Ver la televisión durante el embarazo puede ser una causa de obesidad en el niño

Un estudio presentado de la Sociedad Americana de Pediatría también revela que apagar la televisión a la hora de la comida ayuda a una mejor alimentación de los niños.

Heraldo.es

obesidad y embarazoLos padres pueden prevenir la obesidad de sus hijos simplemente apagando la televisión durante las comidas. Los niños se alimentarán así de manera más saludable y los mayores podrán darse cuenta de cuándo están saciados. Así lo revela un estudio presentado este martes durante la reunión anual de la Sociedad Americana de Pediatría en Vancouver (Canadá). Además, el estudio demuestra que este proceso puede comenzar incluso antes del nacimiento del niño, debido a la relación entre el tiempo que las mujeres ven la televisión durante el embarazo y la futura obesidad de sus bebés.

Y es que las futuras madres que están acostumbradas a comer o cenar viendo series o el telediario serán más propensas a hacerlo también cuando nazca su hijo, lo que puede derivar en una mala alimentación de éstos debido a que los padres les prestan menos atención a lo que comen y al momento en el que se sienten saciados. «Reforzar una vida saludable durante el embarazo ayuda a reducir el impacto de los malos hábitos en los niños en el largo plazo», aseguró la autora principal del estudio, la doctora Mary Messito. «Si las mujeres embarazadas no vieran la televisión al comer serían más eficaces los programas de prevención de la obesidad en los niños más pequeños», recordó Messito.

La doctora y sus compañeros analizaron los datos de ‘Starting Early’, un proyecto en el que estudiaron el efecto de la intervención a través de programas de prevención en niños obesos de familias hispanas de bajos recursos de la Escuela Belleveu de Nueva York. Las mujeres que se inscribieron en el estudio fueron analizadas desde el embarazo hasta que los bebés cumplieron tres años. Estas madres recibieron asesoramiento nutricional individual durante el embarazo y tras el nacimiento del niño, participaron en grupos de actividades y se les dio varios libros y vídeos relacionados con la buena alimentación.

Durante el último mes de embarazado estas mujeres tuvieron que explicar con qué frecuencia veían la televisión durante las comidas. Cuando sus bebés cumplieron tres meses tuvieron que responder acerca de con qué frecuencia estos niños veían la televisión mientras les alimentaban. Los resultados mostraron que el 71% de las mujeres embarazadas veían la televisión durante las comidas y el 33% de los niños de tres meses estaban frente a la televisión mientras eran alimentados. Las mujeres embarazadas que veían la televisión durante las comidas eran cinco veces más propensas a exponer a sus bebés a la televisión que las que no estaban acostumbradas a verla. Por otro lado, las madres de menos de 25 años son las más propensas a exponer a su bebé a los programas de televisión mientras estos se alimentan, según reveló el estudio.

«Este estudio es de los pocos que determinan cómo los hábitos de la madre durante su embarazo afectan en la vida del niño al nacer», explicó la doctora Messito. «Identificar el comportamiento de las embarazadas ayudará a prevenir la obesidad infantil», añadió la autora. Además, según la doctora, se promoverá una alimentación más sana y se pondrá límite al tiempo que los niños ven la televisión, sobre todo a la hora de las comidas.

Una niña con obesidad anómala llegó a pesar 92 kilos con sólo 12 años

La aseguradora no quería cubrir la intervención, pero bajo la presión de sus padres revirtió su decisión.

El País, por Carolina García.
antes y después de alexis shapiroAlexis Shapiro, de 12 años, se encuentra en el punto de mira internacional por padecer una patología médica que le hace ganar un promedio de un kilogramo a la semana. Alexis, de Texas y que pesa 92 kilos, se ha sometido este viernes a un bypass gástrico, intervención bastante inusual en menores.

La familia de la menor ha luchado mucho para conseguir que su hija entrara en el quirófano. Hace unos meses, la aseguradora de la familia, Tricare, anunció que no daría cobertura económica a la intervención, pero la presión social ha conseguido que la compañía revierta su decisión y ha anunciado que pagará la operación.

“La operación de Alexis ha terminado. Será trasladada a la unidad de cuidados intensivos pediátricos para su recuperación y deberá estar monitorizada en todo momento”, han explicado sus médicos vía Twitter. Debido al interés que ha despertado el caso de la menor, se ha prohibido la entrada de la prensa en el centro médico, pero los profesionales han estado twitteándola durante toda la intervención, que ha durado dos horas.

La niña ha sido operada en el Cincinnati Children´s Hospital Center y sus médicos esperan que, tras la intervención, deje de tener un apetito perpetuo, empiece a perder peso y pueda tener una vida normal. Podría perder una media de poco más de dos kilos a la semana y esto mejorará su diabetes.

El equipo ha explicado que Alexis estará bajo una dieta líquida durante un mes para “conseguir que su estómago, ahora más pequeño, se ajuste”. “Es difícil saber cómo va a ir todo, debido a sus problemas metabólicos”.

Con nueve años Alexis, una niña normal, fue diagnosticada de un tumor benigno cerebral. La operación fue bien, pero sufrió efectos secundarios graves, obesidad hipotalámica y panhipopituitarismo, síntomas metabólicos complejos que, según informan sus padres, habrían devastado la vida de su pequeña. La obesidad de Alexis hizo que su metabolismo se volviera loco, haciendo que ganara peso de forma estrepitosa.

“Está nerviosa. Emocionada, pero nerviosa”, ha explicado su madre, Jenny Shapiro, de 34 años, a la NBC, antes de la operación. “La última vez que se sometió a una operación su vida cambió completamente”, ha añadido la madre.

