal complejo de peso que habían abandonado los estudios. No iban a clase porque les daba vergüenza», relata el experto. No se trata sólo de un problema físico y de salud, sino también social. «Los críos pueden ser muy crueles. Les llaman gordos, tienden a quedarse sin amigos y acaban aislados».

La obesidad enfermiza o mórbida no es un simple problema de exceso de peso. Los kilos de más, cuando alcanzan estas dimensiones, favorecen la aparición de lo que se llama síndrome metabólico, un conjunto de complicaciones y dolencias que van apareciendo una tras otra a causa de la grasa acumulada.

La tensión se dispara, el colesterol ‘malo’ se pone por las nubes y las dificultades para respirar se convierten en apnea del sueño. Muy frecuentemente aparece la diabetes y el paciente acaba viviendo en un permamente riesgo de infarto, tanto cardiaco como cerebral. «La cirugía les recupera para la vida, cura la diabetes y los riesgos se reducen drásticamente o desaparecen». La alternativa a no operarse «es la muerte en diez años, a lo sumo quince».

Prevención

«Recuerdo a un chaval de Salamanca que suspendía todas las asignaturas», añade el especialista. «Lo operamos, comenzó a verse bien y acabó el curso con sobresalientes y matrículas». El reto en todo caso, antes de llegar a la cirugía, está en la prevención. «Los niños necesitan más calle», advierte Miguel Ángel Carbajo.

Pros y contras de la dieta macrobiótica

La dieta Macrobiótica es una dieta vegetariana y ecológica que nació en el Japón gracias a George Oshawa y se basa en la búsqueda del equilibrio físico y emocional a través de la nutrición

la dieta macrobioticaSe trata de un estilo de vida basado en la filosofía oriental del Yin y el Yang. Los grandes pilares de la dieta mabrobiótica son los cereales de origen biológico e integrales -arroz, cebada, maíz y trigo- que pueden ser presentados de forma hervida, guisada, en sopas y tartas. Otros alimentos básicos son la soja, las algas marinas, los aceites vegetales y las verduras y hortalizas. Estas han de ser de temporada y deben ser cultivadas en la zona de residencia. Así los alimentos naturales y de consumo diario han de ser masticados alrededor de 50 veces.

Pese a que este régimen alimenticio estipula que han de evitarse al máximo las proteínas de origen animal, la ingesta de pescados, pollo, carne magra, huevos y lácteos está permitida de manera ocasional aunque han de ser cocinados solo con sal marina y según los principios de la macrobiótica: en recipientes de barro o acero inoxidable y removidos con cucharas de madera. En este sentido, el café no es recomendable y se aconseja tomar té natural procedente de China o Japón.

Sin embargo, esta dieta no parece ser una alternativa saludable ya que conlleva serias carencias nutricionales si se sigue de manera estricta. «En casos muy extremos, los seguidores de esta filosofía oriental llegan a ingerir únicamente cereales integrales. Esto puede provocar escorbuto, anemia, hipocalcemia y alterar la función de los riñones o el hígado», advierte Vanesa León, nutricionista graduada en Nutrición Humana, quien recuerda que la correcta combinación de todos los grupos de alimentos es la clave para mantener una buena salud.

Ejemplo de un menú de la dieta macrobiótica

Desayuno
Una infusión de té de tres años (té Bancha, un té muy suave sin teína) o té Mu (una combinación de dieciséis plantas) con una crema de mijo o de arroz (poner una taza de arroz o mijo con cuatro o cinco de agua y cocinarlo lentamente durante cuatro o cinco horas. Luego servirla con un poco de sésamo por encima. También se pueden cocinar con un poco de canela y de pasas)
Como alternativa de la crema de arroz o mijo se suele tomar galletas de arroz con puré de sésamo o algún paté vegetal.

Almuerzo (mediodía)
De primero Sopa de Miso que es una sopa de verduras con algas y un condimento salado de soja.
De segundo se toma un plato combinado donde suele haber Arroz integral hervido con un trozo de alga Kombu y otra parte de proteína vegetal (legumbres, Seitán o gluten de trigo, Tofu o “queso” de soja, Tempeh o soja fermentada)
Como postre se puede tomar un poco de compota de manzana (la fruta siempre cocida) o un poco de pastel hecho con una base de copos de cereales o de sémola de maíz o de trigo (cous-cous) con gelatina de fruta hecha con alga Agar-agar.
Normalmente no se suele tomar postre sino una taza de té Bancha.

Merienda
Un té con unas galletas de arroz y un poco de mermelada o paté vegetal.

Cena
Una sopa (que puede ser de verduras con Shiitake, que es un hongo japonés, y daikon, que es como un nabo pero muy grande)
De segundo se suele tomar unas verduras al vapor o estofadas.
Si se tiene mucho apetito se puede acompañar con arroz o un poco de proteína.