Según sus médicos, sin la operación la menor hubiera seguido ganando casi un kilo cada semana, a pesar de la dieta estricta y el ejercicio que practicaba a diario. La diabetes que padece iría a peor si llegara a superar los 181 kilos, dijo su médico en rueda de prensa este viernes. “Ha sido una carrera de obstáculos. Pones toda tu fe en los médicos y ellos hacen lo que pueden. Hemos llegado hasta aquí porque no había más opciones”, ha agregado Ian Shapiro, su padre, a la misma cadena.

A la menor que usa una talla 2XL, aunque pronto esto va a cambiar, no le gusta hablar con extraños, a pesar de la publicidad que ha conseguido tanto a nivel local, nacional e internacional después de que la aseguradora rechazara costear la operación y a las miles de personas que han aportado dinero, que supera ya los 82.000 dólares, para gastos médicos.

El bebé más obesod de Colombia pesa 20 kilos con tan solo 8 meses de vida

La fundación «Gorditos de Corazón» lo ha «rescatado» para someterlo a un tratamiento de adelgazamiento
ABC
santiago mendoza pesa 20 kilos con tan solo 8 meses de vidaSantiago Mendoza es el bebé más obeso de Colombia, y ya se encuentra «a dieta» gracias a la «Operación Rescate» emprendida por la fundación «Gorditos de Corazón», que se encargará de seguir unas pautas saludables de alimentación con el fin de evitar problemas de salud al pequeño, que pesa 20 kilos con tan solo ocho meses de edad.

Miembros de esta fundación están prestando apoyo al niño y a su familia, y para ello lo han «rescatado» en la localidad de Valledupar, y lo han trasladado junto a su madre a la Capital, donde ya ha comenzado a recibir tratamiento médico.

La madre de Santiago, Eunice Fandiño, ha reconocido su responsabilidad en el sobrepeso de su hijo, ya que «intentaba complacer al bebé con comida cada vez que lloraba. Si él lloraba yo le daba el pecho y leche de tarro».

Tras enterarse de las condiciones físicas de Santiago, la fundación «Gorditos de Corazón» se trasladó el pasado domingo hasta la localidad donde reside junto a su familia y trasladaron al bebé y a su madre a Bogotá, donde Santiago será atendido en la clínica «La Colina».

Un equipo de especialistas será el encargado de prestarle una atención integral desde cuatro especialidades, pediatría, endocrinología, cirugía baríatica y nutrición, con el objetivo de prevenir traumas mayores y garantizarle un futuro saludable.

Este apoyo hace parte del programa de responsabilidad social que ofrece la clínica «La Colina» que busca también llamar la atención de las entidades públicas y privadas «para que protejan la salud de los niños y en este caso la de Santiago», afirmó el doctor César Guevara, responsable de cirugía del centro sanitario.

El pequeño iniciará un tratamiento integral «de cuerpo mente y emociones, que le salve la vida y le devuelva el peso saludable», aseguran desde la fundación «Gorditos de Corazón». Santiago, con más de 20 kilos de peso a sus ocho meses de edad, duplica en peso a su hermano mayor de tres años .

A su corta edad el pequeño presenta ya síntomas de comedor compulsivo, apetito desmedido y ansiedad por la comida, lo cual ha sido el detonante de su gran obesidad y las enfermedades de alto riesgo que está empezando a padecer.

Desde la clínica destacan que la intervención psicoterapéutica que le brindará la fundación «Gorditos de Corazón» al bebé y su familia serán de vital importancia en la recuperación del menor.

Más de la mitad de los obesos padece ansiedad o depresión

La causa del fracaso a la hora de hacer dieta para bajar de peso puede deberse a la existencia de un trastorno mental como la ansiedad.

obesidad y ansiedadDos datos se cruzan para mostrar una preocupante realidad social y sanitaria. El primero: España es el país de Europa con mayor tasa de obesidad. Afecta a 25 por ciento de los adultos y a 33 por ciento de los tres niños. El segundo dato es que “más de un 20% de la población mundial sufre ansiedad sin saberlo, y en España afecta a afecta a más de 6 millones de españoles”, según datos del doctor Salvador Ros, presidente de la Asociación Española de Psiquiatría Privada (ASEPP). El resultado es que dentro este 20 por ciento de pacientes con ansiedad se encuentran entre un 50 y un 70 por ciento de las personas con obesidad.

“Pueden presentar algún tipo de trastorno psíquico asociado”, refiere el doctor Josep Ramon Domenech, co-coordinador del VII Congreso Nacional de Ansiedad y trastornos Comórbidos. “Los pacientes obesos tienen una probabilidad más alta de padecer trastornos psíquicos, al igual que los pacientes con enfermedades mentales tienen una probabilidad elevada de padecer obesidad. Estudios recientes sugieren que el fallo de muchos pacientes a la hora de seguir una dieta para perder peso puede deberse a la existencia de un trastorno mental, fundamentalmente de ansiedad, no tenido en cuenta o no tratado. Si se logra controlar el trastorno de ansiedad asociado, las posibilidades de que una dieta para perder peso sea exitosa se incrementan notablemente”.

El tratamiento ayuda a evitar la cronicidad

La ansiedad se presenta con síntomas físicos, como insomnio, angustia, cansancio injustificado, incremento de consumo de tóxicos o alteraciones de alimentación. Puede deberse a la actual situación de crisis e incertidumbre e “interfiere en todos los aspectos de la vida de una persona incitándola, en un porcentaje altísimo de los casos, al consumo de drogas, de alcohol, de todo tipo de sustancias adictivas o incluso al suicidio”, según el doctor Ros. “Causa absentismo laboral de un 10 por ciento, un 7 por ciento más que la media de los países europeos estimada en un 3 por ciento. Los tratamientos farmacológicos, antidepresivos y/o ansiolíticos de forma controlada, los cambios en hábitos de vida, deporte, alimentación, no tóxicos, vida familiar y social, y las terapias psicológicas pueden ayudar a reconducir el problema y evitar su cronificación o la aparición de otros trastornos añadidos”.

La ansiedad, además de afectar a buena parte de las personas con problemas de obesidad, se produce con más frecuencia en gente con edades comprendidas entre los 50 y los 65 años, seguida de la de 40 a 50 años, que está desempleada, o amas de casa o autónomos.

SALUD REVISTA.ES / El Correo

 

EE.UU. y la pizza: radiografía de una historia de amor

BBC

En un día cualquiera más de 40 millones de estadounidenses consumen pizza. Este pan plano horneado, normalmente redondo, aderezado con salsa, queso y otros condimentos es considerado como la comida más popular del mundo, y definitivamente una de las preferidas en Estados Unidos.

pizzaTanta es la afición al plato que el Departamento de Agricultura de EE.UU. publicó esta semana un informe sobre el consumo de pizza. No por nada es considerado por especialistas del estudio como un «contribuyente de nutrientes de importancia pública».

Pero, ¿el hecho que sea tan popular, lo hace importante?

El estudio sólo ofrece datos que son independientes de los juicios de valor sobre el consumo de este alimento, muchas veces calificado como «basura». Y deja las reflexiones para el consumidor… y los especialistas.

No se puede ignorar

Para el presidente de la Asociación de Dietistas de España, Giuseppe Russolillo -quien no participó en la investigación- lo primero que hay que dejar claro es la definición de este plato. Mientras que en gran parte de Italia se trata de un producto artesanal, en EE.UU. está relacionado a la llamada comida rápida.

De acuerdo con el reporte, el 13% de la población en EE.UU. -de 2 años en adelante- consume pizza cualquier día. Una tendencia que aumenta a un 22% cuando la muestra se concentra en niños y adolescentes entre los 6 y los 19 años.

Y si hablamos de adultos, son los hombres quienes consumen más pizza que las mujeres.

Estos hábitos también varían entre grupos étnicos. Los blancos no-hispanos (un 16% de ellos) son quienes más comen este alimento introducido en territorio estadounidense a principios del siglo XX.

Mientras que cerca del 14% de los negros no-hispanos y los hispanos -respectivamente- consumen al menos un trozo en un día cualquiera.

«Esto nos indica la forma de alimentación en Estados Unidos, que podría ser una de las causas por las que lo sitúan entre los países con mayor índice de obesidad», le explica a BBC Mundo Rubén Bravo, supervisor del Departamento de Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), en España.

Russolillo, que coincide con Bravo, agrega que esta es la razón por la cual la pizza no debería consumirse más de dos o tres veces al mes. «No debe formar parte de la dieta habitual, mucho menos en los niños, pues es aquí donde hay que promocionar el consumo saludable y variado de integrales, vegetales y frutas».

Fuente de energía

Los especialistas que realizaron el informe determinaron que la pizza contribuye al 6% de la ingesta total de energía en niños y el 4% para adultos.

En el día que se consume, la pizza es fuente de aproximadamente el 27% de la energía total entre todos los consumidores.

La ingesta media de energía de la pizza es de 538 kilocalorías para los niños y 744 kilocalorías para los adultos.

«El problema no es la pizza, sino el abuso de la pizza, es un alimento muy calórico», comenta Rubén Bravo, quien tampoco estuvo involucrado en el informe.

«Pero lo mismo ocurriría con un bocadillo (o sándwich). Estamos tomando harinas refinadas con grasas que no son beneficiosas para la salud».

¿Tiene nutrientes?

pizza_464x261_reutersLa pizza es un gran contribuyente de nutrientes en la dieta estadounidense, pues ofrece altos porcentajes de la ingesta total diaria de proteína, grasas, grasas saturadas, fibra, calcio y licopeno.

De acuerdo con el informe, este alimento representa un tercio de la ingesta total de calcio en un día y más de la mitad de licopeno, un micronutriente que -según varios estudios- es beneficioso para la salud.

Además, el plato es fuente de sodio, tanto en niños como adultos.

Pero para el especialista Bravo, el problema está en que si bien se pueden hacer pizzas sanas en casa, lo más probable es que sean industriales, con un alto contenido de hidratos de carbono y grasas saturadas.

«Tiene harinas refinadas, no integrales, y sabemos que el abuso de ellas contribuyen a la obesidad, aumentan el colesterol y con el tiempo tienen tendencia a elevar los niveles de azúcar en la sangre».

No obstante, Bravo concede que, como cereal, aporta nutrientes y micronutrientes que también son válidos.

«Si hablamos de una pizza casera, entonces podría estar incluida en la dieta una vez a la semana», explica Russolillo, quien deja claro que tampoco se trata de promocionar este producto, cuando hay otros alimentos más importantes como las hortalizas.

Estrella de la noche

El problema no es el qué, sino el cómo.

La pizza, si se hace de forma casera, eliminando muchos de los ingredientes industrializados con altos contenidos de grasas, sales y preservativos, puede ser una buena fuente de nutrición. Aunque el mayor problema está en la hora en que se ingiere.