Fuentes: En buenas manos / ABC

El sobrepeso aumenta el riesgo de padecer depresión

Los especialistas destacan la importancia de una buena alimentación para prevenir estados depresivos y proponen a la dieta mediterránea como la alternativa más recomendable
El Dia
la dieta meditarránea favorece la saludEl riesgo de padecer depresión es un 55% mayor en las personas obesas, mientras que el riesgo de obesidad aumenta en un 58% entre quienes tienen depresión, según datos que aporta la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO). Esta entidad señala que muchos de los episodios depresivos que sufren personas con obesidad se deben a que su exceso de peso les deprime.
Por su parte, las personas deprimidas sufren ansiedad, que a menudo se traduce en una necesidad imperiosa de comer. De hecho, algunas pueden ingerir más de 5.000 calorías en un atracón, subraya. La SEEDO explica que estas personas “buscan sentirse saciadas, por lo que comen muchos hidratos de carbono. En algunos casos, se produce una auténtica adicción a la comida con el fin de calmar la ansiedad, lo que puede derivar en obesidad”.

Esta organización pone de relieve la importancia de la nutrición en la prevención primaria de la depresión y defiende la dieta mediterránea como el patrón alimentario más recomendable. “La dieta mediterránea podría tener un papel preponderante en la prevención de la depresión”, sostiene Miguel Angel Martínez-González, miembro de la SEEDO. La dieta mediterránea se caracteriza por la abundancia de alimentos de origen vegetal como el pan, la pasta, el arroz, las verduras, las hortalizas, las legumbres, las frutas y los frutos secos. Además, se emplea el aceite de oliva como fuente principal de grasa; se da un consumo moderado de pescado, mariscos, aves de corral, productos lácteos y huevos; comprende, asimismo, la ingesta de pequeñas cantidades de carnes rojas y un aporte diario de vino, consumido generalmente durante las comidas, indica la Fundación Dieta Mediterránea.

Según indica la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es un trastorno mental frecuente que afecta a más de 350 millones de personas en el mundo. “Es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye, de forma muy importante, a la carga mundial de morbilidad”, añade. La OMS recalca que la depresión es distinta a las variaciones habituales del estado de ánimo y a las respuestas emocionales breves ante los problemas de la vida cotidiana. “Puede convertirse en un problema de salud serio, causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos, puede llevar al suicidio”, destaca este organismo. Asimismo, la OMS precisa que la depresión es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y biológicos. A su vez, esta patología “puede generar más estrés y disfunción, empeorar la situación vital de la persona afectada y, por consiguiente, la propia depresión”, puntualiza.
Por su parte, el doctor Martínez-González recuerda que la depresión “puede conducir a hábitos dietéticos más pobres” lo que puede acabar derivando en un exceso de peso. “En este sentido, varios estudios indican que la incidencia de la obesidad es mayor en las clases más desfavorecidas porque comen menos carne y pescado, ingieren más cantidad de grasas poco saludables y realizan menos deporte”, refleja la SEEDO. De ahí la importancia de mejorar la educación en lo que a hábitos alimentarios se refiere pues, según indica esta entidad, “la prevención es el mejor tratamiento”.
No en vano, la psicoterapia cognitivo-conductual indicada para las personas obesas que sufren depresión se centra en enseñar pautas alimenticias, además de en mejorar la autoestima, ayudar a desarrollar habilidades sociales, favorecer la motivación para bajar de peso y dotarles de pautas para hacer ejercicio.

¿Sabes distinguir las grasas buenas de las malas?

grasas no saturadas, foto ThinkstockBBC Mundo
Aunque la palabra grasa puede parecernos incompatible con una dieta saludable, eso no es así. No todas las grasas son iguales y es muy importante saber qué tipo de grasas debemos comer más y cuáles deberíamos reducir.

Grasas saturadas

Según NHS Choices, un servicio de asesoramiento online del Sistema Nacional de Salud británico, reducir algunas comidas ricas en grasas saturadas es una parte importante de una dieta saludable.

Entre esos alimentos está la mantequilla, la manteca, los chocolates, pasteles y masitas y los productos cárnicos como las salchichas o los pasteles de carne.

La mayoría de la gente come demasiada grasa saturada: en torno al 20% más del máximo recomendado, según recogen los estudios de la Asociación Británica de Dietética.

Las recomendaciones del Departmento de Salud británico dicen que el hombre promedio no debería comer más de 30 gramos de grasas saturadas al día, mientras que en el caso de la mujer esa cifra no debería ser superior a 20 gramos diarios.

Una dieta rica en grasas saturadas puede incrementar los niveles de colesterol de lipoproteína de baja densidad o colesterol malo en la sangre a lo largo del tiempo, lo que también aumenta la posibilidad de sufrir una enfermedad cardiovascular.

Pero ese riesgo ha sido puesto en duda recientemente.