Para el 44% de los niños, este consumo ocurre a la hora del almuerzo, y el 42% en la cena. Pero los adultos la prefieren en la noche, con un 59%.

Sólo el 28% de las personas mayores de 20 años elige este plato en el almuerzo.

«Por los últimos estudios relacionados con el biorritmo del cuerpo, y con el ciclo circadiano del día y noche, sabemos que por la noche el consumo abundante de hidratos de carbono, con grasas saturadas tiene más tendencia a que se acumulen en forma de grasa corporal», señala Bravo.

Esto quiere decir, según el experto, que estos nutrientes a largo plazo pueden estar contribuyendo con la obesidad.

«También hace que la digestión sea pesada, y haya una carencia de sueño, producida por una cena demasiado fuerte», agrega.

Así que no es lo mismo comer esa pizza al mediodía que por la noche.

Pero, ¿cómo hacer de la pizza un aliado para la nutrición?

«Lo primero es no comerla en la noche», responde Bravo. Lo segundo sería utilizar ingredientes bajos en grasas.

Por su parte Russolillo considera que el mensaje debe ser consumir pizza «con prudencia y moderación».

La obesidad infantil, una epidemia que distingue entre clases sociales

Un estudio confirma que, al menos en EE.UU., los jóvenes con un menor nivel socioeconómico, son más susceptibles a tener sobrepeso o a ser obesos.
ABC
obeso-infantilParece que la obesidad también es una cuestión de clases. Algunos estudios, como el que se acaba de publicar en «PNAS», sugieren que, al menos en EE.UU., país en donde la obesidad constituye un verdadero problema de salud pública, la obesidad, especialmente entre los jóvenes y niños, estaría directamente relacionada con el estatus socieconómico. El estudio ha constatado que mientras que en EE.UU. se ha producido un estancamiento en la epidemia de la obesidad infantil, parecer existir una brecha de clases importante y creciente entre los jóvenes con un nivel socioeconómico inferior y los de un estatus mejor.

Utilizando los datos de dos amplias Encuestas Nacionales de Salud de EE.UU., el National Health and Nutrition Examination Survey y la Encuesta Nacional de Salud Infantil, los investigadores Carl Frederick, Kaisa Snellman y Robert Putnam, de la Universidad de Harvard, muestran que sí bien es cierto que las tasas de obesidad aumentaron en cifras similares para todos los adolescentes entre 1988 y 2002, sin embargo, desde entonces, los investigadores ha observado que la obesidad ha comenzado a disminuir entre los jóvenes que tienen un mayor nivel socieconómico, pero ha seguido incrementándose entre los jóvenes con menores recursos.

La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más importantes en EE.UU., pero también en otros países, como España. Los últimos datos sobre obesidad y sobrepeso en menores demuestran que la incidencia de este problema de salud sigue siendo «peligrosamente» elevada en España y nos sitúa a niveles muy próximos a los de Estados Unidos. De hecho, algunos estudios nos sitúan como «líderes europeos» en obesidad infantil, aunque en los últimos años la cifra de menores que tienen problemas con la báscula se han mantenido estable en los últimos cuatro años, según los datos de la Encuesta Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad.

Un reciente informe realizado por la Escuela Andaluza de Salud Pública junto con otros organismos públicos, mostraba que el 26% de los niños españoles de entre 8 y 17 años presenta sobrepeso y el 12,6% sufre obesidad. Si se comparan estos resultados con los de otros países, aseguró José Juan Sánchez Cruz, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública y uno de los autores del estudio, «en relación a los demás países europeos, España presenta valores de los más altos o incluso similares a los de Estados Unidos, paradigma de la pandemia mundial de la obesidad, cuya prevalencia de exceso de peso es del 37,1% en los niños de entre 6 y 11 años y del 34% en los niños de entre 12 y 19 años, según los últimos datos publicados en 2012 por el informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD). Esto significa que la siguiente generación podría tener una esperanza de vida menor que la actual, debido a esta obesidad».

La obesidad durante la infancia puede dejar secuelas difíciles de revertir. Según los autores del estudio que se publica en «PNAS», la obesidad en niños y adolescentes aumenta el riesgo de una variedad de situaciones adversas para la salud: diabetes tipo 2, apnea obstructiva del sueño, hipertensión, dislipidemia, síndrome metabólico, problemas cardiovasculares e incluso cáncer y problemas de relaciones sociales.

Por ejemplo, según los datos del estudio de la Escuela Andaluza de Salud Pública, aproximadamente cuatro de cada diez jóvenes españoles están expuestos desde etapas muy tempranas a factores de riesgo cardiovascular que son potencialmente modificables y que tendrán un efecto negativo sobre su salud, tanto a corto como a largo plazo, ya que en muchos casos la persona lleva padeciéndolos desde la infancia».

En la prevención de la obesidad intervienen muchos factores, destaca Snellman: alimentación, estilo de vida, sedentarismo, genética, etc. Y casi todos son modificables. Y si bien es cierto que en los últimos años, especialmente en EE.UU., se han lanzado campañas masivas para prevenir la obesidad infantil y se ha declarado la guerra a los azúcares o a las grasas, a tenor de los datos de este trabajo, los mensajes no parecen llegar a todos los grupos poblacionales.

Los investigadores han analizado factores claves relacionados con la obesidad: la excesiva ingesta de alimentos y la falta de ejercicio físico. Así han visto, por ejemplo, que mientras que durante muchos años la ingesta de alimentos era uniforme en todas las poblaciones, no lo es desde hace unos años: «los niños con un mejor nivel socieconómico comen menos alimentos calóricos». Y lo mismo se puede decir del ejercicio físico.