El cardiólogo Aseem Malhotra escribió recientemente en el British Medical Journal que las grasas saturadas han sido “demonizadas durante décadas” al vincularlas con las enfermedades del corazón, algo que, dice, no ha podido ser plenamente comprobado con evidencias científicas.

Según Malhotra, la industria alimentaria ha compensado la bajada de grasas saturadas con el aumento de azúcar.

Grasas no saturadas

Tener una dieta rica en grasas no saturadas puede ayudar a bajar los niveles de colesterol malos en la sangre y a incrementar los de lipoproteína de alta densidad, el conocido como colesterol bueno.

Las grasas saturadas pueden ser sustituidas en una dieta balanceada con las más saludables grasas monosaturadas y polisaturadas, que se encuentran en muchos alimentos como:

– Los pescados “azules” como el salmón, las sardinas o la caballa.

– Frutos secos y semillas.

– Frutas y vegetales, incluyendo el aguacate.

Los ácidos Omega-3 pueden ayudar a bajar los niveles de triglicéridos en la sangre, a prevenir los coágulos de sangre y a mantener los ritmos cardiacos a un nivel regular.

La Fundación Británica del Corazón asegura que deberíamos comer dos porciones de pescado a la semana y que al menos una de ellas debe ser pescado azul.

Además, recomienda tomar una pequeña cantidad de grasas monosaturadas para ayudar a mantener los niveles de colesterol.

Grasas trans (o ácidos grasos trans)

El tercer tipo de grasas se encuentra en los ácidos grasos trans o grasas trans.
Las grasas trans naturales se encuentran en bajos niveles en algunas comidas, como los productos lácteos.

Las trans artificiales se producen cuando la grasa pasa por un proceso de hidrogenación, conocido como grasa hidrogenada.

Se puede usar para freír.

Las grasas trans artificiales también se encuentran en algunas comidas procesadas, como las galletas y los pasteles y en algunas ocasiones se usan para alargar la duración de los productos.

Una dieta rica en grasas trans puede conducir a niveles altos de colesterol malo en la sangre.

Pero, en Reino Unido, por ejemplo, la mayoría de la gente no come mucha grasa trans. De media, cada británico ingiere cerca de la mitad del máximo recomendado.

Y la mayoría de los supermercados del país han retirado el aceite hidrogenado de sus productos.

NHS Choices asegura que consumimos muchas más grasas saturadas que trans, pero dice que reducir la cantidad de grasas saturadas es más importante que disminuir la ingesta de ácidos grasos trans.

Niños y adolescentes, la generación que peor come

Elizabeth GonzálezPunto de vista: Elizabeth González

Directora de Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Experta Universitaria en Nutrición

“Es necesario establecer cambios en los patrones de alimentación en función de la biodisponibilidad de los nutrientes”, insiste la experta.

En España de cada 10 niños y adolescentes, de 2 a 17 años de edad, dos tienen sobrepeso y uno obesidad (Encuesta Nacional de Salud del INE, marzo 2013)

Algunos alimentos ricos en grasas y azúcares estimulan el cerebro de la misma manera que las drogas, creando adicción en el tiempo. ¿Cómo se puede explicar esto científicamente? ¿Dónde acaba el hambre hedonista para dar paso a una dependencia del consumo de ciertos alimentos? 

Parece que finalmente sí existe una explicación científica a la famosa adicción que sentimos por las grasas y azúcares. Su nombre, no muy comercial, es receptores endocanabinoides. Universidades americanas como la de Irving (California) o la de Connecticut han estudiado en profundidad estos neurotransmisores viendo que ejercen una gran influencia sobre el apetito y/o las conductas de ansiedad por los alimentos. Cuando ingerimos alimentos calóricos, especialmente ricos en grasas y azúcares, nuestro intestino segrega dichos receptores que son neurotransmisores (similares a algunos compuestos presentes en la marihuana) que activan las neuronas del centro del placer del cerebro (nucleus accumbens). Todo este proceso desencadena una conducta glotona y una probable adicción a este tipo de alimentos ricos en grasas y azúcares. Por tanto, lo que comienza como una conducta alimentaria normal para saciar nuestra hambre puede derivar en una dependencia del consumo de este tipo de alimentos por una estimulación y sobreexposición de estos receptores en los centros cerebrales del placer que nos invite a repetir la búsqueda de esa sensación placentera.

Algunos estudios incluyen entre los comestibles con poder adictivo (comida chatarra rica en grasas y/o azúcares) otros alimentos, básicos a nuestro entender, como son la leche, la carne o los carbohidratos, indispensables en nuestro menú de cada día. ¿También son adictivos?

En cuanto a los lácteos, la carne y los carbohidratos sería conveniente puntualizar algunos aspectos. Los carbohidratos, pueden ser complejos o en forma de azúcares sencillos. Los azúcares simples presentes en bollería, galletas o dulces en general sí los consideramos alimentos adictivos, ya que además del azúcar suelen ir acompañados de una elevada carga de grasa poliinsaturada. Sin embargo, la absorción de los carbohidratos complejos, aunque también contienen glucosa, es más lenta y no produce esa inmediata sensación de placer al llegar la glucosa a los núcleos cerebrales. En el caso de la carne y la leche, a pesar de que contienen grasa saturada, es el conjunto de azúcares refinados y grasas saturadas y/o poliinsaturadas el que resulta una bomba adictiva para nuestro cerebro. Fomentar esta conducta adictiva consumiendo esta clase de alimentos nos llevará a la búsqueda de este placer poniendo en riesgo nuestra salud y desarrollando comportamientos compulsivos hacia estos alimentos hipercalóricos y de escaso valor nutricional, llegando incluso hasta la obesidad.

¿Puede producir depresión la ingesta de hidratos de carbono y grasas de origen vegetal?

Los hidratos de carbono y el azúcar de la dieta proporcionan un aumento de ánimo artificial. La ansiedad y el estrés nos llevan a comer más, mientras que el aumento de peso por estos hábitos puede hacer que la depresión aumente. Para evitar caer en esta dinámica se necesita un mayor esfuerzo para no picar entre horas, no caer en atracones de comida y mantener un régimen más equilibrado. Si a esto añadimos un descenso de la energía tras eliminar los carbohidratos de la dieta, como suelen recomendar la mayoría de ‘dietas antidepresivas’, junto al aumento del consumo de chocolate (por su efecto sobre la serotonina) u otros supuestos potenciadores del estado de ánimo, entonces se cerrará este círculo vicioso que asocia la depresión con el sobrepeso.

Consumir ciertos alimentos asociados con la mejora del estado de ánimo puede llegar a ser muy peligroso, además de que inevitablemente producirá un aumento de peso. Aunque existen suficientes evidencias científicas de ciertas sustancias químicas presentes en el chocolate, las frutas con vitamina C o los frutos secos, estos nunca deben ser tomados como remedio contra la depresión, pues se corre el riesgo de que estos estados de ánimo se hagan crónicos. Estos alimentos pueden sofocar la ansiedad inmediatamente después de consumirlos, pero al cabo de unas horas remitirá su efecto.

Los hábitos de vida saludables y la alimentación son claves para mantener una buena salud mental y prevenir los cuadros depresivos, pero no se ha demostrado que sirvan para contrarrestar estos estados mentales una vez que ya se están sufriendo.

¿Qué cambios que rompen moldes debemos realizar en nuestra mentalidad sobre la alimentación, lo que es bueno para comer y lo que no, para estar al día de los nuevos avances de la ciencia de la nutrición? ¿Cuál es la generación que peor come hoy en día y por qué?

Estamos ante un hecho cuyas consecuencias sufrirán más de una generaciones. Se han abandonado consumos de alimentos tradicionales y se han sustituido por dietas hipergrasas, hiperproteicas, ricas en sal y azúcar y pobres en fibra. Dietas en las que predominan los alimentos transformados por la industria, de gran palatabilidad, fácil consumo y saciedad inmediata, pero en el mismo tiempo muy ricas en sustancias aditivas y calorías vacías. No olvidemos que el sistema social sanciona lo comestible de lo no comestible, y la sociedad utiliza los alimentos con fines extranutritivos: mantener relaciones sociales, expresar amor y afectividad, identificación con el grupo, paliar estrés y ansiedad, establecer un estatus social, recompensas o castigar, etc.

Las cantidades recomendadas de nutrientes en la dieta dependen de su biodisponibilidad, es decir, la proporción del nutriente en la dieta que es utilizado para el normal funcionamiento del organismo. Por este motivo, es necesario establecer cambios en los patrones de alimentación, cuándo debemos ingerir cada nutriente, según la función que desempeñe. Los hidratos de carbono son nuestra principal fuente de energía, por eso, se deben ingerir durante la primera mitad del día (desayuno-media mañana-comida) que es donde realmente nuestro organismo gasta esa energía. Las proteínas desempeñan un papel estructural y funcional, no son como tal una fuente de energía para el organismo. Por eso, se deberían ingerir sobre todo en los momentos del día en los que el cuerpo ya no gasta tanta energía y sí necesita “reparar” el organismo (merienda-cena). Los lípidos (grasas) son la principal reserva energética (almacén) que tiene el organismo, por lo que debemos ingerirlos en cantidades moderadas en forma principalmente de aceite de oliva, muy beneficioso para la salud a nivel cardiovascular.