Los investigadores creen que este hallazgo puede ayudar a explicar la creciente disparidad socioeconómica en la obesidad entre los adolescentes. Los resultados, concluyen, subrayan la necesidad de orientar las intervenciones de salud pública hacia los jóvenes más desfavorecidos que permanecen en riesgo de obesidad, además de examinar cómo la información médica es sesgada en función de la clase social.

El trabajo realizado por este grupo de investigadores no deja de hacer palpable que la obesidad se ha convertido en uno de los problemas de salud pública más preocupantes en todo el mundo y también en nuestro país. Según la OMS, la pandemia del sobrepeso y la obesidad es ya el quinto factor principal de riesgo de defunción en el mundo, responsable de que cada año más de 2,8 millones de personas adultas fallezcan como consecuencia de este trastorno.

Sedentarismo

El aumento en la prevalencia de la obesidad se vincula a hábitos alimenticios poco saludables. Sin embargo, tal y como se recoge en el estudio de «PNAS», los niños de EE.UU., independientemente de su clase social, consumen menos calorías que hace años. Pero, a pesar de estos cambios saludables en el consumo de energía, algunos niños continúan aumentando de peso. «Nuestros hallazgos sugieren que las disparidades de salud provienen de las diferencias tanto en la ingesta de calorías como en la actividad física. Así –señalan los expertos-, aunque la ingesta media de energía ha disminuido en todos los niños, ha caído más entre los niños con un mayor nivel social».

Y, muy importante, «muchos niños tienen un estilo de vida sedentario que hace que sea difícil que consuman las calorías suficientes para quemar lo que consumen». Especialmente, según el trabajo, los jóvenes de las clases más bajas, ya que muchos de ellos no hacen ningún tipo de actividad física a la semana. Claro, que el informe también reconoce que en barrios en donde no hay instalaciones deportivas o zonas verdes es complicado hacer ejercicio. «En los barrios ricos es más sencillo», reconocen.

Niños: Cómo evitar los empachos y atracones durante las Navidades

Llega la Navidad y con ella la preocupación de que estas fechas alteren de manera negativa los hábitos alimenticios de los niños.
Dintersa
los niños también se pasan con la comida en Navidad
Llega la Navidad y con ella la preocupación de que estas fechas  alteren de manera negativa los hábitos alimenticios de los niños.

Llegan los dulces, los excesos, los cambios de horario… sabemos que está en nuestras manos el controlar estas situaciones para no afectar a su salud.

Por ello, a continuación, te detallamos una serie de consejos saludables a tener en cuenta durante las fechas Navideñas:

En principio, los niños podrán comer el mismo menú que los mayores teniendo en cuenta estas recomendaciones básicas:

  1. Intenta mantener los mismos horarios previos a las vacaciones.
  2. No te saltes el desayuno, ya que es una de las comidas más importantes del día, aprovecha, ahora que tienes más tiempo, para desayunar  con tu  hijo.
  3. Cocina con poca sal.
  4. Si se trata de un bebe, no introduzcas alimentos que no estén ya introducidos en su dieta para prevenir las alergias.
  5. Si para la familia se han elaborado platos muy fuertes como podrían ser el cochinillo, cordero o platos muy condimentados, lo ideal sería cambiarlos por platos más suaves como el pollo, el pavo o el lenguado.
  6. Si el niño lo pide, a partir de los 18 meses de edad está permitido que prueben los típicos dulces de Navidad desmenuzados para evitar que se atraganten y en poca cantidad.
  7. El 31 de diciembre los más pequeños podrán probar las uvas, pero peladas y sin pepitas.
  8. Durante las comidas, beber agua y evitar los refrescos azucarados tipo limonada, naranjada y los que tengan cafeína.
  9. En cuanto a los brindis, nada de alcohol, éste se puede sustituir por zumos o agua.
  10. Opta por “El efecto aperitivo”, creado por el Instituto Medico Europeo de la Obesidad (IMEO). Este efecto tanto sirve para los más pequeños como para los mayores. consiste en hacer aperitivos bajos en calorías una media hora antes de empezar a comer, para que el cuerpo tenga tiempo a percibir el estímulo de la saciedad y se llegue a la mesa con menos hambre y evitar comer en exceso.

 Ejemplo de entrantes para obtener  EL “EFECTO APERITIVO”

Aceitunas, tortitas de arroz o maíz con crema de soja o paté vegetal, salmón ahumado, berberechos condimentados, mejillones al vapor, tomatitos con bolas de queso fresco, picadillo de cebolla, tomate, pepinillo sobre hoja de endivia, corazones de alcachofa salteados  con jamón, espárragos, champiñones salteados con ajo y perejil, gambas al vapor, almejas a la marinera…

¿Cómo actuar en caso de empacho?

Si ves que tu hijo presenta síntomas de empacho, tipo dolor abdominal que pueden preceder con vómitos, diarrea o fiebre… En principio, no necesita de mayores cuidados que una dieta blanda de  protección gástrica compuesta de: alimentos suaves tipo arroz blanco, pollo o pescado hervido o a la plancha, manzana horno o compota. Para evitar la deshidratación, ofrécele agua o mójale la boca con agua.  Puedes hacerle masajes en la tripa, ya que les tranquiliza muchísimo…

Niños y adolescentes, la generación que peor come

Elizabeth GonzálezPunto de vista: Elizabeth González

Directora de Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Experta Universitaria en Nutrición

«Es necesario establecer cambios en los patrones de alimentación en función de la biodisponibilidad de los nutrientes», insiste la experta.

En España de cada 10 niños y adolescentes, de 2 a 17 años de edad, dos tienen sobrepeso y uno obesidad (Encuesta Nacional de Salud del INE, marzo 2013)

Algunos alimentos ricos en grasas y azúcares estimulan el cerebro de la misma manera que las drogas, creando adicción en el tiempo. ¿Cómo se puede explicar esto científicamente? ¿Dónde acaba el hambre hedonista para dar paso a una dependencia del consumo de ciertos alimentos? 

Parece que finalmente sí existe una explicación científica a la famosa adicción que sentimos por las grasas y azúcares. Su nombre, no muy comercial, es receptores endocanabinoides. Universidades americanas como la de Irving (California) o la de Connecticut han estudiado en profundidad estos neurotransmisores viendo que ejercen una gran influencia sobre el apetito y/o las conductas de ansiedad por los alimentos. Cuando ingerimos alimentos calóricos, especialmente ricos en grasas y azúcares, nuestro intestino segrega dichos receptores que son neurotransmisores (similares a algunos compuestos presentes en la marihuana) que activan las neuronas del centro del placer del cerebro (nucleus accumbens). Todo este proceso desencadena una conducta glotona y una probable adicción a este tipo de alimentos ricos en grasas y azúcares. Por tanto, lo que comienza como una conducta alimentaria normal para saciar nuestra hambre puede derivar en una dependencia del consumo de este tipo de alimentos por una estimulación y sobreexposición de estos receptores en los centros cerebrales del placer que nos invite a repetir la búsqueda de esa sensación placentera.

Algunos estudios incluyen entre los comestibles con poder adictivo (comida chatarra rica en grasas y/o azúcares) otros alimentos, básicos a nuestro entender, como son la leche, la carne o los carbohidratos, indispensables en nuestro menú de cada día. ¿También son adictivos?

En cuanto a los lácteos, la carne y los carbohidratos sería conveniente puntualizar algunos aspectos. Los carbohidratos, pueden ser complejos o en forma de azúcares sencillos. Los azúcares simples presentes en bollería, galletas o dulces en general sí los consideramos alimentos adictivos, ya que además del azúcar suelen ir acompañados de una elevada carga de grasa poliinsaturada. Sin embargo, la absorción de los carbohidratos complejos, aunque también contienen glucosa, es más lenta y no produce esa inmediata sensación de placer al llegar la glucosa a los núcleos cerebrales. En el caso de la carne y la leche, a pesar de que contienen grasa saturada, es el conjunto de azúcares refinados y grasas saturadas y/o poliinsaturadas el que resulta una bomba adictiva para nuestro cerebro. Fomentar esta conducta adictiva consumiendo esta clase de alimentos nos llevará a la búsqueda de este placer poniendo en riesgo nuestra salud y desarrollando comportamientos compulsivos hacia estos alimentos hipercalóricos y de escaso valor nutricional, llegando incluso hasta la obesidad.

¿Puede producir depresión la ingesta de hidratos de carbono y grasas de origen vegetal?

Los hidratos de carbono y el azúcar de la dieta proporcionan un aumento de ánimo artificial. La ansiedad y el estrés nos llevan a comer más, mientras que el aumento de peso por estos hábitos puede hacer que la depresión aumente. Para evitar caer en esta dinámica se necesita un mayor esfuerzo para no picar entre horas, no caer en atracones de comida y mantener un régimen más equilibrado. Si a esto añadimos un descenso de la energía tras eliminar los carbohidratos de la dieta, como suelen recomendar la mayoría de ‘dietas antidepresivas’, junto al aumento del consumo de chocolate (por su efecto sobre la serotonina) u otros supuestos potenciadores del estado de ánimo, entonces se cerrará este círculo vicioso que asocia la depresión con el sobrepeso.

Consumir ciertos alimentos asociados con la mejora del estado de ánimo puede llegar a ser muy peligroso, además de que inevitablemente producirá un aumento de peso. Aunque existen suficientes evidencias científicas de ciertas sustancias químicas presentes en el chocolate, las frutas con vitamina C o los frutos secos, estos nunca deben ser tomados como remedio contra la depresión, pues se corre el riesgo de que estos estados de ánimo se hagan crónicos. Estos alimentos pueden sofocar la ansiedad inmediatamente después de consumirlos, pero al cabo de unas horas remitirá su efecto.

Los hábitos de vida saludables y la alimentación son claves para mantener una buena salud mental y prevenir los cuadros depresivos, pero no se ha demostrado que sirvan para contrarrestar estos estados mentales una vez que ya se están sufriendo.

¿Qué cambios que rompen moldes debemos realizar en nuestra mentalidad sobre la alimentación, lo que es bueno para comer y lo que no, para estar al día de los nuevos avances de la ciencia de la nutrición? ¿Cuál es la generación que peor come hoy en día y por qué?

Estamos ante un hecho cuyas consecuencias sufrirán más de una generaciones. Se han abandonado consumos de alimentos tradicionales y se han sustituido por dietas hipergrasas, hiperproteicas, ricas en sal y azúcar y pobres en fibra. Dietas en las que predominan los alimentos transformados por la industria, de gran palatabilidad, fácil consumo y saciedad inmediata, pero en el mismo tiempo muy ricas en sustancias aditivas y calorías vacías. No olvidemos que el sistema social sanciona lo comestible de lo no comestible, y la sociedad utiliza los alimentos con fines extranutritivos: mantener relaciones sociales, expresar amor y afectividad, identificación con el grupo, paliar estrés y ansiedad, establecer un estatus social, recompensas o castigar, etc.