La generación que peor come hoy en día son los niños y los adolescentes. Muchos menores en edad preescolar y escolar toman un exceso de alimentos transformados industrialmente (mucha bollería) y muy pocos alimentos sin procesar (frutas y verduras). Los adolescentes tienen cierta autonomía para elegir los alimentos, comen y cenan por su cuenta y optan, en la mayoría de los casos, por comida de fácil consumo y rápida para llevar. La sociedad de hoy utiliza los alimentos no sólo para satisfacer el hambre, sino también con fines extranutritivos: para mantener relaciones sociales, expresar amor y afectividad, paliar los estados de estrés y ansiedad, identificarse con un grupo o establecer un estatus social. Así la abundancia de alimentos se convierte en una arma de doble filo: en lugar de asegurar nuestra supervivencia biológica, es la misma que la pone en peligro. Poner una solución a todo esto, no es tarea fácil, porque no existe una sola fórmula universal. Eso sí, hay que ser consciente del peligro que conlleva el sobrepeso y la obesidad y servirnos en buen grado de la información de calidad que nos ofrece la ciencia de la nutrición. Enseñar a comer a nuestros hijos de forma saludable es un reto de la educación, pero de cara al futuro también es cuestión de herencia.

Los pasajeros gordos no vuelan o pagan dos asientos

Kevin Chenais tuvo que volver de Nueva York a Europa en barco, porque la compañía aérea argumentó que sus 230 kilos no garantizaban la seguridad

Heraldo / Agencias
obeso_british_airwaysLa aviación comercial tiene, a veces, razones de peso para restringir la venta de billetes. Quien más quien menos ha sufrido alguna vez el fastidioso ‘overbooking’, pero pocos han vivido una peripecia como Kevin Chenais. Este joven francés, de 22 años y con 230 kilos a cuestas, se ha quedado en tierra porque British Airways se negó a venderle un billete a la vista de que era «imposible acomodar al pasajero con seguridad». Las modernas aeronaves, capaces de llegar a las Antípodas, cruzar el Atlántico o cargar en sus bodegas el equipaje de más de un centenar de viajeros, no pueden transportar a un gordo.

Embarcar en un avión se está convirtiendo en un incordio, y no solo por el miedo a volar o por los cada vez más tediosos controles de seguridad. De ello pueden dar testimonio Chenais y sus padres, que se disponen a tomar un barco desde Nueva York para viajar al Reino Unido, a la vista de la decisión de la compañía.

El pasajero vetado está aquejado de un desequilibrio hormonal que constituye la causa de su obesidad mórbida. El año pasado se trasladó a Chicago para ser tratado en la Clínica Mayo, donde le prescribieron un tratamiento que dura año y medio. A finales de octubre ya tenía las maletas hechas para visitar Europa cuando le dieron la mala noticia. La aerolínea no admitía la presencia de un pasajero tan obeso. Lo peor del asunto es que el viaje en barco no está exento de riesgos. Kevin Chenais precisa de forma continuada del suministro de oxígeno y está sometido a controles médicos periódicos. La travesía desde Nueva York a Southampton le obligará a estar embarcado una semana y limitará su vigilancia por parte de los especialistas que le atienden.

Sobra decir que Kevin tiene muchos problemas de movilidad, hasta el punto de que necesita una silla eléctrica para desplazarse. El mero hecho de bajar del tren que le llevó de Chicago a Nueva York exigió que el Consulado francés apoyara el montaje de todo un dispositivo policial y que el personal de la compañía ferroviaria Amtrak participara en la operación para bajarle del vagón.

«El viaje estuvo bien», aseguró un agotado Kevin, después de 21 horas de traqueteo, a la salida de la estación ferroviara de Pensilvania, en el interior del taxi que le trasladó junto a sus padres, René y Christina, a un hotel en Brooklyn, donde permanecerán hasta embarcar.

Después de muchos trámites y fatigosas negociaciones se arbitró una solución, aunque llegaba demasiado tarde. Las compañías Air France y Swissair se avenían a incluir en el pasaje a Kevin Chenais, pero la oferta se presentó cuando la familia había desembolsado ya tanto dinero, que no podía rascarse más el bolsillo.

El trayecto en tren hizo que se esfumaran 900 euros, mientras que los pasajes en barco de los Chenais exigieron adelantar otros 1.635 euros. Ser gordo no es ni mucho menos barato. Con todo, el que no se consuela es porque no quiere. A la espera de que el buque ponga rumbo a Southampton, la familia aprovechará su estancia obligada en Nueva York para hacer turismo.

Venden dos asientos de avión separados a un pasajero obeso

AFP
obeso-dos-billetesUn pasajero británico que fue obligado por la aerolínea a comprar dos billetes de avión por ser obeso no dio crédito a sus ojos cuando comprobó que los dos asientos que le habían asignado estaban separados.

En el trayecto de ida de Gales a Irlanda, una tarjeta de embarque correspondía a una butaca en pasillo y la otra en la ventanilla – en una fila de tres. A la vuelta se lo pusieron aún más complicado, pues sus dos asientos estaban en la fila 17 y en la 19 del avión, informa el Daily Mirror.

El hombre, de 43 años e identificado como Les Price, pesa 234 kilos. La compañía aérea, cuyo nombre no ha trascendido, obliga a los clientes a adquirir dos tickets cuando el peso del individuo supera los 127 kilos.

Cómo la obesidad afecta los puntos vitales del cuerpo humano

Rubén Bravo del IMEOPunto de vista: Rubén Bravo
Portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, Especialista en Nutrición, Naturopatía y Análisis Hematológicos

  • “Cuando una sociedad es sofocada por enfermedades como la obesidad, se reduce su propio potencial”, sostiene el experto.
  • Cada 15 kg extras aumentan el riesgo de muerte temprana un 30 por ciento[1]. La obesidad severa acorta la vida de 8 a 10 años[2]

Cerebro y salud mental  

Las enfermedades cerebro y cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo. En 2008 cobraron la vida de 17,3 millones de personas, lo cual representa un 30% de todas las defunciones registradas. Se calcula que en 2030 morirán cerca de 23,3 millones de personas a causa de estos males. Gran parte de estas muertes se puede prevenir actuando sobre los factores de riesgo, entre ellos las dietas malsanas, la obesidad, la inactividad física y el aumento de los lípidos.

cerebroLa obesidad eleva considerablemente la probabilidad de sufrir problemas de memoria o inestabilidad emocional y supone un incremento del riesgo de demencia en edad avanzada. Existen estudios que demuestran que en los adultos mayores obesos las regiones cerebrales que son fundamentales para la función cognitiva son más pequeñas, lo cual hace que sus cerebros parezcan hasta 16 años más viejos que los de otras personas de su misma edad con un peso normal.

A nivel psicológico y social la obesidad acarrea tales problemas como pérdida de autoestima, depresión, estrés, apatía, ansiedad o una sensación de discriminación a nivel laboral y sentimental.

Corazón, sistema cardiovascular y aparato respiratorio

La obesidad dificulta la respiración de la persona, causa una sensación repentina de fatiga y eleva el riesgo de asma alérgica en los menores y es lo que percibimos en primera vista, pero el problema es mucho más complejo. El exceso de grasa puede obstruir las arterias e incrementar la presión arterial, así como generar insuficiencia cardíaca, ateroesclerosis, enfermedad coronaria o infartos.

la obesidad afecta al corazónSe estima que la obesidad es un factor que aumenta por 5 la probabilidad de desarrollar un problema cardíaco y se considera que puede alterar la edad del corazón, aumentándola de 5 a 10 años. Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte hoy en día y sólo en la UE cobran la vida de 2 millones de personas cada año.

Hígado, intestinos, páncreas y aparato reproductivo

La obesidad causa daños difíciles de reparar a nuestros órganos y puede detonar un hígado graso o cáncer de colon. Se estima que el 90% de las personas con síndrome metabólico padece hígado graso. Está demostrado que el cáncer de colon es más frecuente en hombres con índices de masa corporal elevados que en los que están en su normopeso.

estómago e intestinosA la obesidad y al sobrepeso se le atribuyen del 7 al 41 por ciento de determinados cánceres, como el de mama, páncreas y colon. Actualmente el cáncer causa alrededor del 7,5 millones de muertes al año, aunque la previsión de la OMS es de 13,1 millones para el año 2030.

La disfunción del páncreas en las personas obesas conlleva al desarrollo de diabetes. Se considera que la obesidad es responsable del 44 por ciento de los casos mundiales de diabetes, una enfermedad que puede disminuir hasta en 30 años la esperanza de vida.

La obesidad también es un factor de riesgo de infertilidad.  Aumenta el riesgo de sufrir cáncer de próstata en los hombres y lesiones benignas y malignas en el útero, en el caso de las mujeres.

Tobillos, rodillas, cadera y columna vertebral 

Los huesos aportan rigidez a nuestra estructura. La obesidad castiga la estructura ósea y articular del cuerpo humano y dificulta su capacidad de movilización. En las personas con obesidad es más alto el riesgo de sufrir osteoporosis, artritis, atrofia muscular o hernia discal.

huesos y articulacionesEstudios recientes de la escuela de medicina de Harvard demuestran que la obesidad aumenta los niveles de grasa en la médula ósea y en la sangre, acelerando la degradación de los huesos. La osteoporosis provoca 1,5  millones de fracturas en EEUU al año, causando la muerte en un 20 por ciento de los casos.

En general, se estima que el 80 por ciento de los problemas degenerativos de articulaciones en los adultos se debe a la obesidad. La sobrecarga del propio peso agrava el dolor de espalda y los problemas en la zona lumbar. Se calcula que las mujeres obesas son un 21 por ciento más propensos a tener dolor de espalda baja, mientras que en los hombres la cifra es de un 16 por ciento.