Las cantidades recomendadas de nutrientes en la dieta dependen de su biodisponibilidad, es decir, la proporción del nutriente en la dieta que es utilizado para el normal funcionamiento del organismo. Por este motivo, es necesario establecer cambios en los patrones de alimentación, cuándo debemos ingerir cada nutriente, según la función que desempeñe. Los hidratos de carbono son nuestra principal fuente de energía, por eso, se deben ingerir durante la primera mitad del día (desayuno-media mañana-comida) que es donde realmente nuestro organismo gasta esa energía. Las proteínas desempeñan un papel estructural y funcional, no son como tal una fuente de energía para el organismo. Por eso, se deberían ingerir sobre todo en los momentos del día en los que el cuerpo ya no gasta tanta energía y sí necesita “reparar” el organismo (merienda-cena). Los lípidos (grasas) son la principal reserva energética (almacén) que tiene el organismo, por lo que debemos ingerirlos en cantidades moderadas en forma principalmente de aceite de oliva, muy beneficioso para la salud a nivel cardiovascular.

La generación que peor come hoy en día son los niños y los adolescentes. Muchos menores en edad preescolar y escolar toman un exceso de alimentos transformados industrialmente (mucha bollería) y muy pocos alimentos sin procesar (frutas y verduras). Los adolescentes tienen cierta autonomía para elegir los alimentos, comen y cenan por su cuenta y optan, en la mayoría de los casos, por comida de fácil consumo y rápida para llevar. La sociedad de hoy utiliza los alimentos no sólo para satisfacer el hambre, sino también con fines extranutritivos: para mantener relaciones sociales, expresar amor y afectividad, paliar los estados de estrés y ansiedad, identificarse con un grupo o establecer un estatus social. Así la abundancia de alimentos se convierte en una arma de doble filo: en lugar de asegurar nuestra supervivencia biológica, es la misma que la pone en peligro. Poner una solución a todo esto, no es tarea fácil, porque no existe una sola fórmula universal. Eso sí, hay que ser consciente del peligro que conlleva el sobrepeso y la obesidad y servirnos en buen grado de la información de calidad que nos ofrece la ciencia de la nutrición. Enseñar a comer a nuestros hijos de forma saludable es un reto de la educación, pero de cara al futuro también es cuestión de herencia.

Las 10 tapas y bebidas más saludables para este verano

El Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) clasifica los diez aperitivos y bebidas más nutritivas y menos calóricas para alternar en las terrazas éste verano

  • Si en el año 2009 en España existía un bar o restaurante por cada 461 habitantes, el año pasado había un local por cada 166 habitantes, según el Anuario Económico de España para 2009 y 2012 elaborados por La Caixa[1].    
  • Entre 1 y 5 tapas por persona y día de tapeo se consumen en nuestro país, según datos de la cadena de restauración Lizarrán[2].
  • Con 47,5 litros per cápita, España se sitúa entre los países europeos con un consumo de cerveza más moderado, según Cerveceros de España[3].
  • En España, el 53,7 % de los adultos y el 27,8% de los niños entre 2 y 17 años tiene sobrepeso u obesidad, según la Encuesta Nacional de Salud de España del INE (marzo 2013).

Two Couples at Beach BarAperitivo, pincho, montadito, canapé, bocado, tentempié… Son algunos de los nombres propios de la tapa que solemos acompañar con caña, copa o refresco. La tomamos indiferentemente de la hora del día, solos o en buena compañía. Esta costumbre tan arraigada en el carácter español es un punto de partida en el menú de cualquier restaurante, terraza o bar.

Varios estudios muestran que, pese a la crisis económica, la actividad de restauración en nuestro país resiste. La gastronomía se ha ganado fama de reclamo turístico y nacional, abanderando como un valor añadido impermutable la Marca España. Así lo manifiestan los datos: en los últimos tres años en nuestro país casi se han triplicado los establecimientos que se dedican a este sector y esto indica un aumento en la demanda. «En términos macro económicos podemos decir que el turismo y la restauración hoy por hoy son como un salvavidas para España, pero en términos de salud no somos precisamente entre las naciones que más cuidan la alimentación», reafirma Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad recordando que uno de cada dos adultos y tres de cada diez niños tiene sobrepeso u obesidad.

Por esta razón y en pleno período vacacional, el equipo de nutricionistas del IMEO ha decidido sacar a la luz un ranking en el que clasifican de uno a diez, en función de su valor nutricional y calórico, las tapas y bebidas más saludables para alternar éste verano en las terrazas. «Así, a la hora de sentarnos en el chiringuito de la playa o en el bar de siempre, sabremos qué tomar y en qué cantidades, sin riesgo de engordar», resume el experto. En consulta a menudo observamos que cuesta más compaginar la dieta con las vacaciones y, a la hora de pedir el menú, la gente se deja llevar por lo que piden los demás, porque «huele bien» o apetece, sin pensar en las consecuencias que a la larga puedan ejercer sobre la salud.

Se estima que de media los españoles consumen entre 1 y 5 tapas por persona y tapeo. Esta cantidad se dispara durante el fin de semana a 10 tapas por cabeza, cuando se acude con amigos o en familia. El tiempo que pasamos de tapas y cañas ronda desde los treinta minutos hasta dos horas, coincidiendo con los horarios de la comida o cena. No hay que tener miedo a la tapa, ya que si seleccionamos bien, su aporte calórico puede ser bajo y hasta “matar nuestro apetito” antes de comer –entre 50 y 100 Kcal/unidad–. Pero eso sí, debemos recordar que el consumo calórico recomendado al día para las mujeres es entre 1300 y 1400 Kcal., mientras que para los hombres éste varía entre 1500 y 1800 Kcal.