[1] Según el informe de la OCDE sobre “La obesidad y la economía de la prevención”.

[2] Datos de la OCDE.

Las dietas más raras y sus consecuencias mortales

  • Se practicaban desde hace muchos años; son regímenes alimenticios que ponían en peligro su vida, pero que realizaban con tal de perder peso.
  • En la actualidad cambiaron las técnicas, pero son igual de dañinas

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la dieta de la manzana y el atúnDiciembre es el mes de las dietas porque entre los propósitos de Año Nuevo casi siempre está: adelgazar. El gimnasio se satura y la heladera se llena de comida saludable con tal de tener el cuerpo ideal para el verano. Pero eso sí, hay quienes recurren a más que el ejercicio y la comida sana para bajar de peso con tal de hacerlo rápido. De ahí que incluso llegan a poner sus vidas en peligro. Y es que, ¿de cuántas dietas extremas no hemos escuchado hablar?
A continuación te presentamos una serie de ellas que a pesar de que fueron populares no son buenas para la salud.

La solitaria. Muchos bromean con tener una “solitaria” en el estómago, pero resulta que la broma en realidad viene de principios de 1900, cuando se acostumbraba a tomar píldoras que contenían huevos de lombriz solitaria. ¡Aunque no lo creas! La gente esperaba a que las lombrices crecieran dentro del intestino para que se alimentaran de la comida que ellos ingerían y así bajar de peso a causa de las diarreas y vómito que esto provocaba. Cuando lograban obtener los kilos de menos que querían, se desparasitaban, pero no era tan fácil porque hacerlo traía fuertes dolores abdominales y rectales. Eso lo hacían sin tomar en cuenta que una solitaria puede llegar a medir hasta 9 metros, provocar epilepsia, demencia, problemas de vista y otras complicaciones. Aun así fue una dieta muy exitosa.

Arsénico. ¿Aún los encontramos? Hace algunos años, había hombres vendiendo productos que aseguraban bajar de peso casi mágicamente. El ingrediente secreto era arsénico y la gente no lo sabía, así que muchas personas seguramente murieron envenenadas al tomar más de lo debido de este producto “mágico”.

Vinagre. En la época del romanticismo, Lord Byron, conocido como uno de los poetas más versátiles de la época, cuidaba mucho su figura y recurría a una dieta que terminó haciéndose famosa: la dieta del vinagre; consistía en beber todos los días una taza de vinagre y comer papas. La idea era purgar el organismo, así que eran varias las personas que decidían seguir este método con tal de tener unja figura esbelta.

Masticar y escupir. La idea es quitarle todos los nutrientes a la comida por medio de estarla masticando; cuando lo habían logrado, masticar hasta dejar muy bien molido todo, era momento de escupir, porque así la materia fibrosa no entraba al organismo y no se engordaba. Las personas que seguían esta técnica lograban defecar apenas una vez cada dos semanas porque realmente no comían nada. Franz Kafka fue un seguidor de la dieta.

Caucho. No se lo comían, pero lo usaban para hacer corsés y hasta calzones que hicieran presión y causaran sudoración para bajar de peso. Lo malo es que la piel se dañaba debido a la humedad y se hacía mucho más propensa a tener infecciones. Cuando llegó la Primera Guerra Mundial, esta moda desapareció.

Atún y manzana. Se trata de un régimen alimenticio donde únicamente se ingiere eso: una manzana y una lata de atún, durante todo el día. Esta fue la que siguió el actor Christian Bale para el papel que interpretó en la cinta El Maquinista (2004).

Parche en la lengua. La idea es coser una malla de polietileno en la lengua para producir dolor al momento de comer alimentos sólidos, lo que obliga a las personas a llevar una dieta líquida. Una dieta que augura enfermedad, ya que para llevar una dieta sana hay que ingerir todo tipo de alimentos para no dañar el organismo.

Inyecciones de orina. Se supone que la orina que proviene de mujeres embarazadas es la ideal, porque ésta tiene una hormona que ayuda al metabolismo a ser más rápido. Se dice que se pueden perder hasta 20 kilos en seis meses. La dieta se complementa al consumir apenas 500 calorías diarias. Sin embargo, este régimen alimenticio es de los más peligrosos que existen porque inyectar orina a la sangre puede provocar la muerte a causa de septicemia, casi instantánea. Además, se engaña al cuerpo y se le hace creer que está en proceso de embarazo y crear desequilibrio en las personas. Por otro lado, consumir apenas 500 calorías es lo que realmente hace bajar de peso y no la inyección.