Las tapas de verduras frescas y mariscos son la mejor opción por su alto valor nutritivo y omega 3. Los montaditos con pan y mayonesa y los fritos son los que más engordan. Como regla general se recomienda «utilizar los hidratos de carbono en la cerveza y el vino tinto, y las proteínas en las tapas”, sugiere Bravo. La cerveza es mejor tomarla por el día, ya que nos abre el apetito y a la noche tomar la tapa con una copa de vino tinto porque favorece el descanso.

Para ver la lista de bebidas haz clik en este enlace: Top 10 de las tapas más saludables
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[1] Por cada 1000 habitantes en España existen 6 establecimientos de restauración, según el informe del año 2012. El  mayor índice de actividad registrado en Cataluña (16,3%), Comunidad Valenciana (15,9%) y Madrid (15,5%).

[2] Estudio sobre los Hábitos del Tapeo en España (2011) realizado por la cadena de tapeo Lizarrán. Datos basados en 27.548 personas encuestadas en unos 200 locales en el territorio español.

[3] Basados en cifras de consumo del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente del  año 2011 y 2012.

La obesidad ha aumentado en España casi un 10 % en los últimos 25 años

Aunque el 75,3 % de la población española percibe su estado de salud como bueno o muy bueno, los resultados de la última encuesta nacional de salud, publicada en marzo 2013 por el Instituto Nacional de Estadística, revelan que patologías crónicas como la hipertensión arterial, colesterol, obesidad y diabetes siguen su tendencia ascendente.

Agencia SINC / INE

En la Encuesta Nacional de Salud de España (ENSE), el Instituto Nacional de Estadística recoge información sanitaria relativa a toda la población sobre su estado de salud y los determinantes personales, sociales y ambientales que determinan el uso de los servicios sanitarios.

Realizada desde 1987 en colaboración con el ahora Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, los principales resultados destacan el continuo aumento de la obesidad, que afecta ya al 17 % de la población adulta (18 % de los hombres y 16 % de las mujeres).

Mientras hace 25 años el 7,4 % de la población de 18 años o más tenía un índice de masa corporal igual o superior a 30 kg/m2 (límite para considerar obesidad), en 2012 este porcentaje supera el 17 %. Es más, si tenemos en cuenta también el sobrepeso el porcentaje de adultos afectados alcanza el 53,7 %.

Aunque la obesidad es más frecuente a mayor edad –excepto en mayores de 74 años–, la prevalencia de sobrepeso y obesidad infantil (de dos a 17 años) llega al 27,8%. Es decir, uno de cada 10 niños tiene obesidad y dos sobrepeso, datos que son similares para ambos sexos.

Los españoles se sienten sanos

Otro de los resultados más reseñables de la ENSE es que el 75,3 % de la población percibe su estado de salud como bueno o muy bueno (79,3 % de los hombres frente al 71,3 % de las mujeres). Este porcentaje, 5,3 puntos mayor que el de 2006, es el más alto desde que se elabora la encuesta.

Esto choca con los datos obtenidos para los trastornos crónicos, ya que al menos uno de cada seis adultos padece alguno de los más frecuentes: dolor de espalda lumbar, hipertensión arterial, artrosis, artritis o reumatismo, colesterol elevado y el dolor cervical crónico.

Además, la evolución de algunos de los principales trastornos crónicos y factores de riesgo muestra una tendencia ascendente. Desde 1993, la hipertensión ha pasado del 11,2 % al 18,5 %, la diabetes del 4,1 % al 7,0 % y el colesterol elevado del 8,2 % al 16,4 %. La enfermedad crónica más prevalente en la infancia (0-14 años) es la alergia, que afecta a uno de cada 10 menores, seguida del asma, que afecta a uno de cada 20.

Alcohol, tabaco y sedentarismo

Junto con el exceso de peso, el consumo de tabaco y alcohol y el sedentarismo son factores de riesgo para las principales enfermedades crónicas. Los nuevos resultados de la encuesta revelan que en España cada vez se fuma menos: desde 1993 a 2012 el porcentaje de población que consume tabaco a diario muestra un continuo descenso.

Así, mientras que en 1993 un 32,1 % de la población de 16 y más años (44 % de los hombres y 20,8 % de las mujeres) consumía tabaco a diario, en 2012 ha caído hasta el 24 % el porcentaje de la población de 15 años o más que afirma fumar todos los días (27,9 % de los hombres y 20,2 % de las mujeres).

Además, según los datos publicados el consumo habitual de alcohol desciende aunque se destaca el consumo intensivo de riesgo entre los jóvenes, con riesgo de producir problemas agudos. El 13,4 % de la población de 15 años o más ha consumido alcohol de manera intensiva al menos una vez en el último año (19,7 % de los hombres y 7,3 % de las mujeres).

Por último, cuatro de cada 10 personas (41,3 %) se declara sedentaria, es decir no realiza actividad física alguna en su tiempo libre –uno de cada tres hombres (35,9 %) y casi una de cada dos mujeres (46,6 %)–.

Nota: La ENSE del Instituto Nacional de Estadística tiene periodicidad quinquenal, alternándola cada dos años y medio con la Encuesta Europea de Salud, con la que comparte un grupo de variables armonizadas. Los datos presentados hoy corresponden a 26.502 entrevistas realizadas entre julio de 2011 y junio de 2012.