Comer por la nariz. Olvídate de comer… por la boca. Lo que se hace es aplicar una mezcla de proteínas, grasas y agua por un tubo de goteo que se introduce por la nariz hasta llegar al estómago. Se tiene que traer puesto el tubo durante las 24 horas y se consumen 800 calorías al día. Una dieta que además de extraña, resulta ser la provocadora de diferentes males como deshidratación, dolor de cabeza, cálculos renales, estreñimiento y hasta mal aliento. Con esto, dicen, se pueden reducir hasta 9 kilos en 10 días.

Anillo para adelgazar. Al igual que el caucho, hoy en día las personas buscan cualquier cosa que les prometa bajar de peso, así que muchos han confiado en un supuesto anillo que adelgaza. Se supone está hecho con imanes y metales especiales que actúan en el cuerpo. Se dice que es un tratamiento milenario que inventaron monjes chinos al mezclar la acupuntura y la magnetoterapia.

Día Mundial de la Diabetes 2013

Comer carne produce diabetes

El Confidencial

controlar la diabetesMás de tres millones de españoles son diabéticos y, al menos, otros dos millones más sufren esta enfermedad sin estar diagnosticados. Mañana se celebrará el Día Mundial de la Diabetes y volverán a resaltarse los consejos habituales para identificar y, sobre todo, prevenir esta dolencia. Sin embargo, un estudio llevado a cabo por el Instituto Francés de la Salud (Inserm) ha puesto en entredicho creencias como que las personas con un peso equilibrado tienen menos riesgo de contraer diabetes tipo 2 que las personas con sobrepeso, o que comer frutas y verduras es suficiente para mantener una dieta equilibrada que prevenga dicha enfermedad.

La principal conclusión de la extensa investigación, que consistió en analizar los hábitos de vida de más de 66.000 mujeres durante 14 años, fue que la carne es el alimento que más aumenta el riesgo de diabetes. Tanto es así que, si se come en exceso (más de tres o cuatro veces por semana), la ingesta elevada de verduras y frutas no compensa el desequilibrio nutricional que provoca, generando a la larga la incapacidad del cuerpo para producir insulina y, por tanto, un aumento de la glucosa.

Las personas que comieron carne con una frecuencia semanal superior a la recomendada desarrollaron diabetes en un 56% más de casos que el grupo de personas que la consumieron en cantidades moderadas. Los efectos de la carne en lo que se refiere al desarrollo de la diabetes de tipo 2 fueron incluso superiores a los del azúcar, debido a que después de la digestión, la carne deja más residuos ácidos en el cuerpo que los alimentos azucarados.

El alto grado acidez en el cuerpo, el mayor peligro

El ácido aumenta las probabilidades de sufrir diabetes porque dificulta que el cuerpo convierta el azúcar de los alimentos ingeridos en energía. Para mantener el grado de acidez en sus valores normales, se recomienda que las bebidas y alimentos ácidos (carne, azúcar, café, alcohol, aceitunas, leche o huevos) no superen el 25%, mientras que el restante 75% deben ser alcalinos.

Otros alimentos que también son ácidos, principalmente las naranjas y el limón, pueden consumirse porque después de la digestión son muy alcalinos, por lo que en realidad reducen la acidez en el cuerpo, como matiza el estudio del Inserm. En contra de lo que generalmente se cree, “la mayoría de las frutas, como es el caso de los melocotones, las manzanas, las peras y los plátanos, e incluso los limones y las naranjas, reducen la carga de ácido en la dieta una vez que el cuerpo los ha procesado”.

El peso corporal, ¿un factor determinante?

Uno de los resultados más sorprendentes del estudio es que la diabetes de tipo 2 no afecta en mayor medida a las personas con sobrepeso, ya que el número de mujeres delgadas que contrajo esta enfermedad fue ligeramente superior que las que estaban gordas. Una relación para la que los investigadores no pudieron encontrar una explicación científica. A pesar de que en el estudio sólo participaron mujeres, los autores defienden que las conclusiones pueden aplicarse igualmente a los hombres.

La diabetes, que es una de las enfermedades crónicas más comunes, cuesta anualmente al sistema nacional de salud unos 5.800 millones de euros (1.770 euros por paciente y año, incluyendo el dispendio farmacológico, hospitalario y de atención primaria), según los cálculos de la Federación española de Diabéticos (FEDE), que preside el exministro de Sanidad Bernat Soria. Por ello, desde la perspectiva del ahorro de costes, es fundamental promover recomendaciones dietéticas más afinadas a los resultados de los últimos estudios, principalmente, orientadas a mantener un equilibrio ácido en el cuerpo.

Casi un 40% del coste derivado de esta enfermedad para las arcas públicas tiene que ver con las complicaciones que la diabetes mal controlada acaba provocando en los pacientes. Unas complicaciones que hacen que esta enfermedad crónica sea la primera causa de ceguera, de insuficiencia renal crónica y de amputaciones de miembros inferiores. Asimismo, aumenta el riesgo de padecer patologías cardiovasculares y cerebrovasculares.